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Nadia Benitez

Licenciada en Comunicación at Huecos de Magia
Licenciada en Comunicación Social | Periodista | Fundadora y pluma en Huecos de Magia.
Nadia Benitez
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Inevitable. El mes de julio trae a la memoria necesariamente su nombre. Y por qué no, por fortuna. Hoy su figura es recordada sólo con honores. Procuró no dejar lugar para los reproches, a pesar de sus decisiones finales. Uno de los pocos héroes argentinos, pero de los reales. Innovador destacado; luchador incansable que defendió hasta sus últimos días los estandartes de la moral, la igualdad y el profesionalismo. Desde este espacio, Corriendo la Voz quiso homenajear en su 14° aniversario de muerte al cardiólogo argentino, René Favaloro.

Un balazo en medio del corazón. Simple, seco, funesto. Una ironía más de la vida. Parece absurdo y sin embargo, fue el dispositivo que puso fin a la vida del renombrado cardiólogo argentino. Todavía hoy, 14 años después de ese día lamentable, parece increíble, pero las pericias confirmaron: suicidio. René Gerónimo Favaloro, un médico comprometido con su trabajo y sus convicciones, un hombre que logró traspasar fronteras y ser admirado mundialmente, eligió abandonar este mundo, no sin antes garantizar sus huellas en la historia de la medicina. 
Nació el 12 de julio de 1923 en la ciudad de La Plata. Los años de su juventud pueden justificar el poder de sus principios. Creció en El Mondongo, un barrio humilde de inmigrantes. La Universidad Nacional de La Plata lo cobijó como estudiante y finalmente se graduó allí, en la carrera de medicina en 1949. Un año más tarde, se radicó en Jacinto Araúz, un pueblito aislado de la provincia de la Pampa, donde ejerció durante 12 años. Fue una etapa determinante en la vida de Favaloro que lo influenció notablemente. Debió integrarse a sus habitantes, lo que le permitió descubrir las profundas necesidades sanitarias de una población, sobre todo, de las zonas marginales. 
No obstante, sus aspiraciones no se limitaban a ser un buen médico rural. La búsqueda de nuevos horizontes lo llevaron a viajar en 1962 a Estados Unidos a la Cleveland Clinic, para poder acrecentar sus conocimientos en cardiología. Su residencia en el país norteamericano lo condujo a ganar fama y prestigio a partir de su valioso aporte a la cirugía cardiovascular. Se convirtió en el primer especialista en implementar la técnica del «Bypass», la cirugía directa de revascularización miocárdica. Después de este evento, el mundo entero habló de él. Consiguió transformar la medicina moderna y revolucionar el campo de los estudios cardíacos. Se estima que a lo largo de su carrera, realizó más de 13 mil intervenciones de bypass hasta sus 69 años, cuando optó por dedicarse por completo a la educación.
Detrás del sueño
Clínicas de todas partes del mundo codiciaron las aptitudes del célebre médico. Las ofertas seductoras no escatimaron. Pero este trabajador modesto de intenciones gigantes ya había trazado sus objetivos mucho tiempo atrás. Favaloro era consciente de que quería regresar a la Argentina con el propósito de dar origen a lo que hoy se conoce como Fundación Favaloro, una institución creada en 1975 que le permitió capacitar a más de 400 médicos residentes y realizar un sinnúmero de operaciones. Su sueño más profundo se vio concretado: dirigir un establecimiento donde no sólo se ofreciera atención médica sino que también se dedicara a la preparación profesional de los aspirantes novatos y que aquel lugar funcionara como un centro de investigación para el aporte de nuevos descubrimientos. 
Las dos décadas que siguieron, previas a su muerte, la fundación funcionó correctamente, dentro de los márgenes en los que tenía permitido moverse. Sin embargo, son innegables las trabas en las que se vio envuelta. Favaloro cargó sobre sus hombros la tarea de hacer digno un derecho correspondiente a todos como ciudadanos que, lamentablemente, parecía negado para una gran parte de la sociedad argentina. Para ser concretos, a las clases más carenciadas  del país.  Hablamos de la posibilidad de acceder a un sistema de salud efectivo y propulsor de la igualdad entre sus habitantes. Él, que había experimentado en carne propia esa escasez de recursos. Él, que dedicó todos sus esfuerzos en cambiar un poco esa realidad que ya venía pegando hace rato.
