La arrasadora marcha amarilla

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Fernando Paludi

Fernando Paludi

Redactor at Corriendo La Voz
Casi sociólogo, Menottista y musicalizador ocasional. Redactor en #CorriendoLaVoz
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Ya no son sólo las clases medias de los grandes centros urbanos, se sumaron las clases medias bajas. Ya no son solo los sectores con estudios terciarios o universitarios. Tampoco tienen como exclusividad etaria los “adultos mayores” ni su mapa electoral coincide con los lugares donde el trabajo del campo es el motor económico. Cambiemos arrasó y convirtió al país en amarillo. Provincia por provincia fue estableciéndose como un movimiento políticotriunfal que promete instalarse como la alternativa de derecha a nivel país.

La capacidad de las clases propietarias para apuntalar una hegemonía política por vía electoral fue muy restringida, pero siempre tuvieron una significativa facilidad para generar una hegemonía cultural. Con el resultado a nivel país parece que esta hipótesis se revirtió.

En cada distrito, un nuevo avance

CABA y Córdoba: Continuando con la contundencia de la derecha, en la ciudad de Buenos Aires cuna de este nuevo/moderno partido, Cambiemos tendrá, por primera vez, mayoría absoluta de legisladores. Rodríguez Larreta tendrá el camino despejado para llevar adelante sus políticas al ritmo del metrobus. Elisa Carrió protagonizó una elección histórica: quedó  primera con un 50,93% de los sufragios, segundo quedó Daniel Filmus (21,74%) y tercero Martín Lousteau (12,33%). “Lilita”, que anteriormente la habíamos comparado con el futbolista Teo Gutiérrez, cometió un altercado discursivo, propio del jugador colombiano, cuando ninguneo y se burló cínicamente del caso Maldonado, sin tener ningún reparo en el dolor de su familia. En el mismo instante que Sergio Maldonado estaba al lado del cuerpo de su hermano, durante ocho horas, porque “no confiamos en nadie”; ella decía en su segundo hogar, TN, que Santiago Maldonado era “como Walt Disney”. Sin desconocer la trascendental imagen favorable que tiene la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, no podemos esquivar la pregunta, ¿cómo es posible que tamañas barbaridades de la chaqueña no hayan recibido, siquiera, el castigo con un mínimo porcentaje de votos perdidos? La respuesta es simple, todo politólogo nos diría que es más complejo, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al igual que Córdoba, es más anti peronista que Bracesco y Eduardo Feimann juntos, poco les causa ni causará costo político.

 

En Córdoba, Cambiemos logró una diferencia de 18 puntos, el ex árbitro Héctor “coneja” Baldassi logró una holgada victoria (48,43% de los votos).  Atrás aparece el frente oficialista local, “Unión por Córdoba” (30,51%) y tercero el kirchnerismo (9,72%) que consiguió una banca para el candidato Pablo Carro. Córdoba se consolidó como uno de los distritos predilectos de Macri. Nunca debemos olvidar el desprecio que tuvo el kirchnerismo por esta provincia, solo hace falta recordar la poca ayuda que destinada, ya sea con la coparticipación, en momentos trágicos como inundaciones o en la recordada huelga de policías de diciembre de 2013.

 

 

Las nuevas palizas sufridas por Juan Schiaretti en Córdoba y por Daniel Filmus en la ciudad piden a gritos y llantos que algún sociólogo nos explique la similitud del votante cordobés y porteño. Descartando queno sea el cuarteto ni el fernet lo que los hace tan “gorilas” pido intervención de la ciencia social para buscar respuestas.

