María del mar Rodríguez

Escribo. Estudiante de teatro. Bailo en los semáforos. Amores: el feminismo, los fideos y el mate amargo.
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Plaza San Martín de La Plata. Después de la lluvia eterna del sábado, hay sol. Compañeres del Abya Yala preparan el lugar para la asamblea. El suelo cubierto de ofrendas, mientras van sahumando el lugar. Esta asamblea va a sonar fuerte, porque todes les compañeras y compañeres de cada territorio van a plantarse a contar su verdad. Lolita Chávez invita a que se pase una vela encendida entre las manos, agradece al sol que está cada vez más fuerte, a los cuerpos apretados que quieren escuchar.

“Nuestro fuego está encendido, así que nos protegemos, nos acuerpamos desde donde sale el sol. Encendiendo nuestras velitas allá donde sale el sol, vinculémonos con nuestra protección ancestral  de nuestra ancestra sol. Y esa energía se va también para la luna. Saludemos a la luna también, encendamos nuestro fueguito en este lado, donde vienen nuestras ancestras feministas  del Abya Yala, de la luna, que es nuestra ancestra, que nos ha enseñado a caminar con el camino del tiempo de los pueblos, porque aquí no tenemos el tiempo neoliberal, aquí no tenemos el tiempo racista, aquí tenemos los tiempos de Abya Yala”. 

Así empezó Lolita Chávez este encuentro asambleario donde se escucharon las voces Plurinaciones, de los pueblos desde Abya Yala hasta Kurdistán. Y uno de los momentos claves para contar desde un medio alternativo de comunicación, fue el pacto de romper el cerco mediático. Porque si bien fue puntualmente para contar el conflicto de Ecuador, ese puño en alto nos puso en compromiso con la historia, con esta historia: que ardan todos los cercos, esos que no nos dejan ver lo que está pasando, que nos alejan de estas realidades. Difundir y contar lo que pasa como acto de militancia, porque un domingo de octubre en una asamblea con mujeres de los pueblos originarios, nos comprometimos a llevar estas historias, estas voces y todas las que nos quieren tapar, a otro lado.

Empezó con el relato de una compañera de Ecuador. Pidiendo solidaridad para su pueblo porque, mientras habían más de mil cien personas detenidas, novecientas heridas y seis muertas, los medios hegemónicos indicaban que nada estaba pasando. Mientras a pesar de la represión del presidente Lenin Moreno, a pesar del toque de queda desde las tres de la tarde, la gente organizada salió igual a la calle a hacer cacerolazos, a hacer movilizaciones masivas, a tejer redes bien desde abajo:

“Porque después de 500 años de colonialismo, después de todo el racismo, después de toda esta colonialidad, después de todo este capitalismo salvaje, la comunidad sigue ahí. Y sigue presente. Y está recreándose y resiste heroicamente.

Frente al cerco mediático atroz que hemos tenido en Ecuador, en el que los medios de comunicación se atreven a decir que no pasa nada, tenemos que invocar y hacer un llamado global para una solidaridad internacional. Les necesitamos a todes, es por eso que el día de mañana hemos llamado a una acción global de solidaridad con Ecuador, a hermanos de todos los países del mundo, les llamamos a que nos manifestemos en las embajadas ecuatorianas de todo el mundo, necesitamos romper el cerco mediático”.

Fue entonces que, después de un caluroso grito de “no están solas”, se dio el momento de romper ese cerco. Lolita Chávez pidió:

“Con esa fuerza entonces hoy, en esta asamblea, queremos pedirles a todas y a todes que desde acá podamos pactar romper el cerco mediático desde este territorio. Así que vamos a enviar un mensaje levantando nuestro puño de libertad y justicia en los territorios de Ecuador. Mantengan las manos levantadas porque pactamos romper el cerco mediático desde este territorio de pueblos originarios desde las que venimos de Argentina”.

Se levantaron los puños de todas formas y tamaños. Algunos con pañuelos, otros con pulseras, otros con nada, pero todos con la misma fuerza, y bien estirado, y con las voces que también gritaron para que arda ese cerco mediático que no quiere que sepamos lo que pasa en Ecuador, y en todos los territorios que nos unieron y hermanaron esa tarde.

El compromiso, se lleva ahora, en nuestros cuerpos. El compromiso de contar.

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