Un fin de año con aires represivos

Juan Agustin Maraggi

Juan Agustin Maraggi

Editor de Análisis Político y Social en #Corriendo La Voz
Colaborador en Revista Mascaró | Estudiante de Sociología en la Universidad de Buenos Aires
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Mientras los diputados y diputadas afines al macrismo intentaban aprobar, a las apuradas, una Reforma Previsional sin quórum ni debate, cuatro diversas fuerzas de seguridad iniciaron una de las represiones más grandes de los últimos tiempos que duró casi nueve horas. Mientras el ruido de los estruendos todavía no se termina de disipar y el olor a represión no se aleja, desde Corriendo La Voz analizamos una muestra más de que el macrismo, de dialogo, no tiene nada.

Escribir en estas condiciones no es lo mejor, pero a su vez, la profesión nos obliga a hacerlo. Mientras mordemos la bronca y masticamos la impunidad, intentamos hacer un análisis de lo ocurrido hoy, donde la ciudad se vio militarizada, las fuerzas represivas tuvieron vía libre y donde todavía no sabemos a ciencia cierta la cantidad de heridos, heridas y detenidos y detenidas.

El jueves arrancó movido, los residuos de la  feroz represión que realizó Gendarmería frente al Congreso el día anterior, todavía no habían sanado del todo. La Fuerza Represiva que viene siendo criticada, en boca popular, desde principio de año arremetió contra la marcha que se oponía a la Reforma Previsional y Tributaria que propone el Macrismo, violentando a diputados/as, referentes y columnas enteras.

Apenas un par de horas después, la Ciudad amaneció militarizada. Completamente militarizada. Cuatro fuerzas de Seguridad (represivas) se encontraban desplegadas blindando el Congreso y desviando diferentes accesos a la zona en la Capital porteña. Mientras dentro del Congreso los y las diputados electos del PRO y sus alianzas intentaban generar quórum desde maniobras poco claras, afuera estas fuerzas iniciaban una feroz cacería, razzia y represión que se extendió durante más de nueve horas.

Foto del Twitter de Bruno larrocca

El Macrismo, aquellas y aquellos que se presentan como ‘dialoguistas’ buscaron durante toda la jornada prender la mecha para el recrudecimiento del conflicto social. Buscaron dar quórum para sesionar sin esperar los siete días que las reglamentaciones indican, sin pasar por las comisiones, y sin el aval en números para iniciar la sesión, sentando a diputados sin jura a hacer número.

La Reforma Previsional no pudo ser debatida, no existía el quórum ni la posibilidad real de hacerlo, fuera del recinto, miles de argentinos y argentinas pusieron firme oposición al debate. Sin embargo, el Gobierno amagó a presentar la reforma a través de un DNU.

Mientras dentro del Congreso todo ésto sucedía, miles eran reprimidos en la calle; diputados y diputadas eran agredidos; periodistas baleados y baleadas; y la Gendarmería encabezaba una razzia que no distinguía ningún tipo de bandera política. Elisa Carrió, pieza clave en la estructura macrista, fundamentaba la cacería que se estaba dando afuera: “deben tener cuidado los diputados de no atropellar a las fuerzas del orden”, sentenciaba la diputada con total impunidad mientras veía con sus propios ojos cómo la represión del día anterior le había dejado la pierna a Victoria Donda. ‘Lilita’ fue tajante en su discurso: no eran ellos – como interbloque PRO – quienes estaban arrasando un derecho adquirido y fundamental, sino que eran quienes se oponían los que no respondían a la visión republicana que el macrismo busca instalar.

La represión, sin embargo, inició antes de que las columnas llegaran al Congreso. Una de esas tantas y famosas “represiones en preventiva”. Sin embargo, los cheques en blanco que el ejecutivo les viene otorgando a las diversas fuerzas represivas dieron nuevamente frutos. La gendarmería reprimió durante nueve horas indiscriminadamente a quien se cruzara en su camino, manifestante, periodista, transeúnte. 

Imagen publicada por Tiempo Argentino

El caso de Pablo Pirovano, fotógrafo y reportero gráfico de Página 12 se viralizó con gran rapidez, recibió más de diez balazos de goma en su pecho. Pero no fue el único fotógrafo contra quien arremetieron. Nicolás Fiorentino, de Letra P recibió un cabezazo de un empleado de Seguridad del Congreso; los compañeros y compañeras de la RNMA recibieron balas por doquier y nosotras y nosotros mismos tenemos una compañera que sufrió la represión. Nuestra fotógrafa, Laki Pérez, debió ser hospitalizada por concurrir con su cámara al Congreso, y, como ella misma relató “Nos bañaron en gas, nos tiraban en la cara; caían balas de goma por todos lados. Nos tenían encerrados, era imposible zafar”.

