A Magda, la copada de las notas de color

Gabriela Krause
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Gabriela Krause

Editora at Géneros
Periodista | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente.
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El pasado 25 de octubre Magda Tagtachian publicó en la VIVA del diario Clarín un artículo sobre qué es ser copada. Al otro día, las redes sociales explotaron de réplicas de mujeres que no podían pasar por alto lo que el mismo implicaba. Carente de sentido, estigmatizador, perpetuador de todas las mentiras e imposiciones del patriarcado, es una burla a las luchas que llevamos a cabo las mujeres. Estamos indignadas, pero veamos. ¿Qué rol cumple Magda Tagtachian en el gran diario argentino?

Magda

Según Temátika, distribuidora que cuenta con Nomeolvides. Armenhui, la historia de mi abuela armenia (Sudamericana, 2016) en su catálogo, Magda Tagtachian nació en Buenos Aires el 6 de marzo de 1967, tercera generación de armenios. Es periodista graduada en la UCA y trabaja en Clarín desde 1998. Actualmente integra el equipo de editores de la revista Viva. Trabajó en la revista Para Ti y fue corresponsal en España para Editorial Atlántida. Le gusta leer, viajar y escribir relatos y poesías, además de practicar yoga, andar en bicicleta y correr.

Magda y el periodismo

A veces, no hace falta un artículo como el del pasado miércoles para saber, más o menos, cómo se para frente al género una mujer. En este caso, basta con mirar el contenido publicado por la periodista en la VIVA, revista que edita y para la que escribe. Se puede leer entre líneas.

Sus notas están bastante enfocadas hacia el género femenino. Desde la lucha de las mujeres del Tunante II, hasta una mujer campeona por subir rascacielos por escalera o una chica con parálisis cerebral que lucha por salir adelante, son notas que resultan ser una oda a la meritocracia y, no sólo eso: también profundizan un poco esta cuestión que quieren plantear desde algunos sectores y que proclama que el feminismo es eso: las mujeres luchadoras que se imponen en un mundo machista, aun cuando perpetúen ese machismo. Para mujeres como Magda, no es feminismo luchar por los derechos, sino adecuarse bien en un mundo que no está hecho para nosotras.

Lo deja claro cuando habla de las mujeres maravilla de nuestro tiempo: “pasaron varias décadas. Mujer Maravilla saltó de la TV al 3D. Y aunque mamás e hijas, maridos y señores, compren pochoclo para ir a verla, ella anda afuera. Su escudo es salir a trabajar todos los días; su lazo, una demanda que espera Justicia. Mujer Maravilla vive en las enfermeras. En científicas. En médicas de guardia. En maestras sin aulas ni pizarrón. En voluntarias que dan de comer. En las amas de casa. En mujeres comunes sin tiempo ni premio. Amazonas sin maquillaje. Heroínas con otros poderes. Inteligentes. Humanas. Sensibles. Minones Maravilla que también persiguen Justicia.”

Una fiesta de estereotipos

Después de leer el manual que nos enseña amablemente a ser copadas, me sumergí en la lectura de muchísimos artículos de Magda en la VIVA. No creo que el punto de la cuestión sea su figura: ella es el instrumento de algo mucho más grande.

Pero analicemos, en adelante, un par de artículos que perpetúan no sólo los estereotipos que limitan a las mujeres, también algunos que ponen al hombre en un lugar incómodo. Apunten al género que apunten, sólo sirven para estigmatizar.

Lo primero que leo, es un artículo breve (la mayoría lo son) sobreel encanto de los feos”. En esta nota, aparte de establecer quiénes son o no feos, habla por nosotras, dicta nuestros gustos: “Cuanto más reo más sexy. Y cuanto más barrio, más gana. El tipo que atrae es el que echa fuego y pasión en la mirada y no el que llega con caja cerrada. 

Somos enroscadas, pero más nos enrosca la buena labia y el señor que invita y paga. Si guarda la billetera o quiere compartir la cuenta, partimos o le partimos la delicadeza. Si mira a otra cuando besa queda de baja.

