‘The End of the F***ing World’, la nueva joyita de Netflix

Florencia Martinez

Florencia Martinez

Redactora at Corriendo La Voz
23. Periodista. Estudiante de Comunicación Social en la UNLaM. Amante de la comida. Compradora compulsiva de libros. Eterna cinéfila. Vincent Vega sigue vivo.
Florencia Martinez

Una historia que va desde lo mórbido hasta lo gracioso y no se pierde en el intento. La ficción, que se estrenó el 24 de Octubre de 2017 y alcanzó su nivel internacional de la mano de la plataforma de streaming el pasado 5 de enero, ya se constituye como un éxito para la crítica y el público espectador.

Estoy casi seguro de que soy un psicópata. Con estas palabras se introduce a James, un adolescente de tan sólo 17 años que ya cuenta con algunas cuestiones bastante morbosas encima. Desde que descubrió que matar animales le resulta interesante, se propuso llevar el asunto a un nivel mayor, y es así como determina que asesinará a una persona. La misma será ni más ni menos que Alyssa, una muchacha tan extraña y disconforme con la realidad que la rodea como nuestro otro protagonista.

Ambos inadaptados, caracterizados por los increíbles Alex Lawther (a quien ya conocíamos del impecable “Shut up and dance” de Black Mirror) y Jessica Barden (Penny Dreadful), se emprenderán en un viaje de carretera sin destino determinado cuando ella quiera escaparse de su familia y él defina aprovechar esa oportunidad para matarla. Entre ellos nace una relación romántica que, como es de esperarse, no carece de aspectos perturbadores.

Si bien es cierto que la trama resulta un tanto turbia en un principio, también lo es que rápidamente repunta al desvincularnos de nuestra objetividad como espectadores y llevarnos hacia el lado de la gracia. Porque tengamos en cuenta que se trata de una serie cómica que se ríe de situaciones que no lo son en lo absoluto, y que sobrepasa sin cuidado la línea de lo normal. De todas formas, The End of the F***ing World se presenta como una premisa de la que no podemos escapar.

Para los amantes de la comedia británica tan caracterizada por sus tintes oscuros y cargada de situaciones violentas y bizarras -¿les suenan Misfits y Skins?-, la reciente apuesta de Netflix y Channel 4 no puede fallar. De ahí que su final abierto nos prometa como audiencia el advenimiento de una segunda temporada, aún si no se ha confirmado nada de momento.

Una historia románticamente retorcida

El amor no es un tópico que suela escasear en las comedias sombrías y absurdas británicas, eso lo sabemos. Sin embargo, en esta ocasión lo que resulta tan admirable es la química que se establece entre dos personajes que no podrían ser más diferentes y, al mismo tiempo, tener más conexión el uno con el otro. La falta de sensatez por parte de Alyssa y la personalidad antisocial y críptica de James no podrían encajar mejor entre sí.

Los dos adolescentes se conocen en el colegio y de inmediato… bueno, no diremos que vuelan chispas precisamente ni que sienten mariposas con el primer beso, pero sí logran entenderse a través de sus propias perversiones. Ella, maniacodepresiva. Él, un psicópata en proceso. ¿Qué puede salir mal?

Cuando Alyssa decide que ha tenido suficiente de su madre (Christine Bottomley) –quien, aparentemente, no podría preocuparse menos por ella, o así percibimos al menos en un principio- y su padrastro (Navin Chowdhry) –que no es sólo un completo idiota sino que, además, tiene acercamientos bastante extraños hacia la chica-, le propone a su nuevo novio escapar. Él, interesado en aprovechar esa oportunidad para matarla en el medio de la nada y, al mismo tiempo, huir de su afectuoso pero algo molesto padre (Steve Oram), no tarda nada en aceptar su oferta.

