‘The Constant’: el episodio bisagra de Lost

Belén Lescano

Belén Lescano

Redactora at Corriendo La Voz
Licenciada en Comunicación Social. Ariana. Fan de los soundtracks. Nolite te bastardes carborundorum.
Belén Lescano

Hoy Lost es considerada la madre de muchas series actuales. Después de 14 años, se la sigue recordando, queriendo, odiando (muchos por su final), se siguen planteando teorías y respondiendo a preguntas que aparentemente quedaron sin respuestas. La obra creada por J. J. Abrams fue una de las primeras que generó revuelo en la web cuando recién aparecían espacios como los blogs y foros, y de las primeras que nos provocó adicción.

La historia, cuya premisa era generar nuevos misterios constantemente, mezcló a lo largo de seis temporadas a un grupo de personas tratando de sobrevivir en una isla luego de un accidente aéreo, viajes en el tiempo, ciencia ficción, magia, osos polares, monstruos de humo y mucho más, de manera magistral.

Pero, sin dudas, y en lo que todo fanático de Lost puede coincidir, es que el capítulo que resume a la perfección el espíritu de la serie es The Constant (La Constante), el quinto de la cuarta temporada, dirigido por Jack Bender. Hoy se cumplen 10 años de su emisión original y eso nos da la excusa perfecta para repasar y analizar lo que nos dejó uno de los momentos más recordados de la serie.

La Constante en la historia

Este capítulo tan particular puede ser considerado un bottle episode, ya que en 45 minutos conocemos casi todo lo que necesitamos saber para entenderlo. Igualmente, incluso para quienes fuimos siguiendo la serie, las primeras escenas resultan confusas y perturbadoras, porque aunque ya estábamos acostumbrados a los flashbacks de los personajes e incluso a los flashforwards que nos anticipaban algunos acontecimientos, esta vez, el recurso es explotado en su máxima expresión. Por eso, como Damon Lindelof, uno de los productores ejecutivos, explicó en la Comic Con del 2008: “es un episodio muy difícil de contarle a otros.”

Sobrevivientes vs. tripulantes del barco.

The Constant comienza a armarse hacia el final de la tercera temporada. La esperanza de salir de la isla a través de un barco misterioso era cada vez mayor, hasta que una de las muertes más dolorosas y su famoso “not Penny’s boat” escrito en la palma de la mano, nos advierte que los tripulantes no eran quienes decían ser.

Cuando inicia la cuarta temporada, todo se resume a elegir un bando, el de John Locke (Terry O’Quinn) y su obsesión por no abandonar la isla, o el de Jack Shepard (interpretado por Matthew Fox) que aún cree en la palabra de los integrantes del barco. Elegir a uno u a otro ya se había vuelto habitual en la serie, y era un recurso en desgaste.

Por eso fue tan importante incluir en esta temporada un capítulo como The Constant, cuyo primer acierto es no centrar la situación en los protagonistas, sino en personajes secundarios igual o más queridos. Estamos hablando de Desmond Hume (Henry Ian Cusick) y Sayid Jarrah (Naveen Andrews), quienes consiguen viajar en helicóptero al barco para averiguar más sobre las intenciones de los tripulantes.

Sayid (Naveen Andrews) y Desmond (Henry Ian Cusick) protagonizan el bottle episode de Lost.

Sin embargo, cuando están a punto de aterrizar, Desmond experimenta una especie de pérdida de la noción del tiempo y su mente viaja hasta 1996, cuando estaba en el ejército, para luego volver al presente, en 2004, cuando aún están atrapados en la isla.

Esto plantea una situación totalmente distinta a la que se da en toda la serie. No se trata de simples flashbacks, flashforwards, realidades paralelas y demás, ajenas a los personajes, sino que esta vez los afecta directamente porque sugiere la posibilidad real de viajar en el tiempo, no corporalmente y con máquinas al mejor estilo Volver al futuro, sino a través de la conciencia.

El amor como constante

Otro de los atractivos en este capítulo es el factor contratiempo: a uno de los tripulantes le había sucedido lo mismo que a Desmond y con el correr del episodio, su destino fue fatal. Al enterarse de la situación, Daniel Fadaray (Jeremy Davies), un físico integrante del barco que ahora estaba en la isla, le confiesa a Desmond que para detener los viajes en el tiempo y que su situación no empeorara, debía encontrar una constante en su vida, algo o alguien que tenga una fuerte conexión y que pueda comunicarse con él tanto en 1996 como en 2004.

Casi instintivamente, Desmond pensó en Penny, el amor de su vida. Esto es llamativo porque el romance no es uno de los fuertes de Lost. Podemos recordar triángulos amorosos como el de Jack, Kate y Sawyer, que se desarrolla a lo largo de la serie, pero en general, no es algo en lo que se centre demasiado. Es más, las otras historias de amor de las que podemos tener memoria nunca terminaron bien.

Penny intenta confiar en el Desmond de 1996 cuando promete llamarla dentro de 8 años.

Pero en este caso, el amor de Desmond y Penny, anterior a la locura de la isla, parece traspasar el tiempo, la distancia y mantenerse entre el pasado y el futuro. Por eso este capítulo es diferente: nos habla de la fe, de superar obstáculos y de que la única constante parece ser el amor. Eso si le sumamos que todo transcurre en vísperas de navidad, con toda la nostalgia que produce en las ficciones el “estar lejos de casa”. Acá, la escena más emotiva, la que le da sentido al capítulo:

Desmond logra comunicarse con Penny y vencer los saltos en el tiempo

Estos 45 minutos nos sacan un poco de la desesperanza general de la serie y nos brindan, al menos, una especie de final feliz, a excepción de los minutos finales en donde vemos en el cuaderno de Fadaray algo que escribió en 1996 pero para él, recién cobra sentido en 2004: “si algo sale mal, Desmond Hume será mi constante”, y nuestra cabeza vuelve a volar.

Una estética no tan constante       

Si bien no hay grandes cambios entre The Constant y los demás capítulos de la serie, algunos detalles hacen la diferencia. En principio, ya no escuchamos ese efecto de sonido tan característico que nos anticipa que lo que veremos a continuación es un flashback o un flashforward, sino que los cambios de tiempo son bruscos y se generan desde un primer plano de Desmond, que siempre luce desorientado.

A pesar de los sobresaltos que nos provoca esta falta de anticipación, todo encaja perfectamente a modo de rompecabezas: las frases a medio decir en el pasado que se completan en el presente, y viceversa, las posiciones en las que queda el cuerpo de Desmond mientras su mente viaja en el tiempo, los sonidos de la lluvia, de una canilla sin cerrar, del motor del barco, todos son elementos que hacen a la perfección visual y sonora del episodio y por lo que, según Damon Lindelof, tardaron cinco semanas (y no tres que es lo usual) en terminarlo.

Diez años después, seguimos recordando especialmente The Constant como el capítulo más logrado de Lost. Seguimos atesorando sus detalles y la emoción que nos generó la primera vez que lo vimos, y por eso lo convertimos en un motivo más que hacen que Lost siga siendo, sin exagerar, de las mejores series de todos los tiempos.

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