En otra nota, sobre las mujeres en las fuerzas policiales, usa la figura de Lucrecia Yudati, mujer policía baleada en la persecución de los hermanos Lanatta, para alumbrar un poco sobre las mujeres que ocupan lugares en las fuerzas, que cada vez son más. La mayor preocupación, según parece, es que la pobre mujer policía no vuelva a poder usar zapatos. Pero ojo: la nota habla de los prejuicios de género que deben afrontar estas mujeres. Aunque más adelante, en la nota, habla de otra mujer oficial rubia, de ojos celestes y con cara de ángel. Y analiza:Algunas coquetas y otras menos, a todas se las ve compenetradas con su tarea. Y rescatan que el hecho de ser mujer aporta otra mirada y sensibilidad a su trabajo.

Está preocupada por los estereotipos de género, dice.

Entremujeres

En Entremujeres, la sección de Clarín más parecida a la revista Cosmopolitan, Magda sigue con esta cuestión de poner a la mujer en un lugar definido, casi universal, que a algunas mujeres no nos representa ni nos interesa leer. Algunas, muchas. Cada vez más. No importa. Ella escribe para mujeres millonarias: los artículos son un desfile de oda a lo caro, a lo glamouroso.

Lo primero que leo es una especie de listado de citas que no funcionaron. Las cosas destacables son que el hombre no sepa a dónde ir a comer, que esté más desmejorado que en la foto de Facebook, o que la cita sea todo el cliché de la perfección, pero el tipo no vuelva a llamar. Bueno. Estamos acostumbradas. A leer estas notas, digo.

En la “guía práctica para perder al candidato o pareja”, nos dice Magda un par de cosas que nos pueden llevar a perder a un chabón, por ejemplo: estar demasiado dispuesta; que se te escape un “te amo” antes de que se le escape a él; señalarle más defectos y equivocaciones que aciertos; bailar frente a él como loca mientras él relojea a tus amigas; no beberle una gota de alcohol cuando él invita; mostrarle que sabés más que él de tragos; mostrarle que sabés más que él; responder sus mensajes antes de los 20 minutos; likear lo que sube a las redes sociales.

Entendemos, entonces, que estar dispuesta es repelente. Que para amar, debemos esperar al otro. Entendemos, entonces, que no podemos decirle a un tipo: te equivocaste. ¿Quiénes somos, nosotras, para destrozar el frágil ego de un macho?

¿Entendemos? Entendemos que no podemos confiarnos y dejar de mirar, que no podemos no tomar alcohol, aunque no queramos hacerlo, si él pretende que lo hagamos. Entendemos que no podemos saber más que él de absolutamente nada. El ego del macho, tan frágil, reaparece. Entendemos que no podemos estar pendientes. Ni contestar rápido, ni likear lo que sube. No. Parece que eso nos vuelve… ¿regaladas? ¿poco serias? ¿malas candidatas?

En una nota sobre Isabel Macedo, cuando apenas comenzaba su relación con Urtubey, dice Magda que “Porque no existe mejor botín romántico que el hombre seguro, que no pide permiso, que nos muestra por todas partes, que toma lo suyo sin más trámite y que avanza, ¡todas somos Macedo!

Somos algo que hay que tomar, entonces. Sin pedir permiso, por supuesto, qué más.

“Nos ratonea que nos pase a buscar para abrir la puerta para ir a jugar… Que proponga y organice el programa. Que nos lleve, que nos traiga. Que sea caballero. Que nos lleve de la mano por la calle.” Nos. Dice “nos” todo el tiempo. No habla de ella: habla de todas. Pero no me preguntó a mí si eso me ratonea. ¿Les preguntó a ustedes? ¿Le preguntó a alguien? A mí, particularmente, me ratonea mucho más el hombre que se alegra de que yo pueda tomar birra a su par. Y no por eso lo voy a andar postulando como la biblia de todas las mujeres del país.

Entro a leer el “manual para detectar al hombre inconveniente”. Me lo devoro. Decepción. No es inconveniente maltratar a una mujer; la cosa va por otro lado.

Opinión, el escudo nuestro de cada día

También escribe en las columnas de opinión. En una columna llamada Pasiones argentinas, diserta sobre distintas temáticas. Por ejemplo, la maternidad.

