ATÓMICA: una mujer a prueba de balas

Laura Palau
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Redactora at Corriendo La Voz
Co-Editora de Cultura y Lado Nerd
Feminista. Fanática de Harry Potter. Amante de los libros, la radio, el cine y las series. Periodista y futura comunicadora.
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Los personajes femeninos de acción están tomando protagonismo en la pantalla grande, y Atómica llegó para sumarse a la lista. La adaptación de la novela gráfica de Anthony Johnston y Sam Hart, The Coldest City, nos lleva por el camino de las películas de acción y espionaje, pero esta vez de la mano de Lorraine Broughton, una mujer fuerte, ágil y violenta, interpretada por Charlize Theron.

El escenario se ubica en Berlín en 1989, rodeado por un descontento social y asesinatos encubiertos. El muro está a punto de caer, pero la guerra entre las agencias de espionaje rivales aún no termina. Por un lado, el KGB soviético y la Stasi de la Alemania Oriental, y por el otro, la CIA estadounidense, el MI6 británico y el DGSE francés.

Al principio de la película, un agente de la MI6, John Gascoigne, es asesinado por un hombre de la KGB, que luego le roba algo valioso: una lista con los nombres y la verdadera identidad de todos los agentes secretos en Berlín. Si esos nombres llegan a manos equivocadas, la Guerra Fría podría no terminar, o eso es lo que dicen.

Ahí entra en escena Lorraine, espía de MI6, para encontrar ese registro tan importante. Su compañero será el agente Percival, interpretado por un majestuoso James McAvoy, de quien no podíamos esperar menos luego de su brillante trabajo en Fragmentado. No obstante, si Broughton quiere concretar su misión, no debe confiar ni en su propia sombra. Quizás, ni en Percival.

Luego de los hechos, la protagonista es interrogada por MI6 y la CIA. Los espectadores conocemos la historia a partir de su relato en el interrogatorio, por lo tanto, solo conocemos lo que ella cuenta. Si miente o no, o si esconde información no podemos saberlo. Sin embargo, esto es aparentemente, ya que, por momentos, el testimonio de Lorraine no coincide con lo que nos muestran las imágenes, y esta estrategia es parte de la “complejidad” de la trama.

En cuanto al final de la película, es necesario hacer un breve análisis, por lo que recomendamos que aquellos que no vieron la película, se abstengan de continuar  – Alerta de Spoiler-(y de paso, vayan al cine a verla, así se suman al debate). Si bien la historia aparenta ser simple, y para algunos lo es, los giros le dan cierta complejidad al guion que pueden llevar a la confusión. Una confusión que, tal vez, ni se resuelve hacia el final, cuando nos alejamos del interrogatorio de la protagonista. El fin de esas últimas escenas es esclarecer quién tiene la lista y quién es el doble espía, pero ¿lo logra? Entre tanta información, ¿queda claro para quién trabaja Lorraine?

Peleas coreografiadas

Uno de los puntos a favor de Atómica es su gran despliegue coreográfico en las escenas de acción y combate, al ritmo de una banda sonora con temas reconocidos, bien usados aunque por momentos, un poco forzados. El trabajo del director, David Leitch, se caracteriza por movimientos continuos de cámara y de grúa, secuencias desde el interior de vehículos, cámaras lentas y plano secuencias truqueados. No es un dato menor que anteriormente se empeñara como actor doble de riesgo.

El talento coreográfico se hace evidente en una de las escenas más larga de la película, es decir, el plano secuencia truqueado de diez minutos, en el que se produce una pelea entre Lorraine y agentes de la KGB, al principio, en un edificio abandonado, y luego en la calle. El enfrentamiento parece interminable, y cualquier objeto puede ser un arma, tanto cuchillos, mesas, botellas como autos.

Además de ser una escena impecable por su fluidez y porque no nos da respiro en ningún momento, a tal punto que nos agotamos junto a los personajes, es una pelea violenta que no se priva de nada, ni de marcas en el cuerpo ni de sangre. Vemos a una Lorraine cansada y golpeada que no deja de combatir cuerpo a cuerpo, y a un Spyglass (a quien la agente debe proteger) herido de bala sin estabilidad. No solo nos cansamos con los personajes, casi sentimos su dolor con cada golpe. Los moretones de Broughton, días posteriores, son un claro ejemplo de ese efecto de realismo.

Mujeres en acción

Si bien las ficciones cada vez suman más personajes femeninos que no necesitan la ayuda de un hombre para salvar sus vidas, la rubia atómica reafirma esa tendencia. Lorraine sabe cómo defenderse, y casi siempre está un paso adelante de sus enemigos. La mujer es independiente y segura, y Charlize juega a favor ya que está a la altura del papel.

No es la primera vez que la actriz se sumerge en este tipo de personaje. No solo deslumbró en Mad Max: Furia en la carretera como Imperator Furiosa, una soldado de Inmortal Joe que lo traiciona para liberar a sus cinco esposas de Citadel. En 2005, Charlize interpretó a una asesina, la protagonista de Aeon Flux, una serie televisiva de ciencia ficción.

El mismo año, la actriz sudafricana protagonizó Tierra Fría, como una mujer que, junto a sus hijos, regresa a su pueblo natal para alejarse de su marido maltratador. Pero en su nueva vida comienza a trabajar en una mina de hierros, en donde las mujeres sufren humillación y abusos constantemente, entonces la protagonista inicia un juicio contra la compañía minera. Un dato no menos importante: esta película y Aeon Flux fueron dirigidas por mujeres, Niki Caro y Karyn Kusama, respectivamente.

Cabe destacar que Lorraine Broughton no encaja en la categoría de superheroína, amable y simpática. Su entrenamiento como espía la llevó a ser, más bien, una luchadora fría y calculadora, que en cuestión de minutos puede acabar con sus contrincantes usando una pistola, una soga o hasta un zapato. Su inteligencia y habilidad para la pelea tienen lugar de principio a fin, y nunca se la cuestiona por ser mujer.

Su relación con la espía francesa, Delphine Lasalle, interpretada por Sofia Boutella, es interesante porque si bien no es el eje de la película, deja en evidencia que detrás de la pragmática y despiadada Lorraine, hay una persona que siente, desea y sufre, no solo golpes físicos. Pero la fachada de frialdad es importante para su trabajo, y para continuar con vida, como todos los agentes encubiertos.

Atómica nos lleva por el camino de la acción, en el que nuevamente vemos armas, golpes, asesinatos, traiciones, sexo, entre otros elementos. Tal vez no sea una novedad para los fanáticos (o no tanto) del género, pero estamos tan acostumbrados a que los hombres protagonicen estas historias, que aplaudimos de pie que una mujer sea la que nos lleve por ese rumbo. Una mujer que no duda en matar a su oponente, pues se comporta como lo que es, una experta del espionaje y el combate.

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