Maternidad Compartida, ¿igualdad o mero maquillaje social?

Gustavo Escobar

Redactor at Género
Licenciado en Comunicación Social | Docente | Comunicador Popular | Vegeta | Risas con Tío Grandpa.

“El hecho de que se siga pensando que la función materna
(el cuidado y la atención de l@s infantes)
 es responsabilidad de las mujeres,
impide que la problemática relacionada
con la infancia tenga solución.”[1]

 

La licencia por nacimiento de un hijo o una hija desenmascara de la manera más cruenta la desigualdad entre hombres y mujeres y las funciones sociales que son determinadas por una cuestión meramente biológica que hacen a la estructura social y el lugar que cada uno o cada una debe ocupar.

Actualmente, en Argentina a la mujer se le otorgan tres meses de licencia por maternidad, que pueden ser tomados desde un mes antes del nacimiento de la criatura; mientras que al hombre se le otorgan dos días por el nacimiento de su niña o niño. En los medios de comunicación cada tanto aparece el debate sobre los días que se le otorgan al padre para estar con su pequeña o pequeño y “acompañar” a la madre. Se compara esta licencia con la de otros países. Fundamentalmente, para lograr mayor impacto, lo hacen con las leyes de los países nórdicos en donde  se cuenta con la mayor cantidad de días y hasta existe la posibilidad de elegir quién de la/os progenitores tomarán dicha licencia. Así, las notas remarcan el poco tiempo que tienen los papás para conectarse y vincularse con el o la recién nacido o nacida o incluso a plantear la ayuda necesaria que requiere la madre para llevar adelante la tarea en estos primeros meses de vida. Poco y nada se dice o se plantea sobre la mujer y su lugar después de ser madre. Es decir, el problema está en el poco tiempo que dispone el hombre, no en la necesaria igualdad de responsabilidades para que la mujer, más allá de haber sido madre, pueda continuar con sus otras actividades. O sea, continuar con su vida.

Fuente: Infobae

Esto lleva a plantear el debate en cuanto a de qué manera se está discutiendo la ampliación de la licencia por paternidad. Lo que se busca ¿es que el hombre pueda disfrutar de los primeros días de vida de su hija o hijo, o también hay un debate en cuanto al lugar del hombre dentro de la casa, de lo cotidiano? ¿Se piensa una redefinición sobre el rol del hombre en las tareas domésticas? Pensar y repensar las licencias en el mercado laboral demuestra hasta donde están estipulados los roles que deben ocupar hombres y mujeres. Desde el Estado no se tiene en cuenta este problema y hasta podemos leer en una entrevista que se le hizo a Ezequiel Sabor, vice ministro de trabajo de la Nación que lo importante es la productividad y no la calidad de vida de las personas[1].

El hombre, si puede, “ayuda”

Culturalmente no hay obligación por parte del hombre en las tareas del hogar y crianza de sus descendientes. La oleada neoliberal que vive la región desde el año 2015 genera un escenario poco probable de cambios en este sentido y deja las leyes con un atraso importantísimo al momento de lograr una igualdad de derechos.

Los medios de comunicación, soporte principal de un sistema de ideas y pensamientos pocas veces profundizan el debate. De hecho, lo nombran dentro del marco de las llamadas notas de color. Ya sea por el día del padre, o porque es una nueva tendencia entre las grandes empresas multinacionales que buscan, en pos de una mayor rentabilidad, la comodidad de sus empleadas y empleados.

