Good Bye, Lenin: un clásico del cine alemán

Florencia Martinez

Florencia Martinez

Redactora at Corriendo La Voz
22. Periodista. Estudiante de Comunicación Social en la UNLaM. Amante de la comida. Compradora compulsiva de libros. Eterna cinéfila. Vincent Vega sigue vivo.
Florencia Martinez

La producción de Wolfgang Becker que le significó a Daniel Brühl su popularidad internacional se estrenó en el 2003 y aún se mantiene como una película necesaria para cualquier espectador. Con un perfecto equilibrio entre drama y comedia, Good Bye, Lenin! logró consagrarse como un éxito reconocido a nivel mundial.

9 de Febrero de 2003. Un film que traería consigo una gran ola de aceptación en la crítica profesional y el público se expuso en el Festival de Cine Internacional de Berlín. Que luego atravesara Europa y fuera proyectada en la pantalla grande de muchos países no resultó una sorpresa, ya que la película protagonizada por Chulpan Khamatova, Katrin Sass y Daniel Brühl, con su dosis impecable de ironía y drama, resultó una maravilla. Después de todo, el cómico pero amargo tono que caracteriza a esta trama sobre el impacto de la caída del muro de Berlín en una familia y la revolución al nivel de lo cotidiano es increíble.

Pero no fue sólo la narración de su temática lo que hizo que Good Bye, Lenin! fuera tan bien recibida -aunque hay que destacar la labor de Wolfgang Becker como director y guionista, junto con Bernd Lichtenberg-, sino además su impecable fotografía y registro de distintos puntos de Alemania. No es la única película en retratar lo sucedido en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial por aquellos pagos, pero de todos modos consiguió maravillar a una numerosa audiencia con su andar en lugares emblemáticos como el boulevard socialista Karl-Marx-Alle y Alexanderplatz.

Es así como, a pesar de que muchos no hemos tenido la oportunidad de visitar los distintos puntos que presenta la película, terminamos familiarizándonos con los mismos y comprendiendo su naturaleza.

La película, que nos adentra en la realidad de la invasión capitalista en la Alemania Oriental, cuenta la historia de Alex (Brühl), un joven cuyo objetivo es tan claro como disparatado: evitar que su madre, una ferviente seguidora del comunismo que acaba de despertar de un estado de coma luego de varios meses, descubra que el país se ha unificado y es ahora capitalista. Todo esto, por supuesto, para evitar una recaída de la afectada… y para entretener al público de una forma fresca y original.

Así, Alex se ve envuelto en una serie de situaciones que se presentan tan cómicas como dramáticas: comprar productos que se vendían en la Alemania socialista para abastecer su casa, mentir con respecto a la procedencia de los muebles nuevos que adquieren sus vecinos -muy alejados de los que se conseguían durante el desempeño de la República Democrática Alemana- y filmar falsos noticieros con la ayuda de Denis, su amigo y aspirante a cineasta. Las cosas escalan cuando esta mentira piadosa empieza a involucrar a otras personas -como Lara, la enfermera soviética de la que Alex se enamora.

Con un guion hilarante y actuaciones maravillosas, Good Bye, Lenin! se sostiene como un hito en la historia del cine alemán que se merece su reconocimiento con creces.

El análisis subyacente

Desde el 7 de octubre de 1949, cuando el país europeo quedó dividido en cuatro zonas bajo el control de las tropas de los Aliados, y hasta aún después de la caída del muro de Berlín en 1989, el contexto para los ciudadanos fue un absoluto caos, y el film presenta una interpretación crítica hacia los dos regímenes opuestos. De hecho, que el padre de Alex abandonara a su familia para escapar hacia el lado Occidental -o, como se descubre más tarde, en realidad hiciera planes para que se fueran todos, lo que resultó en un lamentable fracaso- es sólo una cara de la moneda, en tanto el Estado comunista se representa como uno represor y violento.

Y nuestro protagonista, por su parte, también se nos aparece como uno de los rostros de la desilusión generada por el comunismo. Determinado y nostálgico, su principal vínculo con la realidad y el cambio a nivel social se ve encarnado en Lara, aunque la cámara sigue su perspectiva alemano-oriental con una resistencia estética contra la dominación imperialista.

Por un lado, falta de capacidad para aceptar el cambio y la añoranza hacia un pasado perdido. Por el otro, el desengaño sufrido en manos del régimen comunista. Una ambigüedad hecha persona y que, de todas formas, caracteriza a gran parte de los ciudadanos de ese lado de Alemania de aquella época.

Lo cierto es que mucho se ha debatido al respecto, pero no se puede responder si el film adopta claramente una postura comunista o una anticomunista. De hecho, y a pesar de tratar el radical cambio hacia el interior de la Alemania Oriental y su pasaje de un modelo socioeconómico a otro con humor, lo cierto es que Becker reflejó en su momento un relato realista y crudo sobre las condiciones imperialistas sin dejar atrás la ineficiencia de la RDA.

Se ha argumentado que la película funciona como oposición tanto hacia el capitalismo como hacia el socialismo, pero en definitiva sostenemos que va mucho más allá al no tomar una posición política concreta sino -irónicamente- al limitarse a reflejar la abismal diferencia entre las dos Alemanias. Es así como se plantea objeción generalizada, tanto hacia la burocracia inoperante y el militarismo propios del Estado de la República Democrática Alemana como frente a la frialdad del capitalismo -hablemos de la hermana de Alex y su trabajo casi esclavo en Burger King.

¿Qué será?

Que Good Bye, Lenin! ganara el premio a la mejor película europea en su debut en el Festival Internacional de Cine de Berlín no fue extraño. Que el guión, las actuaciones y el director fueran aclamados, mucho menos… es así como sumó a su repertorio un Premio Goya a la mejor película europea hacia 2003. Entonces, nos preguntamos, ¿qué es lo que enamora del relato de Becker y Lichtenberg, tanto en ese momento como hoy en día? ¿Por qué seguimos recomendándola y, a quince años de su estreno, se la sostiene como un clásico?

¿Será el drama? No es la primera ni última película de este tipo que nos ha llamado la atención. ¿La mezcla con la comedia? Los escritores no inventaron el género. ¿La temática? Mucho se ha trabajado sobre la Segunda Guerra Mundial y años posteriores. ¿El vínculo de empatía que genera el espectador para con los personajes? Puede ser.

Pero tal vez se trate de algo mucho más profundo de eso. Quizás, y sólo quizás, Good Bye, Lenin! resulte un relato tan humano como histórico, tan sentimental como político, tan familiar y cotidiano como lejano de este lado del globo. Quizás vaya más allá del repetitivo enfrentamiento comunismo-capitalismo y nos genere una postura más idealista y superadora.

Y quizás haya que verla una vez más para determinarlo. Y celebrarla. Porque no podemos dejar de conmemorar esta perlita que nos ha dado el cine.

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