Despidos en Télam: el periodismo en tiempos de Macri

Pedro Lacour

Pedro Lacour

Periodista | Columnista en Misiones Opina | Colaborador en #CLV | Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires
Pedro Lacour

La polémica generada por los 357 despidos en la agencia estatal de noticias Télam levanta temperatura en la opinión pública. Es un conflicto que, con el correr de los días, se convirtió en un prisma a través del cual puede observarse la apremiante coyuntura nacional. La Marcha Nacional de Prensa, que reunió el pasado jueves en las calles de Buenos Aires a cientos de trabajadores y trabajadoras de prensa de todo el país, no solo expuso la dramática situación que envuelve a la actividad periodística en la Argentina.

Lejos de la mera defensa corporativa, la movilización hizo explícita la necesidad de la persistencia de voces críticas que informen sin concesiones acerca de las medidas llevadas adelante por Cambiemos.

El desmantelamiento de Télam es, sin ir más lejos, un ensayo general del ajuste fiscal que Mauricio Macri se comprometió a realizar en su acuerdo con el FMI. No por el monto que el Gobierno se ahorraría en la próxima partida presupuestaria, sino por la reacción que busca medir: si la noticia pasa sin mayores repercusiones, igual suerte podrían correr la TV Pública, Radio Nacional y otras reparticiones que, en los últimos dos años y medio, el macrismo fue encargándose de vaciar. “Hoy ganó el periodismo”, exclamó, provocador, el titular del Sistema Federal de Medios Públicos, Hernán Lombardi, en un comunicado que publicó en su cuenta de Facebook, luego de cesantear al 40% de la planta de la principal agencia de noticias del país.

Hacía meses que la incertidumbre se había apoderado de los pasillos de Télam. Luego de las elecciones legislativas de 2017, la fachada de estabilidad laboral con que en un principio se presentó la nueva gestión, quedó definitivamente sepultada. Como relatan muchos de sus trabajadores, empezaron a primar subterfugios para archivar ciertos temas, presentar en las notas solo la voz oficialista o trasladar temáticas sensibles para Cambiemos a secciones más controladas, como ocurrió con los conflictos docentes y las paritarias.

La estigmatización ideológica se volvió moneda corriente en los medios públicos desde que Lombardi fue designado al frente de su manejo. Es algo que contrasta con la imagen plural y diversa que el marketing oficial se empeña en intentar transmitir. El año pasado, un trabajador fue despedido luego de realizarle una pregunta incómoda al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Mientras que, en mayo,otros dos periodistas perdieron sus puestos de trabajo por emitir un cable sobre la licitación de Lebacs con una interpretación que no cayó bien en la Casa Rosada.

“El presupuesto para este año es 730 millones. El 90% se va en salarios, el 8% en mantenimiento de los dos edificios y queda para la operación periodística entre el 2 y 2,5%. De esta manera es imposible funcionar, por eso la reducción del personal”, justificó Rodolfo Pousá, desde 2015 la cara visible de la gestión Cambiemos en Télam. Pousá es un viejo conocido para muchos de los trabajadores de la agencia. Entre los años 2000 y 2001, durante el gobierno de la Alianza, ocupó el mismo cargo directivo que ahora. Y fue quien redujo el número de empleados de entonces, llevándolo de 600 a 450. Su intención, sin embargo, siempre fue otra: cerrar definitivamente la agencia. Una avanzada que, por la fuerte resistencia de sus trabajadores, no pudo llegar a concretarse.

Pero la problemática que en la actualidad aqueja a los trabajadores de Télam no constituye un hecho aislado. Se extiende también al sector privado. Junto a la constante precarización que jaquea a la actividad periodística, con la llegada de Macri al poder se produjo una oleada de cierre de medios que aún no parece llegar a su fin. Según el Foro de Periodistas Argentinos (FOPEA) y el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBa), sólo entre 2016 y 2017 fueron despedidos en la Argentina alrededor de 3 mil trabajadores de prensa. La lista de afectados no deja de alargarse y las situaciones se repiten como un calco. Son hitos el desmantelamiento de todo el Grupo 23, el cierre de sitios como Infojus Noticias o del histórico semanario Buenos Aires Herald, y los “retiros voluntarios” en el Grupo Clarín, La Nación o Página/12, lo que, en realidad, no son otra cosa que despidos encubiertos.

