Vandalismo mediático

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Tras la multitudinaria movilización por la aparición con vida de Santiago Maldonado del pasado viernes y el carácter pacífico de cientos de miles de manifestantes, la violencia se hizo presente. Desde el operativo policial, plagado de agentes de civil infiltrados, hubo una cacería que se extendió a varias cuadras de la Plaza de Mayo y el Cabildo, que tuvo como uno de los objetivos detener a quienes se encontraban registrando los hechos, incluídos dos comunicadores de la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA). Gran parte de los medios hegemónicos buscó, durante el fin de semana y ayer, centrar el foco en las pintadas y graffitis sobre el Cabildo y dando por hecho que las 31 personas detenidas fueron quienes lo hicieron, acusándolas automáticamente de vándalos. ¿Quienes fueron los vándalos? Por Ramiro Giganti, para ANRed / Videos: Ernesto Gut, Mucho Palo Noticias y RNMA.

El acto convocado para las 17 horas del viernes pasado en Plaza de Mayo ya había reunido a miles de manifestantes en la plaza antes de las 16:30 y columnas que concentraron para llegar marchando en las inmediaciones de la plaza. Un ambiente pacífico y familiar se mantuvo en la plaza, donde hubo conciertos musicales, y tuvo como orador a Sergio Maldonado, hermano de Santiago, quien pidió una investigación seria e imparcial. La entereza de Sergio contrasta con la agresión mediática sufrida, agravada por la lógica angustia generada por la desaparición de su hermano. Pero el comportamiento tanto de la familia de Santiago Maldonado como de cientos de miles de personas movilizadas en todo el país solo podría ser desplazado por una sucesión de hechos vandálicos.

Los primeros hechos de vandalismo fueron provocados por numerosos policías de civil que golpearon y atacaron deliberadamente a quienes filmaban o registraban imágenes de los hechos. Fueron muchos los trabajadores de prensa gaseados o golpeados por policías en distintos episodios durante la desconcentración alrededor de la Plaza de Mayo, además de la detención arbitraria de los comunicadores Juan Pablo Mourenza y Ezequiel Hugo Medone, miembros de la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA).

Dos trabajadores de la Televisión Pública y una movilera de Canal 13/TN recibieron gas pimienta en sus rostros arrojados por la policíaPedro, fotógrafo integrante de la “Colectiva Fotografía a Pedal” recibió un balazo de goma en la nuca.

También detuvieron al fotógrafo Marcos Guerra, quien gritó “soy de prensa” y aún así fue detenido.

Video sobre la brutal represión contra los asistentes y periodistas tras el masivo acto por la aparición de Santiago Maldonado. Se observa cómo balean y detienen a fotógrafos sin motivo. ¡Fuera Bullrich YA!

Posted by Ernesto Gut on sábado, 2 de septiembre de 2017

Si bien no hubo represión, situaciones irregulares y de infiltraciones también se pudieron registrar en la movilización por la aparición con vida de Santiago Maldonado en la ciudad de Córdoba (donde el jueves pasado también hubo allanamientos policiales masivos y simultáneos a espacios de organizaciones sociales y políticas), con personal de las fuerzas represivas disfrazadas de periodistas.

El vandalismo siguió en las publicaciones y editoriales de varios medios hegemónicos y periodistas con un enfoque carente de sensibilidad, preocupado más por cuestiones materiales como una pared que por la desaparición de un ser humano o 31 detenciones arbitrarias e ilegales con causas inventadas.

Ese enfoque se apoyó en su totalidad en reproducir el relato de las mismas fuerzas de seguridad que ejercieron el vandalismo en el operativo represivo, dando por hecho que los detenidos son quienes realizaron los destrozos y que la principal noticia eran esos destrozos.

El vandalismo se extendió en canales de noticias como América 24 y TN, al igual que en la portada de “el gran diario argentino” del día siguiente a la masiva movilización, corriendo del eje el reclamo por desaparición forzada de Santiago Maldonado.

Sobre politización y subjetividad periodística

“Miente miente que algo quedará” (Joseph Goebbels)

Si bien no es nuevo, se viene incrementando un uso del adjetivo “politizado” con la intención de descalificación, como si las líneas editoriales de los medios hegemónicos no lo fueran. El enfoque en las pintadas de las paredes del Cabildo y la acusación deliberada de un actor político como autor del “destrozo” sin tener la certeza de su autoría tiene otros antecedentes en la historia.