Juntos se verán envueltos en una seguidilla de eventos desafortunados que los llevarán a chocar el auto que les servía como medio de transporte, asesinar a un desconocido y ser perseguidos por una risible pareja de policías –interpretadas por Gemma Whelan y Wunmi Mosaku– como resultado. Todo esto, por supuesto, en medio de una road movie adolescente y psicópata cargada del humor tan crudo y turbio que los británicos pueden producir.

Una fórmula que no falla

La serie creada por Jonathan Entwistle y basada en el cómic homónimo de Charles Forsman apuntó desde un primer momento a un público joven ansioso por encontrarse con nuevas historias sobre personas marginales y outcasts. Sin embargo, de alguna manera, la producción se las ha ingeniado para llamar la atención de un segmento mucho más amplio de espectadores, y es en este sentido que debemos preguntarnos a qué se debe el hecho de que sea tan aclamada –sus promedios en páginas como Rotten Tomatoes (96% por parte de la crítica) e IMDb (con un alto 8.5/10) lo dejan muy en claro.

¿Qué es lo que hace que The End of the F***ing World sea la serie de la que muchos están hablando, a tan sólo días de su estreno? Quizás un gran punto favorable sea su corta duración. En efecto, la historia reúne ocho capítulos de aproximadamente veinte minutos cada uno, por lo que podemos verla de sopetón sin problemas. La historia es ágil, no le permite al espectador más ansioso e impaciente retirar la mirada de la pantalla y en ese sentido es todo un logro.

De la mano de esta cuestión podemos mencionar el desarrollo de la trama en sí. Si bien James se plantea la posibilidad de asesinar a Alyssa y lo mismo no parece concretarse jamás, la figura principal femenina le aporta espontaneidad a una situación que quizás sin ella caería en un paso lento y molesto. La dupla de Lawther y Barden funciona a la perfección desde la diégesis, así como también lo hace con las actuaciones impecables de los jóvenes actores.

Y es aquí que vale recalcar la labor de ambos desde la puesta en escena. A pesar de tratarse de personajes bastante complejos –vamos, ¡uno se cree un psicópata y la otra es una chica prácticamente abandonada por su familia!-, los dos se las ingenian para desempeñarlos a la perfección y hacernos comprender las emociones que invaden a sus complicadas personalidades. Cada mirada, palabra y gesto adquiere sentido y parece ser sumamente necesario.

Claro que los diálogos son también un gran logro. Los mismos se presentan como naturales y realistas, y los guionistas no fuerzan líneas ni frases determinadas en los personajes como tantas veces sucede en la ficción destinada a un público joven-adulto, sino que los protagonistas son –más allá de sus particularidades tempestuosas- creíbles. Existen silencios, ideas que no parecen terminar en ningún lado, palabras obscenas… en alguna instancia dejamos de pensar en lo absurdo de la situación y vemos a los dos adolescentes como personas reales.

La ecuación británica caracterizada por la suma entre comedia y oscuridad no nos falla una vez más al presentarnos una de las mejores bandas sonoras del catálogo entero de Netflix. Caracterizada por su cercanía al punk y al rock alternativo en sí, la música en The End of the F***ing World juega un rol fundamental a la hora de seguir los pasos de dos protagonistas adolescentes rebeldes y cargados de conflictos interiores. A la hora de dejarnos guiar por este par tan inusual, la mano de Graham Coxon, Buzzcocks y Fleetwood Mac no puede fallar.

¿Habrá una segunda temporada?

Con una excitación que crece a medida que se suceden los capítulos y que llega a su culminación en los últimos momentos del final, la serie deja abiertos una secuencia de interrogantes. Si bien la ficción británica termina en el mismo punto que el cómic original, es cierto que Lawther puso su voto de confianza en el guionista de la serie al comentar en una entrevista a Digital Spy que “le daría la oportunidad a Charlie Covell, guionista de la serie, para explorar algo”. El resto, claramente, está por verse.

Mientras tanto, sólo nos queda deleitarnos con una primera temporada que no decepciona en lo absoluto para los amantes del género. Dicho todo esto, si aún no han visto The End of the F***ing World, ¿qué están esperando?

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