#Teatro Tadeys: una reflexión sobre el sometimiento

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Diego Scarpati

Redactor at Corriendo La Voz
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Con versión y dirección de Albertina Carri y Analía Couceyro se presenta Tadeys en el Teatro Nacional Cervantes. Diego Capusotto encabeza el elenco de esta adaptación teatral de la novela de Osvaldo Lamborghini que tematiza el adoctrinamiento a través de la violencia.

Cuenta la leyenda que Osvaldo Lamborghini escribió esta novela en tan solo tres meses, entre septiembre y diciembre de 1983, durante su exilio en Barcelona. Se trató de un manuscrito organizado en tres carpetas numeradas que no se editó hasta mucho después de su muerte, allá por 1985, y que se ha llegado a describir como fabula político-sexual, farsa lujuriosa y brutal.Carri y Couceyro toman el desafío de investigar y trabajar sobre un texto tan complejo como actual, ya que es innegable que la temática de su prosa atraviesa conflictos que la sociedad no deja de padecer hoy en día.  La resultante es una obra atrapante, humorísticamente corrosiva, y conceptual y estéticamente desafiante.

PH: TNC

“El pueblo no sabe que se puede cambiar de sexo”. La frase, que el autor expone en uno de los pasajes de su novela, sirve como disparador conceptual para movilizar la trama. La misma se desarrolla en una nación imaginaria denominada La Comarca, en el marco de lo que podría considerarse una distopía. Quienes presenciamos la obra somos a la vez partícipes de un macabro tour por un buque de amujeramiento para adolescentes violentos. Nuestra guía es nada menos que el director de este presidio y creador a la vez de este retorcido método de corrección, el Doctor “La araña” Ky (Diego Capusotto) acompañado por una figura común a aquellas ficciones de historias carcelarias: el jefe de los guardias de seguridad, el Comandante “La hiena” Jones, (Javier Lorenzo). La figura de Ky surge entonces no sólo como el encargado de administrar ese lugar, sino también como un científico tan desquiciado como perverso.    

El innovador tratamiento hace que la sociedad pueda librarse de sus feroces delincuentes convirtiéndolos en mujeres, es decir, transformándolos en cuerpos y personalidades dóciles, asumiendo entonces aquella arcaica construcción cultural que asegura que la mujer es el sexo débil. Un método de conversión puramente falocrático, puesto que esta operatoria se logra a través de una violación, enalteciendo una vez más la figura del macho como especie dominante. El falo entonces pasa a ser, literalmente, el palo rector, la forma de enderezar aquello que está mal, dejando al género femenino en un lugar inferior. Entonces aparece la figura del Bufarra, el macho que además de desarrollar su perversión hacia los menores también es el que penetra a otro compañero varón; aquí entonces no sólo es el activo sino también de alguna manera el verdugo.        

En medio de esta crítica a una sociedad que subyuga lo femenino, se cita a los Tadeys, que es el nombre de los excluidos, manadas de animales – similares a los seres humanos- sometidos, alimento y motor de la economía del reino. Esta especie, omnipresente desde el relato pero invisible para nuestras retinas, puede ser la metáfora de aquelles que han sido desplazades por la sociedad, dándole forma a la exclusión y al sometimiento. Puntualmente, la obra nos interpela sobre ese sometimiento y adoctrinamiento a lo femenino: en el programa de esta pieza aparece la frase que refuerza estos conceptos: “El Estado, ¿era hombre o mujer? Por aquella época, la respuesta sin ambigüedad, era «es hambre para todos»”.  

