Saqueos en Chaco: ante la duda, siempre justificar la represión

Juan Agustin Maraggi

Juan Agustin Maraggi

Editor de Análisis Político y Social en #Corriendo La Voz | Colaborador en Revista Mascaró | Estudiante de Sociología en la Universidad de Buenos Aires
Juan Agustin Maraggi

En medio de un intento de saqueo, seguido de represión policial en la localidad de Roque Sáenz Peña, provincia de Chaco, Ismael Ramírez, de trece años fue asesinado y otro joven de catorce resultó herido. Cuando los acontecimientos no terminaban de suceder, algunas voces oficiales volvieron a defender las fuerzas represivas.  La doctrina es clara: ante la duda, justificar.

Los hechos ocurridos en la noche de ayer son de público conocimiento, pero hagamos un breve repaso. Con el país inmerso en una corrida cambiaria y un fin de semana repleto de rosca en la Casa Rosada, Mauricio Macri sentenció: “vivimos por arriba de nuestras posibilidades” a lo que se le sumó posteriormente Carrió “yo me divierto porque las crisis me generan adrenalina”. Ese día, en la localidad de Roque Sáenz Peña y según informan medios zonales, vecinos y vecinas de diferentes barrios se autoconvocaron para saquear diversos supermercados. 

Tras el intento de  hacerlo en el supermercado Funcional Nuevo Impulso y los disparos al aire para evitarlo por parte de su dueño, Proselek, las fuerzas iniciaron la represión. Esta fue ordenada por el gobernador Domingo Peppo, peronista que integró el FpV y mano derecha de Jorge Capitanich. Proselek sentenció que los responsables fueron “un grupo de aborígenes”.

Ismael Ramírez, de trece años, falleció pasadas las diez de la noche mientras que un chico de catorce años fue herido en el ojo. Según Marcelo Soto, fiscal designado a la investigación, a primera vista, los perdigones que mataron a Ismael procedieron de un arma casera. La Vaca agregó que los vecinos y vecinas les indicaron que es una práctica común en la zona que los efectivos lleven armas de un calibre distinto al de las reglamentarias, por lo que se abre un abanico de posibilidades para la investigación.

Eso son los hechos conocidos hasta el momento. Pero lo que vuelve a repetirse en esta situación es la justificación de la doctrina de seguridad ante la duda. “Por si fue la policía” podríamos decir. “Un pibe murió tras enfrentarse a la policía” tituló Crónica, “Intento de saqueo en Chaco: murió un chico de 13 años tras un enfrentamiento policial” puso, por su parte, La Nación.

En las redes sociales, periodistas y diversos usuarios ubicaron imagenes de un pibe con aspecto físico que responden a lo que ellos ven como “individuo de peligrosidad” y publicaron fotos de un chico con un arma y la frase de una canción de Pibes Chorros. Intentaron indicar que era Ismael y, por eso, su muerte era naturalizable. Fue una docente del asesinado quien tuvo que salir a desmentir la situación. Una táctica que se ha hecho muy común en los últimos tiempos y tuvo su punto cumbre con el caso Maldonado.

Yamil Santoro, oficialista y candidato de Mauricio Macri para ocupar un cargo en el Consejo de la Magistratura, no se quedó afuera. Mientras la represión y las detenciones no habían terminado, escribió tres tweets donde justificó los hechos antes de tener tener más información.

Ante las críticas, Santoro indicó que no se refería al caso, sino a cuestiones “normativas”. Pero las casualidades no existen. Al ser increpado respondió que “No hay cinismo. Hay toma de posición en contra de quien inicia la violencia en cualquier circunstancia”. Esta última declaración afirma lo que indicamos, es la justificación de la doctrina de seguridad del Macrismo.

Intentamos salir del debate sobre el hecho en sí. Buscamos remarcar cómo el discurso sobre la represión y la (in)seguridad del oficialismo se repite con constancia. La justificación y naturalización de la muerte de un pibe de 13 años no es nueva, pero nunca deja de alarmar. Ya sea desde los ministerios, los medios de comunicación o algunas capas de la sociedad, el discurso neoliberal de la seguridad continúa teniendo consecuencias.

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