Trabajadores de la tierra: el reclamo histórico que busca ser agenda

Bianca Coleffi

Estudiante de Historia y Comunicación Social. Colabora en Corriendo La Voz y Rock and Ball.
Bianca Coleffi

La oleada de Verdurazos en todo el país se volvió costumbre. Distritos como Corrientes, Buenos Aires, CABA, Tucumán, Mar del Plata, Mendoza, Nechochea, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Misiones, fueron partícipes de Alimentazos y Verdurazos durante los últimos años.

“Alimentos sanos a precios justos” es la consigna de las ferias itinerantes que se realizan a lo largo y ancho del país, convocadas desde la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), organización que aglutina la mayor cantidad de familias pequeño-productoras y campesinas del país. Presentes en más de 15 provincias, cuentan ya con 120 hectáreas de producción hortícola agroecológica libre de venenos. Sus reclamos también incluyen el acceso a la tierra, el comercio justo y la alimentación de calidad, libre de agrotóxicos que dañan la tierra y nuestro cuerpo.

La UTT participó de la convocatoria del Primer Foro Agrario Soberano y Popular en el microestadio de Ferro el 7 y 8 de mayo de éste año. El encuentro nació de una gran cantidad de organizaciones sociales y políticas, pequeñas cooperativas agrícolas y de la economía social, que generaron una agenda de lucha. Un pliego de demandas históricas que exigen ser escuchadas y aplicadas con urgencia por el Estado, debido a la situación de emergencia del sector.

Las demandas de uno de los sectores más invisibilizados por el Gobierno nacional, los medios de comunicación y el mercado, hoy tienen como rostro el Programa Agrario Soberano y Popular, un documento elaborado con los principales puntos a incorporarse en la política nacional, presentado en varias ciudades del país durante los últimos meses. Ésta propuesta busca la articulación con otros sectores de la sociedad (universidades, centros de investigación y extensión, organizaciones sociales y políticas), necesarios para discutir y construir un modelo de producción y desarrollo superador.

Hacia allí avanza la política de los sectores trabajadores de la tierra de nuestro país. A la par, hemos sido testigues de los masivos Verdurazos que intentan conectar productores con consumidores, sin intermediarios. El alimento que consumimos entregado por las manos que lo produjeron, sin excedentes de precio impuestos por los actores oligopólicos de las cadenas de comercialización. Generar ese encuentro es uno de los grandes objetivos en la agenda de éste reclamo histórico, y en ese encuentro exponer las intenciones de éste gobierno, que no tiembla al instalar una fila de infantes detrás de una anciana recogiendo una berenjena en Plaza de Mayo.

Quienes gestaron la idea de los Verdurazos también convocaron, junto con otras organizaciones y movimientos, el Foro Agrario. Les mismes que están en todas las ciudades compartiendo sus conclusiones, instalando ferias agroecológicas, dictando talleres barriales y charlas informativas. Les que intercambian semillas libres y siembran su propia huerta. Las mismas madres que quieren alimentar bien a sus hijes y no volverlos esclavos de la basura que se vende como alimento. Las que quieren crecer junto a sus hijes en su tierra, y no desarraigarse por falta de oportunidades en los campos. Todes son parte de éste reclamo histórico por el derecho a nuestra tierra y la soberanía alimentaria. Conocerlos es el primer paso. Vincularse entre todos los sectores necesarios para construir un modelo productivo libre y soberano, es el siguiente.

Toda injusticia tiene su origen: los dueños de la tierra y del poder

La agricultura y la ganadería fueron de las primeras prácticas económicas humanas. El contacto con la tierra, las plantas y animales liberaba y dignificaba a las comunidades. Fortalecía los vínculos humanos y mantenía fresca la consciencia sobre el respeto al universo. El capitalismo agrícola y los actuales modos de producción han alejado a las personas de todo eso.

Es posible un modelo de producción justo dentro de un país desarrollado en industria. Pero allí es el Estado la pieza clave que debe regular e intervenir. Hoy no existe una vinculación entre productor y consumidor, mediados por las grandes cadenas de comercialización, controladas por multinacionales.