El año pasado, para el día de la madre, escribió:

Fuimos mamás cuando queríamos serlo y no lo fuimos. Somos mamás de nuestros sobrinos. De los hijos de las amigas. De los ahijados. De cada nene que cruzamos. De las que esperan y desesperan. Somos mamás cuando nos auto regalamos en el Día de la Madre. Cuando nos preguntan si tenemos hijos. Somos mamás cuando contestamos con sonrisa y amabilidad a nuestra ausencia. Somos mamás cuando nos recuerdan que no lo somos. Somos más mamás cuando indagan con fuerza. Somos mamás de nuestras dudas. Somos mamás de nuestros ovarios tan sabios como olvidadizos. Somos mamás de nuestras mamás cuando nos piden un consejo. Somos mamás cuando plantamos bandera. Somos mamás con cada promoción en la que no cabemos. Somos mamás cuando aceptamos que no lo somos. Somos mamás porque sabemos cuidarnos. Somos mamás cuando las mamás les hablan a sus hijos y nos suspenden en el teléfono. Somos mamás cuando escuchamos. Somos mamás cuando queremos. Somos mamás de nosotras y de las amigas. Fuimos mamás a los 20, a los 30 y a los 40 cuando todas parían. Somos mamás ahora que se arriman los 50. Somos mamás de nuestros proyectos, amores y valentías. Somos mamás de un sinfín de planteos.

Somos mamás en la salud y en la enfermedad. En las alegrías y en las tristezas. Hasta que la divina muerte o el Universo nos encuentre o nos separe. Siempre con ganas por haber hecho todo y no haber hecho lo suficiente. Somos mamás cuando nos incluimos en la foto. Somos felices. Feliz día mañana.

No hace falta agregar nada. Según ella, la maternidad es… ¿una cuestión natural, determinante, obligatoria?

Transito otro chasco. Encuentro una nota llamada “pequeños y simples gestos para vencer al maltrato”. Me digo: acá está.

Pero no.

La nota, que cuenta un par de situaciones incómodas como que a una mujer le cobren más caro un ramo de flores o que aumente la tarta de brócoli, culmina diciendo que “El verdulero no soltaba el teléfono. Con el billete en la mano avanzó diez pasos y lo canjeó en otro Edén vegetal. Meditaba sobre la buena o mala fortuna, cuando al entrar a su trabajo se topó con Phil Collins. Es la réplica del músico pero éste, el nacional, nació periodista. Se acercó para ayudarla con las bolsas. Ahora sí, se convenció, siempre nacen caballeros y buenas noticias.”

Está bien. Ponele que ahora ya vencimos el maltrato.

Ojo. También diserta sobre la igualdad, donde explica que la misma “también crece en pequeños actos. Cuidarnos para que seamos más y mejor, para que la peleemos cabeza a cabeza. Cuidar a la señora a quien recién cediste el paso, la misma que ahora dirige una teleconferencia desde la cabecera de la mesa.

La cortesía, como decían las abuelas, empieza por casa. Con caballeros sin armadura o con desprolijos distraídos, seguiremos navegando las mismas asperezas cotidianas. Pero cuando alguien se levante para que te sientes (aunque no estés demasiado mayor ni demasiado buena ni demasiado embarazada) el aire y una sonrisa seguro se iluminará. Entre ellas. Entre ellos. Entre nosotros.

La nota habla sobre el don de ser caballero, que no pasa de moda.

La política y las mujeres, al pie de página o en una nota de color

En 2015, Magda escribió una nota sobre Juliana Awada, hablando de la mujer que le cambió la vida a Mauricio Macri.

En el zócalo, cuenta que se conocieron en el gimnasio y que ella le quitó el bigote y lo apoyó en el camino de la meditación.

En la nota, cuenta que él a llama “negrita hechicera”, habla del beso público y de su química con Mauricio, que perfora la pantalla. Dice que ella lo relojeaba en el gym, y él cada tanto la miraba desde la bici fija, mientras leía los diarios. Dice que cuando los ojos de ambos se chocaban, el mundo se detenía. Dice su altura, su edad, su color de pelo y de ojos. Dice que es dulce, delicada y amable. Habla de su estilo. Habla de su sensualidad. Habla de todo lo que tiene en el placard. De su debilidad por los zapatos. De su cuerpo perfecto. Dice que es fina y cool. Que juega al golf. Dice que es una super madraza. Habla de su marca de ropa y de cómo la aggiornó. Habla del “hechizo Awada”.

De los talleres clandestinos de Juliana Awada no habla. Del trabajo esclavo, no dice nada. Habla de Antonia, hermosa y pequeña. De los niños y niñas explotados para facturar, nada. Calla.

