#LadoNerd ‘Star Wars: The Last Jedi’, un éxito muy cuestionado

Laura Palau
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Laura Palau

Redactora at Corriendo La Voz
Editora de Lado Nerd. Co-editora de Cultura.
Feminista. Fanática de Harry Potter. Amante de los libros, la radio, el cine y las series. Periodista y futura comunicadora.
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Con una excelente fotografía, nuevas criaturas extrañas y amigables, giros inesperados y la incorporación de más personajes femeninos, The Last Jedi se presenta como una película diferente en el universo de Star Wars. No solo deja a un lado la nostalgia, sino que también mira hacia adelante, a su renovado público y a un contexto imposible de ignorar. Episodio VIII emprende su propio camino en una galaxia muy, muy lejana, sin por ello perder su esencia: naves, sables láser y la impecable banda sonora de John Williams.

El film generó una grieta entre los fanáticos y fanáticas de la saga creada por George Lucas en 1977 a tal punto que luego de su primer fin de semana en cartelera, las ventas decayeron. Y los números que se esperaban en países como China tampoco fueron favorables. Al parecer, el “boca a boca” entre el público jugó en contra. De todas formas, The Last Jedi se convirtió en la película más taquillera de 2017, ¡con tan solo dos semanas en cartelera!

Ahora, a un mes de su estreno -y aún en el cine- nos preguntamos: ¿por qué es tan querida y, a la vez, no tanto?

Desde que se reveló el nombre de la nueva película -más aún, cuando se conoció su traducción en español- empezaron a surgir preguntas e hipótesis acerca de la historia que nos presentarían el director Rian Johnson y Disney a finales de año. ¿Es un título con spoiler? ¿Quién es o quiénes son los últimos Jedi? ¿Será el fin de ellos? Con el pasar de los meses, se sumaron otros interrogantes: ¿quién se pasará al Lado Oscuro? ¿Será Luke el malo de la película? ¿Quiénes son los padres de Rey? Como si el film tuviera la obligación de darnos respuesta a todo.

Finalmente, para bien o para mal, The Last Jedi pudo cerrarle la boca a más de un espectador y espectadora de esta gran franquicia. ¿Decepcionó a una parte del público? Sí. Pero no podemos negar que, a pesar de tomar elementos de la trilogía original, el producto es diferente a lo que estábamos acostumbrados y nos sorprende de principio a fin.

Si aún no viste la película, te recomendamos no continuar con la lectura.

Luke, el más cuestionado

Cuando se estrenó El Despertar de la Fuerza en 2015, lo que más esperábamos era el reencuentro del trío de oro luego de más de 30 años. Sin embargo, el Jedi más amado de toda la galaxia no tiene gran protagonismo y aparece sólo hacia el final de la historia. La película fue calificada como una remake de Una nueva esperanza debido a sus similitudes con ésta y, luego, las ansias de ver a Luke en acción se depositaron en Episodio VIII.

Si bien el personaje adquiere mayor protagonismo en esta entrega, su desarrollo fue el más cuestionado. ¿Cómo puede ser que nuestro héroe, tan valiente y decidido hace 40 años, se escondiera en una cueva por mucho tiempo para no enfrentar sus errores? Hasta el mismísimo Mark Hamill se mostró disconforme con el personaje, al menos al principio. Durante una entrevista, el actor expresó “No es mi Luke Skywalker”, y luego explicó: “Le dije a Rian que los Jedi no se rinden. Incluso si tuvieran un problema, les hubiera llevado quizás un año para reagruparse e intentarlo de nuevo”.

Las palabras del actor se convirtieron en argumentos para aquellos y aquellas que no quedaron satisfechos con la última película ya que creen que ni Disney ni el director entendieron la esencia de Star Wars, ni mucho menos de Luke Skywalker. Quizás se olvidaron que no es la primera vez que un Jedi emprende el camino del exilio -mencionamos los casos de Obi-wan y Yoda. De todas formas, luego de generar tal debate publicó en Twitter su arrepentimiento. Si lo obligaron a expresar públicamente esa aclaración o no, no lo sabemos. Igual te queremos, Mark.

Adiós a la tradición

Debido al parecido de El Despertar de la Fuerza con Una nueva esperanza, se temía que The Last Jedi fuera una remake de El Imperio contraataca. Sin embargo, la película utiliza algunos recursos de la saga original -por ejemplo, la aparición de Yoda (como Obi-wan en Episodio V) y el camino de aprendizaje de Rey- para luego emprender otro rumbo.

En esta ocasión, Rian Johnson “se olvida” de todo lo que nos presentó Episodio VII. Si había un romance entre Finn y Rey, en esta historia no tiene lugar. Si los padres de Rey eran personajes importantes, ya no será tan así. Si el enigmático Líder Supremo Snoke era una pieza fundamental, ahora morirá de la forma más “simple”. A su vez, el film le hace frente a la tradición y a todo lo que nos parecía incuestionable en Star Wars.

