#LadoNerd Un viaje por la memoria y la identidad

Maira Romero Santucho

Maira Romero Santucho

Soy Licenciada en Comunicación, realizadora audiovisual en construcción y feminista. También me gusta la cumbia.
Colaboradora en Lado Nerd.
Maira Romero Santucho

El Viaje de Chihiro es una lección enorme sobre la la búsqueda y reconstrucción de la propia identidad en el medio de un contexto hostil, jerarquizado y mágico.

Pasan los años y este film –Sen to Chihiro no Kamikakushi– no deja de ser considerado uno de los mejores del reconocido director de cine de animación japonesa, Hayao Miyazaki. Sin dudas, es una de las mejores películas de la historia, con una calidad de animación impecable en un estallido de color y diversidad, acompañada de uno de los soundtracks más estremecedores y expresivos.

Capitalismo Kamikakushi

Chihiro se mete sin querer a un mundo mágico en el que tiene que perder a su familia, conseguir trabajo y ceder su nombre para no desaparecer. Cualquier similitud con el capitalismo no es pura coincidencia, pues el director tiene una postura marcada con respecto a dicho sistema de acumulación y la globalización.

El término kamikakushi (Oculto por los Dioses) acompañado por el resto de las palabras en el título en japonés y ligado al folclore del país, es una especie de veredicto de “muerte social” en nuestro mundo terrenal. Regresar a este universo tras el kamikakushi significa la “resurrección social”. Kamikakushi vendría a ser el mundo mágico en el que habitan los Dioses y que atraviesa Chihiro. Es decir, que ella muere de algún modo en el mundo terrenal. No es casualidad que lo primero que veamos sea a Chihiro en el asiento trasero del auto del padre, abrazada a un ramo de rosas con un tarjeta de despedida que dice “Buena suerte Chihiro, espero nos veamos de nuevo”.

Luego de que su padre se pierde en el bosque, la familia atraviesa un túnel y se encuentra con una sospechosa feria sin gente. Sus padres comienzan a comer con la excusa de pagarlo luego con tarjetas de crédito o efectivo. Minutos más tarde, la pequeña ve a sus padres convertirse en cerdos y pronto se encuentra rodeada de espíritus y un profundo río donde antes había un pastizal. El único modo de volver es atravesando el kamikakushi. Chihiro tiene que construir una nueva identidad, luchando contra las injusticias de un mundo que desconoce y por tratar de recuperar su pasado.

Quizás lo más cercano a una Chihiro en este mundo sea una hija de desaparecidos. Una persona a la cual le arrebataron la identidad y le quitaron su nombre y familia de manera violenta. La protagonista de la película, de hecho, cede su nombre a la bruja dueña de los baños termales, y al día siguiente ya comienza a olvidarlo.

Por su suerte, un ser que habita ese planeta la conoce, ayuda y guía en todo este quilombo: Haku, el aprendiz de Yubaba -la bruja en cuestión, la matrona que gestiona el dinero y la que aprovecha los lujos. La que provee un trabajo a cambio del nombre de la persona y la que también puede convertirla en cerdo. La dueña de la empresa, digamos.

Chihiro se encuentra con una serie de personajes diversos y únicos dispuestos a ayudarla, aunque no lo parezca. Como Kamaji, el segundo ser del mundo mágico con el que interactúa la pequeña protagonista, quien es el trabajador de las calderas y a simple vista parece un enorme monstruo de cuatro brazos malhumorado.

Finalmente demuestra ser un señor amoroso, como un viejo que no puede jubilarse nunca y trabaja en el lugar más recóndito del baño de dioses. También es una clara analogía con la clase obrera, ya que entre Kamaji y los pequeños hollines alimentan a todo el baño de las aguas que limpian a los dioses. Son esas pequeñas bolitas negras (y aparentemente inofensivas) las que cargan esos pesados carbones y alimentan el fuego de las calderas. Si ellos no trabajaran, no habría agua ni baños. Si ellos no trabajaran, como en un momento le dice Kamaji a Chihiro, “se rompe el hechizo”.

A su vez, se encuentra con Lin, quien aparenta no quererla en principio pero termina empatizando pronto con la pequeña y cuidándola, toda una imagen de la sororidad.

Es curiosa la discriminación que ejercen les trabajadores de los baños termales sobre Chihiro por ser humana. Les humanes no son aceptades en este mundo, resultan “repugnantes”, “olorosos”. Realmente resulta inaceptable la humanidad en un lugar de seres superiores como ellos. “Si no funciona en el trabajo puede comerla”, es como presenta Haku a Chihiro a sus nuevos compañeros.

La protagonista es, así, una pequeña niña que sufre por haber sido separada de una familia, y quien nunca antes había tenido que trabajar. Ahora no solo se tiene que enfrentar a un mundo cruel que la obliga a ser empleada para no morir, sino también a la humanofobia de sus propios compañeres, parecida al odio que se ejerce sobre pobres, migrantes, afrodescendientes, lesbianas, gays, travestis o trans en el mundo real.

