Un enfriamiento en la polarización que pone a Macri frente al espejo

Pedro Lacour

Pedro Lacour

Periodista | Columnista en Misiones Opina | Colaborador en #CLV | Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires
Pedro Lacour

Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras. La postal regalada durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el pasado 1º de marzo, pintó un fresco detallado de la nueva etapa política abierta en la Argentina. Frente a la silla vacía en la que debía estar sentada Cristina Kirchner, las palabras pronunciadas por Mauricio Macri ante la Asamblea Legislativa expusieron el evidente agotamiento del recurso más eficaz utilizado por Cambiemos a lo largo de sus dos años de gestión: la polarización con el kirchnerismo.

Si bien los ánimos sociales tienen en sí mismos el gen de la volatilidad, las coordenadas sobre las que se despliega la actual coyuntura expresan cambios de carácter profundo. El plan 2019 encuentra al macrismo enfrentado a una situación inédita. La venta de expectativas, un factor fundamental para la victoria de Cambiemos en las elecciones de 2017, está entrando en su punto límite. Haber derrotado a Cristina en territorio bonaerense le trajo a Macri un problema estratégico: el fantasma del retorno del kirchnerismo se convirtió en una posibilidad cada vez más lejana. A partir de ese momento, un sector importante de la sociedad comenzó a considerar que las responsabilidades de los problemas económicos tienen menos que ver con la herencia recibida que con las medidas de la actual gestión. La caída en la popularidad del Gobierno es el síntoma de ese giro en la percepción social.

“La carrera que inicia el Presidente es contra él mismo. Si le va bien se queda, si le va mal se tendrá que ir”, comentaba uno de los más importantes colaboradores de Cambiemos apenas conocidos los resultados de los comicios de octubre que le dieron a Cambiemos un 42% de los votos a nivel nacional. El punto de inflexión que significó la aprobación del ajuste a los jubilados dejó malherido al vamos por todo reformista impulsado desde la Casa Rosada en los últimos meses del año pasado. Por eso,la táctica desplegada al inicio de este 2018 se basó en la sistemática construcción de un escenario con múltiples focos de conflicto. Acechado por la adversidad que mostraban los números de las encuestas y en su afán de retomar la iniciativa perdida, Cambiemos eligió el camino de la confrontación, con antagonistas tan disímiles como la Iglesia, los sindicatos o los industriales.

La semana que pasó fue el turno de la Justicia. Macri aprovechó el aire televisivo para anunciar el nombre de su candidata a ocupar el puesto bacante dejado por Alejandra Gils Carbó en la Procuración General de la Nación. La elegida fue Inés Weinberg de Roca, una vieja conocida del ministro de Justicia, Germán Garavano, y con una historia personal envuelta en polémica. Su marido, Eduardo Roca, se desempeñó como diplomático de varias dictaduras. Y se supo que, en 2013, al mismo tiempo que ejercía como camarista en el fuero de la Ciudad de Buenos Aires, Weinberg omitió declarar sus ingresos por el cargo que ocupaba en el Tribunal Penal Internacional de la ONU.

La definitiva aceptación de la postulante oficial se encuentra en suspenso, pese a que este martes el senador Miguel Ángel Pichetto le adelantara a título personal al Presidente, durante un almuerzo que compartieron en la Casa Rosada, que él no posee objeción alguna para hacerle a la magistrada. El bloque peronista que encabeza el rionegrino en la Cámara alta tiene 25 senadores. Es la misma cantidad que posee Cambiemos. Para la designación de Weinberg hacen falta 48 votos de los 72 que componen la cámara.

La caída en desgracia de la denominada “doctrina Irurzun” es otro hecho que está generando suspicacias en el universo de operadores judiciales oficialistas. Con epicentro en Comodoro Py, a las excarcelaciones de ex funcionarios kirchneristas y el cambio de carátula de la causa que pesa sobre el empresario Cristóbal López, se suma la más que probable desestimación, hoy en manos del Congreso, del pedido de desafuero de Cristina Kirchner. El 6 de diciembre pasado, el juez Claudio Bonadío dictó la prisión preventiva para la ex presidenta por supuesto encubrimiento a Irán en la investigación del atentado a la AMIA, el mismo día que detuvo por la misma causa al ex secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, y a Luis D’Elía, ambos liberados el pasado fin de semana.