La resignificación de los Jedi y la Fuerza es funcional a la nueva mirada de la película. Ya no hace falta ser “El Elegido” para sentir la Fuerza, ni llevar el apellido Skywalker. De ahí la importancia de que saliera a la luz que los padres de Rey son unos “don nadie” que la abandonaron cuando era chica. No importa su origen, sino lo que es ahora, en este momento, y hacia dónde se dirige.

También es muy significativo el mensaje final de la película: un niño usando la Fuerza para alcanzar una escoba, que luego mueve como un sable láser al ver una nave en el cielo. Rey, ese chico y cualquier otro u otra pueden ser héroes y heroínas. Lo importante es no perder la esperanza.

Por su parte, la muerte de Luke también es un punto final. Sabemos que, de ahora en más, los protagonistas serán los personajes que ya conocemos desde El despertar de la Fuerza -Rey, Poe, Finn, Rose, entre otros, y los nuevos que se sumen. Ya no tendremos a nuestro trío de oro liderando la pantalla grande. La idea principal era que en Episodio IX adquiera mayor importancia Leia Organa -como Han Solo en Episodio VII y Luke en la última entrega-, pero lo más probable es que los planes hayan cambiado a partir del fallecimiento de Carrie Fisher en 2016.

No todo es blanco o negro

Las historias de héroes y heroínas nos han acostumbrado a la tajante división entre buenos y malos. Por un lado, se encuentran las almas heroicas y abnegadas que salvarán al mundo y, por el otro, los villanos que solo quieren destruirlo. En Star Wars, los Jedi representan al primer bando, y los Sith -el Imperio y la Primera Orden- al segundo. Es por este motivo que antes de estrenarse The Last Jedi, muchos se preguntaban si Rey o Luke se pasarían al Lado Oscuro o no.

De la misma forma que Episodio VIII rompe con la mitología de ‘El elegido’ y su destino, también hace a un lado los puntos extremos para sumergirnos en una gama de colores intermedios. No todo es blanco o negro, existen grises. Y tanto Luke como Rey y Kylo Ren nos presentan esas ambigüedades. No hay momento en que dejemos de cuestionar a los personajes. Vemos a Luke arrepentido por impulsar a Kylo al Lado Oscuro, a Rey que debe sobrellevar la carga del abandono mientras busca redefinir su identidad, y a un joven que se siente traicionado y, a la vez, confundido, ya que en el fondo sabe que no pertenece a ningún bando.

Es así como la película nos demuestra que no todo es bondad de un lado, ni pura maldad del otro. Y si de buenos y malos hablamos, hasta el más indiscutible héroe o heroína puede cometer graves errores, y hasta el ser más malvado puede tener algo de razón o un punto interesante para debatir. A fin de cuentas, todos/as pertenecemos, un poquito, al Lado Oscuro.

La Fuerza Feminista cobra protagonismo

La incorporación de más personajes femeninos -protagonistas y secundarios- es lo más destacable de The Last Jedi. Si bien la princesa Leia Organa se convirtió en el emblema del poder femenino de Star Wars, la saga aún tenía un largo camino por recorrer para alcanzar la igualdad -o algo aparente. Una sola mujer en la trilogía original, y una sola también -mucho más cuestionable- en las precuelas. El resto, todos hombres.

Ahora las mujeres no solo son fuertes y decididas, también manejan naves, lideran la Rebelión, sienten la Fuerza, emprenden misiones y, por qué no, son capitanas del Lado Oscuro -también podemos ser muy malas. Lo mejor de todo esto es que se presentan con total naturalidad tanto en papeles secundarios como protagonistas. No se trata de señalar a cuatro vientos “¡Miren, son chicas!”, sino de naturalizar que los personajes femeninos pueden hacer lo mismo que los masculinos: no son mejores ni peores, son solo personajes.

En primer lugar, se encuentra Rey -interpretada por Daisy Ridley- que supo estar a la altura del símbolo que representaba Leia, y mucho más. Sabíamos cómo era el personaje, debido a que desde el primer segundo nos mostró a una mujer independiente, decidida y valiente, y ahora ya no nos sorprende. Ni siquiera se reduce al interés amoroso de alguien, pues lo que podría haberse insinuado entre Finn y ella en Episodio VII queda totalmente desdibujado en Los Últimos Jedi. Y esto es importante remarcar ya que el cine está en un cambio funcional al feminismo -sea por moda o no-, que implica desligar a los protagónicos femeninos de las historias románticas, entre otras cuestiones.

Rey es nuestra protagonista, y la primera de las películas de Star Wars -ya que, técnicamente, el de la saga original era Luke, no Leia. Por lo tanto, la queremos como tal y siempre esperamos verla en acción, como a todos nuestros héroes y heroínas favoritas. Además, a lo largo de Episodio VIII, se nos hace evidente esa chispa de Skywalker que lleva consigo. Cuando decide cortar el entrenamiento Jedi -que no venía muy bien encaminado- para buscar a Kylo Ren, nos trasladó al momento en el que Luke no termina el entrenamiento con Yoda para salvar a sus amigos. De alguna forma, Rey también viajó para salvar a Kylo Ren, ya que sabía que el joven aún estaba confundido.

