Manifiesto (hablo por mi diferencia)

Gabriela Krause
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Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista. Contacto: genero@corriendolavoz.com.ar / breveeternidad@corriendolavoz.com.ar
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Hay voces que no pueden callarse nunca. Hay voces que nacieron para no morir jamás. Hay artistas, los de verdad, los que necesitamos y los que queremos, que trascienden del mero hecho de la creación y vienen al mundo para dejar mucho más. Pedro Lemebel fue uno de aquellos: un compañero que supo fusionar aquello que algunas y algunos intentan todavía divorciar y que en realidad es innegociable. El cuerpo-poesía y el cuerpo-real. Con figuras como ésta, podemos establecer o al menos imaginar que la verdadera creación nace cuando la vida, toda entera, es una performance. Acercamos un manifiesto esencial, un poco porque la coyuntura lo amerita y otro poco porque hay textos que siempre es bueno recordar.

En una coyuntura que nos corre y nos sobrecarga de realidad, refugiarse en la poesía siempre es una buena forma de pararle el pecho a la basura que nos tapa. Pedro Lemebel, poeta, escritor, cronista y artista plástico chileno nos dejó, luego de su partida en enero del 2015, una gran obra pero no sólo eso: nos dejó una gran obra de aquellas que no saben perder vigencia, ni aunque se esfuercen.
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Autobiográfico hasta la médula pero no por eso básico o monotemático, ha sabido abordar la marginalidad chilena y la marginalidad en general. Es un referente de la literatura homosexual y contestataria, con un estilo totalmente descontracturado e irreverente, sincero y exquisito. 
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Su mérito es doble: se ha dado a conocer por toda hispanoamérica siendo sudaca y homosexual. Fue, es, uno de los escritores chilenos con mayor proyección internacional y con variedad de traducciones a otros idiomas. 
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Como cuerpo performático y poético, centró su trabajo en el uso de la provocación y el resentimiento para asentar definitivamente una denuncia política y social. Pero dejemos las biografías de lado. En 1986, Pedro Lemebel leyó, en Santiago de Chile, el texto manifiesto que dejaremos a continuación. Mezcla de poema y declaración de principios, leído en un acto político de la izquierda en caracter de intervención, el texto interpela amigos y enemigos de la causa de Lemebel y de cualquier causa común. 
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Leer este texto es viajar en una especie de túnel del tiempo, pero cíclico. Leerlo, interpelarse, sentir que se vive en un espejo-laberinto-dejavú. ¿Cómo puede ser que Lemebel ejemplifique tan bien a aquello que hoy llamamos machismo de izquierda y que él vivía, por ese entonces, como una especie de sectarización? Hay cosas que no cambian. Necesitamos reivindicar estas voces, porque reivindicándolas, recordamos la necesidad de pluralizar la militancia. Las voces disidentes todavía no encuentran lugar ni en las filas militantes más avocadas a la igualdad. Pedro Lemebel, poeta inigualable y marginal hasta la médula, lo supo decir bien. 
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Es difícil hablar de algo cuando ya ese algo dice todo. Personalmente, puedo decir que mi método con la poesía es más bien sencillo: yo leo un texto, primero para mis adentros. Si me simpatiza, lo leo en voz alta. Y cuando lo leo en voz alta, siento cosas. Con Pedro Lemebel fue una cuestión instantánea: probé leer este manifiesto no una, ya varias veces. Todas las veces sonreí en distintos pasajes. ¿Y qué más puedo decir, que aporte?
 

Manifiesto (hablo por mi diferencia)

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

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