La doctrina de seguridad en tiempos amarillos

Imagen de portada: Marcelo Javier Moreno
Juan Agustin Maraggi

Juan Agustin Maraggi

Editor de Análisis Político y Social en #Corriendo La Voz | Colaborador en Revista Mascaró | Estudiante de Sociología en la Universidad de Buenos Aires
Juan Agustin Maraggi

El ascenso del macrismo al ejecutivo en 2015 no sólo trajo aparejado un cambio de políticas sociales, económicas y de formas, sino también la imposición de un diverso paradigma en la doctrina de seguridad y las formas de ver el delito. La vía libre para las fuerzas represivas, el rol de Patricia Bullrich, los discursos encubridores de las y los funcionarios y la mal llamada ‘Doctrina Chocobar’ son sólo una parte de una problemática mucho más profunda.

El adoctrinamiento a toda costa

El macrismo busca dejar en claro su mensaje sin importar qué se le presente delante. Miguel de Paola y Walter Ovejero, de veintiún años, fueron de los primeros en conocer las nuevas lógicas a imponer. Miguel estuvo preso durante cincuenta días por tuitear bajo un usuario en forma de trol, llamado ‘HassanAbuJaaf’, diferentes mensajes en árabe.

Carlos Rojas, Jefe de la División de Cibercrimen de la Metropolitana, fue contundente sobre las causas de los tweets: eran “dos muchachos aburridos que no sabían qué hacer”. Si bien los mensajes que publicaron usaban imágenes de Google fácilmente ubicables y los escritos fueron traducidos directamente desde la función de la misma web, ambos fueron procesados y los y las funcionarias del ejecutivo salieron a galardonarse en los medios por haber frenado un ‘ataque terrorista’.

El padre de uno de los jóvenes fue el primero en responder: “No conocen ni la empanada árabe” indicó ante la lupa inquisidora de ciertos medios masivos y un ataque frontal de quienes practican la ‘cultura trol’. Con tanto trol xenófobo, fascistoide, amenazas de muerte y demases, el macrismo optó únicamente por bajar un mensaje; Se puede con todos pero con el gobierno no.

La realidad es simple, la práctica del análisis y la vigilancia de las redes sociales no es algo que haya inventado el macrismo, pero sí la atención cuasi primordial a los hechos que en la web suceden. La estrategia del oficialismo es parte de las nuevas prácticas que comenzó a implementar en la política, aquellas que también incluyen focus group, la cultura del trolaje y demás. Ciberpatrullaje fue la definición que le otorgó la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Según ésta, 30.000 agentes de la Policía Federal están destinados a esta tarea. Por ahora, los resultados son casi nulos. Además del caso recién nombrado, su función primordial ha sido espiar periodistas, militantes populares, opositores o personalidades que se oponen a políticas específicas.

Ciberpatrullaje sobre Javier Smaldone, opositor al Voto Electrónico

La ministra fue clara en cómo se va a encarar esta nueva definición de la doctrina social: “Queremos transmitirle tranquilidad a la gente y que sepa que hay un Gobierno Nacional, una Justicia y una policía trabajando en un solo equipo para evitar que estas cosas pasen (…) A los que usen las redes sociales para intimidar o amedrentar, sepan que los vamos a buscar uno por unosentenció en Conferencia de Prensa.

La lógica – y la experiencia – demuestran que el ciberpatrullaje no es algo exacto. Un año después que Nicolás Lucero tuiteara la siguiente canción de cancha, doce policías – varios de civil – lo esperaban en la puerta de su casa cuando volvía a contarle a sus padres que había encontrado trabajo. Nicolás quedó con una causa penal y sin trabajo. La ‘nueva política’ tiene un mensaje claro.

Más allá de las redes

Pero el adoctrinamiento impulsado por el macrismo no se escuda sólo por lo cibernético, sino que ésta es sólo una rama ínfima del esquema. Su práctica busca re-configurar las relaciones sociales y de clases en el país, su objetivo es más profundo y representa modificar las prácticas cotidianas. La lógica de la Alianza Cambiemos radica en transformar y/o adecuar  la práctica y organización de las y los trabajadores.

Como hemos indicado en varias oportunidades (1 y 2), en Argentina las difíciles experiencias de la historia nos han inculcado una definición o perspectiva parcial del neoliberalismo. La imagen vaciadora del menemato es sólo una faceta más de un proyecto histórico, un proyecto de clases sociales, una transformación de las lógicas de la vida cotidiana. El neoliberalismo cambió la concepción de la seguridad, de la inseguridad, del trabajo y la educación, de la cotidianidad y todo lo que nosotros y nosotras conocemos.

