SHARP OBJECTS: traumas familiares a flor de piel

Belén Lescano

Belén Lescano

Redactora at Corriendo La Voz
Licenciada en Comunicación Social. Ariana. Fan de los soundtracks. Nolite te bastardes carborundorum.
Belén Lescano

Los últimos años fueron testigos de un gran crecimiento en las ficciones protagonizadas casi en su totalidad por mujeres. No sólo a través de historias feministas, sino renovando ciertos géneros como los thrillers psicológicos, periodísticos o detectivescos que parecían estar creados para ser actuados por hombres. Así llegó Sharp Objects a HBO, la miniserie basada en la novela homónima de Gillian Flynn (autora de Gone Girl) que nos invita a reflexionar sobre cómo los traumas personales atraviesan a toda una familia.

Protagonizada por Amy Adams, Sharp Objects cuenta la historia de Camille Preaker, una periodista que vuelve a Wind Gap, su pueblo natal, para investigar y escribir sobre la desaparición y muerte de dos chicas. Como sucede en Big Little Lies, la miniserie de HBO que también está dirigida por JeanMarc Vallée, el misterio es el elemento clave que nos atrapa de principio a fin.

Amy Adams interpreta a la periodista Camille Preaker.

Pero el regreso al hogar de su infancia no es algo que le resulte placentero. Mientras que para su editor sería una especie de sanación y reconciliación con su pasado, Camille vive cada segundo en Wind Gap con angustia porque se da cuenta de que aún no se recuperó de lo traumático que fue la muerte de su hermana cuando ellas eran adolescentes.

Esto sale a la luz en su forma de ser y sus vicios. Camille resulta ser una persona enigmática, sufrida, con adicción al alcohol, al sexo y a la automutilación, excesos con los que intenta adormecer su dolor y su existencia.

De alguna manera, con el título Sharp Objects y, sobre todo, su traducción al español “Heridas abiertas”, la autora posiciona al cuerpo no como un templo sagrado, sino como algo que puede ser vulnerado, una hoja en blanco donde desahogar los sentimientos. Por eso, una de las cosas que más impacto genera es ver las cortadas en todo cuerpo de Camille con diferentes palabras o frases que muestran un odio profundo hacia ella misma.

Un pasado que se hace presente

Por supuesto que para Camille es inevitable relacionar las muertes que investiga con la muerte de su hermana. Para ella no es una crónica más y se involucra hasta el final porque cree que descubriendo al asesino también encontrará respuestas a lo que le pasó a su hermana y así cerrar su pasado.

Como consecuencia, la serie nos muestra a través de flashbacks, imágenes de su hermana, de su adolescencia y su relación cercana. En este sentido, es interesante lo que plantea Sharp Objects con respecto a la memoria y cómo recordamos determinados sucesos de nuestra vida. Tanto a nivel guion como en la edición se intenta replicar cómo el cerebro recuerda y procesa un trauma.

Una cosa es recordar algo que nos pasó, tener en mente una versión y un punto de vista o capturar y recrear determinadas imágenes y hacerlas amigables para no sentir que algo nos afectó. Pero ¿en qué se transforma todo eso cuando lo decimos en voz alta, cuando le contamos a alguien lo que vivimos y esa otra persona capta la verdad de nuestras palabras?

Esto sucede claramente cuando Camille comienza a mostrarle a Richard Willis (Chris Messina), el detective forastero que es llamado para investigar los crímenes en Wind Gap, ciertos lugares claves del bosque que ayudarían a resolver el misterio.

Uno de esos sitios, según Camille, estaba destinado para que los adolescentes populares tuvieran sexo con las chicas de Wind Gap. Para ella era una vivencia más de su pasado y hasta una anécdota, pero Richard percibe que lo que Camille le relataba era más un acto de violación que una relación consensuada. Recién cuando el detective lo menciona es que la periodista comienza a cuestionarse su percepción y construcción de ese recuerdo.

De generación en generación

Como si Camille no tuviera suficiente con los daños que le generó la muerte de su hermana, debe lidiar con la crueldad y desprecio de su madre Adora (Patricia Clarkson) quien todo el tiempo le recuerda que no es bienvenida en el pueblo, en su casa, que no está orgullosa de ella y que nunca la quiso.

Adora justifica su forma de ser retorcida por cómo fue su madre con ella. En lugar de intentar cambiarla, la reproduce y ejerce sobre sus hijas. La serie nos muestra que Marian murió cuando era muy joven. Ahora, la Camille adulta les presta poca atención a los delirios de su madre, aunque a veces le afectan. Sin embargo, aún está Amma (Eliza Scanlen), la hija adolescente que tiene con Alan (Henry Czerny), su segundo matrimonio.

Clarkson – Scanlen – Adams y un relato sobre las relaciones familiares enfermizas.

Adora despliega sus expectativas y sobreprotección sobre Amma y a Camille le preocupa que la historia de su vida se repita. En este sentido, una de las preguntas más importantes que se hace la serie es si hay escapatoria de esa repetición de vínculos familiares enfermizos y asfixiantes, cómo de generación en generación las familias lidian con el abuso y la violencia de unos sobre otros. Esto intenta retratar el monólogo de Amma en el último capítulo:

“¿Sabes qué diosa griega soy hoy? Perséfone. Estoy casada con el tipo importante. Hades. Él gobierna el infierno, pero ella se encarga de los castigos. Siento pena por Perséfone, porque cuando está entre los vivos todos le tienen miedo, por los sitios donde ha estado.

Es curioso, ¿no? ¡Cuántas historias existen donde las princesas deben ser rescatadas de brujas! Hasta Wind Gap tiene una. Niñas secuestradas en el bosque por la dama de blanco.”

(Amma Crellin, Sharp Objects – “Milk”)

La música, un elemento clave

Marc Vallée, el director de Sharp Objects, expresó en un Inside the Episode que la música es un aspecto fundamental que nos define y que, en este caso, también ayuda a definir a los personajes. Esto sucede especialmente con Camille y Alan, quienes ponen en marcha la banda sonora de la serie.

La música que escucha la protagonista, los momentos en los que lo hace y su manera marcan un aspecto de su personalidad. Temas clásicos del rock como I can’t quit you baby y What is and should never be de Led Zeppelin o Riders on the storm de The Doors son los que Camille reproduce en su smartphone de forma nerviosa y compulsiva, por lo que funcionan como escapatoria a su angustia cada vez que se sube a su auto.

Por otro lado, Sharp Objects le da mucha importancia a la forma en que Alan escucha su música. En su caso, los elegidos fueron los crooners, cantantes masculinos que entre los años ’20 y ’60 interpretaron canciones clásicas del jazz y el blues.

Alan realiza una elección cuidadosa de cada tema, es meticuloso y preciso hasta con el volumen de su equipo sofisticado y la escucha es por momentos de disfrute y relajación, pero por otros intenta tapar con una melodía armoniosa todas las cosas terribles que suceden en su casa, en donde él es un cómplice silencioso.

De esta manera, Sharp Objects logra generar un ambiente claustrofóbico, asfixiante y de mucha intensidad, a través de las actuaciones del trío Adams – Clarkson – Scanlen y la forma en que fue filmada: casi siempre desde la perspectiva de Camille, imitando a la obra original que está contada en primera persona.

Pese a que se concentra demasiado en describir los traumas de Camille y no narra en profundidad cómo eran esas chicas desaparecidas en las que ella se ve reflejada, es un thriller policial y psicológico de calidad “a lo HBO”, compactado en 8 episodios que logran un final por demás efectivo y escalofriante.  

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