#VicuVillanueva Una aproximación musical e ideológica

Gabriela Krause
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Editora at Géneros
Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista. Contacto: genero@corriendolavoz.com.ar / breveeternidad@corriendolavoz.com.ar
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Después de varias idas y vueltas en la coordinación del encuentro, como suele suceder con cualquier persona, después de su presentación en la apertura de una jam de stand up, dos sillas en el patio del Matienzo un martes por la noche son un buen espacio para hablar con Vicu Villanueva, que acaba de lanzar un nuevo tema, “Macho” junto con dos canciones más de su repertorio. 

Ya sentadas, le anuncio que voy a empezar a grabar y nos lamentamos un poco de no haber dispuesto esto antes: hace rato que la charla fluía entre temáticas como prostitución, aborto, identidades sexuales y un listado amplísimo. Con Vicu es fácil hablar. Invita a la pregunta, a la devolución. Así que no hay pérdida. El grabador comienza a correr y lo que se está por gestar sigue la misma intensidad y línea argumentativa que aquello que ha quedado, tal vez, flotando entre las memorias de ambas, entrevistadora y entrevistada.

– ¿Cómo arrancaste?

Vicu Villanueva: Arranqué haciendo música de muy chica, a los 12 años. Tuve una banda con unas compañeras del colegio. Y después empecé a hacer stand up y ahí lo conocí a Raffa (Dúo Microcentro). Y ahí, en 2014 empecé a cambiar un poco el estilo de música que hacía y componer una música más entre cómica y de protesta. Antes hacía algo más del estilo Ironía Erótica (que es mi disco) pero después me metí a hacer otras cosas, escribí Publicitame ésta”, Feminazi“.

En esa época en que empecé a hacer stand up, conocí a Raffa, a Noelia Custodio y a otra gente del ambiente, varios amigos, y me empecé a animar a mezclar las dos cosas. La música y la comedia. Y eso me llevó a hacer letras más combativas. Y después la verdad que empecé a subir los videos a YouTube cuando ya tenía varias canciones de estas y no pensé que iban a tener ninguna repercusión, ni que la gente iba a pensar que yo era youtuber por subirlas a Youtube, pero bueno eso me abrió también otra posibilidad de comunicarme con el público.

– ¿Y el mote de youtuber te incomoda?

VV: Ahora ya no. Igual YouTube es una red bastante chota, porque toman como ofensivo contenido que es o LGBT o queer o cualquier género no establecido, pero igual está bueno porque te permite comunicarte un montón con la gente.

– Respecto a esto de que no pensaste que la ibas a pegar, ¿sabés cuál fue el tema que rompió con ese molde?

VV: Sí. El primero. No, mentira. El primero que subí fue “Puta”, que es un tema que nunca terminé de escribir del todo, que lo toqué en el bar donde hacíamos Stand Up con Raffa, y lo subí a YouTube filmado del bar. Y ahí ya empezó a tener alguna repercusión que me sorprendió. Pero después cuando subí “Publicitame ésta” un par de meses después, ahí sí, como que “explotó”. En su momento fue como 1000 views en un día y para mí fue una locura. Y sí, a partir de ahí todo lo que subí de alguna forma ya tuvo como un “piso” de repercusión y me empezaron a invitar a lugares, gente que antes ni me registraba o me invitaban a entrevistas. Ese momento fue un quiebre grande. La de las princesas de Disney también, tuvo un montón de repercusión y un par de meses después subí “Feminazi”, que fue como el “golpe de gracia” que terminó de plantarme como una persona “pública”. Tipo la gente me saludaba en la calle.

– ¿Cuesta mucho la difusión del arte mezclado con humor haciendo algo que trae un mensaje que es el que la gente no espera? ¿Te encontrás con muchos detractores?