En este caso, el adoctrinamiento del macrismo vuelve a poner sobre sus vías el principal objetivo del proyecto al que hacemos referencia: las y los trabajadores, su forma de producir, y todo aquello que las y los rodea. La perspectiva neoliberal del gobierno no es improvisada, y tampoco igual a las que conocemos o conocimos, pero eso tal vez es algo innecesario de aclarar. Los procesos históricos no son iguales, ni tampoco son recetas rígidas.

Esta ‘nueva’ perspectiva toma formas que nos trae malos recuerdos, no sólo busca un disciplinamiento de las y los trabajadores combativos u organizados/as, sino también – y tal vez sobre todo – de quienes se pliegan a las reivindicaciones, quienes ‘siguen’ sus consignas o apoyan.

El análisis simplista nos ha llevado constantemente a no comprender la profundidad del proyecto oficialista. Esta lógica no sólo se crea con focus group, la cultura del trol, un o una votante furiosamente anti K o promesas vacías. El macrismo acompaña el nuevo/viejo paradigma que intenta imponer utilizando como refuerzo cotidiano las fuerzas de “seguridad”.

Ante los diferentes últimos ajustes –todos con repercusión directa en el salario como variable primordial– la resistencia en casi todos los casos se ve acompañada de un monstruoso (en cantidad, simbolismo y forma) despliegue de las fuerzas represivas. No podríamos utilizar un ejemplo más clarificador que los medios contando los minutos y horas en los que tardaba en aplicarse el famoso ‘protocolo antipiquete’ presentado por Bullrich.

Nuestro análisis no sólo se basa en teorías, las y los funcionarios del macrismo son muy específicos al explicar sus intenciones. Patricia Bullrich, el 22 de febrero del 2016 sentenció lo que sería su plan de acción en una entrevista en TN: “Todo ciudadano, toda organización o partido político, o todo grupo rural, o el que sea, sabe a través de esta decisión del Gobierno que hay nuevas reglas de juego. La nueva regla del juego es no cortar calles. Entonces, si alguien lo hace y va a propósito a la panamericana a cortarla tiene que saber que va a ir a una fuerza policial, o federal y  va a retirarlos (…) a mi me preguntan, bueno, ¿en cuánto tiempo? (…) si eso dura una hora, dos horas o tres horas ya todo el mundo se le cambió el día, se le arruinó. Entonces tiene que ser algo rápido, porque si usted deja el corte en la panamericana, a la media hora ya tiene cinco kilómetros de cola, un montón de gente con problemas. Entonces, ¿por qué lo hacen? ¿para qué? Si se puede hacer de otra manera, si se puede hacer conviviendo, si se puede hacer una Sociedad de diálogo“.

Como hemos resaltado en reiteradas oportunidades, el diálogo propuesto es de arriba para abajo. Lo interesante en el discurso de Bullrich es la clara distinción clasista, la ambigüedad discursiva responde a quién corta y a quién le “da problemas” el corte. Todo esto va acompañado de la “gran incertidumbre” que impone el macrismo como política hace tiempo (1 y 2), ¿Cómo reprime quien reprime? O también, el debate sin solución aparente sobre la falta de legitimidad o esclarecimiento del protocolo estatal utilizado para la represión.

Entonces, gran parte de las manifestaciones – a priori – tienen una respuesta represiva (¿de qué diálogo hablan?) y el adoctrinamiento no sólo se esgrime desde los discursos oficiales, sino que  el ajuste viene acompañado de palo para apaciguar toda resistencia. Sino, preguntemosle a los y las trabajadoras del Instituto Nacional de Tecnologia Industrial (INTI) que fueron víctimas de una profunda persecución política, 250 despidos (10% de la planta) y la policía prohibiéndoles ingresar a la misma con los cascos que ellas y ellos mismos homologan, entre cientos de conflictos más.

El caso del INTI lo usamos sólo por nombrar un caso que todavía no tiene solución, pero la lógica imperante nos lleva a recordar el discurso de Esteban Bullrich, ex Ministro de Educación y actual senador en Mini Davos donde sentenció: “Nosotros tenemos que educar a los niños y niñas del sistema educativo argentino para que hagan dos cosas, o sean los que crean esos empleos, que le aportan al mundo esos empleos (…) o crear argentinos y argentinas que sean capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla, de entender que no saber lo que viene es un valor porque a nosotros nos hace capaces de construir un futuro.

