Mas allá de las rejas

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Axel Kesler

Axel Kesler

Redactor at Corriendo La Voz
Colaborador en #CorriendoLaVoz | Estudiante de Sociología en la UBA | Militante de DDHH |
Axel Kesler

Es como si ya naciera peligroso. Aunque no quiera, aunque no le guste. Su gorrita no es inocente, sus palabras no son inocentes. Podrá querer, amar, desear pero su barrio irradia odio, violencia, irracionalidad. Su piel no encaja, sus labios te delatan, sus manos ya lo encarnan. Sólo bastó con nacer ahí, crecer ahí, ser ahí. Sólo bastó con nacer así, crecer así, ser así.

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Algo así como el retorno, o la jamás partida, de Hobbes, Locke y aquellos contractualistas amantes de una metafísica descabellada. Una metafísica que deliraba con un estado de naturalidad desconocido, incomprobable, inhabitable. Hobbes y la supuesta guerra que se esconde detrás de toda sociedad. Locke y el atributo innato del hombre: un ser moral y racional. Nuestros días y el “ser peligroso” que habita siempre como un potencial. Para el primero, el leviatán, una figura poderosa capaz de hacer viable el orden entre tanto caos. Para el segundo, un pacto fundado entre libres dispuesto a sancionar a algún que otro pícaro que desoye esa voz de la razón. Para el nuestro, la legítima prevención que encierra y persigue, tilda y oprime, ignora y desoye.

De los reproductores de “el que se fue a la villa perdió su silla” o del “sos un negro de la villa”. De la “zona peligrosa” y “ese barrio me da cosa”. Ya es por las dudas. Por las dudas cruzá, por las dudas no te metas, por las dudas no les hables. “Porque es mejor ser precavido que después ser sorprendido”. No importa quién es, cómo es, qué hace. No importa qué estudia, qué juega, qué le pase. Si le duele que vos cruces, si le jode que lo uses. Si quería saludarte o simplemente ignorarte.

Como si preservar la vida se opusiera a la multiplicidad. Como si preservar la vida se opusiera a la verdadera realidad. Existe algo así como un disciplinamiento por el miedo. Pero no un miedo puramente humano, como el miedo a lo desconocido, al sufrimiento, a la muerte, sino un miedo bien moldeado. Es el miedo humano potenciado, re-fabricado. Es el miedo humano proyectado, irradiado. Se coloca en un otro “deshonesto”, “desalmado”, “desviado”. Se objetiva con “noticias”, con los medios, y con lo “comprobado”. Pero no es más de lo mismo: disciplinar y disciplinarnos. Alejando realidades, fragmentando posiciones, y ubicando nuevos productos en el mercado.

Sólo rejas. Que lo encierran y te encierran. Que lo excluye y te excluye. Que separa y te separa. Lo de adentro y lo de afuera. Sólo rejas. Que separan a algunos. Que “encierra” a los turbios. Pero si te fijas bien, son los mismos estigmas, esas mismas frases. Difícilmente rubios, sólo “tipos turbios”. Difícilmente del mundo de la fama, sólo el chorro con un arma. Porque algunos que roban son “delincuentes” y otros que roban son “gente decente”.

Hace unos 100 años, José Ingenieros hablaba de una “defensa social adaptada a la temibilidad de los delincuentes”, algo así como “un ellos/as y un nosotros/as”. Se había inventado toda una maquinaria de prevención del delito pero no era más que un “estigma racionalizado”, una clasificación de los “delincuentes” según su “patología criminal”: delincuentes congénitos, adquiridos y transitorios. A partir de una descripción de cada uno/a de ellos/as se podría anticipar nuevos delitos. Y pareciera que de algunas de esas barbaridades todavía no nos hemos desprendido. Hay un sentido común que sigue creyendo en más de lo mismo: cuando ya Foucault nos explicó que la denominada “delincuencia” no responde más que a una forma de perseguir el potencial político popular; cuando ya Gramsci nos enseñó bien sobre la hegemonía, un poder que opera y moldea penetrando en el cuerpo social; cuando ya Bourdieu nos habló del habitus, aquellos esquemas, estructurados por trayectorias y condiciones materiales, a partir de los cuales se piensa y se actúa en el mundo.

Cruzás las rejas. Tu prejuicio era cierto. O tu prejuicio puede ser cierto. Es que seguís usando esos lentes, seguís mirando ciegamente. Cuando cruzas las rejas podés seguir siendo lo que querías ver. O podés ver. Podés ver igual que a cualquiera. O podés también mirar más raro y ver cómo era. Podés simplemente escuchar como hace cualquiera. O podés, mejor, romper aquellas barreras. Podés seguir siendo preso de tu instinto. O podés hacerte/lo/a libre, como dijo Nietzsche, conociendo como un niño.

 

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