Periodismo gendarme

Candela Cafiso

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Del sur del conurbano. Bien lejos del periodismo gendarme.
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Que a Santiago se lo había llevado un camionero en Entre Ríos, que lo habían secuestrado los mapuches terroristas, anarquistas y separatistas financiados por ingleses, las FARC, la guerrilla kurda y ETA, que estaba perdido en Mendoza, que en un pueblo todos se parecían a él, que una pareja lo levantó cuando hacía dedo, que una peluquera le había cortado las rastas en San Luis, que nunca había estado en la Pu Lof, que lo había matado un puestero, que dos médicas lo atendieron, que lo habían matado los Mapuches.

Que tenía “libros revolucionarios”, que en Facebook se identificaba como “un feroz cacique mapuche”, que “el artesano” era kirchnerista, que era sobrino de un ex montonero, que cobraba un subsidio 32.000 pesos por mes, que no se debía hablar de él ni de las desaparaciones en las escuelas.

Que su celular se había activado en Chile, que él estaba en Chile, Que se había “sacrificado” y planeado su “pase a clandestinidad” para ayudar a un líder mapuche ex “flogger”, que se lo merecía por haber cortado la ruta, que era un violento karateka y que nadie podría haberlo sometido, que si había estado en la protesta merecía lo que le pasó porque “es delito bloquear rutas”.

Que la web santiagomaldonado.com -creada por la familia para desmentir las operaciones- se había abierto antes de la represión del 1 de agosto, Que su desaparición era un montaje del kirchnerismo, que lo tenía escondido su propia familia, que su hermano Sergio había escondido un teléfono y una maleta, que estaba vivo, que se hizo humo, que se hacía pasar por su hermano Germán, que se tropezó con una ramMEJOR, PASEN MÚSICA.

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Entre todo lo que esboza la nota editorial de La Nación publicada en el día de ayer titulada “Gendarmería: las cosas por su nombre” se lee: “las palabras deben recuperar su sentido más cabal y dejar de ser instrumento de facciones que buscan tergiversarlas en un peligroso afán por vaciarlas de su auténtico contenido, poniéndolas al servicio de vetustas ideologías; el caso Maldonado nos ofrece una clara oportunidad para que, como sociedad, reflexionemos”. Las cosas por su nombre: Periodismo Gendarme.

 

A horas de las movilizaciones que se hicieron en todo el país a 3 meses de la desaparición forzada de Santiago, este editorial sin firmas, afirmaba: “corresponde que quienes produjeron tanto daño y dolor, de modo tan artero o equivocado, ahora expresen públicamente: <Perdón, Gendarmería>”. ¿Pedirle perdón a una fuerza represiva estatal que llevó a cabo un operativo represivo ilegal -comandado por Pablo Noceti, Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad -conducido por Patricia Bullrich– ingresando al territorio sin orden judicial, que atacó a la comunidad mapuche, reprimió con escopetas, pistolas, machetes y palos y persiguió a Santiago hasta las orillas del río, que luego lavó las camionetas utilizadas en el operativo, que ocultaron fotos e intervinieron documentos, que también ocultó que 67 agentes habían participado de la represión, que espió ilegalmente a organismos de derechos humanos y a la familia? No, paso. Lo que corresponde es que el Periodismo Gendarme le pida perdón a la familia Maldonado.

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“Mis colegas periodistas de los grandes diarios podrían tomarse el trabajo que yo me tomé, en vez de copiar lo que les dicta el teniente coronel fusilador”, escribía Rodolfo Walsh en la introducción de la primera edición de Operación Masacre, en marzo de 1957.

Según explica un informe -realizado por LaVaca y entregado por la abogada de la familia Maldonado,  Verónica Heredia, ante la CIDH- que analiza la relación entre concentración mediática, los ataques de granjas de trolls y desapariciones forzadas en democracia; “Desde la asunción del nuevo gobierno de Cambiemos todas las políticas de Estado han favorecido la concentración mediática, pero todavía subsisten medios autogestionados que, al no depender económicamente  del Estado desde hace años, han podido adaptarse –no sin dificultad- a esta etapa de privilegios a las corporaciones mediáticas. Un dato sintetiza la situación: la pauta oficial se concentra en tres grupos que han tenido un rol activo en el caso Maldonado: Clarín, Indalo y La Nación”.

Las últimas cifras disponibles –que corresponden a los primeros seis meses de 2017- dan cuenta  del reparto que menciona LaVaca:

Extraido de La Vaca

Sigue el informe: “Para comprender el alcance de esta desigual distribución del dinero estatal, dos datos:

  • Las 5 primeras corporaciones mediáticas privilegiadas concentraron el 46,3% de los recursos estatales.
  • En tanto los medios no comerciales (cooperativas y asociaciones civiles) recibieron el 0,4%.”