No hay dudas: la crisis del 2000 nos alcanzó a todos de alguna u otra forma. René Favaloro no fue la excepción. En pleno gobierno de Fernando de la Rúa y ante el caos inminente que nos aguardaba, el médico vivía un clima tenso. La siempre obstinada burocracia, la desidia estatal, el país sumergido en una profunda crisis económica y política y las continuas trabas suscitaron a que la fundación se endueudara y que Favaloro entrara en un estado de angustia inexorable. El cardiólogo pidió ayuda al gobierno sin recibir respuesta oficial. La situación se agravó de tal forma que sólo encontró una situación factible: arrebatarse la vida él mismo de un disparo en el pecho. Su cuerpo fue hallado el 29 de julio de 2000 en el departamente de Palermo Chico donde vivía solo. 
El sistema sanitario actual
Tiempo después de su desaparición física, se hizo pública una última carta. La misma estaba dirigida al presidente de por entonces, Fernando de la Rúa. Allí Favaloro manifestó su descontento con algunas entidades nacionales, provinciales y empresarias, a las cuales pidió ayuda sin recibir respuesta alguna. Asimismo, criticó duramente al sistema de salud argentino: «en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza». Y hacia el final, explicó los motivos por los que abandonaba la vida con un despido especial a sus familiares y amigos a los que les pedía «no aflojar».
Lo cierto es que aquel panorama sanitario por el que luchaba fervientemente para cambiar, no difiere demasiado con su aspecto actual. El sistema de salud argentino sufrió un progresivo deterioro en las últimas décadas, producto de diversos gobiernos de factos y políticas económicas de convertibilidad que retrajeron el sector. A grandes rasgos, se pueden diferenciar tres subsistemas bien definidos que coexisten al unísono: el público, el de las obras sociales y el sector privado. Si bien esta disposición establecida promueve un «liberalismo» sanitario, desarticula a la salud como un todo. Los entes dedicados a este campo presentan grandes diferencias respecto al target poblacional, los servicios que brindan y, fundamentalmente, el origen de los recursos con que cuentan. 
En líneas generales, se puede afirmar que uno de los grandes problemas que afronta este sistema está relacionado con la fragmentación de sus instituciones. En primer lugar, dentro del sector público se puede observar la falta de articulación de sus diferentes jurisdicciones (Nacional, Provincial y Municipal). Por otro lado, en el caso de la Seguridad Social (Obras Sociales) y el sector privado, están compuestos por un gran número de organizaciones heterógeneas en cuanto al tipo de población que agrupan, cobertura que brindan, los recursos financieros por afiliado y la modalidad de operación. Así está compuesto el escenario al que los argentinos se exponen a diario. Existió una vez un hombre que fue capaz de ver más allá de la superficie de la cuestión y se animó a desafiar la monotonía de la conformidad y lo establecido hasta que su cuerpo y su cabeza dijeron basta.
La Ley 25.598 del año 2002 declaró el 12 de julio como «Día Nacional de la Medicina Social» en conmemoración de la fecha de nacimiento del Doctor René Favaloro y en homenaje a todos los médicos que se desempeñan en esa área. Desde Corriendo La Voz no quisimos dejar de recordar la eminencia de su figura, los valiosos aportes que hizo en el campo de la medicina social y, por sobre todas las cosas, destacar el significado que tienen en el presente su lucha, sus esfuerzos y sus principios inquebrantables. En cualquier tiempo, en cualquier lugar, siempre será menester tener dignos modelos contemporáneos a seguir por su calidad humana. René Favaloro se convirtió en un héroe donde la moral era su meta y la ética la única dirección posible. 
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