#Cronica Que 35 años no es nada: Pedro Aznar en el Gran Rex

Blas Martin

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Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
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El Gran Rex recibió a sala llena a uno de los músicos más importantes de la música nacional. Entregó un show en el que repasó momentos de su extensa trayectoria como solista y donde volvió a demostrar que es uno de los artistas de su generación con más vigencia en la actualidad. Corriendo la voz estuvo presente y te invita a revivir lo mejor de la noche.

Minutos antes de las nueve de la noche, cuando las últimas butacas eran ocupadas, las luces se apagaron y el público recibió, con la primera gran ovación, a uno de los artistas más versátiles de la música nacional. Pedro Aznar es conocido por muches por su participación en el súper grupo Serú Girán, pero sus páginas en el grupo comandado por García significó apenas un puñado de años en comparación con una carrera que el año pasado redondeó la cifra de 35 años, que contiene una extenso repertorio personal y una serie de interpretaciones de obras de artistas de distintas latitudes (desde Luis Alberto Spinetta hasta Chico Cesar, pasando por The Beatles y Violeta Parra, entre otros).

El comienzo fue con Because, de Lennon y McCartney, registrada por Aznar en su disco debut homónimo de 1982. La versión con la que abrió la noche es la que quedó registrada en su vivo Mil noches y un instante, grabado en la misma sala poco más de cinco años atrás, y que nos pone ante un Pedro Aznar grabando una tras otra las tres capas de música y voz, primero el piano, luego la guitarra, y por último el bajo, cada una con su arreglo vocal.

Seguiría con La noche sueña al día (Contemplación), de su segundo disco, Contemplación (1984). En este caso, el cantautor disparó una pista sobre la cual colocó su voz y las teclas. Esta sería una de las características de su show: si bien es usual en Pedro Aznar los shows “íntimos”, que lo tienen a solas con el público, en este caso no hubo momentos acústicos o desenchufados, sino que en ocasiones tuvo que hacer de hombre orquesta para ejecutar pistas (como en Barrio Marginal, con un Pedro en cuerpo de un director de una orquesta invisible), tirar bajos o percusión con pedales, y repetir el recurso de Because para grabar una pista sobre otra en vivo, como en Perdón, canción que el músico le dedicó a Eduardo “Fanta” Beaudoux, luthier que le entregó un bajo a medida de sus deseos, y con el cual interpretó dicho homenaje.

El bajista, guitarrista, compositor, arreglista, poeta y cantor (entre otras facetas) saludó al público dándole la bienvenida a esta segunda etapa de su gira Resonancia, inaugurada el año pasado, en la que se encuentra repasando sus 35 años de carrera solista, y presentando un box set que incluirá todos sus trabajos en solitario, con un fino trabajo de remasterización del audio y del arte de cada uno de sus discos, sumando un libro escrito por el propio Aznar.

¡Buenas noches, Buenos Aires!” se oyó tras la primera gran ovación del público. “Esto es una relación, esta música salió a través mío y ustedes la incorporaron a su vida, la hicieron una especie de banda sonora. Este es un modo de agradecimiento a ustedes”, dijo Pedro dando cuenta de su concepto de Resonancia, que bautiza tanto su último trabajo discográfico (un EP con tres canciones nuevas, lanzado junto a Esenciales, trabajo recopilatorio de 3 CDs, que incluye lo mejor de su carrera), como el box set y la gira que esa noche lo llevaba el Gran Rex. El mimo fue aceptado y una nueva ovación ocupó cada rincón de la sala.

El escenario era minimalista: un piano eléctrico como único elemento estable, y las diferentes guitarras y bajos que los plomos llevaban y traían entre un tema y otro. De fondo, imágenes ilustraban cada uno de los temas. Ahí se ilustró la seguidilla Los chicos de la calle (David y Goliath, 1991) que reza “Los chicos de la calle/ no eligieron lo que hacen/ ni el futuro les permitirá elegir/ quiénes ser o adónde ir”, y Barrio Marginal (“Chicos sucios en el tren/ la suerte los dejó/ los políticos se ven/ sólo antes de la elección”), grabada para el film No te mueras sin decirme adónde vas, de Eliseo Subiela. Curiosamente, el clima era de suma cordialidad y no hubo ningún tipo de coro con consignas políticas, pese a lo vivido en los últimos días en la ciudad.

El recorrido se había planteado de manera cronológica, y comenzaban a aparecer las canciones más esperadas por el público. La primera de la tanda de clásicos fue A cada hombre, a cada mujer (y su coro agudísimo), el único de Serú Girán toda la noche. El público iba ganando cada vez más protagonismo y así llegaron las coplas de Tan alta que está la luna, con un Pedro sólo cargado con su voz y una caja coplera, y les presentes participando con palmas y con los versos “vamos vida yo ya me voy / con mi cajita de cuero te digo adiós / te digo adiós”, versión que también fue registrada en su vivo recopilatorio A Solas con el mundo (2010).

Un pequeño homenaje a Luis Alberto Spinetta llegó con Tema de Pototo, con el que un Aznar emocionadísimo también abrió otro vivo editado meses después de la partida del Flaco, Puentes Amarillos (2012), aquella inolvidable celebración en las puertas del predio de la Sociedad Rural, en el marco de la Feria del Libro de aquel año. El cierre de la noche fue A contraluz, redondeando una hora y media de show, para la primer despedida de la noche.

 

 

Los bises llegaron luego de una intensa -y esperada- demanda del público. Así sonó la alegre Ella se perdió (David y Goliath, 1995) y la más reciente Quebrado, del disco homónimo de 2008. La última falsa despedida se rompió con dos bises que fue de lo más celebrado de la noche: A primera vista, versión del tema de Chico Cesar, registrada en Cuerpo y alma (1998), una versión extremadamente dulce y en la cual el público también se encargó de ser parte, y la encargada del cierre fue otra versión: Ya no hay forma de pedir perdón, versión criolla del clásico de Elton John, con su involuntaria sentencia de los tiempos que corren: “Qué mal, qué mal/ esta absurda y triste historia/ que se pone cada vez peor”. La ovación fue total, y la despedida, definitiva, aunque sólo por esa jornada.

Pedro Aznar demostró una vez más que no sólo es un nombre importante en la historia del rock argentino: su voz, apenas un poco más ronca que la de su juventud, sigue alcanzando prácticamente el mismo registro, lo que le permite interpretar cualquier pieza de una manera brillante y contundente, sean piezas internacionales o del repertorio popular latinoamericano, y siempre con interpretaciones justas, que recuperan y amplifican el espíritu y la historia de las obras seleccionadas. Como músico, arreglista, compositor, lo dicho está en sus 35 años de historia y en cada concierto que uno pueda presenciar. Si bien hubo momentos donde se extrañaron a los músicos de su banda (que lo acompañaron en otros conciertos de esta gira), esto no fue por una insuficiencia de Aznar, sino porque uno siempre apreciará más la música ejecutada por personas en vivo que la asistencia tecnológica para esos fines. Pero hay que sabernos, también en estos días, en contextos en los que la crisis económica también puede llegar a las decisiones artísticas. Por lo demás, quisiéramos tener Aznar por 35 años más. Por lo menos.

Fotogaleria: Karina Dos Santos

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