El macrismo y la despolitización de la política

Juan Agustin Maraggi

Juan Agustin Maraggi

Editor de Análisis Político y Social en #Corriendo La Voz
Colaborador en Revista Mascaró | Estudiante de Sociología en la Universidad de Buenos Aires
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A esta altura, el debate ya debería estar saldado. Todo es política. Los cuerpos, su venta o no, su trabajo y cualquier cosa que hagamos. En medio del conflicto educativo que llevó a los y las estudiantes a tomar treinta secundarios, y a dos meses sin Santiago Maldonado, el macrismo continúa una eterna batalla por deslegitimar los reclamos al tildarlos de ‘meramente políticos’. En esta nota, un recorrido por los usos de esta concepción y cómo opera.

El 10 de Diciembre de 2015 Mauricio Macri asumió como presidente del país ante la Asamblea Legislativa. Entre la gran cantidad de consignas de campaña que volvió a reflotar en los casi veinticinco minutos en los que habló, indicó:“Tenemos una visión nueva de la política. Somos hijos de este tiempo” (ver). Esta concepción de una ‘nueva política’ se esgrime como toda definición que realiza el sector ideológico donde se ubica el gobierno, sin claras características explicativas y abusando del poder de la ambigüedad. Siguiendo las constantes demostraciones que el PRO ha realizado, la ‘nueva política’ a la que refieren, no es más que otra manera de retomar el discurso neoliberal y acaudillar el uso y la reproducción de las prácticas políticas a un determinado grupo de poder.

Para el macrismo, la ‘politización’ de la Sociedad es un problema, y si bien su fuerza ejerce y detenta de cargos y funciones públicas, el problema radica cuando el politizado es el tercero, el otro. La lógica (histórica y actual) explica este proceso de tercerización de la política en base a una peligrosidad en el resto de la población, en aquella que no responde o se mueve bajo los parámetros que ellos establecen. En estos términos, la política real es la propia, mientras que la externa es un peligro y debe estigmatizarse con constancia. Pongamos un ejemplo claro: si un sector determinado ostenta problematizar o manifestar ciertas cuestiones, la fundamentación que el macrismo le da es que se encuentran politizados, no que no les alcanza para vivir y su salario se ve cada día más reducido por el eterno proceso inflacionario, o lo que fuere. En la otra vereda, y a modo ejemplificador, el macrismo ha indicado en reiteradas ocasiones su intención de reducir el ‘costo laboral’ (o ‘costo argentino’, en palabras de Paolo Rocca). Sin embargo, no es considerado un hecho político por ellos mismos, sino una necesidad. La perspectiva del PRO – y sus fuerzas e instituciones aliadas – radica en una concepción de clase. La “política’ sólo es positiva si se predispone a ser ejercida desde su paladar.

El discurso lavandina

Esta concepción despolitizante de la política no es algo nuevo. No sólo que no fue creada por el macrismo, sino que esta fuerza política – y los medios de comunicación – viene acrecentándola y configurándola ideológicamente hace mucho tiempo. Desde su perspectiva y discursivamente, la ‘politización’ de lo cotidiano es un problema y no una realidad.

Luego de la crisis de fines de los ’90, fue el pueblo quien más perjudicado se vio. Pero si de sectores políticos hablamos, fue la derecha quien se llevó el mayor revés. Las tres décadas de neoliberalismo y la consigna popularizada durante las manifestaciones entre el ’98 y el ’01 relegaron a los diversos sectores de la derecha de la escena política. Esto no significa que desapareciera, con sólo recordar los 4.741.202 (el 24.45%) de votos que sacó Menem en el 2003 no podríamos tomar tan a la ligera este pensamiento. Sin embargo, sí condicionó su accionar en los tiempos próximos, y los obligó a reconfigurar sus estrategias.

Grandes sectores políticos e intelectuales jóvenes fundaron ONG’s y Think Tanks, o formaron pequeños partidos desde donde comenzaron a reagruparse y reformular tácticas y estrategias de poder. Algunos de sus principales exponentes, en materia de organizaciones y agrupaciones políticas, fueron la Unión para la Apertura Universitaria (UPAU) y la Unión del Centro Democrático (UCEDE), y en cuanto a los Think Thank fueron Sophia (donde dio sus primeros pasos María Eugenia Vidal) y Pensar (que orquestó la campaña presidencial del 2015) quienes más se destacan. Lo que hoy conocemos como Alianza Cambiemos – y anteriormente con su conformación inicial, el PRO – es el resultado del avance y unión de estas fuerzas, instituciones y partidos.

