Los ratones festejamos, pero la fiesta es de los gatos

Gabriela Krause
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Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente.
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El primero se despierta a las 12. Anoche se durmió tarde, estuvo organizando un festival en el barrio con un par de amigas y de amigos. Se durmió esperanzado, con 24 años, mirando para atrás y para adelante y afirmándose en un presente del que es absolutamente dueño. Es soñador, quiere cambiar el mundo y salir de la pobreza, sacando con él a todos los que pueda. Ahora se dispone a desayu-almorzar. El famoso, el único, el inigualable mate con pizza fría de anoche.

El segundo se despereza, en silencio, en una cama de plaza y media que está en el centro de su habitación. Mira alrededor. Agarra el celular. Son las siete de la mañana y es domingo. Se levanta, de a poco, abre las ventanas y deja que entre un poquito el sol. Pone la pava en la hornalla, se pega una ducha rápida y sale para ver que se olvidó de prender el fuego. Se ríe. Se ríe y su risa es hermosa.

El tercero está lejos de casa. No se despierta porque no se durmió. Está afuera de su carpa, mirando nostálgico y maravillado el amanecer. Espera que se despierten sus amigas y amigos para salir a recorrer un poco el lugar. Tiene los ojos bien abiertos y mucho para ver. Tiene los ojos bien abiertos y no conoce la indiferencia.

El primero se acerca a votar. Va con su hermana, caminando, a una escuela de Lomas del Mirador. Se miran, se ríen. Son hermosos juntos y se miman con la mirada, con las palabras. Se preguntan uno al otro cuál es la elección, se chicanean. Entran a la escuela asignada.

El segundo llegó primero. Cuando entró, se sentó con el termo y empezó a cebar mate. De a poco, empezaron a llegar las compañeras y compañeros y los de todos los partidos. El segundo es fiscal y presidente de mesa, y saluda a todas y todos los que vienen a votar sonriendo. Más de una chica, después de votar, se enamora y lo cuenta en alguna red social.

El tercero sigue mirando el cielo, como hipnotizado. Mientras lo mira, se aferra al pasto que lo acobija con las manos y con los pies. Está descalzo. Siente a la tierra, se enraiza. Está conectado a la existencia del mundo con una especie de cordón umbilical invisible.

El primero vuelve a la casa, mira la televisión, entra a Twitter para ver qué dice la gente. Parece que en Mar del Plata detuvieron sin orden a dos candidatos del PTS-FIT y la llama a Vanesa, le cuenta, está indignado. Dice que él ya sabía, que en la policía no se puede confiar, que son todos una mierda, que deberíamos estar cambiando el mundo.

El segundo sigue contando votos. En la escuela suena una radio, así se van manteniendo al tanto de todo. Él elige agarrar el celular, de a ratos, y entrar a Twitter. Sigue un montón de medios de izquierda y alternativos. Se siente más seguro cuando sabe de dónde viene la información. Charla con sus compañeras y compañeros imaginando cómo terminará la elección. Están planeando cosas grandes. El segundo quiere llegar a vivir tanto como para ver la revolución y formar parte del proceso. 

El tercero no está exento de todo. No vota. Sin banderas, quiere que todo vaya bien para todas y para todos. Su patria es el mundo. Sale a pasear por el pueblo y pregunta si saben cómo va todo. El pueblo responde no importa, porque aquí nada va a cambiar. El tercero comprende, piensa estrategias. Piensa la lucha es otra, no cabe en un aula, ni en una urna. 

En un universo paralelo, Primero Segundo y Tercero podrían haber fiscalizado, votado y no haber ido a votar.

En un universo paralelo, Luciano Arruga, Mariano Ferreyra y Santiago Maldonado estarían viviendo, a su manera, un día electoral. En blanco, o una boleta específica, o el no-voto anarquista podrían haber sido cualquiera de sus elecciones.

En un universo paralelo estarían militando sus realidades, dentro o fuera o dentro y fuera de la votación.

En un universo paralelo, Luciano, Mariano y Santiago, tres pibes de distintas realidades que hoy no votan ni eligen no votar, estarían haciendo lo que fuera que quisieran hacer. Pero no votan ni se niegan a hacerlo. Son, los tres, desaparecidos de la democracia que hoy está de fiesta una vez más.

La fiesta de la democracia llaman a estos días donde el pueblo, dicen, se levanta y elige a sus representantes.

Las muertes de Luciano, Mariano y Santiago, ¿son la fiesta a la que nadie nos invitó? ¿Son el eterno velorio de la democracia?

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