Buenos Aires: Los resultados bonaerenses son un retroceso embarazoso para el kirchnerismo, menos por la clásica gravitación de Buenos Aires que por verse  superada Cristina Kirchner, quien nunca había sido derrotada en comicios nacionales. Cambiemos ganó con el peor candidato que tenía y el kirchnerismo perdió con la mejor candidata que tenía. En la provincia de Buenos Aires, lugar donde “se corta el bacalao”, Esteban Bullrich obtuvo el 41,34% de los votos en la categoría de candidatos a senadores nacionales y se impuso por 4 puntos ante la ex presidenta, Cristina Kirchner (37,27%). Al mismo tiempo, Cambiemos incrementa notablemente sus diputados donde ponía en juego solo 3 bancas y terminó ganando 15.

 

 

Es la cuarta derrota electoral del kirchnerismo en los últimos cinco sufragios bonaerenses. Primero fue De Narvaez, luego Massa. En 2015, María Eugenia Vidal les arrebató la gobernación que ahora fue revalidada por el ex ministro de educación, Esteban Bullrich.

El resto de las provincias: No fue una gran elección para los gobernadores que se ofrecen para encabezar la “renovación” del peronismo para 2019. Cambiemos fue victorioso en provincias como Salta, Córdoba, Chaco y Entre Ríos.

El caso de Salta tiene particularidades, los resultados hicieron que el gobernador Juan Manuel Urtubey  pospusiera sus aspiraciones presidenciales para 2019. “Quiero ser parte de un proyecto colectivo más allá de las candidaturas”, señaló. Se dice que pensaba lanzar ese mismo domingo su campaña para la presidencia pero todo terminó en una caída estrepitosa, sus candidatos perdieron 14 puntos de los obtenidos en las primarias. Cuando todavía faltaba mucho para conocer los primeros datos oficiales, el gobernador salteño salió a reconocer su derrota en la provincia y felicitó al presidente Macri, con quien tiene una excelente relación que, sin embargo, no alcanzó para evaporar votos. Lo que iba a ser una fiesta del Frente Unidad y Renovación terminó con la presentación de la renuncia de todos los integrantes del gabinete. El gobernador analizará caso por caso y confirmará si siguen en su cargo o no.

 

 

En Chaco, el peronismo fue dividido, obtuvo menos que en las primarias, y lo pagó con un triunfo del oficialismo nacional. Lo mismo sucedía en Entre Ríos, donde Cambiemos paso la vara del 50%. Perdió Menem en La Rioja, pero fue reelecto como senador, donde Cambiemos creció diez puntos con respecto a las PASO y el radicalismo metió dos senadores.

El peronismo, en tanto, mantenía su dominio en distritos como Formosa, Tucumán, Catamarca y San Juan. También confirmó el triunfo en las primarias en Río Negro y Tierra del Fuego, con un candidato K. En Santiago del Estero era el único lugar donde también se elegía gobernador. Allí, el candidato de origen radical y antiguo aliado al kirchnerismo, Gerardo Zamora logró un contundente 65 % de los votos.

La derrota de las primarias del clan Rodriguez Saa parecía establecer una caída a lo Gadafi pero todo se revirtió. La primavera árabe de San Luis que no fue. Restituyeron de manera sorprendente lo que viene sucediendo hace décadas, la derrota sufrida en las primarias se evaporó, levantaron 15 puntos y se confirmó su histórica supremacía.

En la provincia de Santa Fe, territorio gobernado por el socialismo desde hace varios años, el candidato de Cambiemos desplazó al oficialismo local al tercer lugar. Albor Cantard dio vuelta los resultados de las primarias y con el 38,12% de los sufragios venció al kirchnerismo que se ubicó segundo (25,53%) y el Frente Progresista Cívico y Social (el espacio que componen los socialistas junto con un grupo de radicales rebeldes), llegó al 14,43%.

 

Nada detiene su marcha

El bipartidismo está más vivo que nunca y es lo que caracteriza al mapa electoral de nuestro país. De los 23.214.180 votos afirmativos, Cambiemos se llevó 10.077.575 votos y Unión Ciudadana cosechó 4.732.520. Así, entre ambos reunieron el 64% de los votos y polarizaron la elección.