El hombre como sujeto social e individual, ¿toma conciencia plena de la labor de la mujer como madre? Esa licencia extendida, ¿le permitiría notar esa disparidad? ¿Se construiría un nuevo modelo (pensándolo de manera esperanzadora) de varón a partir de la convivencia más cercana con las tareas del hogar? Como se ve en diversos textos y estudios de género, el espacio del hogar le fue impuesto a la mujer y de allí le es muy difícil salir y, cuando lo hace, el sistema patriarcal genera nuevos instrumentos o metodologías para mantener el status quo de dominio masculino. Así, las nuevas tecnologías, los ideales de belleza, el cuidado de la familia y su mística desde lo femenino, hicieron que a la mujer le costara salir a la calle y dejar ese espacio de encierro en donde su posesión era la casa. Y ella, posesión del hombre. Así el hombre camina libremente por la vida pública y cuando las leyes no les son, supuestamente, favorables, exige un cambio de las mismas. Pero no profundiza el debate sobre la raíz de esa desigualdad.

La Familia, lo local y la crisis de representatividad

¿Puede el hombre hacer política en su casa? ¿Por qué la mujer sale a la calle para demandar y nuevamente debe volver al espacio cotidiano? A fines de los noventa, principios de 2000, en los movimientos sociales y desocupados fueron las mujeres las protagonistas principales que irrumpieron el espacio público. Los hombres, desempleados, derrumbados en su masculinidad al no poder ser los proveedores y jefes de hogar, quedaron “confinados” en sus hogares. Fue así que las mujeres, por una cuestión de necesidad y de intereses prácticos de género (es decir, ser madres, amas de casa y que sus esposos estuvieran sin trabajo) salieron a confrontar y demandar al Estado la resolución de las necesidades más acuciantes que vivían. Construyeron nuevos lazos, nuevas prácticas políticas y de solidaridad entre ellas. Pero la paradoja fue que no hubo grandes nombres de mujeres que empujaran esos movimientos y fueron nuevamente los hombres sus principales referentes. Pareciera que esa es una eterna discusión entre los movimientos sociales y los partidos políticos en cuanto al rol que piensan y otorgan a la mujer. La de acompañar determinadas luchas pero luego, volver al hogar y a las tareas domésticas. Una ley de paternidad o maternidad compartida ¿debería tener como antecedentes todos estos acontecimientos que por momentos trastocaron ciertos patrones sociales que se tenían naturalizados?

Exigir una ley al varón, desde del varón y para la mujer

Pensar una ley de maternidad y paternidad compartidas debiera ser una demanda que unifique varias aristas pero en donde prevalezca principalmente una perspectiva de género. Más allá de los estudios de neurociencias y psicología infantil sobre la importancia del cuidado de la niña o el niño, también hacer foco en la necesidad de repensar los roles del hombre y de la mujer no sólo en cuanto a la crianza de los hijos y las hijas, sino también en el desarrollo de las tareas que hacen al hogar. No sólo llevar el debate jurídico hacia una normativa más amplia de días de licencia para el hombre, sino aprovechar el momento para generar un debate más integral sobre los roles establecidos que ocupan hombres y mujeres. No discutir cuántos días le corresponde a un papá para estar con su hija o hijo (o mejor dicho no quedarse sólo en esa discusión), sino replantear el por qué de que la crianza recaiga de manera exclusiva en la figura de la mujer.

Una ley que amplíe derechos es de vital importancia para lograr, desde las diferencias, un trato de igualdad en el que no se pre establezca roles que no hacen a la crianza de los hijos e hijas y que no continúen reproduciendo formatos o modos de vida que no hacen a la actualidad. En esto el rol de los medios de comunicación es vital. Muchos callarán, ya que su complicidad es manifiesta. Pero muchos otros ampliaremos el debate para  que confronte la realidad actual con las leyes que existen. Una ley que sea exigida a ese varón que no pretende dejar el espacio público y que reniega del espacio hogareño más que no sea para descansar; desde ese varón nuevo que se replantea otras obligaciones y responsabilidades, para la mujer que viene luchando por décadas para que sea tratada de igual manera más allá de su sexo biológico y sus elecciones sexuales y de vida.

[1] Palomar Verea, C.; 2005. Maternidad: Historia y cultura. En: La Ventana, Nº22.
[2] http://www.lanacion.com.ar/1972492-piden-que-se-amplien-las-licencias-por-maternidad-y-paternidad

 

 

Comenta