¿Quién te dijo a ti que te hicieras carabinero?

Gabriela Krause
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La peor traición siempre fue, es y será la traición de una persona a si misma. Esto no es arbitrario: hay algo siniestro en transformar las raíces y los orígenes, las creencias y las culturas por un fin ajeno. Pedro Alonzo Retamal, autor del poema a continuación, lo supo retratar a la perfección.

Mari Ailla

¿Quién te dijo a ti
que te hicieras carabinero,
Juan Antillanca?

Tú que naciste a la orilla del mar
y que jugaste en las playas sin dueño,
que naciste sabiendo
que la vida no necesita de ley
porque allí nunca ocurre nada;
a más de una ola y otra ola,
un transitar de espuma,
dos fantasmas de viento
y una gaviota borracha de cielos…

¿Y qué más pasa, Juan Antillanca?

Cuando llegaste de uniforme verde
y te pusiste rígido,
¡parecías un atado de “collof”!
¡cómo te gozaban los chiquillos,
casi te empelotaron la primera vez!

Tus ojos que eran mansos y risueños,
tuviste que endurecerlos;
y aquel gesto tuyo que era como un amanecer,
lo transformaste en grito duro,
en amenaza negra,
en noche desconfiada…

¿Te acuerdas cómo se las arreglaban
para tener algo de comer
cuando tú eras niño?
¿Y ahora, Juan, tú andas buscando
a los que roban ovejas
porque tienen hambre
y no tienen trabajo?
¿Cómo murió tu padre, recuerdas?
¿En qué cuartel amaneció muerto?

A ti te han escogido para esto
porque hablas “mapudungun”
y porque conoces
todos los escondites de la costa.

Te vimos esta tarde cuando llevaste
al Mauleo:
tú ibas más asustado que él,
pasaste avergonzado por frente de nosotros.

Ese día, Juan, nos dio una pena grande.

Alguien dijo:
-Antillanca se hizo carabinero
para ganarse el pan pescando presos a sus hermanos.
¿Qué gusto tiene ese pan, Antillanca?

No es del pueblo la bala que mata

En definitiva, y a raíz de las imágenes de crudeza autoritaria por parte de las fuerzas del Estado que venimos viendo últimamente pero que no son novedad, no queda otra que resaltar esta cuestión.

Como Juan Antillanca, son muchos los gendarmes, prefectos y policías que, omitiendo su identidad, reprimen a sus pares desde un pedestal superior. Este pedestal es imaginario: en nombre de un fin mayor, que nada tiene que ver con lo que al pueblo puede hacer progresar, son demasiados y demasiadas los que se calzan el uniforme y tiran plomo hacia el pueblo que alguna vez los cobijó. Alguna vez: ya no. No es del pueblo la bala que mata a sus hijas y a sus hijos.

No es del pueblo la bala que ha alcanzado a Rafael Nahuel. No será del pueblo el perdón, cuando pase el poder que los cuida y nos acordemos de cómo mataron a un pibe que se solidarizó con una lucha mucho más grande que él.

El enfrentamiento es un oasis: lo inventan los medios y la policía en complicidad del Estado. Nuestro oasis será la libertad: nunca más un muerto por luchar.

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