En medio de una represión premeditada, preparada y cruenta, nos vemos nuevamente envueltos en tener que debatir la imagen que promulgan los medios tradicionales sobre cómo reacciona la gente, si correr o armar una barricada esta bien o está mal, si responder con una piedra a una lluvia de balas recibida es violencia o está bien. Vamos a sortear ese debate por hoy, el cementerio de casquillos que dejaron en los espacios aledaños al Congreso responden por sí solo este debate una vez más.

Pasaron las horas y la represión no bajó, nueve horas sin cesar. El Macrismo, en vez de declarar sobre la represión y el rol de Patricia Bullrich – aún en silencio -decidió juntar la mesa chica y que los diferentes ministros presenten un DNU (hasta ahora enfriado) para decretar la reforma de manera arbitraria. Es decir, si no pasa por las instancias reglamentarias, lo hacemos pasar a la fuerza.

 

El bendito quórum

Pero vayamos por partes. El macrismo intentó llegar al quórum para poder sesionar como sea. Mientras fuera de los ostentosos asientos legislativos el pueblo – y sus propios colegas – eran reprimidos,  cierta cantidad de diputados y diputadas se sentaron para avanzar en la Reforma.

El bloque de Cambiemos en su totalidad, Martín Lousteau y su fuerza; Carla Carrizo; Schiaretti y De La Sota (PJ) dieron su visto bueno para debatir. Los números para dar el quórum nunca fueron claros. Después de pasado el tiempo burocráticamente indicado para llegar a éste, el interbloque PRO todavía no había llegado a la cantidad necesaria. Sin embargo, continuaron en el recinto invocando la supuesta realidad de que habían llegado al número.

El PRO bajó todas sus alianzas para procurarse llegar. Jorge Enriquez y Patricia Holzman, diputados electos pero que aún no juraron, se sentaron en los asientos que faltaban, haciendonos recordar el 26 de Marzo de 1992 cuando el PJ votó con los ‘diputruchos’ la privatización del ‘Gas del Estado’.

La diputada porteña, Myriam Bregman fue muy clara en cómo manipularon los números: “la sesión la levantan porque el quórum era trucho, queremos ver la lista de todos los que firmaron”. A esta hora, todavía el macrismo no presentó las evidencias que indicaran que el número era real, y no sólo eso, sino que el presidente de la cámara nunca pidió verificarlo. Sin embargo, discursivamente continúan fundamentando que los números daban. Desde el PRO, la única que salió a desmentirlo – aunque sin quererlo – fue Carrió, cuando pidió que se levante la sesión porque hablaba en una minoría.

Los medios hicieron referencia a que la sesión se levantó exclusivamente por Carrió, visión que busca disimular la movilización popular, la falta de quórum y el creciente rechazo que se estaba generando.

El macrismo y sus (no) respuestas

Foto de Cítrica Revista

Tras los escándalos en el Congreso, Marcos Peña fue el primero en dar una conferencia de prensa. Poco le importó que mientras hablaba las balas estuvieran rozando o impactando a la mayoría de los manifestantes. Su mensaje sólo demostró el malestar del Ejecutivo por no poder acordar el ajuste a los y las jubiladas. “Nunca se recurrió a la violencia como hoy” indicó Peña, pero no refiriéndose a la violencia que ellos autorizaron, sino a una supuesta violencia de la oposición. “Cambiemos no va a seguir ese camino de provocación y la violencia. Por eso se propuso transmitir este mensaje de paz y tranquilidad. La mayoría de los argentinos están cansados de la violencia y la intolerancia que gobernó argentina”, sentenció tratando de piqueteros a los y las diputadas que evitaron que se continuara con la bochornosa votación.

Pero Peña no fue el único que levantó este discurso: los medios de siempre, los periodistas de siempre, esos que reciben pautas millonarias, también buscaron justificar las cacerías y los atropellos en el parlamento. 

