#OsvaldoPugliese El día que abandonó la batuta

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Nadia Benitez

Licenciada en Comunicación at Huecos de Magia
Licenciada en Comunicación Social | Periodista | Fundadora y pluma en Huecos de Magia.
Nadia Benitez
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Todo comenzó como un recuerdo. Como el recuerdo de alguien más. Cada vez que empieza a relatarlo me hago la desentendida para volver a apreciar esa sonrisa soñadora que tiene el poder de reflejarse en mí; o esos ojitos celestes empañándose de nostalgia. Y es que necesito que alguien venga a alegar que la música  es incapaz de transportarte a la misma felicidad. El placer es tan certero como cuando desempolva el tocadiscos, lo pone a sonar y en cuestión de segundos la unión perfecta del piano y el bandoneón lo hacen brillar hasta el extremo. ¡Gracias Maestro Pugliese por regalarme esos momentos únicos con mi abuelo! Hoy, a 20 años de su desaparición física, desde Corriendo La Voz lo recordamos así.

No es tan fácil de explicar pero en el fondo lo sabemos. Cerras los ojos y de repente te encontrás en otro lugar. Quizás más tranquilo, quizás más solitario pero reconforta saber que por algunos minutos tenemos la oportunidad de escaparnos allí. Te pasa a vos, me pasa a mí y seguramente a la gran mayoría. La música, sea del palo que sea, tiene el don de conmovernos hasta límites insospechados y qué alegría que sea así.

Este 25 de julio se cumplen 20 años de la partida de Osvaldo Pedro Pugliese, nuestro pianista, compositor y director,  abocado al tango.  La intención de esta nota no es precisamente hacer una reseña biográfica pero si destacar los acontecimientos clave que hicieron del “maestro” la personalidad que es hoy dentro del tango y por fuera de él y que justamente tengamos en este día la necesidad de recordarlo con aprecio y admiración.   

Primer tempo: la infancia

El barrio porteño de Villa Crespo lo vio nacer. El 2 de diciembre de 1905 llegó al mundo quien, pocos años más tarde, estaría deslumbrando a más de uno con la agudeza de sus dedos deslizándose sobre el piano. Muchos dicen que el talento está en los genes. Sin embargo, a pesar de proceder de una familia de artistas, Osvaldo resultó ser más idóneo en el campo de la música que su progenitor.

002Adolfo Pugliese, su padre, solía tocar la flauta en diferentes conjuntos, especialmente los cuartetos.  Pero el mérito mayor de Adolfo fue haber sido la gran influencia y el empujón necesario que necesitó Osvaldo para adentrarse en la música. Cuando era muy joven, recibió como obsequio un violín por parte de su padre y gracias a este regalo, terminó ingresando en el Conservatorio Odeón ubicado en su barrio natal de Villa Crespo. Nadie, ni su padre, ni el mismo Osvaldo imaginaron que sería precisamente en este lugar donde encontraría el instrumento capaz de cautivarlo y destacarlo hasta la eternidad: el piano.

Con tan sólo 15 años ya formaba parte de un trío junto al bandoneonista Domingo Faillac y el violinista Alfredo Ferrito. Tiempo después, la gran ciudad de Buenos Aires lo esperaba con las puertas abiertas. Pasó a formar parte de otro conjunto con la singularidad de tener a la primera mujer bandoneonista del país: Francisca Cruz Bernardo, conocida comúnmente como “Paquita”, “La Flor de Villa Crespo”.

Segundo tempo: “al mando de la batuta”

Su experiencia y soltura, lo llevaron luego a integrar la orquesta de otro famoso de la época, Roberto Firpo. Sin darse cuenta, Osvaldo comenzaba a acariciar uno de sus mayores anhelos: tener una orquesta propia. Tuvo sus primeros intentos junto al violinista Vardaro, pero las giras que intentaron fueron un fracaso económico tras otro, por lo que volvieron a acoplarse junto a conjuntos de alguien más.

Las esperanzas son lo último que se pierde y Pugliese ya había demostrado de pequeño que perseverancia le sobraba para alcanzar lo que se proponía. En 1936 logró crear un sexteto junto a Alfredo Calabró, Juan Abelardo Fernández y Marcos Madrigal (en bandoneones), Rolando Cruzel y Juan Pedro Potenta (en violines) y Aniceto Rossi (en contrabajo). Don Osvaldo fue el director y el lugar de debut de este ansiado conjunto fue en la renombrada calle Corrientes, en el Germinal.

001Con algunos recambios, idas y venidas, la orquesta del Maestro Pugliese se extendió 55 años. Durante todo este tiempo, Don Osvaldo compuso más de 150 temas, entre los que se encuentran sus mayores éxitos: Recuerdo, Negracha, Malandraca y su himno por excelencia, La Yumba.

Tercer tempo: idealista y diplomático

Las aspiraciones de Don Osvaldo no se limitaban sólo a lo artístico y musical. También tenía otras ambiciones ligadas más a lo ciudadano y político. Es así que en 1935 impulsó el Sindicato Argentino de Músicos del que fue el afiliado número 5. Se comprometió fuertemente a este gremio con el cual comenzó una lucha cuyo estandarte rezaba: “donde el trabajo sea una dignidad personal y no un castigo”.

Un año más tarde se afilió al joven Partido Comunista Argentino. Esta acción y sus ideas provocaron que fuera perseguido, censurado y encarcelado durante el gobierno de Juan Domingo Perón y luego durante el gobierno de facto conocido con el nombre de Revolución Libertadora. No obstante, a pesar de la pesadumbre y de la ausencia de su director, la orquesta del Maestro jamás dejó de sonar mientras pudo hacerlo.

El último compás

El momento que nadie espera. Ese que sabemos que llega pero preferimos ignorar: la hora de la partida. Finalmente, Don Osvaldo abandonó la batuta el 25 de julio de 1995, veinte años atrás. Sí, partió físicamente, pero no así toda la magia que supo crear y desplegar. Falleció a los 89 años de edad en la ciudad de Buenos Aires. Sus restos fueron velados en el Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires y luego llevados hacia el Cementerio de la Chacarita.

No quisiera ponerle un punto final a esta nota sin dejar un par de agradecimientos. En primer lugar, a Don Osvaldo. ¡Gracias Maestro! Tu música sigue siendo placer y uno de los momentos que más espero cuando visito a mi abuelo. Su mirada y su sonrisa mientras suenan tus melodías son esos pequeños grandes momentos que elijo y guardo para siempre. En segundo lugar, a vos lector, que me dejaste compartir esta historia y te quedaste hasta final. ¡Gracias!

Seguramente, alguna vez en tu vida la oíste, aunque fuera tan sólo de pasada. Pero si no tuviste esa oportunidad, las obras maestras son menester conocerlas, por eso te compartimos “La Yumba”.

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