#LadoNerd ‘Breaking Bad’ cumple una década

Diego Scarpati
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Diego Scarpati

Redactor at Corriendo La Voz
Redactor de Cultura y Lado Nerd.
Autor y Guionista Freelance.
Cuervo. Fan del cine, el teatro, la cerveza artesanal, la coctelería y Batman.
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Un día como hoy, hace exactamente diez años, se estrenaba en tierras gringas Breaking Bad, considerada por un gran público como una de las mejores series de TV de la historia. Celebramos estos diez años de su estreno repasando algunos aspectos fundamentales de esta ficción y otros que tal vez no sean tan conocidos.    

Hay ficciones que definitivamente marcan un antes y un después. Algunas de género dramático y otras que van por el carril de la comedia; algunas de continuidad episódica y otras con un esquema de tramas unitarias; algunas que vienen detrás de un gran estímulo publicitario mientras otras funcionan gracias al boca en boca. Lo cierto es que las series de televisión han ido evolucionando de manera notoria en estos últimos 20 años.

Para quienes tenemos más de 30 es innegable despertar un elemento nostálgico recordando aquellas series con las que crecimos a fines de los ’80. Series que llegaban a nuestros canales de televisión abierta una vez por semana con historias diferentes y un estilo narrativo y audiovisual muy de la época. Luego, en los ’90 gracias a la llegada del cable, la segmentación produjo que cada cual viera su serie favorita por una determinada señal, y en diferentes horarios. Pero la forma de narración también iba evolucionando.

Bryan Cranston en una de las escenas más emblemáticas de su primer episodio.

Desde el 2000 en adelante, estas producciones pasaron a tener un protagonismo inusitado para otras épocas: ahora se maneja otro presupuesto, lo que significa una calidad prácticamente cinematográfica. Y sobre todo, una forma de contar las historias que echa por tierra lo visto décadas atrás. Así, cada cual tiene su favorita o favoritas, sólo por citar algunas: Lost, Game of Thrones, Vikingos. Y por supuesto, lo que también cambió fue la plataforma, porque el streaming está cambiando las reglas: ¿Hasta qué punto se le puede decir aún “Serie de televisión”? La cuestión es que el 20 de enero de 2008 comenzamos, de a poquito, a hacernos fans no sólo de las desventuras de un tipo malo, malo; sino también de una forma distintiva de narrar una historia desde el punto de vista audiovisual, un estilo, y sobre todo una gama de colores en donde obviamente predominaba el azul.

La Génesis

De todo un amplio listado de series, no hay que pasar por alto dos que han sido fundamentales para que hoy estas ficciones tengan esta forma y ocupen este lugar (y casualmente las dos volvieron después de mucho tiempo). Por un lado, la genial y onírica Twin Peaks de David Lynch y, por el otro, la súper necesaria X-Files de Chris Carter. Ambas, a su manera, sentaron las reglas de las series que hoy vemos.

Justamente, de los Expedientes X surge el nombre de Vince Gilligan, que se desempeñaba como uno de sus guionistas. Cuenta la leyenda, que en una conversación con su colega Thomas Schnauz, plantearon la posibilidad de buscar un ingreso si se quedaban sin trabajo. Así, en broma, surgió lo de “armar un laboratorio de metanfetamina dentro de un vehículo de recreación e ir por todo el país cocinando cristales y ganando dinero”. En ese momento había nacido el concepto de Breaking Bad. Finalmente, Gilligan había encontrado la premisa para cumplir con el objetivo que tenía en su cabeza desde hace tiempo: realizar una serie donde el protagonista, con el correr de la trama, se convirtiera en el antagonista. Quería lograr que la audiencia cuestione al personaje. Y bueno, con el diario del lunes, podemos afirmar que cumplió su cometido.

La Van en donde todo comenzó.

Como consecuencia de una huelga de guionistas, la primera temporada sólo tuvo siete episodios. Número que resultó suficiente para marcar un estilo que se fue afianzando durante las temporadas posteriores. Básicamente estábamos ante la presencia de un lenguaje audiovisual que se tomaba su tiempo para mostrar las cosas. Y a eso debemos agregarle la crudeza de ciertos pasajes. Eso hizo que fuera cotidiano escuchar entre conocidos frases como “Si, la empecé a ver pero no me enganchó”; “Me pareció muy fuerte, encima lenta”. Sólo hay una respuesta a semejantes afirmaciones: “Perdónalos Señor, no saben lo que hacen”.