Hombres y mujeres de manual

Dos notas se titulan “la venganza del tiempo”. En la primera, habla de los hombres: de sexy a marido. En la segunda, de las mujeres: de potra a esposa.

Otra fiesta de estereotipos. Según Magda, “sexy indexa la previa con chat hot. Marido avisa “hoy nos toca””; “sexy propone ir a bicicletear un domingo a la mañana a la Reserva Ecológica. Marido te lleva temprano a lo de la mamá para que la ayudes con los ravioles”; “Potra espera al candidato con velas y sahumerio. Esposa al esposo, con milanesas y noticiero. Potra no sabe cocinar. Esposa es experta. Potra se acerca a la barra y ordena margarita. Esposa toma lo que esposo ordena y se queda dormida.”; y culmina: “Si potra y esposa se encuentran, se miden cuerpo a cuerpo. Después piden un café. Al rato ya cuerean a potro, a esposo, a Jimena Barón y a Del Potro.

El manual ideal de una mina copada

A continuación, el manual de la polémica… Con algunas acotaciones:

Copada cae sola a una fiesta y se la banca. Copada te rema cena bizarra. Copada saca la billetera si al otro le falta. Copada encuentra soluciones de inmediato cuando algún problema estalla. Copada entrena la aceptación y la tolerancia. Copada se enreda con flojo de papeles y no lo delata. Copada sabe de códigos y de amarras. Copada recorre la cancha. Copada fue por décadas al analista y ya está de alta.”. Copada es funcional.

Copada anda depilada y con interiores engamados por si algo pasa. Copada practica la sinceridad. Copada circula con GPS y cero maldad. Copada viaja con su propia plata. Copada conoce de vinos y de cavas. Copada te clava el clavito y te cambia el cuerito. Copada jamás te clava el visto. Copada enciende termotanque y arregla la térmica. Copada es lectora y con toque feminista. Copada guarda secretos de aventuras y de otras pistas.Copada es funcional y se hace la progre.

Copada rara vez pide ayuda. Copada llora en silencio. Copada no guarda rencores. Copada baila cuando pasa la aspiradora en calzones. Copada olvida a quien le vendió ilusiones. Copada es soñadora y fantasiosa. A copada la califican como independiente airosa. Copada atrae amores resbaladizos. Copada trabaja desde los 16. Copada tiene más ring que Cassius Clay.Copada es funcional y no siente, no demuestra, no piensa por su cuenta, parece independiente pero es para la tribuna, es superada y no dura mucho con nadie. Ah, y es pobre.

Copada hace amigas con facilidad. Copada suma décadas con dignidad. Copada se ríe a lo ancho y va al gym en forma regular. Copada trata de conservarse espectacular. Copada es tan copada que varios se le declaran. Pero a copada justo el copado que le gusta la dejó en banda. Copada es tan copada que le pone onda a la adversidad. Copada es tan re copada que ni por las tapas engancha.Copada es funcional. Va al gimnasio porque si está buena es más copada. Copada es tan copada que hay que acosarla. Pero sólo puede gustarle a un gil, si es tan copada. Ay, copada, qué copada que sos.

Pero no es Magda el nombre del problema

Desde muchísimos sectores e individualidades feministas, la premisa es la sororidad, pero cuando una mujer plantea algo que no resulta funcional a nuestra lucha, se la reduce a la nada misma, como si no hubiéramos pasado todas un proceso de deconstrucción que sigue vigente y que nos lleva a ser quienes somos y afirmar cada vez más nuestra identidad.

Con esto, no planteo que sus dichos sean justificables: los repudio. Leer todas las notas me alumbró un poco más sobre el rol que cumple Magda Tagtachian en Clarín y en la sociedad. Pero la aclaración no está de más. Magda es una de otras tantas mujeres que no comprenden o no quieren comprender el feminismo. Tal vez está cómoda así, tal vez sienta no necesitarlo. Tal vez incluso no lo necesite: es evidente que está situada en un lugar que para la mayoría de nosotras es lejano e impensado. Y que no queremos. Tal vez Magda piense que su condición acomodada y su billetera abultada la divorcien de la problemática de las mujeres. Tal vez Magda un día nos necesite y recuerde, horrorizada, todo esto que escribió.

 No importa. La estaremos esperando.

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