El 27 de febrero de 1933, en la ciudad alemana de Berlín, un incendio tuvo lugar en la sala de sesiones del edificio del Reichstad donde funcionaba el parlamento. El atentado tuvo un acusado inmediato: un joven albañil holandés y comunista llamado Marinus Van Der Lubbe. Tras una exhaustiva búsqueda la policía arrestó a Van Der Lubbe en las inmediaciones del incendio, luego el flamante canciller Adolf Hitler instó al presidente Paul Von Hindemburg a que firmara un decreto de urgencia para suspender las libertades civiles con el fin de contrarrestar la confrontación despiadada del partido comunista alemán. Van Der Lubbe fue torturado y bajo tortura confesó haber sido el culpable, para luego ser ejecutadoEl incendio fue utilizado para una persecución de opositores que terminó instalando al partido nazi en el gobierno alemán. Las posteriores investigaciones de estos episodios tienen como hipótesis mas fuerte la del autoatentado que señala al partido nazi como autores del incendio. Actualmente en el museo bajo la cúpula de Reichstad se sostiene como la hipótesis mas probable la del autoatentado y la inocencia de Van Der Lubbe.

Aquel accionar del partido nazi es reivindicado subliminalmente cada vez que la acusación por destrozos sin las pruebas pertinentes hacia disidentes políticos se hace publica y se difunde como verdad. Tras la represión policial del viernes pasado en la Ciudad de Buenos Aires, mientras en las redes sociales se viralizaban videos que evidenciaban, tanto la existencia de policías de civil infiltrados, como las detenciones arbitrarias hacia quienes registraban lo ocurrido, el eje en muchos de los medios hegemónicos seguía afirmando que los detenidos eran los culpables de los destrozos y que la principal noticia eran los destrozos y no la desaparición forzada de Santiago Maldonado o las 31 detenciones arbitrarias plagadas de irregularidades.

Desde las entrevistas realizadas en distintos programas del canal América 24 se utilizó, tanto el adjetivo “politizado” como “subjetivo”, para silenciar entrevistados en los pocos casos en donde tuvo la palabra una voz que no es la de un funcionario del gobierno o un “panelista” que funciona igualmente como vocero gubernamental. Desde el adjetivo “politizado” se desvió el eje de las declaraciones de Ismael Jalil, abogado e integrante de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), en una entrevista realizada el pasado domingo 3 de septiembre en los tribunales de Comodoro Py. Algo similar había ocurrido el día anterior cuando el móvil de América 24 llegó a la comisaría de la Comuna 15, donde organizaciones sociales, políticas, antirrepresivas y artísticas, junto a la RNMA, se manifestaban por la liberación de las y los detenidos con una radio abierta y diversas actividades culturales. América 24 entrevistó a un vocero de la RNMA, a quien desde la entrevista se lo buscó provocar, acusando una y otra vez a los/as detenidos/as de violentos/as y al entrevistado de tener un enfoque “subjetivo”. Sin embargo, al ver el ambiente festivo y no violento de la protesta, con grupos musicales y diversos números artísticos, el móvil se quedó un rato más mostrando la preparación de una olla popular y luego optó por retirarse, probablemente ante la insatisfacción por no haber logrado cubrir el hecho de violencia que quizás buscaban.

Denigrar el oficio

Tras dos días de estar detenidos/as e incomunicados/as, durante los cuales circularon las calumnias mediáticas anteriormente mencionadas que acusaban a los/as detenidos/as de “violentos” sin certezas, las indagatorias arrojaron incongruencias en la información brindada por el personal policial que participó del operativo. Uno de los detenidos fue un docente llamado José Domingo Morales quien, según las actas policiales, fue detenido mientras intentaba derribar una valla en Plaza de Mayo. Sin embargo, pudo probar (mediante un ticket) que estaba en una pizzería en Avenida de mayo y 9 de Julio. Esta incongruencia es similar a lo ocurrido con las detenciones de Juan y Ezequiel (miembros de la RNMA) en el cruce de Avenida de Mayo y San José, en las inmediaciones del Congreso Nacional, que desde los medios alternativos se ha informado y denunciado, mientras desde otros medios se seguía reproduciendo como una única verdad la voz de los informes de la fuerza policial.

Sin embargo, ante las pruebas, el cerco mediático volvió a ceder y lentamente hay quienes empiezan a virar su enfoquebuscando apartarse de las recientes calumnias y la manera en la que fue denigrado el oficio del periodista: ese de indagar e investigar diversas fuentes y no reproducir un único enfoque, que además es el que responde a los sectores dominantes.

La tendencia a poner el foco en la victima se viene dando con mucha frecuencia: desde la desaparición de Santiago Maldonado, hasta los casos de violencia machista, la criminalización de jóvenes y niños (como ocurriera con el espurio informe sobre “el polaquito”), o los ataques a los pueblos originarios. El foco hacia los medios alternativos fue en la misma dirección, pero la falta de argumentos puso en evidencia la ignorancia de los acusadores al enfrentarse a quienes ejercen ese oficio que desde muchos medios se denigra: el oficio del periodista.

Para no desviar el eje, y con los detenidos en libertad, resulta pertinente cerrar esta nota con la información mas importante, de la que ningún comunicador debe alejarse: Santiago Maldonado, su desaparición forzada y el reclamo por su aparición con vida ya.

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