Muy distinto a la opinión de esa gentuza, quien les habla sucumbió al encanto de esta ficción desde el primer episodio. Aunque, vale aclarar, ya me la habían recomendado en varias oportunidades. Es en este punto cuando conviene hacer un parate y reconocer que quien suscribe puede encasillarse dentro de los Seriéfilos Holgazanes, término recién acuñado que sirve para definir a aquellos que hemos llegado a determinada serie años después de su estreno y ya con enésimas recomendaciones de varios allegados. Así, por ejemplo, llegué a Game Of Thrones a mitad de 2017. ¿La ventaja? Más allá de algún que otro spoiler inevitable, la experiencia de ver las siete temporadas de corrido sin sufrir ese espeluznante calvario que experimentamos durante su receso. Claro que nada puedo hacer para evitar la larga espera hasta su temporada final en 2019.

Con Lost llegué un año tarde. Los 25 episodios de su primera temporada fueron visualizados tan solo en una semana, al punto de que el episodio final terminó solo a minutos de arrancar la segunda temporada por el entrañable AXN (casualmente canal que emitió también Breaking Bad por el cable básico para Latinoamérica). Claro está, que las brillantes sub tramas y giros de las primeras temporadas de Lost, apenas pueden compensar los dos paupérrimos últimos años, incluyendo ese bochornoso final.

La serie tuvo un final redondo, en su momento más alto de popularidad.

Pero estamos aquí para hablar de Breaking Bad. Había aclarado en el párrafo anterior que había llegado tarde a verla. Es más. Lejos de enorgullecerme, al redactar estas líneas siento algo de vergüenza al admitir que devoré la serie en pocas semanas, a tan sólo meses de que la misma haya terminado. Dicho esto, y aclarando que las comparaciones son detestables, uno de los grandes puntos fuertes de la ficción creada por Vince Gilligan es que absolutamente todo cierra en una magistral última temporada. Incluyendo algo que muy pocas series logran: un episodio final que eche por tierra todo tipo de reclamos o que no satisfaga altas expectativas. Más allá de muchos arcos argumentales que se fueron creando durante el transcurso de la serie (y que originalmente no estaban pensados), se logró, cual artefacto de relojería suiza, que todas las malditas piezas encajaran en un final sublime. Hola Lost, deberías aprender de los que saben cerrar historias.

Walter White y la construcción del bien y el mal

Este complejo hombrecillo que pasó de ser un humilde profesor de química de secundaria al más temible cocinero y distribuidor de metanfetamina del sudoeste gringo ha quedado marcado como uno de los grandes personajes que nos ha dado la Cultura Pop. Serían pocos las y los fans que puedan admitir abiertamente que no tienen en su casa alguna remera o taza o cualquier chuchería con su rostro. Un ser que dividió las aguas, amado y odiado por igual. Objeto de discusiones, análisis y otras yerbas. Ahora bien, cuando hablamos del éxito de un personaje de estas características debemos señalar los dos pilares que lo sostienen: por un lado, el equipo de guionistas que encaró su construcción y, por otro lado, la propia impronta que le agregó su interprete Bryan Cranston. Y es aquí cuando, tal vez, alguna persona desprevenida aún no sepa que Walter White podría haber sido bastante distinto, teniendo en cuenta que Cranston originalmente no fue la primera opción.

Los ejecutivos de AMC y Sony ya habían dado luz verde al proyecto y querían que el rol protagónico recaiga en un actor de cierto renombre. Las dos opciones más firmes eran John Cusack y Matthew Broderick, teniendo algo de ventaja el primero. Pero Gilligan ya tenía a alguien más en mente: un actor que participó como invitado en el episodio –escrito por el mismo Gilligan- Drive de X-Files. La idea no convencía mucho a los ejecutivos ya que este actor estaba encasillado en roles de comedia, su último protagónico lo tuvo como un payasesco padre de familia en la comedia Malcolm in the Middle, lo cual generaba cierto prejuicio. Paralelamente, Cranston se había presentado a un casting para un trabajo completamente diferente, donde por casualidad, las dos responsables de esa audición también pertenecían al equipo que realizaba ese trabajo para Breaking Bad. Resultó que a ambas les gustó tanto la performance del “padre de Malcom” que fueron a ver a Gilligan para recomendarlo, y si bien él ya lo tenía en mente, este hecho sirvió para afianzar su idea original. El paso siguiente fue mostrarle a los ejecutivos aquel episodio de Expedientes X donde Cranston interpreta un personaje antagónico, totalmente opuesto a su rol de comedia, y esto fue la confirmación de que habían dado con el protagonista de la serie. El resto es historia.          