No entraremos en analizar porque suponemos que se entiende a simple lectura en el contexto, pero sí recordaremos dos cosas: El neoliberalismo se expresa a flor de piel en este discurso, y la incertidumbre de los y las trabajadoras les permitirá a ‘ellos’ (un tercero, un otro) construir un ‘futuro’, para ese tercero, ese otro.

Patricia Bullrich no está sola

Las experiencias recientes han demostrado que Patricia Bullrich no sólo representa el discurso de una parte importante del macrismo, sino que es una pieza esencial y clave para mantener la Alianza Cambiemos. La actual ministra, con anteriores experiencias políticas con un apoyo popular casi nulo, fue por años (como Carrió y otras y otros) parte de aquellas y aquellos políticos que desde la derecha conservadora se encargaban de intentar enterrar y defenestrar al actual presidente y sus think tank.

Más allá de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, ser la ministra bajo lupa constante y todo lo que venimos nombrando, pareciera nada importar y ser quien más se asienta en su cargo. ¿Qué más tiene que hacer un funcionario o funcionaria para ser apartado u apartada de su cargo? ¿y para presentar la renuncia? La falta de la misma no solo explica el apoyo – discursivo y formal – del oficialismo, sino también que su discurso y lo que presenta ante la sociedad ha calado hondo en la conciencia de una gran parte de la población.

Queda para otro análisis más extenso su rol como ‘portavoz de la batalla contra los narcos’, la realidad de la premisa y cómo se muestra el reviente de cuevas que antes estaban a la vista. Más allá del debate, existe una realidad, una que venimos debatiendo hace bastante las consecuencias del discurso neoliberal sobre la inseguridad, sus perspectivas y la ‘peligrosidad.

Lo esencial a remarcar aquí es que la ‘batalla narco’ permitió -nuevamente- desviar el eje de la temática, culpabilizar a cierta parte de la sociedad y re-definir la ‘peligrosidad’ de ciertos estratos de las clases sociales, apañándolas con este discurso. Una vez más simplificamos el delito. Desde las voces institucionales, los medios de comunicación y sectores de la sociedad se vuelve a evitar discutir su categoría y que quienes más lo sufren son las y los pobres. Eludimos nuevamente debatir que Argentina es uno de los países con más policías por habitante en el mundo (más de 5 cada 1000 personas) y la responsabilidad directa estatal, institucional y del sistema en el mismo.

Según CORREPI, sólo en la Capital hay un policía cada 107 habitantes. La fuerza policial porteña, fundada hace sólo una año y presentada con bombos y platillos por Horacio Rodriguez Larreta, tiene un récord histórico: dos casos de gatillo fácil por mes. Esto significa veinticuatro en doce meses, cuando la metropolitana tenía el – también elevado – número de veinte en ocho años de existencia.

 

 

 

La flamante ministra, Patricia Bullrich, su lucha contra el escrache constante y evitar que crezca su ‘mala imagen’ no se encuentra aislada, sino que es el resultado de la imposición, producción y reproducción de un discurso específico. No son casualidades, la fuerza que responde directamente a su persona no sólo reprimió ilegalmente en varias oportunidades – en una de ellas Santiago Maldonado apareció tras muchos días de búsqueda muerto – sino que se hizo presente en la mayor cantidad de represiones existentes desde que el macrismo asumió, como también hizo presencia en la mayoría de las manifestaciones popular, marchas o demostraciones de los trabajadores y trabajadoras. A cada una de esta demostración de fuerza, el gobierno evidenció las suyas. 

Aquello que debatimos sobrepasa las represiones en sí y, también, se enfoca en la carga simbólica, aquella que otorga un mensaje claro que interpela a la población y deja las cuentas claras en cuanto a la intención y “las nuevas reglas del juego” a las que el oficialismo hace referencia. La ministra, en estos términos, también supera el discurso y el accionar, y tal vez Echazú, el primer imputado en el Caso Maldonado, sea el caso más ejemplificador. El gendarme fue ascendido por la misma Bullrich y si bien la fuerza salió a aclarar que no tenía nada de político y resultaba de su antigüedad en el trabajo, dentro del contexto que venimos analizando nada le escapa a las casualidades.