A su vez, nuevamente vemos a la General Organa, interpretada por nuestra querida Carrie Fisher. Su imagen muchas veces es utilizada como símbolo del feminismo, pues hace 40 años nos presentaba una princesa que rompía con los estereotipos de la damisela en peligro. Si Leia tenía que disparar un arma para salvarse, no lo dudaría ni un segundo. De todas formas, aún nos faltaba algo. ¿Por qué la hermana del mismísimo Luke Skywalker no podía usar la Fuerza como él y su padre? ¿Por qué Leia no podía ser una Jedi?

En El Despertar de la Fuerza apreciamos un nuevo desarrollo del personaje. Leia Organa ya no sería una princesa sino ni más ni menos que la capitana de la Resistencia, la que toma el mando -sin Luke ni Han Solo- para enfrentar a la Primera Orden. Finalmente, The Last Jedi va más allá y nos muestra que Leia también siente la Fuerza, con una escena bastante cuestionable que se ha llevado más de una risa, pero muy significativa.

Otra novedad en esta nueva trilogía de Star Wars -no solo de este Episodio– es la primera villana de la saga. La Capitana Phasma (Gwendoline Christie), comandante de la tropa de Stormtroopers de la Primera Orden, no tiene mucho protagonismo en la última película, pero es necesario destacar su papel ya que representa un gran paso para esta franquicia. Por primera vez, vemos una mujer en el “bando de los malos”, y ni siquiera se utiliza su imagen o se sexualiza como -lamentablemente- suele ocurrir con los antagónicos femeninos. ¡Hasta lleva un traje similar al de Darth Vader y Kylo Ren!

Nuevos personajes, más historias

Los nuevos personajes también merecen un reconocimiento. Por un lado, nos encontramos con Rose Tico, de la mano de Kelly Marie Tran, quien supo llevar a la pantalla a una heroína con mucha carisma -hasta se podría decir que opaca a Finn en más de una ocasión. Cuando la mecánica de la Resistencia conoce al ex Stormtrooper, explica cómo detuvo a otros miembros que intentaron huir. Esto deja en evidencia las internas de una organización rebelde en la que no todos resisten hasta el final y cuando la situación se complica, buscan otras opciones.

A partir de Rose y Finn, sobretodo de la primera que hace razonar al segundo, es que exploramos un lugar de la galaxia muy distinto a lo que estábamos acostumbrados/as: la ciudad casino de Canto Bight. Para algunos se trató de una aventura innecesaria para la película, pero en este lugar podemos observar la elegancia y la ostentación de aquellos que lucran con la venta de armas tanto a la Primera Orden y la Resistencia. Además, es ahí donde vemos al oprimido levantarse: la chispa de la resistencia.

Por otro lado, se encuentra la Vicealmirante de la Resistencia, Amilyn Holdo -interpretada por Laura Dern-, quien toma el mando cuando Leia queda inconsciente. Al principio observamos la situación desde el punto de vista de Poe Dameron y esta mujer nos genera cierta desconfianza. Sin embargo, al fin de cuentas, nos demuestra la necesidad de pensar antes de actuar. Muchas veces es indispensable usar la prudencia para evitar perder más vidas en el camino. Holdo es estratégica, prudente y muy valiente. ¿Cómo podíamos dudar de una vieja amiga de Leia?

A su vez, cuando Holdo decide sacrificarse para salvar a los Rebeldes y choca su nave contra la nave de la Primera Orden a la velocidad de la luz, se produce una escena nunca antes vista en Star Wars. El plano general del espacio acompañado de un silencio por 10 segundos es sorprendente.

El supervisor de efectos especiales, Ben Morris, aclaró que fue una decisión inusual pero efectiva para la película: “Cuando escuché todos los gritos y expresiones de sorpresa en el silencio, fue simplemente fantástico. Nos dimos cuenta de que funcionó. Eso nunca había ocurrido en Star Wars”. Es increíble que gran parte del público estadounidense haya demostrado su descontento con esta escena al pensar que se trataba de una falla técnica del cine. Por este motivo, algunas cadenas decidieron publicar una placa de advertencia al principio del film.

Star Wars: The Last Jedi llegó a los cines después de meses de expectativas. Disgustó a los fanáticos y fanáticas que quieren conservar la esencia de la saga original, pero emocionó a aquellos y aquellas dispuestos a ir más allá, a explorar otros lugares de la galaxia, a romper la tradición y a disfrutar de una nueva película, con nuevos personajes, nuevas miradas y, sobretodo, con la misma Fuerza que siempre nos acompaña.

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