Los consumidores no saben que llega a su plato. Quizás tomates con agroquímicos, o dulces ultraprocesados con gran cantidad de azúcares, que intentan suplantar la artesanía histórica de nuestros alimentos. El fin es maximizar la producción; a costa de eso todo es posible. Los que mantienen un modo de producción y de vida que se sale del último eslabón de la cadena agrícola capitalista, son excluidos y ninguneados por el Estado. ¿Quiénes? Los y las trabajadoras de nuestra tierra, las familias ganaderas, los campesinos y pequeños productores, las primeras manos que tocan nuestros alimentos cuando salen de la tierra, o se desprenden de las plantas. Quienes riegan las cosechas con fríos vientos y cuidan la tierra con insoportables calores.

En el camino hacia una soberanía alimentaria y la construcción de un modelo productivista no dependiente, también se encuentran investigadores, extensionistas y técniques profesionales. También jóvenes universitaries y estudiantes de escuelas agrarias, que aportan desde su espacio una mirada constructiva hacia un modo de producción alternativo.

El 85% de la población mundial come de lo producido por la agricultura familiar y campesina. En la Argentina existen 278 millones de hectáreas: solo un cuarto del total se utiliza para la agricultura familiar (que representa un 70% de la población rural total argentina), cuyas parcelas no pertenecen a los sectores campesinos y pequeño- productores que las trabajan. El 30% restante responde a las tradicionales cuatro entidades patronales que conforman la Mesa de enlace (Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria, CONINAGRO)

La Ley 26.737, que estipuló el Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales, fue sancionada en diciembre de 2011 para frenar “la extranjerización de nuestra tierra”. La norma establece, entre otros puntos, un límite de mil hectáreas a un titular extranjero en la denominada zona agrícola núcleo (que está ubicada en el norte bonaerense, el sur de Santa Fe y el sur de Córdoba), con sus equivalencias en cada provincia. La ley fija topes. Las tierras en manos de extranjeros no pueden superar el 15% a nivel nacional, provincial y departamental. Por nacionalidad, a su vez, no puede superar el 30% de ese 15 por ciento. O sea, una misma nacionalidad no puede tener más del 4,5% de las tierras de un departamento, de una provincia o del país.

De acuerdo con los datos del Registro Nacional de Tierras Rurales (RNTR) -dependiente del Ministerio de Justicia de la Nación-, un 5,57% del total de hectáreas del territorio rural argentino hoy está en manos de extranjeros. (1) 

“Necesitamos una ley de acceso a la tierra, no queremos que nos regalen la tierra, queremos pagarla, en cuotas, en vez de pagar un alquiler, que nos den un pedazo de tierra que siempre hemos querido, que siempre hemos anhelado, y vivir dignamente con nuestros hijos. Estamos cansados de los intermediarios que vienen a las quintas y nos pagan un peso, y a veces ni nos pagan. Queremos la agroecología. Queremos cambiar el modelo de producción. Necesitamos políticas públicas para nuestro sector”, dijo la referente de los Horticultores Bolivianos Organizados, Zulma Molloja, durante el Foro Agrario en mayo de éste año.  

De aquí parte la problemática histórica que arrastra las injusticias en el sector agrícola y pequeño- productor: las tierras están en manos de capitales extranjeros. Las que están nacionalizadas tampoco son destinadas a los sectores productivos nacionales. Y las que sí, además de ser pocas, deben ser alquiladas mensualmente. Las posibilidades de crecimiento del sector de la agricultura familiar son nulas sin la intervención estatal.

A esto se le suma las empresas multinacionales (Monsanto-Bayer) instaladas desde fines de los años 80´y principios de los 90´, vendiendo el paquete tecnológico de agrotóxicos y semillas transgénicas, que enferman al pueblo con químicos y matan a la gente que está en contacto con la producción o vive cerca de los campos. Casos como los de Diógenes Chapelet en Santa Fe, quien murió en enero del 2018, o Fabián Tomasi, ex trabajador y fumigador quien luchó por 10 años en contra del glifosato (herbicida desarrollado por Monsanto) y falleció a causa de ellos el 7 de septiembre del mismo año. Y uno de los más recientes, en junio de éste año, la directora de escuelas fumigadas, Ana Zabaloy, que luchaba para que dejen de envenenar a sus alumnos.

