Violencia en el cine: el caso de ‘Precious’ y ‘El color púrpura’

    Florencia Martinez

    Florencia Martinez

    Redactora at Corriendo La Voz
    23. Periodista. Estudiante de Comunicación Social en la UNLaM. Amante de la comida. Compradora compulsiva de libros. Eterna cinéfila. Vincent Vega sigue vivo.
    Florencia Martinez

    Basadas en novelas literarias ambas historias le sirven a la audiencia como punto de partida para empezar a comprender la problemática del abuso doméstico y cómo se representa la misma desde Hollywood.

    Durante el pasado 8 de marzo, mujeres de todo el mundo marcharon apuntando, entre otras cosas, a la opresión sufrida en manos de la violencia machista. Se trató de un reclamo que resonó a nivel internacional y que exigió la atención de todos y todas para señalar esta problemática tan intrínseca en nuestra sociedad.

    Con la contemporaneidad de la cuestión, nos preguntamos cómo se refleja la misma desde la industria cinematográfica. Para ello, tomaremos como referencia a dos películas en particular:  ‘El color púrpura‘ (1985) y ‘Precious‘ (2009). Porque si existen dos films que abordan la temática del abuso de una forma tan realista como cruda son estos dos.

    Precious y Celie, las protagonistas en cuestión

    Estas obras cargadas de drama se caracterizan por ir más allá de la tragedia y presentarnos mujeres que encaran un crecimiento sin igual y que pasan de ser personajes reprimidos a personajes fuertes que logran emanciparse de las condiciones trágicas que las rodeaban. El resultado en conjunto: un retrato del maltrato pintado de manera descarnada pero que, de todas formas, se las ingenia para dejar un mensaje de esperanza.

    En este sentido, cabe preguntarnos en qué puntos se relacionan y cómo es posible que una historia contextualizada a principios del siglo XX y otra contemporánea resulten tan similares en algunas cuestiones. Más allá de la época, es cierto que ciertos puntos claves para entender cada uno de los relatos se mantienen constantes, lo que nos resulta alarmante y demanda la atención del espectador.

    ¿Cuáles son, entonces, los factores que El color púrpura y Precious tienen en común? ¿Cómo se presenta en ambas ocasiones el optimismo en medio de la desolación? ¿Qué tan fiel es la representación de Hollywood sobre el maltrato? Vamos a examinarlo a partir de los puntos de encuentro de los que hemos hablado.

    Una problemática concreta

    Tal y como hemos explicado, tanto la película dirigida por Steven Spielberg en 1985 como la que Lee Daniels presentó en 2009 llaman la atención sobre el abuso. De hecho, en ambos casos lo toman como punto de partida desde un ángulo muy particular: la violación por parte del padre. En los dos escenarios nos encontramos con adolescentes que ya tuvieron un bebé con sus progenitores, y que están a punto de parir a la segunda criatura. Como si eso no fuera demasiado ya de por sí, tanto Celie (Whoopi Goldberg) como Precious (Gabourey Sidibe) son obligadas a desprenderse de sus hijos. La situación empeora cuando el padre de la primera la entrega a un sujeto en calidad de esposa, cual yegua de establo, y el de la segunda abandona su casa para dejar a Precious sola con su madre (Mo’Nique), quien la maltrata por considerar que la chica sedujo durante todo este tiempo a su marido. Es así como las dos pasan de sobrevivir el mismo tipo de abuso a uno que igualmente comparten, a saber, el maltrato físico de las personas más cercanas a ellas.

    Mary Lee, la madre de Precious, no sólo la molesta verbalmente sino que además la golpea y abusa de ella

    A simple vista, los puntos que unen ambas historias resultan evidentes. A pesar de la distancia espacio-temporal -recordemos que una de las historias se sitúa en la Georgia de 1900 y la otra en Harlem, década de los ochenta-, las vivencias de una y otra no son disimiles en lo absoluto. Es un ejemplo de ésto el hecho de que ambas tuvieran experiencias fuera del cuerpo mientras las agredían sexualmente.

