#Teatro ReTaZos: cuando la teatralidad supera la ficción

Gabriela Krause
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Editora at Géneros
Periodista | Escritora | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista. Contacto: genero@corriendolavoz.com.ar / breveeternidad@corriendolavoz.com.ar
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ReTaZoS plantea, desde la falta de estructura, una crítica a la estructura de la élite teatral y, con un formato raro, distinto, planta distintas escenas – delirantes, cotidianas, extremistas – que vienen a sembrar un mar de dudas en todo lo que la sociedad estandarizada califica como “normal”. Violenta, graciosa y efectiva, carga con el gran acierto de tocar puntos sensibles que no permiten que nadie se levante de su asiento de la misma forma en que llegó.

La trama que no es trama nos interpela desde el momento en que comienza la obra. Desde el absurdo mismo, se nos plantan los tres actores – y una actriz escurridiza – y se vuelven una especie de espejo hacia todo lo que consumimos, hacemos, decimos y pensamos a diario como normal. En este sentido, no es apta para mentes cerradas: quien no está dispuesto a dejarse cuestionar, no tolerará esta especie de collage de escenas que no parecen estar conectadas pero que todo el tiempo llevan un punto en común: la crítica descarnada.

Los cuatro integrantes del elenco se muestran de un montón de maneras, todas acertadas. Asistimos, entonces, a un proceso en el que parecen estar actuando y armando una obra al mismo tiempo. De a ratos personificando seres que viven su cotidianidad, de a ratos personificando a cuatro actores que buscan la forma correcta de actuar, e incluso mostrando lo que se exige en un taller teatral y lo que se valora más allá de la actuación, pongamos por caso, el género femenino que no es tan bien recibido, aunque con buenas ideas, como el resto.

Violencia de género; neoliberalismo; fascismo opinólogo desde el sillón; Santiago Maldonado; teatro para consumo masivo. No hay nada que escape de la lupa de estos jóvenes que se plantan desde el principio con un aire de despreocupación que lleva al espectador a sentirse casi parte de un todo que sucede enfrente, mientras todos estamos quietos, pero nos afecta a todos por igual.

Este formato, el de los retazos que conforman un todo y que oscilan todo el tiempo entre la comedia, el drama, la violencia extrema, se ve muy bien reflejado en un vídeo que proyectan apenas comienza la obra, sin  actores en escena: en él, se muestra un bombardeo publicitario mechado con escenas de represión, entre otras imágenes violentas, y genera una sensación muy extraña porque si bien muchas cosas son graciosas, y el público ríe, en realidad hay tanta violencia, explícita e implícita, que de a ratos casi puede sentirse la culpa de haber reído un instante atrás. Esta sensación se mantiene presente durante toda la obra. Pero no se puede negar el carácter liberador de poder arrancarse por un rato de la realidad social y todas sus barbaridades, pudiendo sacarle una carcajada a una situación política descarnada que rebosa individualidad.

Es interesante sentir, de a ratos, que más que una obra de teatro propiamente dicha estamos observando a cuatro personas jugar. Es interesante, también, y muy prometedor, el hecho de que la obra vaya mutando, sin perder la ¿esencia? pero transformándose. Es así que uno puede ir a verla una y otra vez sin cansarse: hay mucho nuevo bajo el sol, y en el transformarse la obra se abren, también, nuevas herramientas de comunicación. Con el público, entre los actores, con el teatro mismo, con la creación.

De la obra, dicen que “se trata de una obra de tinte absurdo, dramático y cómico que nace de la necesidad de contar una singular percepción de la sociedad actual, abordando para esto escenas propias y de diversos autores.” Podemos decir que la necesidad de contar esa singular percepción está lograda. Y podemos ir más allá: no sólo está lograda sino que abre, cual innumerables pétalos de flores, un sinfín de percepciones distintas en todo espectador que se haya dejado llevar por todo aquello que sucede alrededor.

La obra es dinámica, con una narración rápida que no permite llegar a aburrirse ni a pensar demasiado en nada de lo que se esté observando, porque todo el tiempo muta. Juegan entre ellos; juegan con nosotros: nos interpelan, a la cara, sin tintes medios, sin ningún tipo de escrúpulo a la hora de preguntarse cómo nos afectará. Nos hablan directo, claro. Son irónicos, divertidos. No dejan a la mente que los mira descansar. 

Antes de terminar, arrancan un par de lágrimas a los sensibles. 

Al finalizar la actuación, pasan la gorra. Son la imagen de lo colectivo vuelto creación artística. Y se quedan charlando. Escuchan al espectador. Esto se nota, definitivamente, en la constante creación y recreación, en el reciclaje de un contenido que no puede anclarse en un sólo lugar. Culo inquieto, diría mi abuela. Yo lo postulo como una constante transformación. Son, como dicen, un grupo de actores con grandísimas dificultades a la hora de cerrar una idea. Pero en esa dificultad se cierra una idea mayor: la de que hay algo latente, oscuro y siniestro en la sociedad que debe cambiar y pronto. Y la idea, también, de que en esa oscuridad todavía se puede rascar una risa, plantando el absurdo como una salida válida y real.

ReTaZos está creada colectivamente por el grupo teatral marplatense Reservado de arte. Cuentan, en dirección y técnica, con Adrián Manes, y actúan Luz Calabrese, Diego Scarpello, Leandro Etchevarne y Alberto Scoppa. 

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