Víctimas y victimarios: un recorrido moral

Gabriela Krause
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Editora at Géneros
Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista. Contacto: genero@corriendolavoz.com.ar / breveeternidad@corriendolavoz.com.ar
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Hace unos días nos enteramos de la muerte de Rafael Nahuel, un joven de 21 años asesinado por la espalda en Neuquén en manos de las fuerzas de Prefectura, en el marco de una represión ilegal con balas de plomo. Poco vimos en las redes sociales sobre quién era la mano que empuñaba el arma que disparó el tiro final. ¿Por qué nos empecinamos tanto en hablar de lo bueno y lo malo que encierra cada víctima? ¿Qué esperamos del cadáver que ya no es?

En estos días, supimos que Rafael Nahuel no tenía 27 sino 21 años. Y lo repetimos con fervor, porque con 21 años es más fácil despertar la empatía de la gente, la solidaridad, la pena por la muerte. Supimos también que era perseverante, laburador, consciente y dispuesto a transformar su realidad social, compañero, hermano, una buena persona. Y lo repetimos con fervor, porque una persona así no merece ser asesinada por la espalda, no merece el final repentino, no merece el golpe a traición.

Pero ¿quién lo merece? 

Parece que hay dos tipos de víctima: la buena y la mala. Esto no sólo lo vemos ahora, lo vemos habitualmente en los casos de femicidios, lo vimos con Santiago Maldonado, con Mariano Ferreyra, con Luciano Arruga.

Mariano es un buen ejemplo. Militante, con conciencia de clase, buen estudiante, empático de las luchas que no necesitaba transitar. Entonces lo recordamos, como a Micaela García, con las remeras de lindas consignas, Micaela y el Niunamenos, todos y todas compromiso social puro. Aunque también existen las Melinas Romeros.

Melina, desaparecida, joven, asesinada con crueldad. “Una fanática de los boliches que abandonó la secundaria“, según Clarín. Ésa es una mala víctima. La mala víctima vende tan poco que el foco, la lupa, el análisis se posa sobre ella. Sólo si la víctima es buena apuntamos los cañones hacia el victimario, no sin antes preguntarnos el por qué. De hecho, con el juicio recién comenzado y como ya resultaba difícil para la justicia y para la prensa seguir violentando a una chica que ya no puede responder, el foco se posó sobre la amiga, traumatizada, también abusada: todos apuntando al supuesto falso testimonio. Falso ¿por qué? ¿Cómo puede ser que sigamos cuestionando a una piba que vio cómo se le escapaba la vida de su amiga en medio de un hecho con semejante carga violenta?

La justicia y la vara moral

Hace casi dos años, diría que tuve la suerte porque fue una experiencia enriquecedora, pero el contexto no lo amerita, presencié en el juzgado de Quilmes el juicio por gatillo fácil de David y Javier. Todos los amigos y amigas que testificaron, tenían en ese entonces aproximadamente 16 años. A los chicos los habían matado hace tres, hagan la cuenta.

Se los cuestionó por muchas cosas. Se dijo que David y Javier habían querido robar. Se violentó al único sobreviviente porque en la actualidad estaba privado de libertad y eso, parecía, justificaba y explicaba muchas cosas.

A todos se los cuestionó por una supuesta contradicción en sus testimonios. Una y otra vez les repitieron sus declaraciones originales, donde supuestamente hablaron de la intencionalidad que tenían, como grupo, de robarle al policía de civil. Una y otra vez, uno detrás de otro, repitieron que habían declarado lo que declararon bajo amenaza del personal policial, que protegía a su compañero. Las juezas, mujeres, violentaron a las chicas de bajos recursos que no sabían muy bien cómo explicar lo que querían explicar. 

Sobrevivientes y muertos, todos y todas en la misma situación. Malas víctimas, porque la gente pobre que muere en manos de la policía, generalmente muere porque robó. Pero robar, si efectivamente hubiera sido el caso… ¿Justifica la bala fatal? 

¿Hay motivos para matar?

Hace poco, apareció el cuerpo de Santiago Maldonado en el río donde se lo había visto por última vez. Este fin de semana mataron a Rafael Nahuel. Las dos son buenas víctimas, al menos desde el discurso de quienes seguimos defendiéndolos: gente empática hasta la médula, que no dudó en arriesgar el cuero propio por el gran cuero que se desprende de la libertad de otros, un concepto mayor y tan desinteresado que muchos todavía no logran entender.