    De todos modos, la línea argumentativa que comparten no termina allí, sino que Celie y Precious también descubren un poco de esperanza en otras mujeres, y es gracias a ellas que pueden forjar el carácter necesario para salir de la peligrosa situación que les había tocado vivir. Sobre eso hablaremos más adelante.

    La superación como clave

    En este momento, deseamos hacer hincapié en una cuestión fundamental para la comprensión de ambas obras: el rol fundamental del analfabetismo. Las figuras principales no saben leer ni escribir. Esto podría no ser un problema tan grande a principios del siglo XX, pero sí lo es en la actualidad, y es por ello que vemos cómo Precious comienza a fallar en un sistema educativo que no parece capaz de contenerla. Ante la posibilidad de una escuela alternativa, sin embargo, su madre se pone a la defensiva.

    Por otro lado, en lo que a Celie respecta, es su hermana Nettie (Akosua Busia) -la persona más importante de su vida- quien le enseña a entender y utilizar la palabra escrita para poder intercambiar cartas una vez que las separaran. Y es justamente redactarle una nota con frecuencia lo que le promete cuando es brutalmente alejada de ella. 

    En el caso de Precious, nos encontramos ante una protagonista cuya madre no podría importarle menos el desempeño escolar de su hija. Es a raíz de esto que la insistencia de la directora, quien se ve obligada a expulsarla debido a la dificultad de la joven, en intentar buscar un colegio alternativo parece en un principio no arribar a buen puerto. No obstante, la adolescente eventualmente toma la decisión de aceptar esta nueva oportunidad, y es de la mano de su nueva maestra, la señorita Blue Rain (Paula Patton), que aprenderá a desempeñarse académicamente.

    Ambos casos presentan una cuestión clave en las películas presentadas: la superación. Desde su capacidad para entender el lenguaje hasta su desarrollo de carácter reflejan una clara transformación en las personalidades perdidas y desesperanzadoras que se nos exponen en un principio. Con el tiempo, y con la influencia de otras mujeres en su vida, tanto Celie como Precious aprenden a hacerle frente a sus abusadores -y, eventualmente y más importante aún, a alejarse de ellos.

    Colorismo y misoginia

    Entendemos entonces que tanto Precious, basada en la novela Push de Sapphire, como El color púrpura, que encuentra su fuente en la novela homónima de Alice Walker -ganadora, a su vez, del Premio Pulitzer por su obra-, dan vida a personajes que se sobreponen sus limitaciones y se convierten en mujeres independientes y liberadas de los obstáculos que les antepuso la vida. Es así que comparten una perspectiva similar en tanto le muestran al espectador la transformación de protagonistas en desventaja desde distintos frentes.

    ¿A qué nos referimos con esto? Pues no solamente al hecho de que sean mujeres, con la carga opresiva que sabemos que eso conlleva, ni a su analfabetismo. Las dos son afroamericanas, lo que les presenta una dificultad aún mayor a la hora de emanciparse y abrirse paso en una sociedad donde -a pesar del paso del tiempo- las condiciones siempre favorecen al blanco como raza “superior”.

    Las cuestiones de racismo y sexismo están presentes a lo largo de ambas películas. Juegan un papel relevante, por ejemplo, en el momento en el que la nuera de Celie, Sofia (Oprah Winfrey), es encarcelada por golpear al alcalde y posteriormente obligada a servir como criada de su esposa. O bien cuando, lejos de contenerla, la madre de Precious la acosa verbalmente, reforzando la misoginia y el incesto ya característicos de su hogar.

    Los blancos golpean violentamente a Sofia luego de que ella le hiciera frente al alcalde

    En conjunto, Precious y El color púrpura representan un relato crudo que explora las temáticas del incesto, el analfabetismo, el embarazo adolescente y el racismo hacia el interior de la comunidad afroamericana. Se ha dicho que la protagonista de la primera es una versión moderna de la de la segunda, y podemos estar de acuerdo en ese sentido.

