#PASO2017 El valor de festejar en el Prime Time

Fernando Paludi

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Redactor at Corriendo La Voz
Casi sociólogo, Menottista y musicalizador ocasional. Redactor en #CorriendoLaVoz
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Las PASO todavía no finalizaron, el papelón inaudito del oficialismo en la provincia de Buenos Aires hace que tengamos que esperar unos días para saber definitivamente si Cristina Elisabet Fernández de Kirchner ganó la elección. La manipulación del conteo por parte de Cambiemos, logra asegurarse discursos victoriosos y bailecito en horario central, sumado a ausentar de las tapas de los matutinos a una Cristina victoriosa. Así, en el horario de la cena, el discurso inane e insustancial del candidato, Esteban José Bullrich, nos marcaba que la cara victoriosa de esta elección, aunque no este presente en las boletas, era la actual gobernadora Maria Eugenia Vidal.

Más allá de este patético episodio de conteo trunco convenimos emprender un análisis de lo que dejó la elección. Sin querer caer en el análisis básico de decir que dos de cada tres argentinos no eligió al gobierno o que dos de cada tres le dijo que NO a Cristina, menos porque no sea cierto que porque son números vacíos, estos sin una explicación clara no dicen absolutamente nada. La realidad es más dinámica y leer los vaivenes del electorado nunca es fácil.

El nuevo mapa político se debe comenzar a constituir con un dato categórico: Leyendo los datos de diputados, que es el único que fue completo a nivel nacional, en solo 5 provincias de 24 hubo una tercera fuerza que superó el 15% de los votos por lo que no es muy difícil asociar que se viene una nueva edición del bipartidismo.

Por un lado, tenemos al triunfo oficialista que no fue una contundente victoria como se suele marcar efusivamente, pero sí es una clara consolidación de Cambiemos como partido, fue una muy buena elección general del gobierno. Podemos decir que empieza a nacer el macrismo, hasta el momento solo existía Mauricio Macri. En 2019 tienen la oportunidad de formalizar el movimiento y lo harán siendo la primera fuerza a nivel nacional.

Con los resultados parece que el ejecutivo recibió un impulso para implementar su programa de reformas, se lo escuchó a un excitadísimo Luis Majul anunciando que ahora “nace el verdadero Macri”. Pero debemos estar atentos porque lo que pareciera una vía libre para aplicar esas reformas de fondo lo tendríamos que leer como un premio al ajuste gradual, podemos decir que convencieron a la sociedad que “había que hacer algo” con las tarifas, con las retenciones, con las paritarias pero su salida gradual es la que fueron aprobadas en estas elecciones de medio término.

Esta elección marcó un sello, con un gran aporte comunicacional, el oficialismo está estableciendo que sus valores e ideas son los adecuados para todo el resto de la sociedad. Estos se construyeron, en gran parte, con el desprecio hacia otro: el peronismo, el kirchnerimo y/o el “pudimos ser Venezuela”. De este modo, el gobierno que hace equilibrio con lo legal, que le da vía libre a las fuerzas de seguridad y las multiplica, que desde que llegó al poder devolvió esto último a sus dueños de siempre; logra imponerse en muchas provincias. El partido nuevo obtiene triunfos asombrosos, con una gran carga simbólica: perdió Rodriguez Saa en San Luis -es en serio revisen los resultados y eso que hay wi fi en las calles- también ganaron la provincia de Santa Cruz, cosa impensada unos años atrás. Ya no solo ganan en esas provincias sojeras o “gorilas”. Además, Cambiemos conquistó La Pampa, Entre Ríos, Mendoza, Jujuy, Santa Cruz, Corrientes, Neuquén y fue aplastante en Córdoba y la Capital Federal.

La consecuencia inmediata de la victoria en Capital Federal podría ser un protagonismo en la disputa por un liderazgo en una futura candidatura importante de Elisa María Avelina Carrió. Pero este personaje es tan difícil de predecir que nunca se sabrá su próxima maniobra. Lilita es la gran demoledora de proyectos políticos, la podemos definir como el Teo Gutiérrez de la política, al igual que el futbolista colombiano nunca sabemos cuál será su próximo desvarío ni con quien va a estar jugando mañana. Para Elisa Carrió el 2019 queda demasiado lejos.

A su vez, los resultados del domingo sirven para poner en contexto al peronismo. Sin un liderazgo claro que ilumine al partido opositor. El peronismo atraviesa una crisis orgánica. Bajo el estandarte del General conviven diferentes posturas ideológicas, programáticas, de organización que no parecen poder sinterizarse. Solo Cristina Kirchner sigue siendo la que marca el camino de una parcela del peronismo. Hoy, con muy poco, son segunda fuerza pero con la consolidación de una figura como guía aun sería temible contrincante para Cambiemos. A esta segmentación opositora la elección no pareciera colaborar destellando soluciones.

No hace falta ganar o perder si es por poco sino que es el margen lo que determina el resultado. Una contundente derrota del oficialismo en la provincia de Buenos Aires hubiese sido mortal para las políticas futuras. Por lo que debemos aseverar que la elección de Cristina Kirchner no fue todo lo buena que esperaban pero el porcentaje obtenido no es para nada despreciable. Alrededor de un 34% obtenido por la ex dos veces presidenta marca un gran elemento de poder. El caudal de votos a Unidad Ciudadana establece que la corrupción no impacta en las elecciones argentinas como lo deseaba de un modo casi masturbatorio Jorge Lanata. En parte porque no hay procesos judiciales creíbles pero también porque existe un abuso lujurioso de los grandes medios comunicacionales. La corrupción ya definió las dos veredas. Los que están con el kirchnerismo no ponen a la corrupción por delante de otras políticas que ponen como las importantes, valoran otras cosas. Para los votantes oficialistas, que están en contra del kirchnerismo, es aberrante y jamás votarían a un candidato K.