La concepción ‘despolitizadora’ de la política vuelve a ponerse como eje a través del proceso y desarrollo progresivos que estos diferentes espacios fueron realizando. Una de las cosas que enseñó la crisis a estos sectores es que la población se cansó de determinada clase política, ya no había espacio para el discurso tradicional de la derecha. Durante la crisis, los cánticos y las consignas se dirigieron a la clase dirigente y la culpabilidad de los sucesos estaban popularmente designados a la política en si. El ‘que se vayan todos / que no quede ni uno solo’ caló hondo en esta nueva/vieja concepción de la derecha y su discurso comenzó, despaciosamente, a abocarse en construir en base al descreimiento popular que existía hacia la política ‘tradicional’, forjando un discurso lavandina. Esta derecha se aglutinó unificando partidos tradicionales y recientemente fundados, dirigentes viejos y muchas y muchos no conocidos, pero siempre mostrando una faceta nueva de algo que ya conocíamos, una nueva cara de una forma de hacer política que no es nueva.

Como bien detalló Pedro Lacour apenas asumió Macri en 2015: ” Por primera vez en la historia, el núcleo duro del establishment logró edificar con éxito un partido político: el PRO. El sociólogo Gabriel Vommaro –uno de los autores de Mundo PRO, libro que, dejando prenociones de lado, se dedica a indagar en los intersticios de un fenómeno político complejo– define al macrismo como “el neoliberalismo después del neoliberalismo”. Al igual que el kirchnerismo, es una fuerza política surgida al calor del 2001. Proponiendo una salida distinta a la crisis, en sus orígenes se nutrió tanto de las ONG’s y think tanks como de las esquirlas desprendidas al estallar por los aires las estructuras partidarias tradicionales. Así, encaminada la estrategia para reemerger luego de la debacle menemista, la derecha arribó al gobierno de la Ciudad en 2007 y a partir de allí no paró de ganar elecciones.

Pero la nueva derecha no por nueva deja de ser derecha. La retórica macrista, pos-ideológica y de horizontes tecnocráticos, choca de frente con una sociedad fundamentada en el conflicto y que está muy lejos de la idílica unidad evocada durante la campaña por el marketing duranbarbesco”.

Un breve recorrido por el camino de la despolitización

El año del bicentenario de la Revolución de Mayo ya se veía venir, el 2010 se acercaba y los dirigentes políticos empezaron a pensar cómo aprovecharlo. Los festejos comenzaron a planificarse y los conflictos sociales arrancaron ni bien el año dijo presente. Mientras el Kirchnerismo planificaba actos de carácter popular y masivo (las críticas sobre las formas y demás las dejamos para otro análisis), el Macrismo hacía de las suyas finalizando las obras de reacondicionamiento del histórico Teatro Colón en pos de hacer su acto bicentenario allí.

La reinauguración del Colón no se vio desteñida de conflictos internos. Las y los trabajadores denunciaron que las instalaciones refaccionadas no eran acordes para las necesidades de las y los bailarines. Otro grupo de trabajadores reclamó un aumento de sueldo, denunciando los eventos privados que les obligaban a realizar y la alta tercerización. Por su parte, Maximiliano Guerra, conocido bailarín a nivel internacional, salió a denunciar que los pisos de los escenarios estában acondicionados con una madera “excelente para un country, pero no tienen la flexibilidad que debe tener un piso de escenario”. La respuesta del actual presidente ante su reclamo fue el descreimiento y que le consultaría la temática a ‘alguien que sepa’.

Las y los trabajadores se organizaron ante las problemáticas. Algunos sectores optaron por el boicot de las actividades para que no se re-inagurara el Teatro hasta que las condiciones para el desarrollo de su trabajo sean las necesarias, otros y otras decidieron realizar un paro por tiempo indeterminado. Hernán Lombardi, junto al, en ese momento, Director del Teatro Pedro Pablo García Caffi decidieron la suspensión de los y las trabajadoras. El director – reemplazado luego por Lopérfido- en conferencia de prensa desligó al gobierno de la situación, “el conflicto es político (…) no es un salario lo que están buscando, ni una reivindicación laboral (…) es un grupo que pretende impedir que Macri tenga el teatro abierto”.