Esos solo son algunos de los tantos casos que mueren en el silencio, por el uso de agroquímicos que destruyen a las personas, generando enfermedades crónicas como anencefalla, autismo, cáncer, Alzheimer, enfermedad renal crónica, deformidad, entre muchas más.

Estas multinacionales instaladas en el país, no solo enferman a la gente, sino que además tienen gran injerencia sobre las producciones de alimentos; qué y cuánto se va a producir, para luego ver qué se va y qué sobras quedan en territorio argentino. Lo demás se exporta al precio que fijan los grandes poderes mundiales, ósea ellos.

El Programa Agrario Soberano y Popular para transformar

En el Programa Agrario Soberano y Popular están enumerados los principales puntos y propuestas del Foro. Algunos se imponen como urgentes debido a la situación de emergencia del sector, y otros son planteados a largo plazo, como horizonte necesario para el país. Todos ellos, enmarcados en tres ejes: Soberanía Alimentaria, Tierra como territorio y hábitat, y la construcción de un modelo productivo no extractivista.

  • Democratizar las políticas públicas para el agro con participación de la Agricultura Familiar, Campesina, Indígena, Pyme, y asociativa en todos los organismos del Estado relacionados al agro.
  • Implementación de una Reforma Agraria Integral
  • Políticas de acceso a la tierra o regulación dominal para la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena. Se propone por medio de créditos blandos que posibiliten la compra de las tierras por la que mensualmente se paga un alquiler.
  • Limitar la aplicación de agrotóxicos en todo el territorio argentino
  • Fomentar la agroecología
  • Políticas de compras publicas
  • Circuitos cortos de comercialización y la vinculación directa del productor al consumidor
  • Intervención Estatal para impedir la monopolización de las cadenas agroalimentarias
  • Fomento del arraigo rural, con infraestructura, educación, comunicación, salud y cultura
  • Control del comercio exterior por parte del Estado

La agenda de lucha de la agricultura familiar y pequeño-productora

En el camino del reclamo se consolidaron hechos trascendentales, que mostraron la magnitud de las problemáticas que se han puesto sobre la mesa. Se logró construir un gran Foro Agrario del cual nació el Programa Agrario Soberano y Popular, presentado a lo largo y ancho del país en estos últimos meses. Al igual que los Alimentazos y Verdurazos que vienen pisando fuerte, ya son reconocidos por vecinos y vecinas que nunca tuvieron la posibilidad de acercarse a aquellos sectores. La integración es parte fundamental para el avance.

También se llevó adelante una masiva charla “Pensarnos a través de los alimentos” en la Facultad de Medicina (UBA) el pasado 8 de agosto, en donde participaron del panel figuras reconocidas como la periodista y escritora Soledad Barruti, el filósofo Dario Sztajnszrajber y Miryam Gorban, Licenciada en Nutrición, y coordinadora de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UBA.

Se suman las diferentes intervenciones en cada una de las ciudades: el 3 de agosto en Chubut un histórico Encuentro Rural con más de 35 organizaciones, cooperativas, asociaciones y gremios de toda la provincia. Días después, el 7, 8 y 9 de agosto, las 9nas Jornadas de la Agricultura Familiar de la Universidad Nacional de La Plata en la que participaron más de 500 personas, también de diferentes espacios.

La agenda se ha ido construyendo a pasos agigantados y como prioridad, es clave la necesidad de incorporar en la construcción de un proyecto de país, a los sectores de la agricultura familiar y sus reivindicaciones.

En tiempos de la conquista, la invasión y usurpación de tierras era el golpe duro y definitivo que terminaba con la libertad de las comunidades. Parecía que esos tiempos habían quedado atrás, pero todavía quedan cadenas por romper. Se impone la urgencia de refundar las bases sobre las que se quiere construir la soberanía. El enriquecimiento espiritual y cultural del pueblo vendrá como consecuencia, mientras continúa el camino por una nueva y definitiva independencia del pueblo argentino. 

(1) (Artículo de investigación de Maia Jastreblansky, publicado el 11 de mayo del 2018. Link: https://www.chequeado.com/investigacion/quienes-son-los-duenos-de-las-tierras-en-la-argentina/)

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