Izquierda: ‘X-Files’. Derecha: ‘Malcolm in the middle’

¿Podríamos imaginar hoy otro rostro interpretando a Walter White? Difícil. Cranston nos dio un personaje que era tan dramático como aterrador pero que, a la vez, aún expresaba cierta humanidad, cierto conflicto interior que lograra generar alguna clase de empatía con el público. Incluso nos dio divertidos momentos de comedia dentro de un panorama oscuro. Logró llegar a un registro donde nos hizo pasar desde el odio por sus acciones más cuestionables y repulsivas hasta la pena en su final, pasando por esas vertiginosas sensaciones de compartir la victoria al derrotar a alguno de sus enemigos. Entendimos que, por un instante, dejó de ser manipulador para tener su momento de honestidad al reconocer frente a su ex esposa, allá por el final de esta historia, que “todo esto” ya no lo hacía por su familia, sino por él. Y no estamos aquí para cuestionar la moralidad de sus actos, sino para recordar cómo hemos disfrutado de esta serie.     

El legado

Los 62 episodios de Breaking Bad divididos en sus cinco temporadas nos han dado grandes momentos de satisfacción y, sobre todo, varios motivos y elementos para recordar esta ficción. 

Desde el aspecto técnico, podemos mencionar hermosas panorámicas de los desolados rincones de Albuquerque, como así también incontables planos desde los lugares más insólitos (incluyendo el interior de un lavarropas). Además, una cámara que en la mayoría de los casos permanecía fija, descartando el recurso utilizado en otras ficciones, aquel de usar una cámara inquieta, frenética, junto a molestos zooms. Todo esto le otorgó a Breaking Bad secuencias con un clima denso, claustrofóbico y desesperante. Y por supuesto, no podemos olvidar los dos colores que más predominio tienen en la serie: el amarillo –visto tanto en los trajes de trabajo de Walter y Jesse como en el logo de Los Pollos Hermanos– y por supuesto, el azul, que le da sentido a todo esto.       

La música también fue parte fundamental de esta historia, existiendo detrás un gran trabajo de selección de las piezas musicales teniendo en cuenta, la melodía y las letras de las mismas y sus implicancias en cada secuencia. Incluso, un músico argentino se dio el lujo de sonar en uno de sus episodios –aunque cuenta la leyenda que él ni siquiera miraba la serie. En Buried, el episodio 10 de la quinta temporada, en una escena en particular suenan los acordes de Quimey Neuquén (compuesta por el poeta Milton Aguilar y el músico Marcelo Berbel). La versión que escuchamos es un remix realizado por Chancha Vía Circuito –nombre artístico para el músico Pedro Canale– cantado nada menos que por José Larralde.

Breaking Bad también nos ha regalado hermosos personajes. En un resumen muy simplista podemos afirmar que hemos odiado y amado a Walter White, mientras nos ha dado pena la suerte que solía correr Jesse Pinkman. No tiene sentido mencionar al resto del co-protagónico para no convertir estas líneas en una tediosa lista; cada cual tendrá sus personajes favoritos, pero sí vale la pena resaltar el hecho de que los roles estaban bien construidos, el núcleo central de Walter y Jesse: sus familiares y amigos. No olvidemos la galería de antagonistas, incluyendo a todos los hermosos miembros de la familia Salamanca.

Elenco de Breaking Bad. Sólo con verlos nos da ganas de volver a verla.

De este amplio y hasta demencial espectro de personajes no podíamos cerrar la nota sin darle un párrafo aparte al que nos está ayudando a transitar nuestra abstinencia pos Breaking Bad, el sujeto que se puso el equipo al hombro y la está remando como un campeón: el gran Jimmy McGill, por supuesto más conocido como Saul Goodman. Además de ser uno de los personajes más divertidos de la serie, este abogado chanta y hablador se dio el lujo de invitarnos a conocer su propia historia en la imperdible Better Call Saul, quizá resistida por ciertos fans, pero sin duda un excelente producto audiovisual que este año nos regalará su cuarta temporada.

Bob Odenkirk en la piel de Jimmy McGill / Saul Goodman

Tal vez hoy en día, muchos y muchas sostengan que la mejor serie es Game of Thrones, y sin dudas se trata de un gran producto. Pero para salir de este problema sin que nadie se enoje, e incluir en esta ecuación a la historia de Walter White, podemos afirmar que la ficción de los dragones es “la mejor serie con guion adaptado”, mientras que Breaking Bad puede ser “la mejor serie con guion original”. Demostrando una vez más que si bien es importante cada eslabón de la cadena, como ser las actuaciones, la producción, la dirección y demás, lo más importante continúa siendo el guion. Y mientras coloco el punto final a esta nota, por mi cabeza sólo pasa la idea de revivir, al menos, un episodio. ¿Qué tal The Fly? Aunque para hablar de este capítulo tan especial ya verán otra nota, mientras tanto sólo tengan a bien recordar quién es “el único que golpea”.

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