#SomosTelam “Télam es estar conectado con quienes son parte de nuestra identidad”

Blas Martin

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Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
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El comunicado oficial del directorio de Télam, así como las diferentes declaraciones públicas y privadas de sus autoridades, justifica el despido del 40% de su planta de trabajadores y trabajadoras por un supuesto uso de la agencia pública en función de intereses políticos partidarios. La imagen que se comunica, de una agencia convertida en una cueva de militantes políticos, se desarma cuando se contrasta con la realidad de los y las trabajadoras despedidas. Desde Corriendo la Voz nos proponemos conocer esas historias, en una charla cara a cara con los mismos trabajadores en el marco de la ocupación pacífica de las instalaciones.

María Aguirre trabajó veintitrés años en Télam. Entró como colaboradora en 1995. Desempeñándose hasta hace pocos días en la sección Política, aunque pasó también por la sección Sociedad, por la página web y estuvo acreditada varios años en el Congreso de la Nación. “He cubierto de todo”, admite en un rápido panorama por su carrera periodística en Télam.

– ¿Alguna cobertura que recuerdes puntualmente, que te haya quedado como un buen recuerdo de la profesión?

– Recuerdo la sesión del voto no positivo de Cobos. Pero a mí lo que más me gustaba hacer fue lo que hice en el último tiempo. Hace más o menos dos años, la nueva gestión me puso en un grupo de notas especiales, que eran notas de más profundidad. Realmente lo disfruté un montón porque eran notas sobre cuestiones que tenían que ver con un mayor roce social en la calle: déficit habitacional en la Ciudad de Buenos Aires, personas en situación de calle, adolescentes detenidos en todo el país. Esas eran las notas que yo disfruté muchísimo. Un año duró ese trabajo: esa misma gestión que me puso en ese grupo, cerró la sección, no les interesaba más ese tipo de notas, y me devolvieron a la sección Política. Y acá estamos.

 

 

 


– ¿Cómo te enteraste que te despidieron?

– A mí me avisaron de mi domicilio anterior que me había llegado un telegrama, y acá ya era vox populi que estaban llegando los telegramas. Lo fui a buscar y el viernes nos depositaron la liquidación.

– ¿Hubo algún contacto con algún funcionario o autoridad de Télam, alguien les dio algún tipo de explicación?

– No. Yo intenté hablar con el Jefe de Redacción, y a través de otra persona me mandó a decir que no podía hablar, que estaba muy mal por todo lo que había pasado, y no pude hablar. Después los jefes más directos de la sección Política llamaron a uno de los tres que fuimos echados en la sección, un compañero mío; yo tengo una llamada perdida. Seguramente ellos estaban al tanto, por lo menos diez días antes deberían haber sabido lo que estaba por pasar, y esos diez días uno estuvo ahí compartiendo espacio, tiempo, bromas o lo que fuera, y con esa frialdad. Ese llamado perdido yo no lo devolví porque… qué podía decirle. Me parecía siniestro. Esta es una agencia que somos todos laburantes, y a todos nos encanta lo que hacemos. Yo en 23 años nunca perdí el deseo de hacer cosas y abordar temas distintos.


– Uno de los argumentos que utilizó la gestión para despedir 354 trabajadores fue que se estaba utilizando la agencia con fines político partidarios. ¿Qué pensás de la postura oficial?

– Acá cambian los gobiernos, cambian las gestiones, es parte de lo habitual que también uno conviva con gente que se identificó con determinado gobierno. Hay gente que está acá desde el gobierno de Alfonsín, hay y un montón de gente que tiene afinidad con el  radicalismo, o con un sector del radicalismo, porque el radicalismo tiene todas sus variantes. Nosotros somos profesionales, sabemos trabajar con jefes radicales, peronistas, porque es nuestro laburo. Nuestro laburo se lo mandamos a otros medios, no es que se lo mandamos a la gente; lo que nosotros decimos llega a otros medios. Y además si yo hiciera una nota que estuviera sustentada con mis ideas políticas, yo tengo dos instancias que la corrigen, la dan vuelta, o directamente la pueden censurar. De hecho, ha pasado. Hace muy poco no salió una entrevista a Ricardo Alfonsín, de mi sección. Una entrevista que había sido acordada con el jefe, que había dado el visto bueno. Después, como era Alfonsín criticando el acuerdo con el FMI diciendo que ese acuerdo era producto de un sinfín de errores cometidos por el gobierno esa nota no salió.

