Iron Mountain y un incendio que no termina de cerrar

Juan Agustin Maraggi

Juan Agustin Maraggi

Editor de Análisis Político y Social en #Corriendo La Voz | Colaborador en Revista Mascaró | Estudiante de Sociología en la Universidad de Buenos Aires
Juan Agustin Maraggi

El 5 de Febrero del 2014 se incendió uno de los galpones donde la empresa multinacional, Iron Mountain, guardaba información, documentos y varios archivos ‘sensibles’ sobre diversas empresas. Luego de desplomarse una de las paredes del edificio, fallecieron ocho bomberos y dos rescatistas. A cuatro años del suceso, las dudas son más grandes que las certezas.

Iron Mountain es una empresa radicada en Estados Unidos que hace más de sesenta años se dedica al manejo, gestión y administración de información empresarial, ya sea propia o ajena. Si bien se fundó con el fin de comercializar hongos y explotar diferentes minas que su dueño, Herman Knaust, había comprado, las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y la necesidad de proteger cierta información ‘sensible’ dieron la idea a su fundador para utilizar sus minas con el fin de resguardar la información que las empresas y los gobiernos no querían perder ante un ataque, un robo o, yendo a lo que se debatía en el momento, una guerra nuclear.

Países donde Iron Mountain tenía clientes para el año 2007, sacado de sus propios archivos

Luego de diferentes quiebras y el paso de varios accionistas, la empresa comenzó a encontrar la estabilidad negociando con diferentes multinacionales en los años 80, lo que le permitió extender su poderío, influencia y capital a casi todos los continentes (excepto África). Iron Mountain comenzó lentamente a generar un imperio de influencias, poder y manejo de información, haciéndose como clientes a financieras, bancos, constructoras y compañías de toda la escala productiva del mercado. Monsanto, HSBC, Exxel Group, Cablevisión, JP Morgan y el Banco Patagonia son sólo algunos ejemplos que logran mostrar la diversidad de información que disponen con injerencia en nuestro país.

El manejo, uso y la administración de datos, en la actualidad, no sólo tiene una importancia fundamental para el marketing, el big data y demás, sino que se ha transformado en uno de los recursos más codiciados y valiosos dentro del mercado y para los diferentes Estados del mundo. Iron Mountain se configuró como aquella empresa que garantiza, a nivel global, la tranquilidad en la contabilidad, los documentos, la información y los intereses para cientos de multinacionales. Es por ello que el incendio en Barracas hace mucho ruido y, cuatro años después, sin ningún detenido, no hay indicios de un pronto esclarecimiento de los hechos.

La construcción de un imperio y la ocurrente y constante pérdida de información

Una empresa de estas características no puede sólo otorgar a las grandes empresas un seguro de su información, también tiene que poder dejarlas tranquilas ante cualquier inconveniente fiscal o impositivo, legal o de otra índole. Es por eso que la empresa tiene un conveniente historial de pérdida de información, desaparición de documentos e incendios de los galpones en su haber.

Cuatro son los casos más conocidos de incendios que ‘sufrió’ la cia previo al argentino. En 1997 en New Jersey, Estados Unidos y sólo un par de días después que un incendio leve dañara otro galpón, se prendieron fuego dos depósitos sin hallar, hasta el momento, ninguna explicación o culpable.

En el año 2006 un edificio entero de seis pisos se vio reducido a cenizas en Londres, según Iron Mountain – quien aseguró no conocer los motivos -, los archivos que desaparecieron eran antiguos y estaban discontinuos, sin embargo unos días antes en Otawa, Canadá, un edificio de la compañía había tenido el mismo destino, perdiendo el 3% de los archivos allí almacenados. A su vez, cuatro camiones de la empresa también fueron quemados. Hasta ahora no hay culpables y, según informes de la misma empresa, se perdieron los registros de 600 clientes y la historia clínica de más de 240.000 pacientes de diferentes Hospitales de Inglaterra. Entre los papeles perdidos, según los medios, había información esencial de importantes abogados de Londres.

Documento del balance anual de la cia donde acepta que los incendios fueron provocados

El 4 de Noviembre de 2011 un incendio consumió la sede principal de Iron Mountain en Aprilla, Italia, perdiéndose todo lo que allí se encontraba:

Reporte Anual de Iron Mountain, 2011

A estos hechos se le suman cientos de camiones perdidos, documentos que desaparecen y traspapeleos siempre dudosos.

El incendio argentino, ¿más de lo mismo?

Eran las ocho de la mañana en Azara 1245, en el barrio de Barracas, doce horas antes, el Banco Central había anunciado la apertura de investigaciones a varias empresas por fraude fiscal. Llegando las nueve de la mañana y cuatro minutos se desplomó una de las paredes del galpón allí ubicado a causa de un repentino incendio. Cinco dotaciones de bomberos, junto a otras cuatro fuerzas acudieron para intentar apagarlo, nueve de los y las que ingresaron a intentar apagar el fuego, fallecieron por el derrumbe de las paredes, dos bomberos fueron internados de gravedad y uno de ellos – Facundo Ambrosi – muriendo doce días después.

