BOJACK HORSEMAN y el poder de la animación para adultos

Belén Lescano

Belén Lescano

Colaboradora en Corriendo La Voz
Estudiante de comunicación social
Belén Lescano

Desde Los Simpsons hasta Rick & Morty, pasando por Futurama o South Park, las series animadas para adultos estuvieron presentes en nuestro quehacer cotidiano desde que tenemos memoria y, con los años, las vimos reinventarse y volverse cada vez más complejas. Ellas fueron (y son) las que se animaron a contar, criticar e ironizar sobre cualquier hecho social sin ningún tipo de pudor y con una enorme libertad creativa. Hoy, BoJack Horseman, la primera serie animada original de Netflix, le da una vuelta de tuerca al formato, que le permite sobresalir por su cuota de humor negro sobre el universo hollywoodense y la política, mezclado con inteligencia y profundidad narrativa.

Hace poco más de una semana se estrenó la cuarta temporada de la serie creada por el humorista Raphael Bob-Waksberg y la dibujante Lisa Hanawalt, que se desarrolla en un mundo en el que conviven animales con humanos. En esta sociedad, Bojack Horseman (con la voz de Will Arnett) es un caballo antropomorfo que en los ’90 supo ser una estrella de la sitcom estadounidense pero que ahora, sumergido en la depresión, el alcohol y las drogas y ya olvidado por el público, busca ganarse el reconocimiento nuevamente.

Entre la comedia y el drama                                         

Con un formato de 12 episodios por temporada, esta historia pertenece a lo que hoy se conoce como las CIT (Comedies In Theory), un género reciente que engloba a todas esas series híbridas, difíciles de encasillar porque no se identifican con la comedia o el drama, sino que son una mezcla de ambas, lo cual le permite tocar temas sociales con más realismo que un género puro. Estos relatos en los que predomina el humor, no tienen la intención de ser amables o livianos de contenido. Son impredecibles, plantean sus propias reglas y generalmente tienen una mirada anti patriarcal.

Si hay algo que definió a la serie es que cada temporada tiene una trama principal que se cierra hacia el final para dar paso a la siguiente. Sin embargo, en esta ocasión, el método se modifica: el protagonista no aparece durante todo el primer capítulo, sino que su rival, Mr. Peanutbutter (Paul F. Tompkins), se apodera de la pantalla al postularse como gobernador de California, en una vuelta al humor verbal y visual que se estaba perdiendo en la tercera temporada, donde todo se tornó cada vez más triste y oscuro. 

En esta entrega, el conflicto central de BoJack es la aparición en su vida de una adolescente que dice ser su hija, al mismo tiempo que debe hacerse cargo de su madre, con quien siempre mantuvo una relación tormentosa, pero que ahora sufre demencia senil y necesita su ayuda. De todas formas lo más interesante es que esta vez, las historias de sus amigos no están ligadas a él sino que tienen desarrollo propio y son exploradas de manera más profunda: Diane (Alison Brie) trata de salvar su matrimonio con Mr. Peanutbutter, Princess Carolyn (Amy Sedaris) quiere formar una familia sin sacrificar su carrera de representante artística, y Todd (Aaron Paul) comienza a descubrir su sexualidad. 

Influencias de la cultura pop

Una de las cosas más llamativas de la serie es el retrato que hace de “Hollywoo” (sin la “D” final porque BoJack se la había robado para regalársela a Diane en un acto de enamoramiento y borrachera), donde encontramos a las celebrities haciendo de ellas mismas. Así, aparecen desde Paul McCartney hasta Daniel Radcliffe interpretados por los mismos artistas, burlándose de ellos y del mundo en el que viven. También se parodian otras series de televisión, actores, directores de cine y políticos en un sinfín de referencias a la cultura pop, y así descubrimos que hay un personaje llamado “Quentin Tarantulino”, que hay burlas sobre Josh Radnor y que nunca más haya aparecido luego de How I Met Your Mother, o que Rami Malek le ponga la voz a Flip McVicker, un escritor que no confía en el e-mail, detalle que se convierte en un claro guiño a Mr. Robot.