La victoria de Cambiemos parece que hará acabar el maleficio del presidente no peronista ni militar que concluya su mandato. El resultado de las elecciones del domingo dejó una sentencia clara para todo el aparato del oficialismo: Macri empieza su camino hacia la reelección. El macrismo gana peso institucional, se revalida, es el mejor colocado en una larga carrera hacia las presidenciales de 2019. Igualmente hay que bajar los decibeles porque dos años es demasiado. En 1985, en las elecciones de medio término, Alfonsín había logrado el arrasador triunfo en el quinteto de distritos más importantes, al igual que el domingo, y no logró sostenerlo en el tiempo; hay que señalar que luego de esa recordada elección al presidente radical le quedaban cuatro años de mandato y no dos como a MM. Aunque esté lleno de radicales, éste no es el tercer gobierno radical por lo que parece que se afianzó un nuevo partido de derecha, con fuerte huella de los sectores más acomodados del país.

Este arrollador triunfo, en una semana de duelo, habla mucho más de nuestra sociedad que del gobierno mismo; el oficialismo que reprimió la manifestación a la cual sucedió la desaparición-aparición sin vida de Santiago Maldonado, ganó las elecciones en 14 provincias. En democracia, este éxito da derecho pero no convalida la represión ni justifica una muerte por la represión. El desgraciado destino de Santiago Maldonado no afectó las chances del gobierno, dejando claro que las responsabilidades que le caben al Estado argentino cuando se trata de reprimir a sus ciudadanos parecen dividir una vez más las aguas al interior de nuestra sociedad.

El macrismo fortaleció su dominio cautivando a los sectores medios. Las clases medias hallaron definitivamente un instrumento político apto para gobernar y no sólo para representarlas. Pero que Cambiemos tenga este marcado sesgo social no significa que no sea una coalición policlasista, los resultados electorales lo confirman, ganaron en partidos del conurbano bonaerense que hace tiempo atrás hubiese sido impensado, sumado a que en CABA ganaron en todas las comunas y que se impusieron en provincias históricamente peronistas. Queda claro que su base electoral atraviesa todo el entramado social. Entonces queda por analizar ese mensaje, discurso, gestos y modos que atrae a todos, hasta lo que son claramente perjudicados por sus políticas que desarrollan en lo cotidiano, nadie ni el menos informado desconoce que se vendrán aumentos en servicios, nafta, transporte y que la inflación sigue su curso. 

Con el puntal del poder económico y de los grandes medios fortaleció su capacidad para distanciar la situación socioeconómica inmediata de las preferencias electorales, parece que Cambiemos está logrando establecer una perspectiva a largo plazo; una lógica que sería así: “estos dos años se produjo un deterioro social en mi vida, pero lo anterior era una ilusión entonces soportando esta embestida saldré adelante con una mejora económica real”.

La aplanadora electoral acerca la agenda posible del Presidente a su agenda deseada. El triunfo dará aire al Gobierno para encarar las “reformas” que anticipó para después de las elecciones. Todavía tendrá que negociar las reformas legislativas. Enfrentará a una liga de condicionados, la de los gobernadores y el sindicalismo. Esta el trayecto accesible para esgrimir un bisturí de modo unilateral. Pero hay que estar atentos a la lectura que hace el oficialismo de su victoria, lo premiado fue el ajuste gradual, sería delicado aplicar “reformas” categóricas en estos meses porque estarían dilapidando esa confianza que la sociedad le dio en las urnas. El plan deberá incluir reformas negociadas, graduales, segmentadas. El destino del gobierno está, por primera vez, en sus propias manos.

 

La vieja profecía incumplida del fallecimiento del peronismo, en esta ocasión como pocas veces estuvo cerca de convertirse en realidad. Pero el peronismo concedió la derrota, no hay golpismo y siempre se vuelve a empezar, hoy nadie sabe cómo rearmarlo ni con quien establecer alianzas. Teniendo presente este panorama podemos afirmar que CFK perdió pero también ganó. Se afianza como la opción opositora con mayor caudal de votos. Unión Ciudadana con sus 4.732.520 de boletas en las urnas de todo el país vigorizó su posición de primera fuerza en la interna peronista. Conquistó resultados inesperados en Tierra del Fuego donde ganó. Sus candidatos salieron segundos en Salta, Santa Fe, Santa Cruz y Capital Federal y tuvo buenos resultados en Neuquén y Chubut.