Ese mismo año, los secundarios dieron una lucha muy importante por las condiciones estructurales y edilicias de la educación, la constante subejecución de los presupuestos por parte del macrismo y la desviación de inversión desde la educación pública a la privada. Tanto los docentes como los estudiantes iniciaron tomas de los colegios y paros. Las respuestas por parte de los funcionarios del Macrismo no tardaron en llegar, “en algunos casos la político mete la cola, está muy politizado esto (…) no entendemos que la toma sea la forma de hacer un reclamo” indicó Horacio Rodríguez Larreta a Ambito. Según el actual Jefe de Gobierno, algunos estudiantes marchaban con consignas que pedían la renuncia de Mauricio Macri, por lo tanto nada tenían que ver los reclamos con la educación. Gabriela Michetti también fue contundente en desvirtuar los reclamos: “lo que está pasando es que hay un grupo muy acotado que están entendiendo mal la manera de pelear por algo por lo que genuinamente tienen que pelear (…) alrededor de los chicos hay gente mucho más grande que manifiesta y tienen intencionalidad política“.

 

Macri, entrevista a La Nación en el 2010

Ese 2010, y como era de esperar, la marcha por la Noche de los Lápices tuvo una concurrencia mayor a la común. Las y los estudiantes y docentes marcharon copando las calles porteñas. En ese contexto, Mauricio Macri declaró estar a favor de no pagarle a los docentes que se plieguen al paro y las protestas.

Siete veranos pasaron de esos conflictos, cambió también en el medio quién se sienta en el sillón de Rivadavia – de Roca en realidad- pero el discurso enarbolado por el macrismo continúa siendo el mismo. Durante este 2017, al conflicto entre docentes y el gobierno todavía no finalizó, y recientemente se le sumaron las y los estudiantes que tomaron cerca de treinta colegios. En el mes de Marzo y tras el conflicto en aumento, los funcionarios del macrismo continuaron su lógica argumentativa. Federico Pinedo deslegitimó el conflicto indicando que “María Eugenia Vidal tuvo diez reuniones y seis mejoras de la propuesta inicial [la salarial] y sigue el problema (…) es un camino que se ha politizado y los rehenes son los chicos”.

Alejandro Finocchiaro, Ministro de Educación, tampoco se quedó detrás: “La huelga tiene un salvajismo tal que no se vio desde el año ’88 cuando era presidente Alfonsin”.

Diferentes problemas, mismos discursos

Año 2015, entre miles de personas que juntaban tapitas para el Garrahan, los directivos; médicos y médicas; trabajadores y trabajadoras del Hospital comenzaron diferentes manifestaciones contra el Gobierno porteño, exigiendo que el Macrismo invierta lo que le correspondía presupuestariamente para poder mantener el Hospital abierto. Aldo Haimovich, jefe de terapia intensiva, salió al cruce del actual presidente debido a que durante ese año su administración sólo aportó el 50% del presupuesto que le correspondía a la Ciudad. Según la denuncia realizada, desde Marzo del 2014 a Marzo del 2015, se recortaron 450.000.000 de pesos del presupuesto designado. Macri fue rápido y breve al responder. En Radio Mitre aseguró que ‘están politizados’ y que “cada uno expresa en su momento lo que le parece”  sin adentrarse mucho más. Lo mismo pasó unos años antes, en 2011 y también en el plano de salud en el Hospital Gutiérrez durante un paro de los trabajadores y trabajadoras. “Es un grupo politizado” sentenció Macri en Radio Continental en esa oportunidad.

Repasemos otros momentos en los cuales el macrismo operó despolitizando los hechos políticos en manera sintética:

En 2012 se dio la huelga más larga de las y los trabajadores del Subte. Mientras que el macrismo, a través de Ezequiel Sabor, decidió multar con 4.933.000 de pesos a los huelgistas por no acatar la conciliación obligatoria, las y los trabajadores continuaban una lucha histórica. Mauricio Macri, sin meterse demasiado en el asunto, sentenció que los metredelegados “son una creación del Kirchnerismo y responden las ordenes de la presidenta“.

