#UnMesSinSantiago Liberaron a 30 detenidos

Julieta Sanow
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Julieta Sanow

Licenciada en Comunicación Social. Periodista. Fueguina y Bostera. Amor por la cerveza, Keith Richards y los tiros libre de Juan Román.
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Fotos: Red de Medios Alternativos (RNMA)

Entre idas y vueltas, y luego de 24 horas de ocurridos los hechos, con un juez que citó a las 8 de la mañana a los detenidos a declarar y llegó después del mediodía, se dio lugar a indagatorias. Los delitos que imputaban a los detenidos eran: “intimidación pública,  atentado y resistencia a la autoridad”. Sin embargo, el relato de varios de los detenidos coincide en que el arresto fue totalmente sorpresivo.
 
De los 31 detenidos, uno quedó privado de su libertad por falsa documentación. Entre los treinta detenidos liberados, cuatro eran periodistas de medios alternativos. Todos concuerdan en que los encarcelamientos fueron en el medio del desempeño de sus tareas.
 
¿La prensa que incomoda?
 
Daniel Lara, estudiante del ARGRA, se encontraba aquella noche de viernes en la marcha justamente para realizar un trabajo práctico para la facultad. Según cuenta su abogado, el joven fotógrafo mientras miraba la realidad desde su lente, fue tomado de atrás,  del cuello y sin mayor preámbulo: detenido. Los vídeos así lo muestran,  Daniel Lara ¿tuvo la fortuna? Tal vez si, de que así suceda. Cabe destacar que las cámaras y los objetos personales de los periodistas privados de su libertad fueron secuestrados en el juzgado. ¿El material registrado por los comunicadores? Ya veremos.
 
Lo claro es que la causa no quedara allí. En las últimas horas, el juez citará a declarar a todos los policías que participaron en el operativo del viernes, ya que, al menos, sospecha de ciertas irregularidades en el procedimiento de los efectivos policiales.
María del Carmen Verdú, representante de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), reveló que durante la reunión se le hicieron al magistrado una “serie de señalamientos” que, a su juicio, permitirían ver que se trató de “causas armadas por la policía”. Asimismo, señaló que el horario de detención de varios de los detenidos que figura en las actas policiales no coincide con el horario registrado por muchos medios digitales.
 
Desde Corriendo La Voz celebramos la liberación y sostenemos que el viernes, sin dudas, marcó un antes y un después en materia de libertad de expresión y exigimos: ¡No más detenidos por comunicar!
 
En este marco, compartimos esta nota de AnRed escrita por Pablo González: La foto del viernes en primera persona.
 

Acudí a la parrilla en la que, usualmente, suelo encontrarme con mis amigos posterior a todas las marchas. Posee una ubicación preferencial, se encuentra a cinco cuadras de la plaza. Para nuestra sorpresa, todos los comercios alrededor de Avenida de Mayo permanecían cerrados. El dueño del local, Miguel, nos dijo que la policía les pidió que cerraran los establecimientos durante la manifestación. Era extraño, ya que nunca había sucedido algo así. Al mediodía, divisé muchos camiones hidrantes entre las calles Rivadavia e Hipólito Irigoyen. Una provocación, ya que la marcha denunciaba el accionar excesivo y arbitrario de las fuerzas de seguridad.

El dueño de la parrilla abrió sus puertas con timidez, pero al cabo de media hora lucía lleno. La televisión permanecía prendida en Crónica TV, lo de siempre. Hasta que las alarmas se encendieron por las imágenes que escupía el dispositivo. Bolsas quemadas y gente corriendo, un zócalo lapidario: incidentes en la marcha por la desaparición de Santiago Maldonado. Me acerqué a la calle por mera curiosidad, y allí vi el triste espectáculo. Quedaba muy poca gente en la plaza y corría atemorizada. Visualicé algunas caras enfurecidas y rabiosas, sin identificación alguna y, aparentemente, en clara persecución hacia los que escapaban.

El dueño del lugar comenzó a guardar todas las mesas dispuestas en la vereda, nos ordenó ingresar al local y luego lo cerró con frenesí. Nos explicó que quería evitar detenciones arbitrarias como la sucedida durante el paro internacional de mujeres. Desde adentro escuché gritos de dolor, también observé como algunas personas disponían vallas, quemaban bolsas de basura y tachos para evitar que la policía avanzara y continuara con plan sistemático: detener a cualquiera, transeúnte, militante o asistente. A las once, el cuerpo de bomberos logró apagar el fuego sin mucha dificultad y los que lograron escapar permanecían apacibles, tranquilos. Los medios, como siempre, dibujaron una violencia fogoneada que no existió ¿Las pruebas? Si esto estuviera armado, porque detuvieron a los últimos manifestantes. Si estos manifestantes son en efecto peligrosos, ¿por qué no acudieron con armas, elementos punzantes o inflamables? ¿Por qué escaparon? Lo más importante, ¿por qué quieren opacar nuestra búsqueda de Santiago Maldonado? Al Estado y la Policía, evidentemente, le reditúa más negarnos la posibilidad de expresión a aceptar sus errores. Sí, volvió la tristeza y el garrote. No nos acostumbraremos a la política desde la casa.

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