La ley obliga a debatir los pedidos de desafuero en comisión en un tiempo no mayor a tres meses. Es una vez transcurrido ese lapso que la Cámara en cuestión puede votarlo en el recinto. Pero en el Senado rige una regla no escrita: la “doctrina Pichetto”. El rionegrino reitera, cada vez que tiene oportunidad, que para que un miembro sea expulsado debe tener sentencia firme. “A mi entender, no tiene sentido votar el desafuero porque la excarcelación de Zannini logra jurídicamente un efecto extensivo a Cristina y su prisión preventiva se ha quedado sin materia”, declaró, por su parte, el senador de Cambiemos Ernesto Martínez, uno de los encargados de tratar el tema en la Comisión de Asuntos Constitucionales. El eterno dilema de Macri: ¿qué es más conveniente, una Cristina acechada por los tribunales o con libertad de movimiento para seguir dividiendo al peronismo?

Las sospechas por presuntos movimientos espurios en torno a la decisión judicial de liberar a Cristóbal López ocuparon las tapas de los principales diarios del país. Pasó casi desapercibida, sin embargo, una explosiva denuncia presentada por el actual titular de la Unidad Especial de Investigación del atentado a la AMIA, el radical Mario Cimadevilla, contra el ministro Garavano por presunto entorpecimiento y “amiguismo” hacia los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia. Ambos están siendo investigados en la causa por encubrimiento del atentado a la mutual judía que, sin repercusión mediática alguna, se encuentra en la instancia de juicio oral.”El ministro Garavano fue el que pidió absolver a los fiscales de la causa AMIA”, lanzó el dirigente radical en diálogo con FM La Patriada. Cimadevilla goza de la simpatía de la diputada Elisa Carrió, uno de sus sostenes, quien a su vez se encuentra inmersa en un solapado enfrentamiento con Garavano. Una bomba de tiempo.

Antimacrismos

La estrategia comunicacional delineada por Jaime Durán Barba para escapar de la acuciante agenda económica comienza a dar sus primeros frutos. No obstante, la idea no deja de estar centrada en seguir exponiendo una imagen de Macri lo más endeble posible. Es que, en su “defensa de la debilidad”, el gurú ecuatoriano acostumbra a afirmar que para ganar no hay que mostrarse poderoso porque “a nadie le gusta ver a Goliat pateando a David en el suelo”. Es una frase que tomó del bestseller del periodista y ensayista canadiense Malcolm Gladwell. La recita tanto que más de un funcionario fue y se compró el libro.

Una de las consecuencias manifiestas de la menor polarización es un dato que, en el último tiempo, comenzó a sobresalir en diversos sondeos de opinión: en la cabeza del ciudadano de a pie, el antimacrismo va dejando, incipientemente, de ser sinónimo de kirchnerismo. Es sobre esta premisa que la oposición busca reorganizar su programa con el ojo puesto en el 2019. Constituye, también, una luz de alarma para quienes trabajan en el proyecto reeleccionista de Macri. Sin Cristina Kirchner en un lugar protagónico, en Cambiemos elucubran que el peronismo se va a reunificar en torno a un grupo de gobernadores que “también quiere entrar al siglo XXI”.

El antikirchnerismo logró su representación política definitiva con la victoria de Cambiemos en las legislativas de 2017. Y así como la muerte del massismo dejó a la intemperie a peronistas que ensayan un retorno a las mesas de negociación del PJ, los kirchneristas también buscarán la manera de posicionarse y superar la añoranza del paraíso perdido. Hay una realidad: en el contexto de un sistema presidencialista de oficialismos fuertes y oposiciones fragmentadas, las idas y vueltas de los humores sociales no suelen tener un correlato inmediato en la superficie político-partidaria. ¿Podrá alguna de las fuerzas políticas opositoras, de acá al año que viene, lograr aglutinar el creciente descontento social para con el Gobierno? ¿Adquirirá el anti-macrismo consistencia propia, más allá de la unidad en la acción observable en las calles?

Los anuncios de mejoras en los índices sociales presentados este miércoles por el Presidente –entre los que se destaca, según el INDEC, una baja del 5% de la pobreza– son un intento más por contrarrestar las cuantiosas malas noticias provenientes del frente económico. Guiado por la necesidad de mantener vivo a su principal contradictor, Cambiemos intentará que la imagen del pasado kirchnerista continúe estando ahí, a la mano, como una herramienta más de la cual servirse. Aunque ya nada asegure su infalibilidad ante los reclamos de una sociedad que le exige a Macri que se haga cargo de sus promesas de campaña incumplidas.

 

Columna semanal para Misiones Opina

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