Eduardo Feinmann salió al aire indicando que el quórum había sido real, publicando una lista que indicaba qué bloque había aportado cada diputado/a, sin presentar nombres concretos que lo corroboren. Clarín, el diario que viene justificando los ajustes desde el día menos uno, puso en su Twitter: “Continúan los accidentes fuera del Congreso”. El medio se dio cuenta de su error/furcio y borró rápido la publicación. Sin embargo, los noteros de TN no tuvieron la posibilidad de borrar sus dichos “llevamos ocho horas de trabajo todos, los policías, los gendarmes, todos” sentenció mientras las balas y los gases teñían el aire.

¿Cómo reprimen quienes reprimen?

Cobertura de La Izquierda Diario

La represión no sólo se gestó en los espacios aledaños al Congreso. En Neuquén, La Plata, Bahía Blanca, también las fuerzas represivas hicieron ‘de las suyas’. Las manos de las cuatro fuerzas tuvieron ‘piedra libre’  para desplegar toda su violencia. No sólo hubo una militarización completa de las calles, sino que se generaron razzias donde se seguían, detenían y golpeaban manifestantes y/o gente que pasaba. Los testimonios y las imágenes hablan por sí solas: la gendarmería tiró de sus vehículos (motos, bicicletas) a personas replegándose y las detuvo. Golpearon personas en el suelo, detuvieron personas en situación de calle, trabajadores que sólo pasaban y reprimieron a todo el pueblo organizado.

Las razzias y la cacería desplegadas no dejaron a nadie sin acordarse del 2001. Aclaración necesaria, que las formas y el contenido, las balas y lo que se quiera debatir nos recuerde, no tiene que dejarnos llevar por un análisis catastrofista. Lo que el macrismo quiere imponer supone una estafa al pueblo argentino, pero para nada estamos cerca de una rebelión popular como aquella suscitada en esas gestas. Pero tratemos de pensar más allá de las balas, ¿cómo llegamos a esto?

Hay una realidad que implora aclaración, existe un gran porcentaje de la población que viene pidiendo a gritos que este tipo de represiones suceda. Una parte de los y las argentinos que exclama y aplaude cada ‘mano dura’ y cada movilización que termina con balas en los y las manifestantes. Ésta no sólo es parte del caudal de votos que hizo que el macrismo ganara las últimas elecciones, sino también un sentido común que se ha extendido a capas y sectores de manera imprevisible. Volvemos a preguntar, ¿cómo se terminó gestando esta socialización de la represión?

‘La fuerza de seguridad tiene el beneficio de la duda’ podría ser, tal vez, la definición más acertada del momento ideológico que atraviesa gran parte de nuestra sociedad. El macrismo – como también el massismo y los medios de comunicación tradicionales- apeló, de manera sistemática, a generar un remordimiento popular a un pasado inmediato, a la lucha y reivindicación de derechos y a la movilización popular en sí. Los debates ya no pasan por si una modificación es beneficiosa o no para el pueblo, sino por si las manifestaciones en su contra son ‘civilizadas’ o ‘violentas

Cobertura de La Izquierda Diario

Las Fuerzas Represivas, en estos últimos meses, tienen un aval que no conocían desde las épocas del estado de sitio (y si nos vamos más atrás en el tiempo ya supondrán hacia dónde nos dirigimos). Los dos muertos durante operativos represivos parecieran no perjudicar su fuerza, sino aumentar su apoyo. El gobierno, a partir de diversas manifestaciones públicas, viene dando luz verde a sus fuerzas para actuar sin dudar. Mauricio Macri, presidente de la Nación, fue de los primeros en alentar la desidia represiva: “hay que volver a la época en la que dar la voz de alto significaba que había que entregarte”.

Pero como si el respaldo del mismísimo presidente de la nación no fuera suficiente, la reivindicación del discurso fue levantada por diversos referentes y ministros y ministras. La vicepresidenta, Gabriela Michetti, fue quien sentenció – sin importarle ningún tratado internacional, lógica o realidad – que “el beneficio de la duda siempre lo debe tener la fuerza de seguridad”. Pero no se quedó sólo con esta premisa, completamente descriptiva de la situación actual, sino que continuó, “Ante la violencia, los únicos que tienen legitimidad son las Fuerzas de Seguridad que nosotros elegimos para pararla. Es la decisión que hemos tomado como Estado”. No hay mucho más que aclarar, Michetti lo dice, la represión es una decisión abiertamente estatal.De Patricia Bullrich y su rol ya no vamos a hablar, suficiente hemos dicho ya en otras notas.