Balance de Iron Mountain en 2014 (la investigación estaba en curso)

Los primeros dos organismos en tomar la iniciativa en la investigación sobre las causas del hecho fueron la Comisión Nacional de Valores (CNV) y la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (PROCELAC), quienes siete meses después elevaron diversos informes a través de los cuales se declaraba que veintinueve de las empresas que ‘sufrieron pérdidas’ durante el incendio coincidían con empresas investigadas por lavado de dinero, fraudes y diversos delitos.

Un año y diecinueve días después de los hechos, las primeras pericias comenzaron a otorgar resultados. Los primeros informes fueron elevados a la justicia por las y los peritos de la Policía Federal, y los cuales fueron concluyentes: el incendio había sido intencional. Posteriormente, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) también lo confirmó. Fue la Fiscal Marcela Sánchez quien terminó haciéndolo público con la siguiente declaración: “Se encontraron rastros de sustancias combustibles y se estableció que el foco del fuego se produjo por dispositivos colocados al efecto, ya que también se encontraron restos de conductores y transformadores de energía que no se correspondían con partes de equipos del lugar”.

El HSBC fue uno de los más perjudicados en materia de material perdido, o, dicho de otra manera, quien más salió beneficiado por la pérdida de información. Carlos Gonella, el entonces titular del PROCELAC, en ese momento sentenció : “como intuimos que podría haber bancos y empresas, iniciamos una investigación para tener precisión sobre ese tema, para saber cuáles de esas empresas estaban investigadas por Procelac. El HSBC encabezaba la lista con miles y miles de cajas”.  Según la investigación de Ari Lijalad, el banco no sólo estaba siendo investigado anteriormente, sino que tenía 46.528 cajas de las que perdió 26.326. Los datos aquí comienzan a contradecirse, el número que acabamos de indicar fue el que informó Iron Mountain, diferente es el informado por el banco (HSBC) al Banco Central, y también difiere el número que recibió PROCELAC para investigar. 

Lo cierto es lo siguiente: HSBC indica que perdió todo el material incendiado por no tener un correspondiente back up. Ese material representa material sensible esencial y el 4% de los documentos que la empresa tiene en el país. Lo otro real es que la pérdida de esta documentación embarró y atrasó las investigaciones a directivos y empleados de la empresa por evasión y lavado de dinero, uno de ellos, su presidente, Gabriel Martino.

El Banco Patagonia, que se encontraba investigado junto al JP Morgan por lavado de activos – entre otras cosas- fue el que más cajas de información perdió, de 65.705 se le quemaron el 86%, es decir, 57.015. Como era de suponer, ellos tampoco contaban con back up. Mientras que a la JP Morgan sólo le quedaron sanas 406 cajas de las 4406 que tenía.

Cuarenta y tres son las firmas que terminaron declarando pérdida de documentos en el incendio, de las cuales algunas otras son Jumbo, Rapipago (empresa por la que saltaron las denuncias de los Panamá Papers contra Macri), Banco Santander Río, Clarín e incluso Aerolíneas Argentinas. A esto se le suma también, obviamente, la propia Iron Mountain que perdió en el incendio el expediente de habilitación de los galpones, archivo que hasta el día de hoy la Justicia no ha podido acceder.  Lo curioso es que esta pérdida fue denunciada recién un año después del incendio.

Se cumple otro aniversario y todavía no hay ningún procesado. Las declaraciones pasan, al igual que el tiempo, pero todavía no hay ningún tipo de justicia. Juan José Gómez Centurión quien en ese momento, se encargaba de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) porteña, con todo lo que ello implica, ya que habían más de setenta denuncias anteriores al incendio por irregularidades en los galpones, a lo que se le suma que las pericias demostraron la precaria estructura del edificio; aún siquiera se sentó a declarar sumado a que fue quien echó la culpa de lo sucedido a la “impericia” de las y los bomberos y rescatistas.

El actual oficialismo, por su parte, continúa estrechando vínculos con la empresa, contratando sus servicios para la administración y el manejo de los archivos y la información y no aportando a la investigación.

La complicidad estatal a esta altura resulta evidente, el programa radial La Mar en Coche, de FM La Tribu, entrevistó al legislador de la Corriente Nacional de la Militancia, Gabriel Fuks, quien confirmó el entretejido de lazos y conexiones que hacen innegable esta realidad (escucha la entrevista acá).

No queremos con esta nota llamar a la conspiranoia, ni entablar teorías por fuera de la realidad. Los datos y la historia juegan un factor esencial. Mientras se sigan estirando los plazos y arrancando las investigaciones, omitiendo siempre lo anteriormente presentado, nunca podremos conocer qué sucedió ni quién o quiénes son los culpables del incendio. Lo que si, es hora de dejar de mirar para otro lado y empezar a mirar – también – la complicidad y desidia estatal.

 

 

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