En la provincia de Buenos Aires tenemos dos fracasos casi irreversibles: a Sergio “Tajaí” Massa se le viene transmutando cada vez “más angosta la avenida del medio” y debería ponerse a recapitular el futuro de su proyecto político. Es paradójico que este personaje, que alguna vez soñó con liderar al peronismo, comenzó su debacle con el espaldarazo que le pegó el radicalismo en aquella recordada convención nacional del radicalismo donde se establecieron como aliados del PRO para confluir en un espacio electoral común. Siendo un hijo nunca reconocido del peronismo, con el resultado de las PASO, Massa quedó con su Frente Renovador a la deriva.

El otro fracaso fue Florencio “te hago el pasaporte en 24 horas” Randazzo, el candidato que no tenía techo terminó siendo el que no tiene piso. Por el momento es un político que no deja de tomar malas decisiones en momentos claves. Su derrotero comienza con el rechazo a la candidatura a la gobernación de Buenos Aires y su posterior ostracismo. Cumplir no cumplió ni con sus mínimas expectativas. Aunque en política no conviene dar por muerto a nadie pero según sus propias declaraciones “el veredicto de las urnas es inapelable” y solo deberíamos esperar que empiece a tejer alianzas y ver hacia dónde marcha el peronismo. Su sueño de ser futuro candidato a presidente quedó despedazado por mil partes.

De igual forma, hay decepciones en las “socialdemocracias”, que vocablo extraño para este país. Se desmoronó el socialismo santafesino y Martín Lousteau perdió una impresionante cantidad de votos teniendo en cuenta su última elección porteña.

Lo que no podemos dejar de marcar, aunque solo sea noticia cuando Nicolás Del Caño llame a “votar en blanco” o que el conductor de PPT leyendo twitter se le burle, es cada vez más incuestionable y evidente que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, ya  se está afianzado como el espacio que condensa al conjunto del voto de la izquierda. Posiblemente, los resultados estuvieron lejos de las expectativas de crecimiento que esperaban pero más allá de esto último, los números conseguidos en Mendoza, Salta, Jujuy y Santa Cruz son muy buenos. En provincia de Buenos Aires pelearon el cuarto puesto que sueñan obtener en octubre. No es casualidad que algunos conflictos grandes de las últimas semanas, como el de Pepsico, hayan sido dirigidos por delegados de ese sector político, la izquierda está lejos de obtener millares de votos pero no podemos dejar de fantasear con ir viendo un dirigente más de este sector formando parte del congreso.

Nada está dicho todavía, las dos últimas elecciones de medio término marcaron resultados en Buenos Aires que no pudieron materializarse dos años después en las presidenciales. Por si no lo recuerdan, en 2009 había un político colombiano-argentino que se llamaba Francisco de Narváez Steuer que, con un 35% de los votos, venció a Néstor Carlos Kirchner como candidato a senador bonaerense. También Massa venció al oficialismo en 2013 y luego quedo tercero en las presidenciales de 2015.

También, debemos afirmar que el posible ingreso como senadora de la ex presidenta es una buena noticia para Cambiemos, ya que toda su producción intelectual queda estancada y se reduce a motorizar un movimiento único: la corrupción K. Las dos mitades del enfrentamiento se complementan maravillosamente, bajo un manto de humareda propagandística estos campos antagónicos se dibujan con fantasmagórica precisión: el gobierno requiere de la corrupción kirchnerista para borrar el espectro negro de su inutilidad política para lograr hacer crecer a la economía, y en consecuencia, ocultar la pérdida del poder adquisitivo de la mayoría de la población argentina. Por otro lado, el cristinismo requiere de este gobierno para legitimar sus políticas inclusivas y redistributivas.

En el medio esta la fallida construcción unificada de la oposición peronista y el votante del metro cuadrado que vota atraído por lo que cree que le pasa a la sociedad o lo que le va a pasar a la sociedad. Por lo que es más importante hacernos creer que la economía va bien, que está creciendo o quizás que “la pesada herencia” hace que todavía no se noten los avances.

Los fenómenos políticos se modificaron porque hay una retracción de la ciudadanía con respecto a los partidos y de la política. En una época marcada por la “democracia de audiencias”. Nuevamente se minimizó el mensaje electoral de Cambiemos y se magnificó la potencia bonaerense peronista creyendo que la política de masas es la que marca la aguja electoral. Los partidos no representan lo mismo que antes, ya no son agentes de representación de la sociedad ante el Estado sino que son vehículos del Estado para gobernar a la sociedad. Los líderes se repliegan en el Estado y los ciudadanos en sus casas, son más volátiles, menos interesados, menos intensos, más independientes. Al votante se lo tienta como a un televidente. La publicidad y el marketing dominan y el lenguaje político se transformó en algo vano, carente de explicación y entendimiento trayendo como consecuencia una baja considerable en el nivel discursivo del político medio, para muestra basta un Esteban Bullrich.

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