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Este método de adoctrinamiento, sumado a ver a aquellos victimarios que tras el sometimiento pasan a ser víctimas, instintivamente trasladó mi imaginario –aunque salvando las distancias y el método propiamente dicho- a los macabros experimentos que hacían con Alex DeLarge (Malcolm McDowell) en La naranja mecánica de Stanley Kubrick, film basado en la novela de Anthony Burgess. Incluso hay un elemento en común entre ambas ficciones: el video. En el film de Kubrick hay una escena fuerte donde se obliga al protagonista a ver una serie de videos mientras unos elementos hacen que le sea imposible cerrar sus ojos. En Tadeys la presencia del video es fundamental, no sólo como recurso artístico, sino también como parte de la trama, ya que de esta manera conocemos a uno de los personajes (interpretado por Couceyro), además de ver desde diferentes monitores imágenes de todo tipo, incluso un repaso de la televisión argentina de los ochentas, dejando en claro la naturalización de la violencia hacia la mujer en las ficciones audiovisuales de aquel entonces.   

La escenografía nos presenta un espacio oscuro, dotado con unas estructuras que hacen las veces de columnas, donde encontramos distintos elementos dignos de ser mercancía de cualquier mercado de pulgas. Junto a los viejos televisores de formato 4:3 montados en esas estructuras, este ambiente lúgubre una vez más me disparó una imagen cinematográfica, esta vez de aquel futuro distópico que construyó Terry Gilliam en su Doce Monos donde –casualmente o no- también experimentan con el protagonista. El escenario se complementa con un amplio tinglado irregular que además sirve para afianzar la labor actoral de un elenco que ya se luce, puesto que aquí deben caminar y hasta desarrollar pasos coreográficos sobre una superficie con unos aproximados 30° de inclinación, lo cual no es tarea fácil.

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El espectáculo resulta una reflexión sobre la violencia como método para el adoctrinamiento de las masas. Una de sus directoras, Analía Couceyro, se refirió justamente a la posición que asume el texto en referencia a los distintos tipos de violencia en una entrevista a Corriendo La Voz: “Yo creo que la obra se posiciona frente a las violencias porque las expone. Con sutileza, con poesía, pero me parece que hay algo donde eso está muy presente, en general el público dice eso. Sale con una sensación de angustia, de acumulación y, creo que la violencia que estamos viviendo hoy en día es enorme. La violencia económica y política es muy fuerte. Y eso me parece que es muy evidente y la obra se posiciona frente a eso. ‘¿El Estado es hombre o mujer?’, la respuesta sin ambigüedad es: ‘hambre para todos’, dice uno de los textos. Sí, creo que es clara la posición con respecto a la violencia y creo que el teatro siempre, de alguna manera, denuncia. El teatro se nutre de todo lo que está viviendo y creo que, de alguna manera, hay un lugar de lo teatral que es poder transformar poéticamente algo de la cotidianeidad que está muy arrasada y deprimida. Y eso es lo más atractivo.”

Tadeys, obra seleccionada a partir de la Convocatoria de proyectos teatrales para programación 2019, se exhibe de jueves a domingo a las 18hs en la sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815, CABA.


FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA
Autor: Osvaldo Lamborghini
Versión teatral: Albertina Carri y Analía Couceyro
Elenco: Diego Capusotto, Canela Escala Usategui, Javier Lorenzo, Iván Moschner, Felipe Saade, Florencia Sgandurra, Bianca Vilouta Rando
Actuación en video: Diego Capusotto, Analía Couceyro, Canela Escala Usategui, Javier Lorenzo, Felipe Saade, Bianca Vilouta Rando
Producción: Francisco Patelli, Ana Riveros
Jefas de escenario: Julieta Milea; Natalia Geese
Asistencia de dirección: Juan Doumecq
Productor Audiovisual: Diego Schipani
Asesoramiento en video: Juan Francisco Martínez Pucci, Fernando Ramos Tutera
Asesoramiento coreográfico: Celia Argüello Rena
Colaboración artística: Lisandro Outeda
Música original: Florencia Sgandurra
Iluminación: Sol Lopatin
Vestuario: Mónica Toschi
Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez, Mariana Tirantte
Dirección: Albertina Carri y Analía Couceyro

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