Pero lo más peligroso en este momento no sólo radica en la forma desenfrenada que la represión está teniendo, sino que, básicamente, no sabemos cuál es su forma y su contenido legal necesario para funcionar. Patricia Bullrich asumió e indicó que no habría diálogo con quienes se manifestaran. Intentó aplicar un ‘protocolo anti-piquetes’ basado en el Proyecto X que impulsó el Kirchnerismo y no reparó en ningún momento en la oportunidad que tuviera para defender a ciegas la actividad policial.

Hoy en día no queda en claro cuál es el Protocolo de Seguridad vigente, o por lo menos, no se blanquea cuál están utilizando. El último protocolo autorizado, aprobado y utilizado, corresponde al decreto nro. 2009 cuando Nilda Garré se encontraba a cargo del ministerio. Este prohíbe, básicamente, todo lo que se realiza durante las ‘contenciones’  de las manifestaciones en la actualidad, como podrán ver en este recorte a continuación:

Lo que vimos ayer no sólo fue todo lo contrario a lo que el protocolo dictamina, sino que no hubo ninguna cláusula del mismo respetada. Que ‘la represión es una política de estado’ ya lo hemos analizado, la diferencia hoy en día es que no sólo es una política, sino una forma de asegurarse poder pasar por arriba de la institucionalidad. No conocemos qué protocolo se encuentra en vigencia, luego de la asunción de Patricia Bullrich circuló un documento llamado “El protocolo de actuación de actuación de las fuerzas de seguridad del Estado en manifestaciones públicas”, con fecha el 17 de Febrero de 2016 y que nunca tuvo firma ni fecha oficial para entrar en circulación.

Ese mismo protocolo es el que predispone la libre circulación para quienes no se manifiestan por sobre cualquier tipo de cosa. En las palabras del mismo: “Que es deber del Estado asegurar el orden público, la armonía social, la seguridad jurídica, y el bienestar general, por ello ante la alteración del ejercicio equilibrado de derechos, debe lograr su inmediato restablecimiento a los fines de garantizar la libertad de todos; para ello debe brindar certezas respecto del accionar de las FFSS ante la situación de manifestaciones en la vía pública y, garantizar que ante tal situación, los derechos de la ciudadanía en general, del personal de las FFSS y de los manifestantes, se encuentren protegidos por el Estado, preservando la libertad, la 2 vida, integridad física, y bienes de las personas, así como el patrimonio público y privado que pueda verse afectado con motivo u ocasión de la manifestación”.

Esto se puede sintetizar de una manera simple, después de dos años del gobierno, no existe un protocolo público de acción de las fuerzas represivas, y la forma actual de funcionar no sólo va contra la ley y los anteriores decretos, sino contra las leyes internacionales y los decretos de DDHH a los cuales Argentina está inscripto.

Esta avanzada represiva, la ‘soltada de mano’ estatal y la gran aprobación popular no podía, sin embargo, no tener consecuencias directas. El macrismo se transformó en – proporcionalmente – el gobierno más represivo desde la vuelta de la democracia. Hasta el año pasado, según el informe de CORREPI, existía una muerte en manos de las fuerzas represivas cada 25 horas. Según las estadísticas que Verdú presentará la próxima semana, ese número ascendió a una víctima por día. Según algunas y algunos no sería tanto, pero como nos referimos a una víctima, una persona y alguna fuerza de seguridad, los números son espeluznantes.

El día Carrió

Foto de Juan José Thomes

Elisa ‘Lilita’ Carrió, quien alterna diversos cargos desde el ’94, volvió finalmente al Congreso. La diputada – pieza fundamental para mantener la estructura del macrismo durante las últimas elecciones – decidió volver a asistir al parlamento. En 2015 para fundamentar sus constantes ausencias en su cargo explicó en el programa de Fantino “no voy al Congreso porque me pueden matar” , con una conspiranoia preocupante.

Lilita volvió y para todos los medios y periodistas fue una de las personas más importantes de la jornada. La diputada, que se presentó para dar quórum, cambió su discurso al menos tres veces durante las horas de la represión. Cuando el macrismo estaba buscando debajo de la alfombra parlamentaria números para aprobar la ley, Carrió descreyó de la represión y metió a toda la oposición en una misma bolsa gigante, “como perdieron en las urnas no dejan funcionar las instituciones”  fue su primera reacción.