– ¿Dieron alguna explicación por ese caso?

– Sí: que Alfonsín no tiene cargo partidario ni legislativo. Pero esa es una apreciación personal, porque tiene un peso periodístico Alfonsín. Debe ser uno de los radicales que más se ve en cualquier medio. La otra argumentación fue “sus declaraciones son un conjunto de pareceres…”. La respuesta de mi compañero fue “¿qué es una entrevista sino un montón de pareceres y opiniones del entrevistado?”. Bueno, estas cosas pasaban, y cada vez un poco más. De hecho, mis notas en aquella sección especial de la que formé parte, dejaron de gustar, porque yo quería hablar de cosas que no gustaban: hablar de las personas en situación de calle, del aumento que hubo en los últimos tres años… Y eso es lo que choca, porque es el discurso de “somos profesionales”, pero somos profesionales en lo que nos interesa. Hay que resaltar esto: uno no puede desconocer el lugar donde trabaja, vos sabés que acá con puteadas al presidente, a este ni al anterior ni a ninguno, porque sos la Agencia estatal. Ahora, no lo podés como opinión personal, pero si hay todo un arco opositor que putea, no podés desconocer eso. Porque ahí ya no estás haciendo periodismo. Además, uno cuando escribe tiene formas de manejar el peso de lo que se dice. Somos profesionales, sabemos hacerlo eso.

La charla se da en el primer piso del edificio de Belgrano 354, sede que concentra la actividad periodística de la Agencia. A metros, en otra oficina, entre colchones y bolsos, se armó un mini estudio de fotografía en el que retratan a cada trabajador. La ocupación es realizada tanto por trabajadores despedidos como aquellos que fueron “bienvenidos” a la “nueva Télam”, que apoyan fuertemente el reclamo de sus pares. La voz de Aguirre se entrecorta cuando se le pregunta cómo le afectó personalmente el haber sido despedida. Se desnudan ahí los efectos que ningún funcionario parece tomar en consideración.

– Personalmente, fue como una trompada desde atrás que no esperabas que te iba a llegar. Así como hay diez millones de historias, yo tengo una hija a cargo desde siempre, mi marido se murió cuando mi hija era bebé, y tengo mi papá de 93 años a cargo. Por lo cual, estoy en el horno.

– ¿Por qué es importante defender estas fuentes de trabajo y la Agencia Télam?

– Es importante más allá de lo que es la Agencia Télam. Es la herramienta que tienen un montón de medios chicos, del interior del país, que realmente necesitan. No es lo mismo para ellos tener Télam que no tener Télam. Es una forma de estar conectado con el otro, con quienes son parte de nuestra identidad, nosotros creo que somos un eslabón que favorece esta idea de unidad, de identidad y de conexión con nuestros pares, con nuestros hermanos de todas las provincias, y que su valores culturales, sociales, sus pareceres y padeceres sociales, políticos, económicos, circulen. Y Télam es un eslabón fundamental para que eso suceda.

– ¿Cómo te imaginás la Agencia funcionando con una reducción del 40% de la planta?

– No entiendo qué pueden llegar a hacer con eso. A menos que quieran que sea una oficina de redes sociales, no sé. Tal vez privatizándola antes de terminar el mandato, por ahí quieren hacer un paquetito chiquito, mediático, que lo vendan y que reemplace a DyN para algún multimedio, no lo sé.

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