Suárez en el Konex: un reencuentro que se hace costumbre

Foto: gentileza Yanel Luengo.
Blas Martin

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Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
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Uno de los grupos más influyentes de la escena under local, volvió a reunirse para una única fecha, a casi veinte años de su separación. El grupo comandado por Rosario Bléfari, brilló con un repertorio que demostró tanto la versatilidad como la influencia de Suárez en muchas de las propuestas musicales del nuevo milenio. Corriendo La Voz dijo presente y te contamos todo en esta nota.


La tormenta anunciada para el sábado, fue apenas una nube pasajera en comparación con los pronósticos devastadores de meteorólogos y medios de comunicación. Sin embargo, fue suficiente para mudar el segundo retorno de Suárez, previsto para el patio del Konex, a la sala de las columnas del complejo cultural ubicado en el Abasto porteño. Lo mismo había ocurrido dos años atrás, cuando se dio el primer regreso: con excusa de la presentación del documental Entre dos luces – Suárez. Primera parte, dirigido por Fernando Blanco (Valle de muñecas). La segunda parte del documental, Cien Caminos – Suárez. Segunda parte, fue premiada en el festival Rock ‘n’ Doc este año y también adornada con esta nueva presentación única, que siempre deja abierta la puerta a algo más. Bléfari, incluso, declaró en una entrevista a Página/12 que podría abrirse la puerta para tocar, “sin ninguna otra excusa que la de presentarnos en vivo” y que sería feliz si se diera la posibilidad de crear nuevas canciones.

Foto: gentileza Yanel Luengo.

Suárez puede definirse de diferentes maneras, y siempre encontraría como escaparse de los marcos que propone cualquier género. Según el disco, la canción y hasta la interpretación en sus shows, podríamos pasar del grunge al punk, y del lo-fi al noise sin mucho problema. En lo que habrá acuerdo seguramente, es en que Suárez es una referencia en la formación de la escena under local: es así que podemos ver un recital de un grupo fundado hace casi 30 años y encontrar una sonoridad que no sólo sigue vigente, sino que encontraremos muy cercana a las bandas que triunfan en la escena indie actual.

Es así también que entre el público podíamos encontrar dos generaciones: aquella que vivió el surgimiento de Suárez y pudo seguirles a lo largo de la década del 90, y otra de quienes nacieron en los últimos años de la banda y empezaron a escucharla cuando el grupo se había disuelto. Una y otra ovacionaron al grupo formado por Rosario Bléfari (voz), Fabio Suárez (bajo), Gonzálo Córdoba, Marcelo Zanelli (guitarras) y Diego Fosser (batería) cuando pasadas las ocho de la noche subieron al escenario, acomodándose entre las columnas que irrumpen en la visual del público del (otro) CCK.

El arranque fue con Brilla, ese tema oculto del primer disco de la banda, Hora de no ver (1994), para que comiencen a mecerse las cabezas con intensidades lo-fi. El setlist estuvo compuesto por canciones de todos sus discos, aunque focalizándose más en la época en la que hace hincapié la segunda parte de su documental, que comprende los discos Galope (1996) y Excursiones (1999) último disco de la banda. El segmento lo-fi tuvo su auge con La Copa y El Primitivo, ambos de Excursiones, para levantar un poco más a partir de la seguidilla El imánLos veo aparecer y el primer gran éxito de la noche, Excursiones. Con el público ya totalmente entrado en calor, Córdoba agitó desde arriba del escenario para La Distancia y su pregunta-respuesta disonante con el público, mientras desde el fondo iba construyendo y demoliéndose ese collage que, en vivo, digitaban artesanalmente Sebastián Durán y Romina Lareo. En épocas del imperio de lo digital, una nueva forma de Suárez de proponer lo disruptivo.

Foto: gentileza Yanel Luengo.

Nuestro amigo asiático fue coreada entre el público, que escuchaba incrédulo piezas como Tarde de cansancio o Falso ladrido y su bandera “Si, quiero / en todos los casos probar”, y que saboreaba los motivos punk que florecían desde Bléfari y cia., como las guitarras descontroladas de Natación, para bajar sólo por unos minutos, ya en los bises, con Río Paraná (y ese fraseo inolvidable “sigo remontando río arriba / en un barco que en la proa / lleva el nombre de tu nombre / Río Paraná”). Quedaría tiempo aún para viejos conocidos como Prueba de valor (“¡Voy a ir y venir / voy a pasarla bien / viviendo todo lo que quiero!”), Estrella solitaria y el desgarrador cierre con Asesina (“La Dra. dice / tu cuerpo habla / ¡vamos a oírlo! / pero sólo ella lo puede escuchar / ¡asesina!”).

Suárez sonó en 2018 como si no hubiesen pasado treinta años de su formación y veinte desde su separación. Sin fisuras, con un sonido y una energía que nada tenía de nostalgia o recuerdo, sino más bien de vitalidad y presente. La actualidad de les integrantes de Suárez puede hacer dificultoso pensar en una continuidad de la banda, aunque nunca está de más contar con el efecto contagio que puede haber generado no sólo la respuesta de un público siempre fiel (en el que además se encontraban referentes de la escena actual, entre ellos quienes comparten otro de los proyectos de Rosario Bléfari, Sue Mon Mont), sino ante el mismo funcionamiento y entendimiento de la banda en el escenario, que no reprodujo diapositivas del pasado sino que vuelve a vivir y a dar vida las canciones que dieron sus primeros pasos en la era del walkman y que hoy en día son reapropiadas por la generación Spotify. Suárez, que se haga costumbre.

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