Como los números no daban, continuó con su cotidiana conspiranoia, “van a conspirar para desestabilizar. Lo que hicieron en el 2001. Querían que yo rompiera con el Presidente. No voy a ser funcional a ninguna conspiración del PJ” indicó la diputada, aceptando, dieciséis años después su responsabilidad con la última crisis que azotó al país.

Pero esto no fue suficiente. Carrió siguió y fundamentó el accionar de la Gendarmería: “Atropellaron a la gendarmería. Lo vi desde uno de los balcones. Vi un gendarme herido. Si buscas a los gendarmes los vas a tener”, sostuvohaciendo referencia a la represión del día anterior.

Cuando titulamos, ‘el día Carrió’ no fue aleatorio, debido que la primera candidata del PRO en la Ciudad no dio respiro a nadie, mientras el pueblo recibía una de las represiones más cruenta de los últimos años, sentenció: “no vamos a contestar su violencia con nuestra violencia”.  Lo que sería interesante es saber si intentar sesionar sin los números correspondientes, no dejar entrar diputados y diputadas al recinto, reprimirlos y tirarle con balas de goma y gases lacrimógenos a una gran congregación popular no es violencia. La respuesta decanta sola: para el macrismo eso no es violencia, la violencia es atentar contra su perspectiva, el ‘reformismo permanente’ y sus imposiciones.

Pero no frenó ahí. Después de fundamentar por doquier el accionar de su bloque, y después de ver la real imposibilidad de dar quórum, salió a respaldar en sus redes sociales su perspectiva, posición que no le duró mucho. Tras ver cómo estaban reprimiendo realizó un ‘reproche público’ a la ministra Bullrich, “No se necesitan tantos gendarmes, la ministra de seguridad tiene que parar (…) no hay que hacer tanta ostentación de la fuerza, no es bueno” sentenció mientras horas atrás justificaba la represión.

Los medios de comunicación tradicionales salieron a darle medallas a Carrió, la misma que se contradijo de mil maneras en un mismo día. Clarín la premió titulando que “Mauricio Macri frenó el DNU tras un tuit de Elisa Carrió“. Los últimos comentarios del día la coronaron cuando en Radio la Red dijo que “se apuraron, había que discutirlo más profundamente, era lo que yo proponía (…) estos ladrones no me van a quitar la República”. En castellano básico, criticó la propuesta que ella encabezó ese mismo día en el Congreso,  y además aprovechó a seguir justificando la represión.

¿DNU si?, ¿DNU no? ¿Quién decide?

Nacho Yuchark para lavaca

En las últimas horas trascendió que el Ejecutivo modificaría la ley presentada en el Congreso y sacaría una reforma previsional por Decreto de necesidad y urgencia (DNU), elemento que no nos sorprendería tanto, debido a que fue el instrumento legal para gobernar del macrismo en los últimos dos años. Radio Mitre fue la primera en informar que la Mesa Chica del gobierno se había juntado para debatir y firmarlo. La reunión es real, existió, y también es real que los diferentes ministros firmaron el decreto. Lucas Morando, director de Big Bang News, afirmó que el decreto se encontraba firmado por todos los ministros excepto por el presidente y estaban esperando dos cosas esenciales: la lectura de los abogados técnicos y legales y poder hacerlo pasar internamente en el bloque PRO.

Fue la misma Carrió, la ‘abanderada de la República’ – según sus palabras y la de los medios – la que le mandó un mensaje directo al macrismo antes que el decreto pudiera salir. Hablando en tercera persona tuiteó: “Carrió y la Coalición Cívica juraron respetar la Constitución Nacional y no la van a violar bajo ningún concepto. Un DNU violaría gravemente la Constitución Nacional”. Los antecedentes con respecto a la misma metodología utilizada por el Gobierno no la dejan bien parada.

Pero vayamos a lo concreto: el DNU fue congelado por el momento y si el ejecutivo realmente lo saca esperará hasta que la CGT no pueda realizar un paro nacional, ese que la central viene pateando hace meses. Sin embargo, poco podría durar la medida legalmente, sólo nos falta recordar que este artilugio del ejecutivo debe ser útilizado “sólamente cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes, y no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o de régimen de los partidos políticos”.

La realidad es que estamos lejos de haber logrado que esta estafa contra el pueblo argentino suceda. Ni la movilización, ni la demostración represiva del estado, ni el amague de decreto pudieron frenar la temática. Mientras las centrales sindicales y los partidos políticos sigan apoyando algunas medidas y dándole espacio al ajuste, la posibilidad de mantener los derechos adquiridos se va alejando cada vez más.

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