#DíaDeLaMúsica Esa compañera diaria

Rocio Magali Rodriguez

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Entre la gente, en el pogo y en las marchas. Las palabras como medio de expresión, me van a escuchar gritando.
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Sonó el despertador y me levanté cantando una canción a la que le generé aversión por ser, justamente, la que me avisa cada mañana que tengo que abrir los ojos y salir de la cama (más por obligación que por ganas). Luego de esta escena, casi rutinaria, la melodía me quedó rondando en la cabeza unas cuantas horas. No sé si a ustedes les suele pasar, pero yo siento que la música me acompaña a diario. En ocasiones, despierto cantando una canción diferente a la de mi habitual alarma, la cual no abandona mi cabeza hasta escucharla, al menos, una vez.

Según el estado de ánimo, las canciones se diversifican. Si estoy irritable es probable que me ponga los auriculares y ningún tema me venga bien, lo que hace que esté cambiando al minuto de que empieza por si encuentro algo mejor. Si estoy contenta, suena mi banda favorita para ir cantando a los saltos por la calle, con una sonrisa. Lo paradójico entre mis diferentes estados de humor se desata con la tristeza, momento clave para encontrarme cara a cara con letras que me desarman y arman en un vaivén emocional, porque como dicen por ahí, yo también creo que “con una canción la tristeza es más hermosa”.

La música vive con nosotros, y en nosotros. Como la ‘playlist’ de una película, asociamos canciones con experiencias pasadas. Por eso, inevitablemente la mayor parte de nuestra vida está musicalizada: los cumpleaños, el viaje de egresados en el que incluso se inventan canciones para acompañar los trayectos en colectivo, la entrada nupcial, los videos emotivos, las tardes en una plaza, esas charlas que te hacen llorar, incluso cualquier tipo de fiesta a la que vas está ambientada con música. Todos esos sucesos son parte de nuestra vida y van a quedar marcados con alguna melodía, una canción, una estrofa, para siempre.

Dicen que tiene el poder de producir distintos efectos sobre nosotros. Hay determinadas canciones pegadizas, esas que quizás no te gustan tanto pero te las sabes y no las podes dejar de cantar, esos temas que suenan en cualquier comercio o espacio donde vayas a parar. Hay otros géneros musicales que te sensibilizan más, por ejemplo, aquellas baladas o melodías que suenan en las partes más dolorosas de las películas. ¿Cómo no mencionar la música de los boliches? Esa que odias fuera de aquel ámbito, pero te sabes las letras completas e incluso los pasitos. ¿Qué sería de nuestra vida en sociedad sin música? ¿Te imaginas?

Yo no puedo pensar en salir a caminar sin tener una melodía que resuene en mis adentros. No sé cómo canalizaría mis sentimientos si no existiera. Ni siquiera tendría de qué escribir, porque acá me tienen, escribiendo sobre lo que la música provoca en mí.

No puedo imaginar mi vida sin los recitales, sin las personas que la música me hizo conocer, sin sentir la pasión a flor de piel por compartir una canción. Algo me faltaría cuando estoy tomando mates en una plaza si no sonara la guitarra característica de las juntadas. Nada sería igual sin ella, creo que acá estamos todos de acuerdo en eso.

¿Nunca cantaste por una injusticia a viva voz? Incluso cantamos en las marchas. Hay canciones que se escribieron para narrar lo que toda una sociedad estaba viviendo, y nadie se atrevía a mencionar, ¡Say No More!

En cada estadío emocional, con cada persona a la que crucé en mi vida, compartí una canción. Los acordes, las letras, no importa su género, me despiertan recuerdos. Canté Shakira con mi mamá, escuché a Maluma con mis amigos en el boliche, tararée sola y en más de una ocasión, una melodía de Charly en un día especial. Pocas veces existe algo tan único que pueda llevarnos de la risa a las lágrimas, que conservando sus notas y sus palabras tenga un significado distinto cada vez que la escuchás (porque un día prestás atención a una frase y en otro momento te enfocás en algo distinto): así es como para nosotros, los amantes de la música, es una compañera que siempre está.

La celebramos siempre pero, ¿por qué hoy es su día?

El 22 de noviembre se conmemora en todo el mundo el Día de la Música, desde el siglo XVI. Pero no se debe al nacimiento ni fallecimiento de ningún artista en particular, sino que esta fecha nace a partir de la leyenda sobre una mujer que se negó a jurar su fé a los dioses, por lo que decidieron quemarla viva, sin embargo, después de este acto cruel, su canto se siguió escuchando durante días. Así es como el Papa Gregorio XIII le otorgó a Santa Cecilia el nombramiento de Patrona de la Música, siendo recordada por toda la humanidad. Actualmente, cada 22 de noviembre se celebran distintos festivales de música alrededor del mundo.

Aún así, los argentinos conmemoramos a la música por partida doble ya que teniendo a tantos músicos que nos erizan la piel, ¿cómo podemos darnos el lujo de escatimar el reconocimiento de tanto talento? Luis Alberto Spinetta fue elegido, mediante la iniciativa del Instituto Nacional de la Música para celebrar nuestro propio día de la música, siendo su fecha de cumpleaños (23 de enero) el día asignado.

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