Paul McCartney sorprendió en un episodio de BoJack Horseman

En cuanto a esta forma de construir el humor, saliendo de la animación, se puede trazar un paralelismo con Extras (2005), la sitcom británica creada por Ricky Gervais y coproducida por BBC y HBO que muestra el backstage, lo que nosotros no vemos del trabajo de los actores en los sets de rodaje. Acá también hay actores actuando de sí mismos, o por lo menos, en una versión verosímil pero muy distinta a lo que nosotros nos imaginamos que serían en realidad. Cada capítulo cuenta con un actor principal distinto y, por ejemplo, en uno de ellos, vemos a Kate Winslet como una persona casi obsesionada con el sexo. Eso que resulta inesperado es lo que nos provoca risa.

Con respecto a la construcción del personaje de BoJack, resulta ser Don Draper, el protagonista de Mad Men (2007), la mayor influencia. Sin ir más lejos, la tercera temporada de la serie animada termina como Mad Men porque ambos se van en su auto por la ruta hacia tierras desconocidas. Para quien vio ambas series es casi imposible ignorar los aspectos de personalidad que comparten: son autodestructivos, tienden a corromper a las buenas personas que los rodean y buscan escapar de sus problemas a través del alcohol y el sexo casual.

Feminismo y algunos temas tabú

A la izquierda Diane y a la derecha Princess Carolyn, dos de sus personajes femeninos.

La crítica y la sátira al mundo de las celebridades siempre dejaron un espacio para que Diane, la portavoz feminista, dedique algunos minutos a desarrollar y ser protagonista de debates interesantes con respecto al lugar que tiene la mujer hoy a nivel social. En temporadas anteriores se trató el tema del aborto, dejando un mensaje muy claro con respecto a la libertad de decisión de la mujer, así como también se criticó a los medios de comunicación hegemónicos, donde los que opinan del tema son en su mayoría hombres.

En la cuarta temporada se aborda la cuestión de la seguridad de las mujeres en los espacios públicos y se genera un debate sobre si las mujeres pueden tener un arma como protección contra el acoso que sufren por parte de los hombres y para sentirse igual de seguras que se sienten ellos cuando caminan por la calle. En última instancia, la reflexión de Diane en un debate legislativo, donde es la única mujer, es categórico: “No se debería culpar a las mujeres por querer tener armas, sino al constante mensaje social que nos dice que estamos seguras siempre y cuando los hombres lo permitan”.

Por el lado del personaje de Todd se plantea el tema de la sexualidad y el autoconocimiento. En esta temporada él hace explícita su asexualidad, cuestión que casi no fue tratada en la ficción hasta el momento. Incluso Aaron Paul, el actor que le da su voz, luego del estreno de la tercera temporada, afirmó en una entrevista a The New York Times que Todd era “el primer personaje asexual de la televisión”.  Esto abre una ventana enorme para mostrar éste y tantos temas aún sin explorar.

Algunos episodios emblemáticos

Cada capítulo de BoJack Horseman tiene algún detalle que lo hace distinto al anterior, pero hay algunos que resaltan por su originalidad y calidad narrativa. “Fish out of water”, el episodio 4 de la temporada anterior, se caracteriza por la carencia de diálogo. Se desarrolla bajo el mar y es el único capítulo mudo de la serie con un chiste que se planta al principio y tiene su punchline, su resolución, al final. Un detalle que marca su importancia: fue considerado por la revista Time como el mejor capítulo de las series de 2016.

Esta temporada también tiene sus episodios emblema: el número 6, “Stupid piece of shit”, con el que tranquilamente podemos sentirnos identificados, se destaca porque en gran parte estamos metidos en los pensamientos de BoJack, escuchamos la voz de su conciencia que lo único que hace es insultarse, y vemos las conexiones de su mente a través de una animación más rústica. Por su parte el número 11, “Time’s arrow” realiza un montaje y un paralelismo visual con el recurso del flashback entre la juventud de la mamá de BoJack y su vejez, como sólo una serie animada puede lograr, al mismo tiempo que nos ayuda a comprender mucho más la relación madre-hijo y las personalidades de ambos.

Definitivamente BoJack Horseman se convirtió en un punto de quiebre de aquellos temas de los que se habla poco y por los que todo adulto, más allá de ser famoso o no, ha transitado alguna vez, como la depresión, la baja autoestima, la búsqueda de reconocimiento familiar y la validación del exterior, y lo hace con tanta contundencia que el humor negro que emana constantemente hacen que nos podamos reír de esas angustias que, a través de los personajes, reconocemos como propias. BoJack Horseman es la prueba de que la animación presenta un gran poder de narración y aún tiene muchas cosas que decir.

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