#LadoNerd MERLÍ conversa con Judith Butler

Belén Lescano

Belén Lescano

Redactora at Corriendo La Voz
Licenciada en Comunicación Social. Ariana. Fan de los soundtracks. Nolite te bastardes carborundorum.
Belén Lescano

Desde hace poco tiempo, las series españolas comenzaron a tener mucha más llegada en el público argentino que los últimos estrenos estadounidenses. Las chicas del cable, Vis a Vis y, sin dudas, La Casa de papel, fueron protagonistas de esta tendencia. Merlí, la serie catalana creada por Héctor Lozano no fue la excepción, y una de las razones fue su combinación original entre el uso de los conceptos más importantes de grandes filósofos explicados por Merlí (Francesc Orella), el profesor más revolucionario del instituto, aplicados a los dramas y dudas diarias por los que atravesaban los jóvenes de la ficción durante el último tramo de su etapa escolar.

Francesc Orella intepreta a Merlí, el profesor de filosofía de la serie que lleva su nombre.

La primera temporada de la serie fue tildada de machista por algunos críticos que consideraban que había mayor cantidad de personajes hombres en escena, y que sus historias personales estaban mucho más desarrolladas que las de los personajes femeninos. Además, el personaje de Merlí está construido en base a comportamientos que tienden a explicar a las mujeres que pasan por su vida cómo ser, cómo vivir, qué hacer con sus hijos, etc., y eso puede producir exasperación y rechazo.

Sin embargo, con la serie ya finalizada, puede advertirse un cambio de mirada a lo largo de las temporadas, además de la inclusión de ciertos temas de discusión social como la política, la sexualidad y la identidad de género, que coincide con la importancia que hoy en día le está dando la ficción estadounidense a estos temas. Cada episodio de Merlí lleva el título de un filósofo que se convierte en el hilo conductor de los conflictos. Particularmente, el séptimo de la segunda temporada está dedicado a la transexualidad casi en su totalidad, a partir de los conceptos más importantes de Judith Butler, la filósofa pionera e imprescindible en temas de género, feminismo y teoría Queer.

El género en disputa

Así se titula una de las obras de la filósofa estadounidense y es la cuestión más importante que plantea Merlí en este capítulo. Quima (interpretada por Maneo Barceló) es el personaje trans que ingresa al Instituto Ángel Guimerá como suplente de inglés y llega para inquietar tanto a los docentes como a los alumnos.

Maneo Barceló es Quima, una mujer trans, profesora de inglés.

A diferencia de la representación que se hizo del colectivo trans en épocas anteriores, en donde se buscaba resaltar su presencia creando personajes criminalizados en el rol de asesino serial, ligándolos a la prostitución o el narcotráfico, algunas ficciones de los últimos años se centraron en contar experiencias trans de diferentes realidades. Los ejemplos más destacados son las series Orange is the new black (Netflix) y Transparent (Amazon Prime Video).

En el caso de Merlí, su creador contó en varias entrevistas que no quería representar a una trans joven, sino que se imaginaba a Quima como una profesora adulta, segura de sí misma, pero con algunos problemas familiares.

Lo llamativo de esta representación en particular, y que traza una diferencia con las series estadounidenses mencionadas, es que pone el foco en el afuera, en las reacciones y comentarios que tienen quienes la ven en la escuela, y no tanto en las dificultades de la transición en cuanto a la transexualidad misma. De hecho, este es un tema totalmente resuelto para Quima. Ella es y se siente una mujer común, con problemas como cualquier otra persona, pero no más ni menos que nadie. 

Deshacer el género

Apenas Quima entra al instituto, Merlí les explica a sus estudiantes las ideas principales de Judith Butler, como una forma de “preparar el terreno” para cuando la conozcan. En principio, expone que el género es una construcción performativa, es decir que se trata de una forma cultural de configurar el cuerpo, que no está para nada determinada biológicamente ni responde al binomio masculino-femenino.

Esta actitud del protagonista que pretende ayudar a Quima a que no reciba burlas, miradas y comentarios por parte de los jóvenes, resulta ofensiva para la profesora porque, aunque desde el primer momento se muestre como alguien que puede defenderse sola, Merlí intuye que necesita de su ayuda para desenvolverse en un ámbito que él maneja muy bien: el cariño de sus alumnos y el respeto de los profesores. Esta ayuda no pedida deja en evidencia que Merlí, aunque no lo diga con palabras, continúa pensando que Quima es un hombre “disfrazado” de mujer y no una mujer “de verdad”.

Por eso, este capítulo en particular nos hace cuestionar acerca de cómo actuamos generalmente ante lo desconocido. Cómo, aunque a veces pensamos que estamos haciendo sentir mejor y cómoda a una persona trans, en realidad esto se da vuelta: generamos incomodidad, que todos los ojos estén puestos en él o ella porque resaltamos su presencia con nuestras acciones o comentarios y esto termina lastimando.

De hecho, Merlí muestra cómo una persona como Quima, tan segura de su identidad, de alguna manera le explica a los demás que, en el afán de ayudarla a “integrarse”, terminan marcando una diferencia, un “nosotros” cisgénero y un “ella” transgénero. 

Otra de las cuestiones que plantea la serie a raíz de esta actitud es que los jóvenes empatizan más rápido con lo desconocido porque se encuentran en una etapa en la que se sienten diferentes, señalados por algún motivo, y expuestos a lo que los demás piensen de ellos, mientras que el mundo adulto inmediatamente pone una barrera.

Quima y la admiración de los jóvenes.

En este sentido, Coralina, la directora del instituto es quien presenta un absoluto rechazo hacia la identidad de Quima. La llama por su nombre anterior, le dice “él” y le pide “discreción”, argumentando que no es correcto que los alumnos vean a un “hombre vestido de mujer”, porque se percibe a la distancia que “no lo es”. En una de las escenas en las que la visión de Coralina y Quima se enfrentan, esta última advierte que la directora niega que ella sea una mujer trans, porque su identidad amenaza con ocupar el lugar que le “corresponde” a las mujeres, tal como lo plantea Butler en su libro Deshacer el género.

Cuerpos que importan

El episodio cierra con un partido de fútbol en el que los chicos se visten con ropa de mujer, y las chicas con ropa de hombre, a modo de protesta para que Quima pueda seguir dando clases en el colegio. Si bien este acto de “solidaridad” vuelve a generar rechazo en Quima, quien no quiere verse más expuesta a situaciones que la ridiculicen y que burlen su identidad, este juego que propone Merlí intenta demostrar que, aunque existe una norma que se nos impone desde que nacemos, “nosotros la ocupamos, invertimos y resignificamos”. (Butler, 2002:186).  

Los estudiantes del Ángel Guimerá se visten del género opuesto para solidarizarse con Quima.

Por eso, el interrogante que subyace al capítulo es si alguna vez podremos ver a las mujeres trans como mujeres más allá de su condición biológica o si, en realidad, seguiremos pensándolas como personas que se “disfrazan” del género opuesto. ¿Podremos alguna vez, como Butler, dejar de creer que hay que encajar en lo masculino o lo femenino como si ambas cuestiones se anularan? ¿Podremos empezar a pensar realmente al género como libre de binomios y colocarlo como el campo de batalla donde esto se desnaturaliza? En lo que respecta a la serie, aunque enuncia que esto puede ser posible, en la práctica aún no puede escaparse del todo de la construcción social hegemónica que nos dice que sólo se puede ser de una manera o de otra.  

Fuentes:
Butler, J. (2002). Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidós.
Butler, J. (2006). Deshacer el género. Buenos Aires: Paidós.

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