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Por Sabrina Campos | Primer aniversario de la muerte de Luis Alberto Spinetta, el recuerdo del Flaco que supo tocarnos el alma.

Y oigo tu adiós tan solo y no sé si olvidar sirve aquí…

Son aproximadamente las 3 de la mañana y camino con un par de amigos por San Telmo, enero está terminando y el calor se siente en los huesos. Mientras bancamos a los demorados, uno de los pibes pone música en el celular para amenizar la espera. Suenan entonces, los primeros acordes de Rezo por vos. Un Charly joven, acompañado de la por siempre genial Maria Gabriela Epumer, arranca dedicándole el tema al Flaco. Entre los adoquines y la luz amarilla, se me eriza un poco la piel acordándome de ese 8 de febrero en que el celular empezó a sonar, uniendo generaciones que ni siquiera osaban tocarse, para avisarme que el señor de la pluma inconmensurable, se había ido. 8 de febrero de 2012.

Todo gigante muere cansado de que lo observen desde afuera
Un tiempo atrás, el autodenominado periódico sensacionalista Muy terminó de confirmar que el adjetivo “amarillismo” debería provenir del término purulento, y así cargado de pus y de una sed carroñera de primicias de la que a veces se ahogan algunos medios, publicó la noticia de que Luis Alberto Spinetta estaba enfermo de cáncer. Y mientras a sus seguidores se les llenaba el culo de preguntas y su entorno no terminaba de perder la capacidad de asombro en medio de semejante invasión de la vida íntima de una persona que está pasando por dicho momento. El Flaco, días después decidió –o tuvo que- salir a confirmar que sí, que padecía cáncer de pulmón, pero que estaba bien. Rodeado de afecto; ese que él como nadie supo imprimir en palabras durante toda su vida. Salir a tranquilizar a los otros, para que “no paniqueen, y no tomen en cuenta las noticias que han generado los buitres de turno”; decía ese 23 de diciembre de 2011.

“Mi nombre es Luis Alberto Spinetta. Tengo 61 años y soy músico”, sintetizaba el comienzo de la carta. Músico, poeta, distinto. De esos tipos que unen dos palabras con un vuelo inigualable y que te llegan directo al hueso. El que me habló alguna vez de aprender a volar entre tanta gente de pie. Pero condensemos a todos esos Flacos, en el músico.

Todas las cosas tienen música hoy, todos los hombres tienen música del sol de la calle

Sería eterno –como aquellas bandas- meternos en la carrera musical del Flaco, pero cómo no mencionar alguno de esos datos que marcaron su mágica trayectoria que en algún u otro momento supieron ser la banda sonora de un pedazo de nuestras vidas.

Desde las popularísimas Muchacha Ojos de Papel o Seguir Viviendo sin tu Amor, esas que sabemos todos y que tire la primera piedra el que no las destruyó desentonándolas desde el cuore en algún fogón con amigos. El arranque con Almendra allá por los sesentas, con canciones que ya son parte de la historia del rock nacional como Ana no Duerme, Plegaria para un niño dormido, Laura Va, entre tantísimos otros; además de dejarnos una de las tapas de álbumes mas emblemáticas de la historia, de esas que se convierten al instante en remera, en símbolo y significante.

Luego del paso de Spinettalandia, llegaría Pescado Rabioso, viaje complicado de sintetizar pero del que cualquiera recordaría temas como Algo Flota en la Laguna, Serpiente (viaja por la sal), Me gusta ese Tajo, Cristálida, e inserte aquí la lista que más le guste o una seguidilla de etcéteras enalteciendo un pentagrama.

Párrafo aparte para mencionar Artaud, que más que un disco de Pescado fue un disco de Spinetta, que sale a la luz en medio del clima político rancio que ya se olía en 1973 en el país, “…yo creo mas en el encuentro de la perfección y la felicidad a través de la supresión del dolor que mediante la locura y el sufrimiento”, explicaba en su manifiesto que sale en conjunción con el disco, dedicado a la oscuridad suicida, nihilista, del poeta Antonin Artaud.

Llegaría así Invisible, que nos dejaría discazos como Durazno Sangrando, y El Jardín de los Presentes. De pie señores, y aplauso cerrado de todos nosotros, inocentes escuchas.

Alrededor de los 80s nace Spinetta Jade y se desprenden Barro Tal Vez, Quedándote o Yéndote, Paquidermo Deluxe, No te Alejes Tanto de Mi, entre otros.

Llegamos al nuevo milenio y un Flaco solista nos regala Silver Sorgo, Para Los Árboles, Pan, y Un Mañana, para rematarnos los sentidos en octubre de 2009, como invitado del regreso de Charly García en Vélez, en aquel memorable Subacuático, ofreciendo a un estadio al que poco le importaba la irreverencia de la lluvia, esa versión memorable de la ya entonces inolvidable Rezo por Vos. Dos potencias se saludan, o de cómo dejarnos a todos con la boca abierta y corazón vibrando.

Faltaba poco para que se terminara la primera década del siglo del Y2K, y El Flaco hace historia una vez más con Spinetta y las bandas eternas, acompañado de Fito, Charly, Mollo, Juanse, Cerati, entre otros. CD, DVD y libro de fotos saldrían a la venta casi un año después, para revivir la nostalgia, y el goce de esos placeres tan necesarios.

Y a pesar de las palabras tu silencio es más profundo y más atroz 8 de febrero de 2011. Luis Alberto Spinetta muere luego de pelearle al cáncer de pulmón. Se siente un silencio raro, una tristeza marcada por acordes, por pasajes de sus canciones, por escenas de nuestras propias vidas entendidas de una forma más bella a través de sus sentires. Se va el Flaco y deja un legado irremplazable cargado de su dialéctica única.
Esa era la noticia, hace ya un año atrás. Lo demás es historia, su historia, la nuestra. Cargada de marcas, que aun roza su luz, la de ese músico que nos dejó iluminados con su sencillez, todos los días amor, toda la vida.

Acércate sin acercarte, como un puente que une las distancias
Desde ese día se sucedieron un sin fin de homenajes que deseamos no cesen nunca, para no olvidar, para mantener fresca su voz.
Desde aquel recital que diera Pedro Aznar en una Plaza Italia atestada de gente, que luego se convertiría en Puentes Amarillos, un disco en vivo en memoria del Flaco, pasando por una exposición multidisciplinaria en la Biblioteca Nacional que reunió poesías, manuscritos, discos, libros, documentales, y testimonios que recorrían su obra además de conciertos de distintos artistas en su nombre. Desde la presentación en vivo de Fito, Gieco, y Lebón en los Premios Gardel, hasta los mismísimos jugadores de River que días después de su muerte desplegarían en plena cancha una bandera recordándolo. Los homenajes a este pedazo de artista incluyeron también una movida masiva y simultánea que reunió a 19 espacios culturales de la ciudad de Buenos Aires, llevada a cabo por Conduciendo a Conciencia –ONG de la que Spinetta formaba parte-.

Sobran los motivos para homenajearlo, para nunca olvidarlo, porque se lo siente latente, cerca, tan adentro.

“Mi nombre es Luis Alberto Spinetta. Tengo 61 años y soy músico”, proclamaba entonces en aquella carta. Permítanme aseverar, con el menor sentido de la objetividad periodística que a veces tratamos de tener, pero cargadísima de una subjetividad emocional a ese tipo que tanto hizo por mi educación musical, poética, sentimental, que sólo Músico, incluso con mayúsculas, Flaco, te queda chico.
Queda la fuerza del fuego, la voz que responde por ti, por mí. Y esto será siempre así, quedándote o yéndote.

 

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