Crónica de una represión anunciada

Imagen de Emponderados que captura momento de la crónica
Gisela Romagnolo

Gisela Romagnolo

Periodista | Editora de la sección Polítoca y Sociedad.
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El primer día de septiembre cayó viernes y se cumplió, con él, un mes de la desaparición de Santiago Maldonado. La cita, convocada por organizaciones sociales, políticas y de Derechos Humanos era una llamada al reclamo pacífico de aparición con vida del artesano de 28 años que lleva ya, más de un mes desaparecido.

Toda la semana se escucharon “rumores” por no decir “campañas”, desde las redes sociales o los medios de comunicación y algunos opinologos mediáticos, sobre la posibilidad de “disturbios” o “incidentes” al momento de la movilización. Muchos conocidos, con los que hablaba antes de ir a la plaza me recomendaban tener cuidado, muchas eran mujeres que recordaban la represión imprevista en la movilización del pasado 8M.

Salí temprano del trabajo y caminé hasta Av. de Mayo y Bernardo de Irigoyen, el punto de encuentro con mis compañeras, fui caminando por las calles de adentro, pasé por el centro de Plaza de Mayo, que ya a las 16.30 estaba vallada y organizada para el acto. Mientras caminaba lento, porque estaba con tiempo – algo que no me suele suceder- miraba alrededor y veía la clara diversidad de edades, tonos políticos, organizaciones y autoconvocados y autoconvocadas que iban copando las inmediaciones de la plaza. Me sentía acompañada en el reclamo, mi sentimiento de solidaridad con la causa aumentaba con cada paso. En el camino tres chicas se dedicaban a hacer y  repartir serigrafías en telas con la imagen de Santiago, y me acerqué para pedir una para mi bolso.

Cobertura de CLV de la marcha. http://corriendolavoz.com.ar/fotogaleria-santiago-maldonado-nos-falta-hace-un-mes-y-un-dia/

Llegué al punto de encuentro y me encontré con dos de mis compañeras. Una de ellas me dio un cartel con la imagen de Santiago y la pregunta que retumbaba como eco por todo el País ya- y en otros países inclusive- ¿Dónde está Santiago Maldonado?

Nos quedamos sentadas media hora hasta que llegó el resto. Mientras estábamos allí hablábamos entre nosotras de lo necesario que resulta visibilizar estos reclamos hacia un nivel superior. Si bien todo un país se hace la misma pregunta, sigue sin haber respuestas y como resultado se comienzan a manejar –o inventar- teorías cada vez más descabelladas.

Comenzamos a caminar juntas por Av. de Mayo con dirección a la plaza y nos envolvía una sensación de encuentro necesario, rodeadas de saludos, de abrazos. Nos emocionamos mirando la cantidad de gente que caminaba junto a nosotras, cantamos cada consigna con convicción, por momentos se nos entrecortaba la voz al gritar “vivo lo llevaron, vivo lo queremos”, toda la avenida completa de imágenes de Santiago y familias enteras llevando carteles en alto reclamando “queremos saber dónde está”.

Fui testigo de gente mayor agitando su puño al cielo y con la mirada cargada de agua, apuntando a la multitud con gesto de orgullo. Mientras los observaba pensaba que muchos de ellos ya pasaron por épocas nefastas  y ni por asomo quieren volver a vivir, pensé que son conscientes de su contexto y de este tiempo y por eso siguen saliendo a la calle, porque a donde ir sino. 

Lo que siguió fueron repeticiones de lo mismo, vaivenes de momentos entre emoción, tristeza y encuentros de compañeras y compañeros de amigos y amigas, de esa mirada que se repite, que casi siempre es la misma, es de esa que enfoca, que no se inclina y apunta al piso, esa mirada que te devuelve el gesto, que te provoca una sonrisa cómplice.

Cobertura de CLV de la marcha. http://corriendolavoz.com.ar/fotogaleria-santiago-maldonado-nos-falta-hace-un-mes-y-un-dia/

Me encontré con varias de esas miradas, que tengo el gusto de ver cada vez que salgo a la calle y una vez más sonreí cómplice de sentirme en el lugar preciso, acompañada de personas necesarias.

Alrededor de las ocho de la noche, nos reunimos en círculo entre mis compañeras con la percusión que nos acompañaba de fondo para fundirnos en un abrazo profundo y sentido, de esos que te devuelven la certeza de la necesidad de apoyar estas causas y saberse acompañada en el camino.

La plaza hasta ese momento estaba en total tranquilidad y rodeada de gente que lentamente comenzaba a desconcentrar en las diversas calles de alrededor. Insisto en repetir que se veían muchas familias enteras y variadas en edades alejándose hasta perderse entre la gente.

La famosa calma que antecede la tormenta

Comenzamos nuestra desconcentración también por Av. de Mayo, con dirección a 9 de Julio para juntarnos a comer y tomar algo en un bar al que, luego de cada movilización, nos acercamos. El entorno, estaba tranquilo, caminábamos pausadas, mirando nuestros celulares, mirando alrededor cada cartel, o foto en la que aparecía Santiago. Paramos unos minutos en el paseo de los artesanos para dejar nuestra huella con acrílico sobre un lienzo que los artesanos prepararon. En ese momento me encontré con mi hermano, que terminaba de despedir a unos amigos que se movilizaron junto a él. Se unió en la caminata hacia el bar y me contaba que se sentía triste por lo que nos pasaba, que la desaparición de Santiago nos pesaba a todos, hablamos un rato de lo importante que es que estemos presentes en la plaza pero que sentíamos que pese a la presencia de casi 300 mil personas, necesitamos acciones concretas porque no se puede vivir con este nivel de impunidad.