Sin embargo, Chihiro no se rinde frente a cada injusticia que la atraviesa, sino que redobla las fuerzas movida por el amor propio y hacia los demás. Y lo demuestra en una de las escenas más épicas de todo el filme: la llegada del Espíritu del Río.

Nadie puede determinar que es él cuando llega a los baños por su espeso aceite chorreante, suciedad y hediondo olor. En un mensaje maravilloso sobre la contaminación del agua y la tierra, Chihiro hace un gran esfuerzo para ayudar a liberar de toda la mugre que la humanidad ha tirado en él, y éste, agradecido, le da un alimento que limpia a cualquiera de cualquier hechizo. Chihiro le da una porción a Haku, quien sufrió una maldición de Zeniba (hermana de Yubaba), y el otro a Kaonashi.

Kaonashi

Este personaje, que merece un capítulo aparte, es uno de los más enigmáticos y perturbadores de toda la película. Y es, sin embargo, también uno de los que más pena y ternura genera.

Kaonashi es una especie de espíritu sin identidad. De hecho, la traducción de su nombre sería Sin Cara, pues busca constantemente la aprobación de los demás. Curiosamente, tiene la capacidad de generar pepitas de oro. Cuando los trabajadores del lugar descubren esto, automáticamente proceden a engordarlo cada vez más y más. Y éste, aunque está rodeado de gente sirviéndolo, está solo. No tiene ayuda real, los demás sólo ayudan a que este personaje empeore y que pronto se convierta que una amenaza que se come a les empleades.

Es sólo Chihiro quien lo ayuda y le dice la posta, le pregunta por su familia, y el gordo y temible Kaonashi se mete dentro de sí y confiesa que está solo entre sollozos. La pequeña le cede un pedacito de su bolita curadora y éste, cual adicto en recuperación, se enoja enormemente y comienza a vomitar todo eso que lo volvía enorme y asqueroso.

Pero Chihiro demuestra una madurez increíble y luego de todo el episodio, le permite al espíritu acompañarla en el viaje en tren hasta la casa de Zeniba, demostrando que lo único que él necesitaba era un poco de comprensión y compañía. Por eso, finalmente se queda con Zeniba, ayudándola en su pequeña casa lejos de todo. En un lugar donde tiene todo lo que quizás mucha gente no encuentra en esta realidad: un té caliente, un oído, una tarea, un pedacito de torta y compañía saludable.

Lucha como una chica

Miyazaki quiso hacer una película para niñas de 9 o 10 años. Esto requería un nivel más de infantilidad que La Princesa Mononoke, por ejemplo.

Para esta tarea leyó algunos cómics para pequeñas, y notó que sólo hablaban de romances y amoríos, lo que resultaba bastante contrastante con las chicas que él conocía. Entonces, quiso que su protagonista fuera alguien con quien el público pudiera identificarse, una a la que el miedo la paralizara poco y nada.

El hecho de que sus padres se hayan convertido en cerdos, de verse inmersa en un amenazante mundo lleno de dioses de distintas formas y colores, discriminación y opresiones, no frena a Chihiro en esa búsqueda por recuperar su vida anterior. La niña llora, sí, pero se limpia las lágrimas y se levanta, aún con sus flacas piernitas temblando. Le grita a un hombre de cuatro brazos que le dé un trabajo, le entrega su nombre a la bruja más temible para que la emplee, sabiendo que luego deberá recuperarlo. Chihiro se enfrenta a cada prueba que se le impone, y logra vencer, con tan solo nueve años, las adversidades que se le presentan.

Aunque muchas veces se vea derrotada y desesperada, llorando y gritando, la pequeña no cede la lucha por su memoria e identidad. Quizás uno de los mensajes más poderosos de la película tenga que ver justamente con luchar por preservar la memoria y la identidad. Un pueblo sin estas características, como los trabajadores de Yubaba, son uno fácil de manejar porque no tienen escapatoria: no pueden siquiera tomarse el único tren existente porque no pueden pagar el boleto y, de poder hacerlo, ¿a dónde irían? No tienen un lugar al que regresar.

Lo importante, también, es que Chihiro no logra completar su camino de vuelta sola. Hay alguien que lucha porque ella recuerde: Haku la ayuda a no olvidar quién es. A pesar de que él mismo haya perdido absolutamente su identidad y por ello se convirtiera en el asistente de Yubaba, sólo recuerda el nombre de la pequeña. Y ella le devuelve el favor, en tanto logra descubrir el nombre del personaje: Espíritu del Río Kohaku. Ahí, en el preciso momento en que su nombre es pronunciado, es como si rompiera un hechizo que le da el impulso para volver a buscar su camino a casa. Le recuerda dónde se perdió. Metáfora innegable de la relevancia de la identidad.

Finalmente, Chihiro reconstruye su identidad y recupera a sus padres. Debe volver a su mundo sin mirar atrás y llevando para siempre en su piel todas las experiencias de lucha y amor vividas en el kamikakushi, como parte de su nueva yo. Quizás, algún día la sociedad toda pueda terminar de atravesar su propio desafío y reconstruirse, basada en una buena memoria, como Chihiro.

Comenta

Print Friendly, PDF & Email