La violencia simbólica y la misoginia en el stand-up

Rocio Magali Rodriguez

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Entre la gente, en el pogo y en las marchas. Las palabras como medio de expresión, me van a escuchar gritando.
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De un tiempo a esta parte, varias organizaciones feministas vienen denunciando los micromachismos que se observan en los shows de Baby Etchecopar y Yayo, entre otros comediantes. En esta nota, analizamos la fomentación del sexo fuerte -masculino- y sexo débil -femenino-,  la naturalización del acoso callejero y la violencia hacia distintos sectores sociales mediante una hora y media de stand-up.

La cultura de hacer humor mediante la denigración o maltrato a un grupo étnico, social o de distinto género es algo que la sociedad machista aplaudió durante décadas y que de a poco, se está intentando cambiar, ¿realmente es divertido escuchar, durante una hora y media, frases dónde las mujeres se ven menospreciadas? ¿A quién le da risa frases  como “la mujer solo sirve para la cocina”? o ¿sólo se reirán porque el resto lo hace?

¿Realmente es censura callar a alguien que lucra denigrando a determinado sector social? O más bien, es hacer ver que gran cantidad de gente se toma a risa los problemas serios de nuestra sociedad, y que, por esta razón, no avanzamos más: los errores que tenemos como ciudadanos se ven caracterizados como cómicos por unos pocos, mientras que unos cuantos se ríen de ellos. ¿Escucharon ese chiste, donde se  caracteriza a un gay como un “cheto, con plata” y de no ser así, es simplemente  un “puto”, denigrándolo? Este “chiste” fue catalogado como uno de los mejores.

Estos pequeños actos de stand-up, que más de 40 mil personas vieron este año en “Yayo Sin Filtro”, están cargados de violencia simbólica que van desde estereotipos a insultos dirigidos a diferentes sectores sociales, bajo el denominado “humor negro y ácido” con el que él mismo se define, y se excusa. El consumo de estos espectáculos agrava las situaciones violentas que se viven diariamente, en la misma ciudad donde hace poco más de un mes lastimaron gravemente a una  travesti y donde mataron a Micaela.

La gente parece olvidar la realidad sufrida de esos sectores, de quienes Yayo hace chistes menospreciando su condición de ser mujer y persona. Aún así, él es aplaudido por la misma gente que más tarde (por Facebook) reclama la aparición de las chicas que siguen desaparecidas. Es más, van a algunas marchas e incluso se indignan ante las nuevas noticias; pareciera ser que al entrar a la sala del teatro, sufren de amnesia.

Ante el show que llegaba a Bahía Blanca y a Punta Alta, el grupo “Mujeres Autoconvocadas” se manifestó en contra de este humorista enviando una carta, con el objetivo de cancelar las fechas previstas, donde manifestaron:

“Repudiamos la presencia del humorista Yayo en la ciudad de Bahía Blanca y solicitamos a la productora Daniel Volpe y Asociados Espectáculos y al Teatro Don Bosco reconsideren la difusión de personajes que incurran en violencia simbólica, como es el caso de dicho humorista.
Apelamos a las productoras de artistas y espacios de arte que consideren el grave momento de violencia hacia mujeres y niñas que se está viviendo en Argentina (con un femicidio cada 30 hs) no reproduciendo expresiones violentas, en este caso particular, las que reproduzcan estereotipos violentos de género, con expresiones degradantes y altamente sexistas. La violencia simbólica está tipificada en la Ley 26.485″

“Si no les gusta, no vayan”, comentaban, a través de las redes sociales, varios ciudadanos de Bahía Blanca y Punta Alta, como era de esperarse. Sin embargo, esto no quedó solo allí: compañeros del programa Sin Codificar, twittearon en defensa y apoyo de Yayo. Entre ellos, Pichu Straneo quien expresó que: “no permitir la repercusión de este tipo de entretenimiento es condenar a aquellos que llevan alegría en tiempos donde escasea”.

Nos preguntamos si realmente, ¿es “llevar alegría” al público o sólo se está cosificando a una mujer?  Como dice la carta de Mujeres Autoconvocadas, una mujer muere cada 30 horas en un acto femicida. Cada día hay más chicas, menores y mayores de edad, que desaparecen y que nunca vuelven a sus casas. Los que asisten a estos eventos están consumiendo un show, que inculca “con humor”, que la mujer solo sirve para “coger, cocinar y limpiar”.

Si te detenés a observar el panorama completo, no está mal lo que se plantea. Vuelvo a la pregunta inicial, ¿les da risa un chiste cuyo contexto sea que la mujer solo sirve para cocinar? Frená y pensá que hay mujeres a las que sus parejas las han matado a golpes en una cocina. Acordate que a esa mujer que terminó asesinada, nunca le tomaron la denuncia en la comisaría, o que, repetidamente, cuando una mujer entra a denunciar algo, se escucha: “otra más a la que violaron“, entre risas.

Risas que calan y demuestran que la sociedad no está bien. Una risa que es producto de una desigualdad social, de un género que se cree capaz de imponerse sobre otro y reducirlo mediante comentarios misóginos en la calle, como “si te agarro no la contás” o un silbido desde un auto a una mujer que camina sola. Como el reducir a las mujeres y a la colectividad LGBT pasó a ser algo de la vida diaria de cada uno, también hay gente como este señor que se da el gusto de hacerlo en un teatro repleto y de lucrar con frases misóginas, mediante la representación de casos hipotéticos (que son más reales de los que desearía), donde estos sectores sociales son oprimidos, descalificados y menospreciados.

La mayor demostración de violencia (que este tipo de entretenimientos causa en las personas) son los mensajes con amenazas de muerte y persecución que recibe a diario la página Acciones Feministas. En esos cientos de mensajes que la misma página difundió, se puede ver representado el mayor problema de estos espectáculos: son de humor, de risas y chistes;  hasta que salen a la calle y piensan que sigue siendo humor, sin darse cuenta que la realidad es mucho más dura de lo que se ve.

De esta manera, se sigue fomentando  la naturalización del acoso y la violencia como expresiones que forman parte de nuestras vidas. Sin ser conscientes de que podemos cambiarlas para que esas situaciones, que van desde los micromachismos a los femicidios, dejen de ser moneda corriente en nuestro país. Sin embargo, primero hay que empezar por dejar de hacer comedia, estereotipando los sectores sociales más vulnerados.

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