Santiago y Nahuel. ¿Buenos o malos? Santiago y Nahuel. ¿Muertos por qué?

Según Patricia Bullrich, no se puede romper la ley y salir ileso. El problema es cuándo decide decirlo, digamos. Lo dice después del asesinato de un pibe de 21. Entonces, lo entendemos como bajada de línea. “La violación de la ley argentina tiene y va a tener consecuencias“, repiten todos los frentes gubernamentales. Esto, que parece una advertencia, es una justificación: “lo matamos porque rompió la ley”. Pero ¿no son las fuerzas las que están rompiendo la ley, si reprimen sin orden y con plomo una protesta que forma parte de las personas y la defensa de su libertad?

Para el gobierno, hay motivos y motivos por los cuales asesinar o no a las personas. Para la gente que lo apoya y que hasta llega a aplaudirlo, también. Pero sigue sin quedar claro. ¿Qué convierte a una víctima en buena víctima, en víctima por llorar?

La mala mujer violada

Hace poco trascendió una noticia: la mujer violada por la Manada de San Fermín tuvo que soportar que, en el juicio, se tome como válido el testimonio de investigadores privados que siguieron a la víctima durante una semana después de la violación. El informe determinaría, según la defensa de los abusadores, que la víctima no era una buena víctima, porque siguió con su vida como si nada y eso es síntoma de que no hay traumatización.

A las mujeres que en los últimos tiempos se animaron a denunciar en redes sociales situaciones de abuso, les pasa un poco lo mismo: si siguen subiendo fotos provocativas, no les creen porque no están suficientemente traumadas con su cuerpo. Si siguen teniendo sexo, no les creen porque no se quedaron suficientemente traumadas con la falta de consentimiento. Si denuncian tarde, que por qué no lo hicieron antes y si denuncian rápido, que cómo lo van a tomar con tanta liviandad. Si se animan a contar lo que vivieron, buscan likes y si el victimario encima es famoso, buscan fama. 

Mala víctima es la víctima que sigue estudiando, que sigue riendo, que sigue caminando por la calle, que sigue trabajando. No soportamos que una víctima se levante y demuestre que se puede seguir con la vida después de un hecho, por más traumático que sea. 

La sociedad quiere ver lágrimas, dolor, desolación, muerte en vida. 

Mala víctima es la víctima que no agacha la cabeza.

Mala víctima es la víctima que disfruta de su sexualidad, que disfruta de su libertad, que se muestra con seguridad.

Buena víctima es la que vive el resto de su vida con traumas. Con miedo. Con dolor.

Buena víctima es aquella que murió con un prontuario intachable.

Penas más duras

Son muchas y muchos quienes se agarran de los hechos violentos para pedir más policía y más dureza en el accionar policial. La buena víctima y la mala víctima: todas justifican el pedido de militarización que crece cada vez más. El problema es cuando la bala viene desde los grupos que piensa esta gente nos debería cuidar.

Ahora la pregunta debería ser, corriendo el foco de quienes han sido asesinadas o asesinadas, violadas o violados: ¿existe la buena policía? ¿La buena gendarmería? ¿La buena prefectura?

¿Qué pedimos cuando pedimos a quienes llevan la gorra azul o verde “dame más”? 

Rafael Nahuel

Rafael Nahuel es, para quienes lo lloramos, una víctima. Lo describimos como buena víctima intentando despertar a los demás, quienes jamás van a verlo bueno porque piensan que el joven estaba cometiendo un hecho ilegal.

No queremos tener que explicar cada vez que nos matan a un compañero quién fue y todo lo que hizo bien. No queremos ni tenemos por qué hacerlo. 

Queremos que nos expliquen qué hace prefectura matando inocentes. Qué hace prefectura sentando precedentes y fusilando a un pibe joven que sólo ejerce su derecho a luchar por la dignidad que necesita una comunidad.

Los que cometen ilícitos son quienes estaban donde no tenían que estar: los que tiraron plomo, los que no tienen heridos, los que hieren, los que se olvidan de las raíces que los hicieron nacer, los que matan a un pibe por la espalda y después lo justifican, sin culpa, sin respeto por el dolor de nadie. Las víctimas son víctimas: no queremos a esta altura más discusiones de moral.

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