 

Hay que destacar que en CABA y Buenos Aires logró establecer más diputados en la cámara que en el 2015. “Unidad Ciudadana ha venido para quedarse y será la base, no la totalidad, de la construcción de una alternativa a este gobierno”. Este mensaje proponiendo la unidad pero desde su alianza demuestra que Cristina sigue siendo una líder significativa que nadie puede ni debe ignorar. Pero a Cristina Fernández de Kirchner la festejan desde los dos polos. De igual forma es un agasajo para Cambiemos porque todo movimiento político que tenga a la ex presidenta como imagen principal tendrá un techo imposible de atravesar.

Una oposición casi totalmente a la deriva con el subrayado y presentido de que, con el núcleo duro K, no alcanza ni por asomo para trazar el futuro peronista tanto como que, sin el kirchnerismo y su encarnación total en la figura de CFK, tampoco puede imaginarse un rumbo alentador del peronismo frente a 2019. La ex presidenta celebró el crecimiento de la fuerza respecto a las primarias. Los grandes derrotados en el peronismo fueron los más próximos al macrismo, a los mencionados Schiaretti y Urtubey; le sumamos otros opositores como Massa y Randazzo que no dejan de despilfarrar votos en la carretera, perdón Sergio “en la amplia avenida del medio”.

Sergio Massa es la clara muestra que la política es mucho más que los personalismos,  que las estructuras políticas son las que establecen que esa figura se establezca como candidato sustentable. Desde aquella fallida alianza con el radicalismo, cuando estos decidieron encaminarse detrás del PRO en aquella recordada convención de Entre Rios, que el ex intendente de Nordelta no deja de caer en picada. Massa parece obligado a presentarse en todas las elecciones que se disputen y lo que habría que explicarle es que cada elección va perdiendo un millón de votos. Hasta se dio el lujo de ser vencido en su refugio lleno de cámaras de seguridad: Tigre. Perdió muchos de los puntos que fueron hacía Bullrich, aún así le quedaron un millón de votos, que no es poco, pero su partido perdió nueve bancas en Diputados. Muy vapuleado. Al menos, por el momento, le queda Intratables, donde siempre será bien recibido para que pueda rearmarse.

 

El caso Florencio Randazzo ya merece ser tratado por la astrología. Está destinado a ser ese político que todos nos preguntamos: ¿qué hubiese pasado si decidía otra cosa? Sus frustradas negociaciones con CFK abren nuevos interrogantes, distintos a los de 2015, ya no pensamos en él como ese gobernador que no fue sino que ahora no queda claro si los votos de Randazzo, los irrisorios que conquistó, son inciertamente sumables a una orientación opositora o, tan sólo, consisten en un resentimiento anti K. Lo que queda sumamente dilucidado es que “era por abajo Florencio”.

Dentro de esta consolidación del partido más representativo de la derecha, hay que apreciar al Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Comenzando por un verdadero batacazo de Alejandro Vilca (PTS) en Jujuy, pero también con el fortalecimiento mendocino, llegando casi al 12 % de los votos, demostrando que el FIT es una real alternativa en esa provincia. Buenas elecciones en Neuquén y otros distritos. Nicolás Del Caño y Romina del Pla lograron sus respectivas bancas en diputados en la provincia de Buenos Aires, obteniendo más votos que el partido de Cumplir de Randazzo.  En CABA, la lista encabezada por Myriam Bregman logró consagrar dos bancas en la Legislatura. Son pasos lentos pero consistentes que permiten ir estableciendo una alternativa concreta de lucha para los próximos embates del oficialismo y ante las reformas salvajes que se avecinan. El FIT mantiene sus 4 diputados.

