Un carro hidrante pinta al pueblo color PRO

Foto del colectivo M.A.F.I.A
Gabriela Krause
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Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente.
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Se levanta la sesión, mas no la represión. Se quiere recortar el presente de los jubilados, sí, pero también nuestro futuro. Vuelan balas, gases, agua de color y fascistas. El pueblo llora por las calles cortadas, mas no por la violencia que surge de la picana policial. Hay uniformes de color verde, azul y negro, y el pueblo se encapucha no porque sea violento, sino porque debe cuidarse. Nadie habla de lo que hay que hablar. Nadie le pega a quien se le debiera pegar. Los perros no quieren, pero muerden. Las fuerzas represivas no deberían, pero quieren y reprimen durante nueve horas y sin parar.

¿Qué hay debajo del casco de un gendarme? Odio. ¿Qué hay debajo de la mesa de un votante? Odio. ¿Qué hay en el centro de los pensamientos del periodista que dispara mucho más que algunas balas? Odio. ¿Qué hay en la mente de quienes votan botar nuestro futuro y para colmo justifican una razzia? Nada. ¿Qué hay debajo de la capucha del manifestante? Ganas de cambiar el mundo.

Y los periodistas que vemos en la tele, ¿en qué país se van a jubilar?
Y los miembros de las fuerzas, ¿qué van a decir hoy a la noche cuando se sienten a cenar?
Y quienes justifican lo que pasa con palabras mordaces o no tanto, casi absurdas, ¿cómo van a comer cuando no tengan cómo pagar?
Y nosotros, ¿a dónde iremos a parar? ¿Cuánto más debemos pagar?

A quienes venden nuestro futuro: váyanse.
A quienes reprimen nuestro presente: váyanse.
A quienes nos mienten en la cara por un par de pesos: váyanse.
A quienes proponen un paro sólo si nos roban el futuro mas no antes y lo levantan porque no hay ley pero sí hay un montón de represión: váyanse.
A quienes se encierran en un despacho a redactar un DNU mientras el pueblo limpia las lágrimas que dejaron los gases y pone agua oxigenada en las heridas de balas de goma: váyanse.
A quienes festejan desde el sillón la fusión de todos: despierten. No son ustedes quienes deben sonreír esta vez.

Con un palo en la mano, no hay gendarme que pregunte a nadie qué votó.
Con un perro en la mano, no hay gendarme preocupado por el puesto en el congreso del cuerpo congestionado que se retuerce de dolor.
Con el poder en la mano, no hay presidente que pregunte al pueblo qué quiere hoy o si comió.
Nadie está exento, mas no nos vamos a quedar guardados.

Un carro hidrante amarillo pinta al pueblo color PRO.

Si la lucha es en la calle, luchemos,
aunque los camiones hidrantes
y la gendarmería,
y los prefectos
y la infantería
y la policía federal,
y la bonaerense,
y la local,
y las balas de goma o de plomo o los gases lacrimógenos que no hacen más que obligarnos a llorar,
y las reformas anti-pueblo,
y los DNU inconstitucionales,
enfriándose como se enfría la quinta de Olivos,
con el aire acondicionado en 16°
y sin pagar.

Luchemos.
Como ayer. Como mañana. Como hoy y como siempre.
Salgamos.
Como ayer. Como mañana. Como hoy y como siempre.
Tengamos miedo, mas no dejemos de tomar las calles, que son del pueblo y al pueblo hacen.

Si la lucha es en la calle, vivamos. Quien no grite fuerte hoy, saldrá con la cacerola mañana.

En unos días cumple años Dios, según dicen. En el arbolito de navidad del presidente, Papá Noel dejará nuestros futuros apilados y una Barbie perfecta. La Barbie es para Antonia. Nuestros futuros son de ellos.

¿Cómo mirarán a sus hijos a la cara quienes hoy cagan a palos a los hijos de los demás? ¿Sienten vergüenza, o son sólo perros rabiosos?

La ley de obediencia debida no existe más. Algún día, cuando el pueblo despierte, lo van a tener que explicar.

Foto: M.A.F.I.A
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