#Teatro El violento oficio de fracasar en la escritura

Diego Scarpati
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Diego Scarpati

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Adaptada del cuento homónimo de Roberto Arlt -relato que integra el libro El jorobadito (1933)- se presenta en el Cervantes Escritor Fracasado, un unipersonal protagonizado por Diego Velázquez y dirigido por Marilú Marini que mantiene la esencia corrosiva e irónica del texto original. Una pieza que no solo plantea la problemática de un escritor que no puede escribir, también funciona como una crítica a la salvaje fauna literaria, aunque podría también lo podría hacer perfectamente con cualquier otra disciplina en donde sus miembros se ven opacados por la lucha de sus propios egos.  

Roberto Arlt ha sido criticado por su forma de escribir, directa y muy alejada de cierto esteticismo. Se lo ha tratado de “descuidado”, tal vez un eufemismo para aquellos que no se animaban a expresarle lisa y llanamente que “escribía mal”. Gozó del desprecio de la alcurnia literaria de su época. Sin embargo tras su muerte aumentó su reconocimiento -¿una triste constante en el mundo del arte?- al punto de ser considerado el primer autor moderno del país. Para muchos escritores que son referentes, Arlt redefinió la escritura, teniendo en cuenta aspectos lingüísticos y temáticos. Fue admirado por las nuevas generaciones de colegas, incluso Cortázar lo considera su maestro.     

Un aspecto interesante de la carrera de Arlt es que su última etapa estuvo vinculada al teatro. De hecho, sus obras llegaron a estrenarse en el circuito independiente, precisamente en el Teatro del Pueblo. Es en este período donde finalmente encuentra un vinculo directo con el público. Y tal vez sea este Arlt dramaturgo el que inspiró a Velázquez y Marini a adaptar su cuento y transformarlo en material escénico. A aceptar el desafío de que esas palabras dirigidas a una humanidad hostil e hipócrita, sean escuchadas hoy, porque se trata de un discurso tan vigente como la vulgaridad de las miserias humanas.     

Escritor Fracasado  nos conduce por el camino de un hombre que tuvo la afortunada desgracia de publicar un primer libro que ha sido un éxito abrumador en ventas y críticas. Un texto que lo colocó en el pequeño círculo de los grandes escritores, con el aliciente de su corta edad, convirtiéndolo en una jóven promesa. El problema, claro está, es que parece no haber un mañana tras semejante obra, y con el correr de los años, esa “joven promesa” se convirtió en un tipo despojado de su éxito, un ser que no pudo alcanzar sus metas, un fracasado.

El punto de partida de los delirantes relatos de este escritor bloqueado y empapado en frustración es el hecho de, que al principio de su carrera, se topó con una vara demasiado alta. Todos hemos escuchado este tipo de historias en cantantes, actores y actrices, y hasta en realizadoras y realizadores cinematográficos. Y más allá de las feroces críticas del exterior, siempre resulta ser el enemigo interior aquel antagonista más difícil de vencer. Y nada, nada de lo que él escriba se acercará, aunque sea mínimamente a ese primer y glorioso texto.  

Mientras este perturbado ser recorre un escenario simple pero con bastantes elementos, nos hace partícipes de sus historias. Una sucesión de anécdotas y acontecimientos que hacen hincapié en señalar las falencias y contradicciones de ese pretencioso círculo artístico. Señalar con desprecio el mundillo literario y sus elementos, como las reuniones faranduleras, la circulación comercial, la construcción del escritor como un producto o personaje, la vanidad, la envidia, la insana competencia entre colegas y sobre todo la mediocridad. La obra transcurre y este escritor, cada vez más intoxicado con su propio veneno, no hace más que vanagloriarse al citar las maliciosas tropelías que le propicia a sus colegas. En definitiva se ha convertido en aquello que critica, uno más de esta jungla. Y todavía le sobra tiempo par atender al crítico de arte.    

Diego Velázquez (Kriptonita, La larga noche de Francisco Sanctis) construye un personaje exquisito. Nos obliga a entenderlo y generar empatía, pero también nos hace guardar cierta distancia, quizá para no absorber su cinismo, su frustración, por ya no ser lo que fue y su venenoso desprecio hacia sus colegas. Se acerca al público, genera un vínculo, juega con esos elementos que hacen que siempre detrás del humor haya un dejo de realidad, de crítica social. Finalmente aceptamos ser sus socios mientras despotrica contra sus snobistas y pretenciosos colegas -calificación que también lo describe a él- hasta imitar inevitablemente con complicidad su sonrisa casi perturbadora, la que, junto con ese palo de golf utilizado como bastón y su porte, le puede disparar a más de uno la idea de estar frente a alguno de los tantos Joker que dio el cómic o el cine.       

En algún punto -y evitando, por cierto, el desagradable vicio de la comparación- el personaje que interpreta Velázquez recuerda a otro artista, en este caso de la rama plástica: Pablo Castel, personaje principal de la novela El Túnel, de Ernesto Sábato. En esta, el trastornado pintor hace mención al desprecio que siente por los críticos. No entiende cómo una persona que no pinta puede opinar sobre otra que sí lo hace. Incluso la reflexión del torturado Castel llega más lejos cuando concluye que ni aún un pintor tendría la altura moral para la crítica, ya que es tan mediocre como pintor que se tiene que dedicar a otra cosa. En definitiva, este razonamiento que elabora Sábato (justamente desde su rol de escritor) a través de un personaje no hace más que poner a prueba el rol de quien escribe este artículo y el resto de sus colegas. Y es aquí cuando surge para el lector, como una tarea para el hogar, la obligación de reflexionar sobre el rol del crítico.    

Escritor fracasado se exhibe de viernes a domingo a las 18 hs en la sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815. Localidades: 120 pesos. Descuentos para jubilados, docentes y estudiantes con acreditación.

FICHA ARTÍSTICO TÉCNICA
Texto: Roberto Arlt
Adaptación: Marilú Marini y Diego Velázquez 
Actúa: Diego Velázquez
Asistencia de escenografía: Martina Nosetto
Asistencia de vestuario: César Taibo 
Producción: Santiago Carranza
Asistencia de dirección: Matías López Stordeur 
Colaboración artística: Ernesto Donegana 
Música original: Nicolás Sorín 
Iluminación: Oria Puppo / Omar Possemato
Escenografía y vestuario: Oria Puppo
Dirección: Marilú Marini 

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