 

Dejamos para lo último como quedarán conformadas ambas cámaras ya que vendría a ser la consecuencia no deseada de la acción, el votante no mete en la urna su boleta especulando en cómo quiere que quede conformado el senado sino que lo hace dando su apoyo al oficialismo, criticando la políticas que están llevando a cabo o contra una figura política que lo espanta.

Cambiemos va a tener un bloque de 23 senadores sobre 72 bancas, alcanzando un tercio, de las cuales 12 son del Radicalismo. En diputados, Cambiemos incrementará su bloque de 86, que junto a tres aliados alcanza los 89, a 108 diputados sobre el total de 257 bancas, no tendrá quórum propio; en tanto que el Frente para la Victoria continuará como segunda fuerza con 67 bancas, cuatro menos que las que posee actualmente. Con sus aliados se mantendría en 71 bancas.

Luego de todo el análisis de los resultados podemos establecer que se rompió definitivamente aquella representación estable que tuvieron los partidos entre 1946 y 1983, la clase media votaba al radicalismo, en tanto que la clase trabajadora y los sectores más pobres, tanto urbanos como rurales, se inclinaban mayoritariamente al peronismo. El voto ya no es exclusivo de un sector social sino que todo se volvió difuso y se apunta a convencer a todos los sectores sociales, por esta razón es que los grandes temas y la imagen de los políticos son los protagonistas, ya no se habla de temas programáticos o ideológicos. La publicidad y el marketing dominan todo discurso político, trayendo como consecuencia una baja considerable en el nivel discursivo del político medio. En la “democracia de audiencias” es donde mejor se desenvuelve esta serie de políticos macristas que saben afinadamente que es menos importante llenar la cancha de Racing Club en plena campaña que ir a un programa de televisión donde te llenen de flores y te hagan sentir como un ser humano común con los intereses y preocupaciones que todos sufrimos en lo cotidiano.

El lenguaje político se transformó en algo vano, carente de explicación y entendimiento. No hay una revolución del lenguaje político sino que hay una adaptación a una nueva forma de democracia que está cerca de la gente desde el lado más insípido. Del discurso hipertextual de Cristina Kirchner ya no queda absolutamente nada y ella misma se adapta al discurso insustancial de Macri. Esta es la nueva era democrática, este es el juego que muy bien sabe desplegar el nuevo gobierno. Lanzando una y otra vez, posturas concretas que parecen convencernos a todos. La baja en la edad en la imputabilidad, la expulsión al inmigrante que delinque y la insistencia en reprimir las manifestaciones aunque terminen causando catástrofes no son más que populismos de siglo de XXI. Bajo esta nueva concepción de la democracia y de la política contemporánea podemos establecer que Cambiemos es el partido más moderno y que mejor leyó el rumbo a seguir, por esa razón se impuso en las últimas elecciones.

El gobierno de Macri se convierte en primera minoría y con el envión del laurel electoral. Lo trascendental es ver si logran establecerse como una potencia hegemónica capaz de transformar sus valores en dominantes. Hay varios elementos alarmantes que comienzan a exponer que esto se va implantando paulatinamente. Bienvenidos a la era de las “democracias de audiencias” donde la notoriedad del político es más importante que sus ideas, donde el carisma y la empatía son más efectivos que su capacidad discursiva, para muestra sobra un Esteban Bullrich. Esto es Cambiemos, es el populismo del siglo XXI.

 

Los más votados del país:

Graciela Ocaña 3.896.150 (Desapercibida)

Esteban Bullrich 3.878.250 (Escondido)

Cristina Fernandez Kirchner 3.491.136 (Ganó y perdió)

Vallejos 3.348.210 (Inadvertida)

Sergio Massa 1.061.207 (Golpeadísimo)

Miguel AngelSolá 1.019.090 (¿Quién?)

Elisa Carrió 974.886 (Indestructible)

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