    Mujeres que representan esperanza

    Quizás lo más digno de destacar de las obras de Walker y Sapphire -y las consiguientes adaptaciones de Spielberg y Daniels- sea que la luz al final del camino la proponen ni más ni menos que figuras femeninas. El lema para el cambio positivo, entonces, es claro: mujeres ayudando mujeres.

    Hablemos de cada caso en particular. Cuando el marido de Celie la obliga a aceptar en su hogar a su amante, Shug Avery (Margaret Avery), su vida parece ir de mal en peor. ¿Qué puede esperar una mujer que no sólo es frecuentemente engañada, sino que encima debe soportarlo bajo sus narices? Para colmo, la despampanante artista que guarda el corazón del hombre en sus manos no es particularmente amable con su anfitriona ni mucho menos.

    Sin embargo, la cantante despierta en la protagonista un sentimiento de profunda curiosidad desde un principio. Celie, lejos de mostrar recelo por la situación en general, busca acercarse a Shug sirviéndole el desayuno y cuidando de ella mientras estaba enferma. Es así como nace entre ellas una tierna amistad, y la amante de Albert (Danny Glover) se convierte eventualmente en una fuente de vitalidad para Celie. De hecho, hasta le dedica una canción en una de las escenas más conmovedoras de la película.


    Es, finalmente, gracias a la tercera en discordia que nuestra figura principal reúne las fuerzas necesarias para hacerle frente a su marido. Esto claro, sin dejar de lado la importante influencia que tiene sobre ella Sofia, quien no soporta los golpes de su esposo sin defenderse y devolverle una golpiza peor. En todo caso, la capacidad de emanciparse y liberarse de la situación de opresión que vive Celie la encarnan otras mujeres.

    En lo que a Precious respecta, la luz en el camino encuentra su centro en Blue Rain. Junto con la Señora Weiss (Mariah Carey) -la trabajadora social a cargo de seguir el caso de la chica- representan la única voluntad genuina de ayudar a la joven, cada una desde el ámbito que le corresponde. Y a veces hasta más allá de él, como sucede cuando la profesora de la escuela alternativa decide acoger a Precious en su hogar cuando se ve obligada a abandonar el propio ante los abusos de su madre.

    La metáfora de la luz va de la mano con un halo de brillo o aura angelical que acompaña a Blue Rain desde un plano estético. Claramente la importancia de esta mujer en la vida de Precious se ve respaldada desde lo artístico, tal y como sucede -aunque no de una manera tan acentuada- con Shug Avery en El color púrpura.

    El ojo del espectador reconoce la sensibilidad y ternura de Blue Rain a partir del aura que la caracteriza

    La idea derivada de este punto, entonces, es clara: la unión hace a la fuerza, y el apoyo mutuo entre mujeres es fundamental para sobrevivir a la violencia machista. Resulta clave, por lo tanto, este tipo de sostén.

    Dos caras de la misma moneda

    Hemos demostrado hasta aquí que tanto Precious como El color púrpura, dos de las películas centradas en el drama de los abusos domésticos más importantes de los últimos tiempos, tienen varios puntos en común. Comparten, ante todo, la bestialidad del incesto, la crueldad del racismo y la brutalidad del patriarcado en estado extremo.

    Pero ahí no terminan las semejanzas, ya que las dos películas expresan a su vez un signo de esperanza. Esto es así en tanto los violentos terminan castigados -en el caso de Albert al ser abandonado por las personas más necesarias en su vida, y en el de la madre de Precious al ser descubierta por la asistente social- y nuestras protagonistas nos prometen un final de superación y progreso. Podría argumentarse que es una mirada más bien naïf de la cuestión, pero de nuevo, ¿no nos serviría a todos un poco desperanza?

    De Shug Avery y Blue Rain. De Sofia y su valentía. De Celie y su voz perdida y encontrada. De Precious y su fortaleza de carácter. En definitiva, algo de confianza y expectativas, para ver que la violencia doméstica machista no es un problema sin solución. Debemos empezar a alzar la voz.

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