Un mundo Feliz, la medicalización de la vida

Iván Isolani

Iván Isolani

Redactor at Corriendo La Voz
Redondito y de Ricota. Callejero porque, negra es mi alma, negro es mi corazón. Caí en la escuela pública y también en la universidad. Comunicación en FSOC. Tecnólogo de y por Black Mirror. Hincha de Foucault, Bourdieu y Byung-Chul Han. En deconstrucción permanente.
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Si sos mujer: sos la principal víctima del neoliberalismo. En la Sociedad del Rendimiento, el mismo sistema que exige física y cognitivamentre adaptarse a los ritmos frenéticos, es el mismo que convirtió a la salud en el nuevo mercado. Hoy, las drogas psicoactivas son la nueva vedette de la medicalización de la vida cotidiana. Enterate más en esta nota.

“Hace un año y medio fui mamá por primera vez. Entre la presión laboral, noches sin dormir amamantando y las cuestiones domésticas, hicieron que viviera estresada y al límite. En un control ginecológico, la doctora me recetó un Alplax diario”. Verónica tiene 33 años, es abogada y forma parte de las más de 3 millones de personas de entre 12 y 65 años que han consumido o consumen con regularidad psicofármacos en el país, según un estudio publicado por la SEDRONAR en 2017.

Lo destacado del informe es que se evidencia una marcada tendencia del consumo de sustancias psicoactivas en mujeres de entre 20 a 50 años. El rango representa el ciclo vital de la mujer -explica María Verónica Brasesco, Directora Nacional del Observatorio Argentino de Drogas-, donde percibe una mayor sobrecarga de acontecimientos determinados por el estudio, el trabajo, la familia, les hijes y el resto de responsabilidades que hoy demanda nuestra sociedad. Es una especie de ‘muleta química’ para aguantar el ritmo.

Los motivos de la presión a la que está expuesta la mujer en este período suponen una vida con mayores conflictos en la relación estudio-trabajo-familia. Esa carga genera estrés y agotamiento, problemas para relajarse y tiempos de ocio. Lo que dispara todo tipo de fobias y frustraciones que se traducen en ansiedad, depresión y somatizaciones. “Ante este cuadro general, es casi lógico que los medicamentos del sistema nervioso sean los que más se vendan” cuenta el Psiquiatra Ernesto Dabone.

La tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral creció del 36,8% de 1990 al 48,1% en 2017, aunque la brecha salarial por género es aproximadamente del 27%, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). “Las mujeres dedican tres veces más de tiempo que los varones a realizar tareas de cuidado no remuneradas, como cuidar a los chicos, cocinar, planchar, hacer las compras o limpiar” explica Mercedes D’Alessandro, Doctora en Economía y directora del sitio Economía Femini(s)ta.

La violencia neuronal

En su libro La Sociedad del Cansancio, el filósofo surcoreano Byung Chul Han sostiene que toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. La del Siglo XXI ya no parte de lo inmunológico, sino que proviene de la incapacidad de soportar el entorno y deviene en la enfermedad neuronal -qué denomina ‘violencia neuronal’, como la depresión y el trastorno del déficit de atención.

El exceso de exigencia actual se agudiza y se convierte en explotación. En autoexplotación, donde cada une se explota a sí mismo para poder estar a la altura de los ritmos que impone la fase actual del capitalismo, donde la capacidad cognitiva se ha vuelto el principal recurso productivo. Así, si el sujeto de rendimiento contemporáneo quiere sobrevivir en el semiocapitalismo, debe ser competitivo. Y si quiere serlo, tiene que estar conectado y someterse a recibir y elaborar continuamente una inmensa y creciente masa de datos. Esto provoca un estrés de atención constante y una reducción del tiempo disponible para la afectividad.

La cultura neoliberal ha inyectado en la subjetividad de los individuos un estímulo constante hacia la competencia, sumado a la apertura del flujo inagotable que proviene de la matrix, lo que da como resultado una intensificación de los estímulos que reciben los cerebros humanos. Esta aceleración de estímulos es un factor patógeno que alcanza al conjunto de la sociedad. La ecuación competencia económica + intensificación de los estímulos que provienen de cualquiera de las varias pantallas y variadas redes sociales, en la misma cantidad de horas que posee el un día, lleva a que cada uno sea, hoy, amx y esclavx de sí misme, víctima y verdugo que se autoexplota para ser servil al sistema. Un estado de electrocución permanente que se traduce en una patología difusa, que se manifiesta, por ejemplo, en el síndrome de pánico y en los trastornos de la atención.

“La sensación de agotamiento combinada con la imposibilidad de relajarse arman un círculo vicioso que hace que las mujeres presenten más síntomas de estrés crónico, ansiedad y problemas de concentración, explica Leonardo Medrano, que condujo el año pasado una investigación en el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 que muestra que el 33% de las mujeres se encuentran agotadas después de una jornada laboral, contra el 26% de los hombres.

La medicalización de la vida

“Empecé a tomar Rivotril porque me lo recetó la psiquiatra después de cortar con mi novio en 2015. En ese momento, no podía salir de la cama para trabajar” relata Andrea, una estudiante de odontología de 26 años que empezó tomando un gramo de la droga y que hoy sólo toma un cuarto. Este incremento de patologías en la esfera afectiva emocional, conocido como la “medicalización de la vida cotidiana”, está vinculado a la subjetividad contemporánea actual: el ideal de un sujeto proactivo, obligado a estar siempre a la altura de las circunstancias. “Cuando hablamos de drogas en el imaginario colectivo nunca aparecen los psicofármacos. Y no aparecen porque los tenemos totalmente incorporados a nuestra vida” agrega Dabone.

Me empezaron a agarrar ataques de pánico. Sentía taquicardia y pensaba que me moría”. Victoria es diseñadora, y a sus 36 años comenzó a tomar Clonazepam para soportar la presión de cumplir los objetivos de ventas en un call center seis días a la semana y además, realizar algún trabajo de su profesión. “Mi sentimiento era de una culpa total en ese momento por dejar al mi hijo para irme a trabajar.

Según el Doctor en Farmacia y Bioquímica y titular del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB), Marcelo Peretta, la vida de las personas se encuentra cada vez más medicada como consecuencia de una sociedad de mercado que intenta transformarlos en meros consumidores pasivos y obedientes de medicamentos innecesarios o incluso, nocivos. Tomando cifras de este sindicato, entre 2012 a 2016 creció un 40% la venta de cajas de psicofármacos en Argentina: pasó de 86 millones a 120.

Para el Jefe de Toxicología del Hospital Fernández, Carlos Damín, hoy se medicalizan problemas cotidianos. “Lo que antes se hablaba con un amigo hoy se medica. Ante la mínima molestia, la respuesta inmediata es tomarse una pastilla”. La salud del ser humano se ha mercantilizado al punto de ofrecer una pastilla para cada situación. Los medios publicitan nuevas drogas que prometen suprimir el malestar y darle un rápido alivio a la gente para soportar la aceleración de los ritmos en los diferentes ámbitos. Entonces, el medicamento se banalizó, abandonando la categoría medicinal para ser visto y consumido igual que un celular u otro objeto.

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