VV: Sí. De hecho, yo nunca la “pegué”, digamos. O sea, la pegué hasta un punto y un montón de gente de mi generación de stand up o de comedia la re pegaron, tienen un millón de seguidores en Instagram, y van a no sé, programas, con su libro y todo, y yo en alguna forma quedé ahí, en ese mismo lugar. Creo que en determinada forma “llegué” a la gente que le interesaba mi mensaje o a la mayoría de ella muy rápido. Como que me pude acostumbrar al principio y entonces no es que tuve un salto a mucha más visibilidad. A veces, si aparezco en algún programa o estoy en algún lugar de mucha difusión hay un incremento de popularidad pero la verdad es que el mayor laburo de difusión fina de prensa fue con Dúo Microcentro y este año pudimos hacer acá un Matienzo lleno en marzo que fue increíble, lleno de gente que venía a vernos, con el glitter en la cara que es medio también como nuestro logo. Creo que hay gente que se tatuó la tapa de Anarkochetxs. Y la gente me manda mails, como que doy esa impresión de que me pueden contar historias largas que está bueno también. Me mandan cosas como “estaba escuchando Anarkochetxs cuando corté con mi novio abusivo. O estaba escuchando “Feminazi” y me di cuenta que me tenía que ir de mi casa. Cosas grosas. Yo creo que a veces uno se pierde con los seguidores, con los números grandes y la influencia está igual, la llegada está igual aunque no te llame Mirtha digamos. A veces me pasa que me comparo con otra gente y digo soy re chiquita en comparación. Pero, al mismo tiempo, es re fuerte lo que le pasa a otras personas con lo que hago yo y con lo que hacemos con Microcentro y nunca deja de sorprenderme.

– Bueno, incluso capaz les pasen cosas más fuertes que las que le generan a otros, aquellos que van a lo de Mirtha…

VV: También, sí. Eso es lo que quiero creer para sentirme mejor. Yo soy muy insegura, mal. Todo lo que hago me re cuesta. Esto creo que es una primicia porque no sé si lo dije alguna vez. Pero me re cuesta, por eso no subo tantas cosas y soy bastante reservada, porque me re duelen los “haters”, la gente que te bardea, soy muy sensible. Entonces, cuando a alguien le gusta, para mí es como una locura. Me encanta.

– ¿Es cansador que te hablen de cosas tan personales? ¿Se vuelve fuerte o lo llevás?

VV: Sí, pero no es agotador. Yo trato realmente leer cada cosa que me mandan o que me cuentan. Me pasa mucho en las marchas. Me cruzo a alguien en una marcha y me cuentan algo y capaz me vuelvo con una energía re pesada. Pero es algo que está bueno. Si bien tiene su costo emocional, mientras no me dañe es algo que me encanta poder hacer. Poder estar ahí para gente. Yo sé que hay gente que piensa que yo soy famosa o medio inaccesible y les re sorprende que les conteste o que hablemos y me parece que está buenísimo. Yo tuve mucha suerte cuando me empecé a hacer más visible, se me acercó gente que admiro un montón y tuvo muy buena onda conmigo como Sara Hebe o las Kumbia Queers. Para mí fue una locura. La primera vez que Sara Hebe me dijo “me gusta un tema tuyo” dije “ya está, me retiro, ya llegué”. Sin compararme con Sara Hebe, obviamente, me parece que para alguien para quien yo soy una referente de algo, que yo vaya y esté ahí y escuche las cosas que hace la gente o conteste los mails, pavadas como esa o quedarme un toque charlando en una marcha, o sacarme una foto tres veces porque las primeras salieron movidas, para mí son un par de minutos más que siento que para la otra persona puede ser re copado.

– En línea con tu tema “Puta”, ¿qué opinás de las fracciones feministas que desde un concepto discursivo, digamos purista y conservador del cuerpo, siguen intentando reprimir la sexualidad? Más allá de la prostitución, digo, creo que es algo bastante recurrente.

VV: Sí. El cuerpo es sagrado. Creo que es re hipócrita y me molesta mucho. Principalmente porque es un poco infantilizar a las mujeres que deciden exponerse o vivir su sexualidad. Todo el tiempo se la está cosificando. Porque si decís que es por un motivo sexual, o que se está objetivificando o que es por un chabón, es como que le estás sacando crédito al placer propio. O sea, hay mujeres – y me incluyo – que disfrutan de estar con ropa ajustada o mostrando su cuerpo. Me parece que, sobre todo, si no tenés un cuerpo hegemónico mostrarte de una forma sexual es un acto super político. A mí me encanta usar remeras ajustadas y pantalones y que se me marquen los rollos. Me parece que es re parte de mi feminismo.

– Es lo que hablás en cuerpos reales. El grueso de la gente piensa que te estás maquillando y dejás de ser un poco vos. Un poco de ese discurso purista de que debemos ser como “Dios nos trajo al mundo”. En ese sentido sos un poco referente también, desde el lado de la estética.

