Hija de bruja

Gabriela Krause
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Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista. Contacto: genero@corriendolavoz.com.ar / breveeternidad@corriendolavoz.com.ar
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Me mirás desde un pedestal, me doy cuenta
y me ves tan chiquita,
como un perro abandonado,
tan mujer.
Me escuchás, sabés que me quejo
de lo que es justo
pero no reprimís esa risa insoportable,
superior,
esa risita que dice boluda,
que dice callate,
que dice tonta,
sos una bebé,
una muñeca linda,
te pensás que vas a cambiar el mundo
pero no podés hacer nada sin mí.

Tonto,
macho tonto,
sos un nene que todavía
usaría si pudiera zapatillas con abrojo
para no tener que atarse los cordones nunca más.
Tonto,
macho absurdo,
sos un bebé de pecho que sonríe
cuando llega a su casita preguntando qué comemos
y se encuentra con un plato calentito de mamá.

Y ese pedestal, ¿es escalón o cuna?
Y esa superioridad que llevás orgulloso y bien arraigada, ¿de dónde sale?
Mirás a tu mamá como la bruja del cuento
preguntándole, seguro de vos mismo
quién es el más machito de este reino
y mamá te responde, con ternura
que el machito sos vos,
para darte la sopa y preguntarte
cuándo vas a traerle una novia.

Y si la novia tiene la pollera corta
o las ideas largas
o la lengüita suelta,
mamá no la quiere, machito,
porque parece que la libertad
acorta la virilidad.

Me siento sola y miro el techo,
mientras me abarrotan con toda esa cháchara
sobre lo que necesita una mujer
para alcanzar cierto estándar
que la vuelve interesante para que un hombre
la quiera encajar.

Encajar, es decir, encamar como se encama a una yegua
y enseñarle a pensar
como es conveniente.

Se parecen todos
un poco
a la mamá del machito:
espejos conformes con el reflejo
que creen que la mujer es ese bichito
de ojos enamorados y mejillas sonrosadas
que aprende pequeña las artes del sí
y de llamar al machito macho peludo
para que el tipo se sepa superior.

La mala noticia es que mamá
a su manera
a mí me enseñó a resaltar.
A responder, aunque sea impertinente
a no aguantar con la boca lastimada
y a no legitimar como rey
a quien no se lo pudo ganar.

Mamá me decía vos vestite
como quieras
pero no dejes que nadie te toque
sólo porque te quiera tocar
y que te resbale por el cuerpo lo que opinan
sobre quién sos
y quién deberías ser.

La verdad es que cuestionando y cuestionando
llegué a la conclusión de que al pendejo boludo
cuando le decimos machito
le estamos haciendo un favor:
legitimándolo como violento
como si fuera puro instinto,
estamos abriéndonos de gambas
como si la cosa fuera inevitable.

No son animales. Son seres que piensan
y saben
que para someternos tienen todo a su favor.

No se olviden que somos las nietas
de las brujas que no pudieron quemar
y que cuando nos prenden fuego renacemos
y los hijos de mami
se quieren matar. 

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