El INADI, centro de las críticas al gobierno anterior, fue una de las primeras instituciones en las  que el macrismo tomó cartas apenas asumió la Rosada. Javier Buján, su primer interventor, explicó que echar al 20% de la planta (108 trabajadores y trabajadoras) fue una necesidad debido que el instrumento estaba muy politizado y sin estructura más que una punteril.

Durante Julio del 2016 se dio el primer cacerolazo contra el ajuste que lideraba Juan José Aranguren, desde el gobierno deslegitimaron la manifestación popular acusándola de ser kirchnerista y ser “totalmente politizada y opositora”.

El 2 de Abril del Corriente, en reconocimiento a los caídos en Malvinas, Claudio Avruj, Secretario de Derechos Humanos de la Nación, se encontró con familiares de caídos y veteranos y declaró que “La causa de Malvinas no debe ser politizada” al referirse a la identificación de los cuerpos. Como si una guerra causada por la geopolítica internacional y las decisiones de intervencionismo militar no tuvieran ni de asomo algo de política y la identificación de tumbas sin nombre no fuese esencial.

También los yerbateros y yerbateras (ver apartado) fueron deslegitimados este año por reclamar de manera ‘politizada’. Después de una protesta en Plaza de Mayo, Santiago Hardie, Secretario de Coordinación y Desarrollo Territorial del Ministerio de Agroindustria, sentenció que comprendía la justicia del reclamo pero le quitó mérito indicando que al encontrarse politizado y vinculada a grupos minoritarios y el Kirchnerismo perdía valor.

El fútbol y la política siempre presentes

El discurso oficial – y en campaña – del macrismo no fue indiferente en cuanto a la continuidad del Futbol para Todos (FPT) y su condición gratuita. Mauricio Macri aseguró en reiteradas ocasiones que el fútbol continuaría como lo conocíamos. Hoy ya sabemos los resultados de esa promesa, pero volvamos al discurso.

Durante la Campaña presidencial del 2015, Mauricio Macri se sentó en los sillones de BDBA y, entre varias interrogantes, una rondó sobre la continuidad del Futbol para Todos. Su respuesta – además de mentirosa – continúa la lógica aquí analizada: “Si, pero sin política. No vamos a tener que estar en el entretiempo o en el medio del partido de Boca como me pasa ahora que dice ‘no te vayas ahora porque viene 6,7,8, con Anibal Fernández’, ¿Por qué yo me tengo que intoxicar? Estoy en un momento lindo, viendo a Boca. ¿Por qué me tienen que meter la política en el medio?

El fútbol nunca fue un lugar de la política, el futbol fue un lugar de encuentro independientemente de qué partido político estuvieses o religión, o laburo o lugar donde vivieses (…) y ahora se ha politizado todo. El futbol, el campeonato local, todo usándolo con la política de por medio, eso se va a acabar”.

Entrar en esta polémica sería llevar esta investigación a otro nivel, pero es de público conocimiento que la historia del fútbol y la política ha sido una, se ha entrecruzado y armado de manera conjunta, más allá de que – como venimos indicando – todo es política. Sin embargo, Macri se dedicó, básicamente, a hacer política durante su cargo en Boca Juniors y lo más remarcable de su discurso es, tal vez, su concepción que sitúa a la política que no responde a sus intereses en el lugar de ‘tóxica’.

Fernando Marín, coordinador de FPT al inicio de la gestión macrista, ex gerenciador de Blanquicelesta SA y un impulsor de las Sociedades Anónimas en los clubes del país, declaró “no queremos politizar la pantalla”. Además, indicó que el fútbol sería gratuito y llegaría a todos los argentinos sin ningún tipo de política; “habrá un patrocinador principal y no va a estar politizada la pantalla”.

Más allá de las promesas de campaña y su discurso despolitizador, el macrismo aprovechó la primera fecha de clásicos del torneo argentino en su gestión para utilizar los entretiempos de los partidos para publicitar su gobierno en un spot titulado ‘para siempre’ que dejó sin justificación incluso a los trols.