VV: Sí. Es que me encanta. Y me parece que también una de las cosas que tenemos más permitidas quizás las mujeres en el mundo heteronormativo y cuadrado es que podemos expresarnos estéticamente de muchas más formas que los hombres. Me encantaría que los hombres lo hagan. Me encanta ver un hombre con las uñas pintadas y los ojos delineados y todo. Me parece que todos deberíamos poder expresarnos de esa manera. Y el maquillaje es algo que se critica mucho. “Estás pintada como una puerta”, es esa famosa corriente de que el maquillaje tiene que parecer natural. Un maquillaje para que parezca que no tenés maquillaje. Una base que no se note, un poquito de rimmel y apenas un poco de labial porque está mal visto. Es como “de prostituta” me parece un poco. Está asociado a ellas o a las travestis. Esa cosa de la sombra súper fuerte y las cosas de colores y chillonas. Como que se ve vulgar o demasiado llamativo. Y me parece que está buenísimo empoderarse desde ese lado.

– Los cambios de color en el pelo, ¿los empezaste a hacer antes o después de encontrar esa identidad musical?

VV: No. En realidad ya desde un poquito antes. Yo terminé el colegio en el 2012 y ese fue como el punto de inflexión en realidad, porque fui a un colegio re católico que no te dejaban ni pintarte las uñas. Yo me hice un par de tatuajes ya en el colegio pero que no se podían ver, porque si se veían era una infracción. Entonces, me hice uno en el tobillo y uno en el antebrazo, y el último día de colegio me hice un piercing en la nariz y me hicieron tapármelo con una curita para poder terminar. Y bueno, después de eso ya me empecé a teñir el pelo, pero fue una pelea con mis papás, sobre todo, que son bastante conservadores. Un día aparecí con el pelo rosa y fue re polémico. Otra de las cosas que me pasaron cuando empecé a hacerme medio “famosa” fue que me empiecen a invitar de Prana, la peluquería, a hacerme el pelo ahí. Cuando comencé a ir a Prana, ya iba y le decía al chabón “haceme lo que quieras”. Ahora voy menos porque estar todo el día en la peluquería me cuesta un poco y lo suelo hacer yo en casa. Pero fue loco que una de las primeras cosas que atraje exponiéndome fue la peluquería, estética, colores en el pelo que se volvió un poco mi marca después. De hecho, este año me teñí de negro en marzo y todos mis seguidores se re preocuparon: “¿estás bien?, ¿estás triste?, ¿estás deprimida?”. Y la verdad, estaba pasando un momento como más oscuro, pero por la vida. Y sí, lo expreso mucho en mi pelo eso. Está buenísimo poder comunicar con la estética.

– Ya quedó claro que tenés una comunicación fluida con tu público. Está bueno eso porque parte del juego que abrís con tu música invita inevitablemente a interpelarse un poco. En un video mencionás que te sigue mucha gente que nació en el 2000. ¿Sentís que lo que hacés puede tener un valor educativo más allá del arte? ¿Qué puede servir para cubrir esos baches que la currícula educativa no toca? Sin ir más lejos, tenés un video sobre embarazo adolescente que busca un poco instruir a las desprevenidas.

VV: Sí, al menos intento aportar algo. Siento que para mí lo que hoy a los 22 años es obvio, por ahí a los 15 era un misterio total. Entonces siento que no hace falta ser un genio para compartir las experiencias que uno aprendió con la gente más joven. No tenés que ponerte en una cosa de rol de maestro, es como una cosa de hermano mayor o primo o amigo de responder las preguntas necesarias. A veces hay gente que cuando crece se olvida y dice “esto es re obvio”. Se olvidan que hay gente que está creciendo y que para ellos no es nada obvio. Y es un motivo de angustia, a veces, no encontrar respuestas en tu familia o en el colegio.

