BUSCANDO A NEMO: el éxito acuático de Pixar

Belén Lescano

Belén Lescano

Redactora at Corriendo La Voz
Licenciada en Comunicación Social. Ariana. Fan de los soundtracks. Nolite te bastardes carborundorum.
Belén Lescano

La película de los peces más humanos del océano llegó a los cines argentinos el 3 de julio de 2003, y hoy sigue siendo recordada y admirada no sólo por su moraleja, sino por su exquisito nivel de detalle visual y sonoro tan adelantado a su época.

La sociedad entre Disney y Pixar había irrumpido en la escena de la animación ya en 1995, cuando Toy Story vio la luz y se posicionó como un verdadero suceso. Ocho años después, llegó a la pantalla grande Buscando a Nemo, la quinta producción de la compañía que les pondría otro éxito en el bolsillo.

Buscando a Nemo cuenta la historia de Marlin, un pez payaso obsesionado con proteger a su hijo Nemo de cualquier peligro, luego de que una situación traumática lo alejó de su esposa y sus otros hijos. Este cuidado desmedido se ve alterado cuando Nemo es atrapado por un buque y es metido directamente en la pecera de un dentista en Sidney. Allí comienza la aventura de ambos y su odisea por reencontrarse, con la ayuda de Dory, el pez olvidadizo que se terminó de ganar nuestro cariño en Buscando a Dory, la secuela que estrenó en 2016.  

Algunos datos que permiten dimensionar el éxito del film codirigido por Andrew Stanton y Lee Unkrich son, en principio, que hasta el estreno de Los Increíbles 2, Buscando a Nemo estaba en el top 3 de largometrajes con mayor recaudación de Disney-Pixar. Por otro lado, tal fue el suceso que generaron Marlin, Nemo y Dory que, en 2013, se reestrenó en animación 3D, a modo de celebración por su cumpleaños número 10.

Pero Buscando a Nemo no sólo se llevó el reconocimiento del público. La distinción de la industria cinematográfica llegaría en los Premios Oscar, luego de que en 2001 se creara la categoría específica de Mejor película animada. De esta manera, el largometraje de Stanton y Unkrich no sólo se llevó este premio (el primero en este rubro para Disney-Pixar), sino que también fue nominada a Mejor guion original, Banda sonora y Mezcla de sonido, ítems que la convirtieron en una de las mejores películas animadas de todos los tiempos.

La mirada del director

Todas las películas de Disney-Pixar se ubican en diferentes contextos o espacios que resultan visualmente llamativos. Antes de dirigir Buscando a Nemo, Stanton había estado al frente de Bichos, el film que se desarrolla bajo tierra.

Esta vez, y volviendo a tener como protagonista al mundo animal, el director eligió que casi todo transcurriera bajo el agua, con momentos mínimos de cruce entre humanos y peces. Esta decisión le permitió jugar con los sonidos característicos del océano, con una precisión de cirujano para definir el ruido del agua cuando los peces se meten o salen de él, así como los colores tan llamativos de los peces y la flora en el fondo del mar.

Pero situar la historia de Marlin y Nemo en las profundidades no fue azarosa. Stanton contó en varias entrevistas que su relación con el océano se remonta a su infancia porque creció en Boston, la capital de Massachusetts, una ciudad que limita directamente con el océano Atlántico.

El hecho de estar en contacto permanente con esta inmensidad azul frente a su pequeñez era algo que le generaba curiosidad, fascinación y miedo al mismo tiempo. Cuando fue padre por primera vez comenzó a tener un problema con la sobreprotección y el temor desmedido a que algo le pase a sus hijos, así que fue cuestión de unir ambas experiencias para generar el disparador de la historia.

Pixar y los valores en Buscando a Nemo

Las películas y los cortos de Disney-Pixar se caracterizaron, desde el principio, en la transmisión de valores, ya que estaban y están dirigidos especialmente a los más chicos. Así, Woody nos recordó la importancia de la amistad en Toy Story, Bichos sobre el trabajo en equipo y Monsters Inc. a desconfiar de las apariencias.

Por su parte, Buscando a Nemo llegó para resaltar que la familia es estar juntos, tener confianza en las capacidades, la fortaleza y la determinación del otro, más allá de que esté formada o no por lo que en general las ficciones nos muestran: mamá, papá e hijos. Además, hace hincapié en la sobreprotección que, muchas veces, los padres ejercen sobre sus hijos, y cómo esto puede limitar la felicidad y las oportunidades de conocer lo que hay “ahí afuera”. Nos habla de que, tarde o temprano, todos necesitamos “soltar la mano” y vivir nuestra propia aventura.

Otro de los temas que abarca la película es la crítica al prejuicio, algo que ya se venía tratando en Monsters Inc., donde los monstruos no eran necesariamente malos, aunque ese debía ser su rol principal. Acá vemos cómo ciertos estereotipos generados en torno a los animales marinos, se convierten en una metáfora a los prejuicios que cotidianamente cargamos sobre otros, o cómo las expectativas que otros ponen sobre nosotros nos generan una presión por no defraudar.

El ejemplo claro lo constituye Marlin. Los guionistas utilizan muy bien el hecho de que sea un “pez payaso” para introducir un paso de comedia. Mientras los otros peces creen que es gracioso y le insisten para que cuente un chiste, nos damos cuenta de que la personalidad del padre de Nemo es todo lo contrario a divertido.

No sólo es alguien que vive con miedo, sin poder disfrutar de lo que lo rodea, sino que cuando todos esperan que cumpla con el papel de “pez payaso”, él intenta colmar las expectativas de manera forzada, contando chistes de forma desordenada y sin poder unir ideas. Ésto, al principio le genera una sensación de no encajar en el mundo que lo rodea, hasta que conoce a Dory, el personaje inocente y sin maldad, que sabe transformar todo en algo positivo.

Otra de las ideas más presentes y que también juega con la sorpresa y el humor en la película, es el temor de los peces a ser devorados por los tiburones. Dory y Marlin se encuentran a tres de ellos cuando intentan encontrar a Nemo y creen que ya no tendrán posibilidad de escapar. Pero, para su asombro, los más temidos del océano estaban realizando una terapia en la que se repetían que “los peces son amigos”, como una manera de enfrentar sus vidas pasadas y poder acercarse a sus vecinos.

Con una historia que nos divierte y nos emociona, con unos recursos visuales y sonoros tan logrados que bien podrían pasar como propios de un film de animación actual, Buscando a Nemo se convirtió en un clásico de Disney-Pixar. Quince años después, aún cuando todos los años llegan a la pantalla grande nuevos y deslumbrantes relatos, seguramente la aventura de Marlin, Nemo y Dory siga estando entre nuestras favoritas.

Comenta

Print Friendly, PDF & Email