Mano libre para las fuerzas

“La fuerza de seguridad tiene el beneficio de la duda” – Vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti.

“Hay que volver a la época en la que dar la voz de alto significaba que había que entregarte” – Presidente de la Nación, Mauricio Macri.

Como venimos analizando, hace muchos años que la práctica de la violencia institucional no era  promovida de manera tan directa por las y los voceros de algún oficialismo. Las fuerzas represivas tienen piedra libre y las consecuencias son visibles, esto no sólo se ve en el cotidiano de las calles, sino también se traduce en las prácticas represivas y el aumento en el número de muertes en manos de las mismas durante el 2018.

Que haya un muerto cada 23 horas en dos años de Cambiemos en el poder no es sólo un dato. De las 5462 muertes por el aparato represivo desde el regreso de la ‘democracia’, 725 fueron durante este Gobierno. El discurso no se quedó sólo en las palabras y el macrismo rápidamente se transformó en el Gobierno más represivo y porcentualmente con más muertes en manos del aparato represivo desde el ’83. El informe anual de CORREPI fue aplazado en dos oportunidades por las represiones de diciembre y las y los presos durante las mismas. Un dato que se transforma en símbolo y hecho. 

Las distintas represiones que cerraron el año dan cuenta exacta de a qué nos referimos, y si no queda claro sólo hace falta rastrear las primeras acciones del presidente Mauricio Macri en el segundo mes del año, es decir, recibir a Oscar Chocobar, el policia que según los medios defendió a un turista estadounidense en el barrio de La Boca. El miembro de la fuerza de civil que fusiló a un pibe –Pablo Kukok– con ningún amparo legal.

“Estoy orgulloso de que haya un policía como vos, al servicio de los ciudadanos” expresó el presidente al recibirlo. “Sentí que la justicia estaba tirando para el lado equivocado” sentenció Chocobar, a lo que sumó “los abogados del presidente se van a comunicar con mi abogado y van a trabajar en conjunto”. Al día siguiente de la visita, salió por todos los portales y medios el video donde se ve el fusilamiento con lujo de detalles. Sin embargo, Marcos Peña salió a respaldar al presidente, indicando que no fue un error haber recibido al policía, y que el presidente ya había tenido acceso al video, sólo que después de analizarlo entendió que Chocobar tenía razón.

Esta línea se enmarca en lo que venimos analizando, no nos olvidemos, entre otros hechos, que Bullrich visitó a los gendarmes heridos luego de que reprimieran una murga popular en la Villa 1-11-14, y Mauricio Macri también lo hizo con el policía infiltrado que resultó herido en el último diciembre bromeándole sobre su esposa cual propiedad. Chocobar se transformó para el PRO en un ‘héroe nacional’ y pronto comenzó a hablarse de la existencia de una ‘doctrina Chocobar’. Si bien el título es acorde, no queremos dejar de nombrar que para quien escribe esta nota, la doctrina es el resultado de un proceso mucho más profundo y de larga data en el cual, Chocobar, es sólo un eslabón de su crecimiento.

Este fusilamiento le dio al macrismo un nuevo envión para divulgar y dejar en claro cómo viene la mano con las ‘nuevas reglas del juego’. 

Las y los funcionarios del Macrismo salieron corriendo a los medios para seguirle la corriente al Presidente. Patricia Bullrich brindó una conferencia de prensa en donde fue firme en sus dichos: “Cambió la doctrina, la Policía no es culpable en un enfrentamiento”. A la Ministra rápidamente se le pegó el consultor oficial del PRO Jaime Durán Barba, quien continuó la línea: “La gente pide que se reprima brutalmente a los delincuentes. Hemos hecho encuestas y la inmensa mayoría quiere la pena de muerte”. Incluso quien ocupaba el puesto de Bullrich durante el Kirchnerismo, Sergio Berni, salió a indicar que él también hubiera recibido a Chocobar.

Una doctrina para rato

En un año de creciente conflictividad social, sería lógico esperar que exista una profundización represiva acorde a los intereses que analizamos. Los casos del Hospital Posadas, el INTI, el Ingenio Esperanza y Cresta Roja sirven como ejemplo clarificador.

Esta nota, como lo analizado, no se encuentra aislada de una perspectiva mayor que iremos -y fuimos- recopilando en diferentes notas. En un intento de instalar un paradigma diverso ante el delito y las formas de vida, también intentaremos ir debatiéndolo en las diferentes secciones y a través de sus diferentes implicancias.

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