Sin ir más lejos, ahora con las tomas de colegios fuimos con mi amigo Fauno a varios colegios a hablar de educación sexual disidente, por decirlo de alguna manera. Hablamos de aborto, de trabajo sexual, de VIH, un montón de temas que jamás te los mencionan en educación sexual. Más allá de la ESI, que no se está aplicando y que aún así tiene sus fallas y cosas que no dice o no toca. Más allá de que la gente bardee las tomas de los colegios, son una oportunidad para que los pibes llamen a la gente de la que quieren aprender, que en el año escolar no dejan que vayan. A mí nunca me dejarían ir al Pellegrini fuera de la toma. Y fuimos y fue impresionante cómo se armó un debate re copado, entre preguntas y respuestas. Fuimos con Fauno y Pichón, que es un trabajador sexual que está en AMMAR. Entonces todos podíamos dar perspectivas distintas. Se habló de sexualidades, de género. En general, la educación sexual es muy heteronormativa y si vos te corrés un poco de eso, tenés que recurrir a Google o a Tumblr para aprender. Y está bueno poder hablarlo con gente de la ciudad que más o menos habla el mismo lenguaje que vos y tiene las mismas referencias culturales, y poder charlar, debatir cosas que antes por ahí no entendías. Eso es lo más loco de tener “fans” tan chicos.

Este año hicimos una feria en casa con Raffa para vender ropa que no usábamos más y se llenó de gente de entre 13 y 15 años. Y en un momento, estábamos tomando limonada y viendo videos de Melanie Martínez que yo no la conocía y me la mostraron y fue como “waw. Esto es lo más”. Y está buenísimo. Es como que me hacen sentir joven (risas). Me re divierte.

– ¿Te hubiera gustado encontrarte en esa edad con gente así, con arte de este tipo?

VV: Ese es mi principal motor para hacer todo. A mí me hubiera encantado que alguien me lo explique. Yo estaba recontra mil confundida y no entendía nada y me habría gustado también conocer gente – porque ahora conozco un montón de artistas más disidentes y todo – pero en ese momento escuchaba The Strokes, Artic Monkeys, Muse, bandas que si bien están buenísimas y me siguen gustando, no tenían ningún mensaje político ni nada. Después, cuando fui creciendo ya empecé a escuchar a Sara, las Kumbia, Amanda Palmer, BIFE, un montón de cosas que me hubiera gustado escuchar de más joven. Mismo a mí misma. A Microcentro. Me hubiera flasheado mal encontrar una banda como Microcentro cuando yo tenía 13 años. Creo que hubiera sido fan.

– Es una forma muy didáctica de llegar a esa juventud que lo necesita. Los tiempos se están acomodando a los cambios pero nadie educa a los pibes para esos cambios.

VV: Claro. Los pibes están re despiertos y el programa que tienen que estudiar es re anticuado. Hay mucha gente, colegas con los que hablo, sobre todo nosotros que vamos mucho con los adolescentes, que le dan un poco de miedo los pibes. Escuché de mucha gente esto de “tienen tantas preguntas”, “les pasan tantas cosas”, como que abruma un poco. Y creo que lo que más me ata es que yo también soy medio adolescente todavía. Siento esa responsabilidad de estar. Más allá de ser pública y de hacer canciones. Estar en carne, hueso y charlar. Por ahí, me llegan cinco mails que son historias parecidas pero no son iguales. Cada una tiene su cosa distinta. Por ahí, yo no puedo darles una respuesta iluminada. Pero decirles “che, lo que te pasa es válido. No estás solo; no estás loco…”.

– ¿Te da miedo crecer y no encontrarte tan presta a responder desde la cercanía?

VV: Yo espero no hacerlo. De hecho, hace un año y medio me fui de la casa de mis papás y ahí me di cuenta enseguida cuando tuve que empezar a pensar en términos de expensas y pagar la luz e ir al supermercado. Ahí ya me di cuenta de que el cerebro cambió, pero porque cambiaron un montón de cosas. Siento que mientras más va pasando la vida, más crezco inevitablemente por el propio peso de las cosas. Pero espero con el paso de los años poder mantener este no cerrarme y no volverme resentida o agresiva con la gente que me banca. Con la gente que no me banca, espero que me chupen un huevo por siempre y que nunca me importe. Pero sí quiero mantener la apertura y la relación con la gente que tiene buena onda y que se copa.

Y ya la acaparamos mucho tiempo. La dejo irse a sacar una foto para el evento, mientras me planteo qué lindo sería volver a entrevistarla, pensando cuántas cosas quedaron por hablar, cuántas cosas está bueno que se hablen y qué lindo sería que el arte que consumimos se plague de gente con un mensaje tan claro para dar. 

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