El caso Télam expone las contradicciones oficialistas en torno a una de sus principales obsesiones discursiva: el achicamiento del gasto público. Sólo durante 2016, ingresaron a la agencia 50 personas con cargos jerárquicos. Es una situación que se repite en otras áreas del Estado, como lo demuestra un trabajo realizado por el economista de la Universidad Nacional de Rosario, Sergio Arelovich.

Mediante una lectura detenida de todos los Boletines Oficiales emitidos por el Poder Ejecutivo desde su asunción, Arelovich demuestra que las normas que tienen por objeto designar a funcionarios vip en el aparato del Estado ascienden a casi 5 mil. Y se calcula que cada uno de estos flamantes cuadros estatales cobraría, haciendo un cálculo generoso, como mínimo 50.000 pesos por mes. La tijera selectiva de Dujovne.

En el último trimestre, al calor de una recesión que ya empieza a sentirse en la economía real, el índice de desocupación se disparó y roza los dos dígitos. La destrucción de puestos de trabajo es una variable sensible para la Casa Rosada. Quizás por eso, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, se vio obligado a emitir opinión el pasado viernes, cuando fue consultado por los despidos en Télam durante una visita a Tucumán. Triaca hizo referencia a la intención del Gobierno de “velar por el cumplimiento de todos los derechos de los trabajadores”, y aseguró que se lo planteó a los directivos de Télam. Pousá, por su parte, adujo desconocer la existencia de dicha preocupación y en diálogo con La Política Online afirmó que está a la espera de un contacto del Ministerio de Trabajo. “Hasta ahora no intervino”, deslizó el funcionario. ¿Internas entre ajustadores?

Pauta oficial(ista)

El cierre de un área clave de Télam permite comprender mejor la magnitud de lo sucedido a lo largo de las últimas semanas. Es el sector de la agencia que se encargaba de procesar y controlar la pauta oficial. Una tarea administrativa que, hasta la llegada de Cambiemos, estaba a cargo de 60 personas, pertenecientes a Télam Publicitaria, las cuales fueron paulatinamente quedando sin funciones. Hoy están entre los cientos de periodistas que el pasado 26 de junio recibieron los telegramas de despido, muchos de ellos enterados a través de sus familias mientras se encontraban en camino a su trabajo.

La discrecionalidad que caracterizó al reparto de pauta durante la década pasada parece no ser patrimonio exclusivo del kirchnerismo. A partir de la llegada de Cambiemos al poder, lo único que mutó fue la dirección de ese favoritismo: el principal beneficiario es el Grupo Clarín, que recibió un monto de 549 millones de pesos en 2017, un número equivalente al 20% del total de la pauta publicitaria cedida por el Estado. Lo siguen Viacom (Telefé), Grupo Uno (América) y el Grupo Albavisión, que, solo si se sumaran, igualarían lo recibido por el principal conglomerado mediático de la Argentina. Como si eso fuera poco, hace dos semanas, el Gobierno finalmente aprobó la fusión entre Cablevisión y Telecom. Amigos son los amigos.

Ante el aumento de los atropellos por parte de las autoridades, los trabajadores y trabajadoras de Télam responden con más organización. Quienes se manifestaron frente al Centro Cultural Kirchner lograron poner una cuestión sobre la mesa: la lucha por la libertad de prensa trasciende lo sectorial para ubicarse en la centralidad del debate público. En tiempos en que las injusticias abundan, se vuelven imprescindibles las voces comprometidas que no se callen ante las consecuencias de un programa económico que, bajo la tutela de Christine Lagarde, comenzó a mostrar su cara más brutal.

Columna semanal para Misiones Opina 

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