Sin embargo, desde la primera semana de agosto, de este sector fueron los primeros medios (Cítrica y lavaca.org, ambas cooperativas de periodistas) que enviaron profesionales de prensa al lugar en el cual desapareció Santiago Maldonado. Es decir: los medios más “pobres” fueron los únicos que invirtieron recursos humanos y financieros para producir información que fue determinante para desbaratar operaciones de prensa, imponer el caso en la agenda mediática e, incluso, aportar testigos a la causa”

Podría, el Periodismo Gendarme, tomarse el trabajo que se tomaron los medios de comunicación popular en vez de copiar lo que les dicta el Gobierno Nacional.

Sigue el Editorial de La Nación: “Debe lamentarse la actitud del hermano, Sergio Maldonado, quien, más allá de la comprensión que merece por su dolor, reaccionó con destempladas críticas y acusaciones fuera de lugar, que en nada contribuyeron a apaciguar los exaltados ánimos y que poco sumaron a la hora de acercarse a la dolorosa verdad sobre lo acontecido.”

Decía días atrás ese tipo sumido en el dolor que tuvo que dar –y sigue dando- una lección de entereza, lucha, y también, de periodismo:

• “Señores periodistas y comunicadores: sean un poco más profesionales. No se imaginan el daño que causan las noticias inventadas”

• “Hay que ponerse un poquito más del lado humano. Si no tienen que poner, pasen música”

• “Tendría que estar llorando pero tengo que salir a desmentir, no paran de hacer campaña política. No paran de tirar basura”

• “Es muy doloroso soportar tantos ataques. Preferimos no hablar para no insultar a nadie. Hace 88 días estamos pidiendo justicia por Santiago. Apareció muerto. Me lo asesinaron. Es desaparición forzada”

• “No tenemos ni queremos ese tipo de asistentes para contar nuestra propia historia de dolor. Sabemos y aceptamos que eso nos coloca en franca desventaja, porque promovieron, armaron y ejecutaron un festival de canalladas, con un objeto turbio e inhumano, mintiendo impunemente sobre el caso, avalando teorías falsas y todo tipo de conjeturas”.

Sergio Maldonado durante las marchas por Santiago.

Decía la compañera de Sergio, Andrea Antico

• “Nosotros seguimos luchando. A pesar de los hostigamientos en las redes sociales, desde el propio gobierno” 

• “No podemos creer el nivel que tienen algunos periodistas. Nosotros lo único que buscamos es saber la verdad”

Preguntaba semanas atrás en conferencia de prensa de la familia un cronista de Animales Sueltos: “¿Qué quieren o qué les gustaría que hagan los medios y los políticos?”
Respondía Sergio: “Sobre todo en tu programa que pasen música, porque fueron los más nos atacaron sin tener idea de lo que estaban diciendo”.

Debe aplaudirse la actitud de Sergio Maldonado. Debe abrazarse a la familia Maldonado, como ayer sucedió en cientos de plazas del país y el mundo, copando las calles las veces que sea necesario por memoria verdad y justicia. Los periodistas gendarmes, que pasen música.

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Escribía Bertolt Bretch en 1934: “El que quiera luchar hoy contra la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tendrá que vencer por lo menos cinco dificultades. Tendrá que tener el valor de escribir la verdad aunque la desfigure por doquier, la inteligencia necesaria para descubrirla, el arte de hacerla manejable como un arma, el discernimiento indispensable para difundirla”.

Nos queda una ardua tarea por delante a los que no queremos ser Lanata, Leuco, Feinmann, Fantino, Majul, Wiñazki, Mercado o Del Moro. A no enojarnos con los alienados y a seguir escribiendo: que Santiago desapareció durante un operativo represivo de Gendarmería, que ésta, el Gobierno Nacional y los medios de comunicación encubrieron y además atacaron a la familia, que la inexistencia de lesiones visibles en el cuerpo no le quita responsabilidad a los actores, que si se ahogó no estaba de vacaciones en el río, que hace 90 días no nos dicen que carajo le hicieron y que vamos a seguir copando las calles por memoria verdad y justicia las veces que sea necesario.

 

Si nos separa un río de sangre, que los cinicos que no sirven para este oficio nos miren desde la otra vereda, que se hundan en su propia mierda y que a nosotros se nos marque con fuego en el pecho a la hora de escribir: al Periodismo Gendarme, bien lejos.

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