Jurassic Park: El día que el futuro llegó

Leandro Ojeda

Leandro Ojeda

Redactor at Corriendo La Voz
21 años. Estudiante de comunicación social. Casi cinefilo. Fanático de Boca Juniors y de "el loco" Bielsa. Muerdo las pastillas que no se muerden y trago casi sin masticar los caramelos masticables.
Leandro Ojeda

La inigualable magia de Spielberg, uno de los mejores diseños de producción de la historia del cine y un aire único a mundo maravilloso, hacen que Jurassic Park se mantenga como uno de los clásicos impostergables en el cine de aventura.

¡Era 1993! ¡Fue hace veinticinco años! Hay que tener esas dos frases presentes y repetirlas una y otra vez, en todas y cada una de las escenas en las que un dinosaurio aparece en pantalla. Jurassic Park rescata la magia épica que tiene gran parte de la filmografía de Steven Spielberg y aún sobrevive como un pilar en la carrera del director. De alguna forma, sigue representado un antes y un después en la forma de hacer efectos especiales en el cine.

No debe haber una explicación clara o concreta para expresar lo que genera Spielberg, porque esa sensación de estar frente a la pantalla y volverse une pre adolescente en el medio de un mundo de fantasía es imposible de lograr con algune otre directore. Jurassic Park parte con una premisa que como mínimo te revienta el bocho de solo imaginarlo: Es un parque de atracciones con Dinosaurios vivos (Para el deleite de Susana), pero no solo eso, porque aparte de cumplir con lo que promete. Los dinosaurios que cobraron vida allá por junio de 1993 quedaron instalados en el imaginario como la aproximación más real que podamos tener de aquellos animales prehistóricos.

Para imaginar y entender la dificultad de tal logro puede ser útil rebobinar el proceso con los resultados a la vista. No hace falta entrar en detalles técnicos para entender la locura que significó semejante puesta en escena, con un diseño de producción nunca antes visto y un trabajo que combino desde guionistas gráficos, hasta maquetitas y expertos en paleontología.

Desde un comienzo se tomó la decisión de reducir la cantidad de dinosaurios que aparecerían en pantalla en relación a los que aparecen en el libro de la historia original de Michael Chrichton (De 15 a 6) por cuestiones prácticas. A partir de ahí fue combinación de expertos en las materias relativas a todo lo que tiene que ver con llevar un dinosaurio a la pantalla grande, lo cual en su mayoría fue moverse por un terreno muy poco explorado, por no decir nulo en el cine. Ni siquiera Spielberg estaba convencido hasta que vio unas primeras imágenes del T-rex caminando.

El dinosaurio estelar tuvo una maqueta que llegaba a los seis metros y era movida por una grúa para grabar las distintas escenas, más otra versión reducida a escala para lograr otros movimientos más reales que en la versión grande no se veían bien. Y todo esto con un solo dinosaurio. Hay que sumar cinco especies más y un trabajo excelente que aún sorprende y sobrevive al paso del tiempo, mientras hay películas que no resisten ni un cuarto del tiempo de Jurassic Park o mientras DC con un presupuesto monstruoso no puede borrarle decentemente el bigote a Henry Cavill.

La cinta fue la que más recaudo en la historia hasta que en 1997 James Cameron hizo de las suyas con Titanic. Pero más allá de hablar de ingresos o ganancias (materia en la cual casi nadie puede discutir con Spielberg), la esencia de ese parque jurásico se suma a la gran lista de los inigualables mundos de Steven. Es un enigma lo que le espera a la película de ahora en adelante, pero siempre habrá que saber que un junio de 1993, aunque sea por un rato, el cine vio el futuro que le esperaba. Después se sentó y espero a que Spielberg decidiera cuando era tiempo de seguir avanzando.

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