Llegamos al bar, estaba colmado de gente. Mientras esperábamos nos enteramos -a través del mensaje de una compañera – que habían comenzado a reprimir a la altura de la plaza. Ellas habían salido corriendo en dirección al bar para encontrarnos. Llegaron bien, un tanto exaltadas pero bien, armamos un círculo allí al costado de las mesas y las percusionistas y los percusionistas comenzaron a tocar ahí mismo. La gente desde las mesas se sumó a nuestro festejo, llegaron las cervezas y nos quedamos haciendo un poco de ruido, algo más de diez minutos.

Cobertura de CLV de la marcha. http://corriendolavoz.com.ar/fotogaleria-santiago-maldonado-nos-falta-hace-un-mes-y-un-dia/

La música fue cesando y los músicos se despidieron uno a uno y emprendieron la retirada. Algunos quedamos en círculo charlando y poniéndonos de acuerdo hacia dónde ir. Mientras decidíamos empezamos a escuchar ruidos a sirenas, nos acercamos hasta la esquina y pudimos ver una hilera de policías en sus motos, ya casi en la esquina. Con mi hermano supusimos que seguirían de largo, sin detenerse. Supusimos mal. Al voltear nuevamente al bar ya no encontré a mis compañeras. En su lugar había una docena de policías en toda la calle.

Sin mediar palabras, a puro gases y balas

De pronto, en menos de cinco minutos, todo se convirtió en caos. Tres chicos, pedían a los gritos una ambulancia mientras llevaban arrastrando a una chica herida de bala de goma. La policía, lejos de detenerse, respondió con gases para todos. Hasta ese momento estábamos en la vereda y algunas personas comenzaban a levantarse de sus mesas para filmar o sacar fotos de lo que sucedía. No pudo ser por mucho tiempo ya que las efectivos empezaron a agarrar brutalmente a los que sacaban fotos o filmaban, incluidos aquellos que, como mi hermano y yo, teníamos las manos en alto con el afán de que sigan de largo. Ingenuos nosotros. Eso nunca pasó. Nos empezaron a empujar a todos hacia la puerta del bar y trataron de llevarse a rastras al mozo que intentaba entrar las mesas en medio del desastre. No me olvido de su reacción instantánea cuando le manotearon la remera entre dos “estoy trabajando, soy el mozo”. El dueño del local apareció corriendo desde atrás y metió al mozo adentro, luego de que los efectivos le pagaran una patada para correrlo de la vereda, y nos gritó a todos que entremos. No podíamos respirar, empezó a circular vinagre y limón para todos y todas porque no parábamos de toser y lagrimear. Muchos mirábamos hacia afuera con la ñata en el vidrio con la sensación profunda de impotencia, al ver cómo se llevaban de los pelos a los que decidieron quedarse afuera o simplemente no llegaban a entrar. Muchos intentamos salir a hacer algo, no sabemos bien qué, y fuimos detenidos por los de adentro. Dos pibas, que no llegaba a los 25 años, no podían abrir los ojos porque para ellas el gas fue directo a la cara. Una de ellas repetía que estaba yendo a su casa, que volvía de trabajar, que ni siquiera fue a la marcha, como si eso fuera una razón para estar exenta de la impunidad con la que actuó la policía, o peor aún creer o empezar a naturalizar que quienes marchamos a hacer un reclamo legítimo, debamos ser reprimidos.

Ni bien pudimos, con Rodrigo mi hermano un año menor que yo, salimos del bar hasta el subte. No serían más de las 22.40, nos abrazamos y lagrimeamos, nos atravesó la bronca e impotencia y sentimos profundamente la impunidad con la que actuaron las fuerzas de seguridad. Volvimos hablando entre nosotros, preocupados porque los dos sentimos que es la primera vez que vivimos algo así. Claramente no es la primera vez que las fuerzas de seguridad reprimen. Eso, lamentablemente, ya no es novedad para ninguno de nosotros. Pero sí podemos decir que es la primera vez que es tan evidente la necesidad de generar de una movilización en completa tranquilidad, un verdadero caos. Y la impunidad de ellos que ya ni siquiera lo esconden.

Lo que queda, lo que duele

Cobertura de CLV de la marcha. http://corriendolavoz.com.ar/fotogaleria-santiago-maldonado-nos-falta-hace-un-mes-y-un-dia/

Esa misma noche y al día siguiente, amanecí con llamados y mensajes de amigas y amigos, pero también amanecí leyendo en diarios, redes sociales y escuchando en las radios lo que verdaderamente conmueve y brota hasta la histeria a gran parte de nuestra sociedad, ellas son las paredes argentinas, que terminaron todas grafiteadas. Pobres paredes. Una vez las protagonistas fueron ellas. Que a la mitad de nuestra sociedad los indigne más una pared que un desaparecido, o una mujer víctima de violencia o un reclamo urgente, no solo enfurece y aleja, también duele.   

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