El caso Maldonado y cómo despolitizar lo imposible

Si hay una cosa que el macrismo tomó como premisa en su armado discursivo es la importancia del discurso virtual focalizado y el movimiento en las redes sociales más influyentes, mecanismo y herramienta esencial en la actualidad, pero que poco había sido explotada hasta el momento. Los famosos ‘blogueros K’ de los que tanto se hablaba hace diez años, poca correlación tienen con los ejércitos de trolls, la importancia de los TT’s y el minuto a minuto de las tendencias que guia la agenda del macrismo. La canalizción de herramientas virtuales de opinión e influencia, junto a los famosos estudios de ‘focus group’ y el uso del ‘big data’ configuran una recurso inmejorable para esta fuerza política. En las redes – su cancha – la consigna por la aparición con vida de Santiago Maldonado alarmó al macrismo. Con sólo leer él siguiente titular podemos darnos cuenta:

El macrismo, intentó despegarse de la desaparición de Santiago Maldonado inmediatamente de ocurrida, como también de la represión que la desencadenó y la responsabilidad de la Gendarmería. Por primera vez en su mandato, se vieron atacados no sólo en las calles, sino donde mejor se sabían mover, en las redes. La Campaña por la aparición de Santiago hizo explotar las diferentes plataformas y obligó pronto al gobierno a no continuar con la lógica de la ignorancia al respecto.

Sin embargo, después de dos meses de la desaparición forzada, recién ahora los cañones mediáticos y gubernamentales comienzan a acoplarse – a veces más, a veces menos- al pedido popular de señalar a la Gendarmería. Mientras tanto, el Macrismo hizo lo que mejor sabe hacer, pedir la despolitización de una desaparición forzada realizada por una de las instituciones de un gobierno que ellos manejan.

El Ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, fue de los primeros en declarar al respecto. Luego de juntarse con Organismos de Derechos Humanos indicó a la prensa – que ‘sintió guionada la reunión’ -, “me da tristeza que organismos hayan politizado el caso de Maldonado (…) hay un ánimo de politizar esta situación”.

Por su parte, Sergio Uñac, Gobernador de la provincia de San Juan continuó la lógica: “no hay que politizar la búsqueda de Santiago Maldonado”. Fue, sin embargo, Alejandro Finocchiaro, ministro de Educación, quien, tras la campaña de concientización de docentes de todo el país salió al cruce en la cuestión: “los que somos docentes sabemos cuándo termina nuestro rol docente y dónde empieza nuestro rol político y de adoctrinamiento” sentenció. El Ministro habla como si la historia no fuera un conjunto ordenado de acontecimientos meticulosamente seleccionados por determinadas personas que pretenden cierto grado de adoctrinamiento y expansión de una forma de argumentar y comprender la realidad. Pero Finocchiaro no terminó en esta oración, también agregó: “los docentes deben trabajar sobre temas de actualidad y no adoctrinar (…) una cosa es tratar un tema de actualidad y otra (…) es acusar a una institución del Estado como la Gendarmería, cuando en la causa no aparece ninguna prueba y cuando la fiscal está diciendo que no puede relacionar a esa fuerza con el caso”.

César Torres, diputado de Cambiemos por la Provincia de Buenos Aires, fue aun más lejos en su teoría politizadora. “La abstinencia de poder lleva a algunos sectores a politizar el caso de Maldonado” sentenció durante una sesión en la legislatura bonaerense.

 

La despolitización como recurso constante

Como pudimos analizar en la investigación, el macrismo se ha construido en base a una sólida postura despolitizadora que enfoca la ‘mala política’ (o la política en sí) en una otredad. Existe una política buena, que es reconocida como tal en pocas ocasiones, y una mala, que es la de todos los demás, la de la vida cotidiana y la que nos rodea.

Mientras tanto, el gobierno continúa ensayando una suerte de políticas neoliberales (no confundir con aquellas del menemismo, ocaso de cuarenta años de un modelo y sistema socio-económico) que ha renovado sus perspectivas y herramientas de poder. No podemos ni queremos determinar qué nos depara como país, pero si podemos decir, a ciencia cierta, que como los estudiantes actualmente, y el caso de Santiago Maldonado, el Gobierno continuará en su discurso despolitizante.

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